Los satélites Swarm de la ESA están detectando minúsculos detalles en
una de las capas más difíciles de observar del campo magnético de la Tierra y estudiando la historia magnética oculta en la corteza de
nuestro planeta.
Podemos imaginar el campo magnético terrestre como una enorme envoltura
que nos protege de la radiación cósmica y las partículas cargadas que
bombardean nuestro planeta con el viento solar. Sin él no existiría la
vida tal y como la conocemos.
La mayoría del campo se genera a más de 3.000 km de profundidad, por el
movimiento del hierro fundido del núcleo externo. El 6% restante se
debe, por una parte, a las corrientes eléctricas existentes en el
espacio que rodea nuestro planeta y, por otra, a las rocas magnetizadas
en la litosfera superior, la porción rígida más exterior de la Tierra,
formada por la corteza y el manto superior.
A pesar de que este ‘campo magnético litosférico’ es muy débil y, por
ello, difícil de detectar desde el espacio, el trío de satélites Swarm
ha sido capaz de cartografiar sus señales magnéticas. Tras tres años de
recogida de datos, se acaba de publicar el mapa elaborado desde el
espacio con la más alta resolución hasta la fecha.
“Al combinar las mediciones de Swarm con datos históricos del satélite alemán CHAMP, y usando una nueva técnica de modelización, hemos podido extraer señales mínimas de magnetización cortical”, explica Nils Olsen, de la Universidad Técnica de Dinamarca, uno de los científicos responsables del nuevo mapa.
Rune Floberghagen, responsable de la misión Swarm de la ESA, añade:
“Comprender la corteza de nuestro planeta no es sencillo. No basta con
perforar para medir su estructura, composición e historia”.
“Las mediciones desde el espacio tienen un gran valor, ya que ofrecen una precisa visión global de la estructura magnética de la corteza exterior”.
Presentado en el Swarm Science Meeting celebrado esta semana en Canadá,
el nuevo mapa muestra las variaciones en este campo con una precisión en
los detalles superior a la de las reconstrucciones basadas en satélites
realizadas hasta ahora, a partir de estructuras geológicas en la
corteza terrestre.
Una de estas anomalías se produce en la República Centroafricana,
alrededor de la ciudad de Bangui, donde el campo magnético es
significativamente más agudo y más fuerte. Aún se desconoce la causa de
esta anomalía, pero algunos científicos sospechan que podría deberse al
impacto de un meteorito hace más de 540 millones de años.
El campo magnético se encuentran en un estado permanente de flujo. El
norte magnético vaga y, cada pocos cientos de miles de años, la
polaridad se invierte, por lo que las brújulas apuntarían al sur en
lugar de hacia el norte.
Cuando se genera nueva corteza debido a la actividad volcánica,
principalmente a lo largo del fondo oceánico, los minerales ricos en
hierro del magma que se va solidificando se orientan hacia el norte
magnético, capturando una ‘instantánea’ del campo magnético en el
momento concreto en que esas rocas se enfriaron.
Como los polos magnéticos se invierten cíclicamente, los minerales
solidificados forman ‘franjas’ en el lecho marino, dejando un registro
de la historia magnética de la Tierra.
El mapa más reciente de Swarm nos ofrece una vista global sin
precedentes de las franjas magnéticas asociadas a la tectónica de
placas, reflejadas en las dorsales mesoceánicas.
“Estas franjas magnéticas demuestran la inversión de los polos y el análisis de las huellas magnéticas en el suelo oceánico nos permitirá reconstruir los cambios en el campo del núcleo. También nos ayudarán a investigar los movimientos de las placas tectónicas”, señala Dhananjay Ravat, de la Universidad de Kentucky, Estados Unidos.“El nuevo mapa muestra las características del campo magnético con una precisión de hasta 250 km, facilitando así la investigación de la geología y las temperaturas en la litosfera terrestre”.
esa



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