Cat-1
Cat-2
Cat-2
Cat-1
Cat-1
Cat-2
Cat-2
Asteroides
Cometas
Label: Jupiter
- Astrónomos del Instituto Carnegie anuncian el hallazgo de doce nuevas lunas de Júpiter.
- Una de ellas es Valetudo, un auténtico satélite 'kamikaze' que orbita al planeta gaseoso en sentido contrario.
Cuando el holandés Hans Lippershey diseñó su primer tubo con lentes, pocos imaginaban que aquel invento podría llegar tan lejos. Un astrónomo toscano, Galileo Galilei, decidió hacerse con uno de esos telescopios y apuntar a la Luna. Allí observó montañas y cráteres similares a los que podemos encontrar en la Tierra. Júpiter es el planeta más grande del sistema solar y el mundo que cuenta con un mayor número de satélites orbitando a su alrededor
No contento con ello, en 1610 descubrió cuatro lunas de Júpiter que orbitaban alrededor del planeta más grande del sistema solar. Cuatro años después, su colega alemán Simon Marius —quien hizo observaciones parecidas— bautizó los objetos recién descubiertos con los nombres de Ío, Europa, Ganímedes y Calisto.
El hallazgo de los también conocidos como satélites galileanos apuntaló las ideas de Nicolás Copérnico, que había defendido que los planetas como la Tierra orbitaban alrededor del Sol. Desde entonces, los científicos han continuado observando Júpiter —gracias a misiones como Juno—, descubriendo que a su alrededor giran 67 lunas. El planeta es el mundo del sistema solar que cuenta con un mayor número de satélites.
Crédito: Roberto Molar-Candanosa (Instituto Carnegie).
Un equipo de astrónomos del Instituto Carnegie ha encontrado una docena de nuevas lunas de Júpiter, incluyendo un bicho raro que ha recibido el nombre de Valetudo. La denominación hace referencia a la bisnieta del dios Júpiter que, según la mitología clásica, era la diosa de la salud y de la higiene. Su descubrimiento amplía el número total de satélites jupiterianos hasta las 79 lunas, logrando una cifra récord.
Doce nuevos satélites jupiterianos
El grupo de Scott S. Sheppard, que en el pasado saltó a los medios de comunicación por la búsqueda del hipotético noveno planeta del sistema solar, lleva años persiguiendo objetos distantes de nuestro vecindario cósmico. Hace unos meses, mientras trataban de encontrar el misterioso mundo bautizado como Phattie, detectaron una serie de satélites girando alrededor de Júpiter que no se habían visto antes. "Nuestro estudio toma dos imágenes de la misma ubicación del cielo cerca de Júpiter separadas por unas pocas horas. Luego buscamos objetos que se han movido entre las dos fotografías", explica el astrónomo a Hipertextual por correo electrónico. Se trata de doce nuevas lunas pequeñas y débiles, con un tamaño de apenas unos kilómetros, entre las que se encuentra el satélite Valetudo
Así captaron dos fotografías en un intervalo de apenas una o dos horas y consiguieron detectar de forma directa una serie de cuerpos celestes que se movían a la velocidad conocida de Júpiter. La razón por la que estos satélites no se hubieran observado antes, comenta, se debe a que se trata de objetos "más pequeños y débiles" que las anteriores investigaciones no habían podido captar. Todos los cuerpos celestes se encuentran en las órbitas exteriores del gigante gaseoso.
El uso de una potente cámara —llamada Dark Energy Camera e instalada en el telescopio chileno de Víctor Blanco— ha permitido retratar estas nuevas lunas de Júpiter. Tras el hallazgo inicial en 2017, otro investigador del Centro de Planetas Menores de la Unión Astronómica Internacional (IAU, en inglés) calculó sus órbitas para confirmar el hallazgo.
Los satélites descubiertos cuentan con un tamaño de apenas unos kilómetros y, según los astrónomos, es posible que haya más de cien lunas girando alrededor de este planeta gaseoso con unas dimensiones iguales o superiores a un kilómetro. La enorme fuerza de atracción gravitatoria de Júpiter explica que este mundo sea capaz de capturar tantos objetos que se sitúan en sus proximidades, comenta Sheppard a Hipertextual. Su equipo, que ha descubierto entre otros a un verdadero satélite kamikaze, pretende observar otros planetas de nuestro entorno con el fin de detectar lunas que no habían podido ser observadas hasta la fecha, gracias a las posibilidades que ofrece el Observatorio Interamericano del Cerro Tololo, ubicado en Chile.
Valetudo, una luna 'kamikaze' en Júpiter
"Valetudo es como conducir por la carretera en el lado equivocado", explica Sheppard. El satélite se desplaza siguiendo un movimiento prógrado, es decir, en sentido contrario al resto de lunas de Júpiter, que orbitan a su alrededor con un movimiento retrógrado. Por esta razón, según apunta el investigador, "las colisiones frontales son probables". De hecho, los científicos creen que esta luna pudo chocar con alguna de los satélites retrógrados en el pasado, lo que hizo que se transformase en "el último remanente de una luna [anterior] mucho más grande". Pese a su movimiento en sentido contrario alrededor de Júpiter, es improbable que veamos una colisión de la luna Valetudo
"Las colisiones ocurren, pero en una escala humana de tiempo no suceden, sí en una escala de tiempo como la del sistema solar. Valetudo, quien va en sentido contrario al de los objetos retrógrados, es posible que choque con uno de ellos cada mil millones de años aproximadamente", comenta Sheppard.
Un período de tiempo que es significativamente menor a la edad que presenta el propio sistema solar, que nació hace 4.500 millones de años. Aunque es improbable que veamos un posible accidente de Valetudo en el espacio, lo cierto es que las colisiones de este tipo de satélites kamikaze normalmente "crean más lunas debido a los grandes fragmentos que se desprenden del cuerpo original, que dan lugar a nuevos objetos celestes", concluye el astrónomo.
hipertextual
Los datos recogidos por la sonda espacial Juno de la NASA, usando su
instrumento JIRAM (Jovian InfraRed Auroral Mapper) apuntan a la
existencia de una fuente de calor, nunca antes detectada, cerca del polo
sur de Ío. Podría tratarse de un volcán previamente desconocido en ese
satélite natural del planeta más grande del sistema solar. Los datos en
la banda infrarroja del espectro electromagnético fueron recogidos el 16
de diciembre de 2017, cuando la Juno se hallaba a 470.000 kilómetros de
distancia del satélite.
Ubicación de la nueva fuente de calor en
Ío. La escala a la derecha de la imagen infrarroja ilustra la amplitud
de temperaturas mostradas en ella. Las temperaturas registradas más
altas están caracterizadas por colores más brillantes, mientras que las
más bajas tienen colores más oscuros. (Imagen:
NASA/JPL-Caltech/SwRI/ASI/INAF/JIRAM)
El nuevo punto caliente de Ío que detectó el JIRAM se encuentra a
unos 300 kilómetros del punto caliente más próximo cartografiado
previamente.
Alessandro Mura, del Instituto Nacional de Astrofísica de Roma en
Italia, , y miembro del equipo científico de la misión Juno, no descarta
un movimiento o modificación de un punto caliente previamente hallado,
pero es difícil imaginar que uno de ellos pueda viajar a tal distancia y
ser considerado aún el mismo rasgo.
El equipo de la Juno continuará evaluando los datos recogidos por el
sobrevuelo del 16 de diciembre, así como datos del JIRAM que serán
recolectados durante futuros sobrevuelos de Ío, algunos de ellos
probablemente a una distancia menor de la superficie.
Las misiones de exploración anteriores de la NASA que han visitado el
sistema joviano (Voyager 1 y 2, Galileo, Cassini y New Horizons), junto
con observaciones realizadas desde la Tierra, han localizado más de 150
volcanes activos en Ío hasta la fecha. Los científicos estiman que
aproximadamente otros 250 podrían estar esperando ser descubiertos.
Juno ha acumulado casi 235 millones de kilómetros recorridos desde
que entró en la órbita de Júpiter, el 4 de julio de 2016. Fue lanzado al
espacio el 5 de agosto de 2011, desde Cabo Cañaveral, Florida (EE.UU.).
Durante la fase actual de su misión de exploración, la Juno vuela
sobre la parte superior de las nubes del planeta, acercándose a ellas
hasta una distancia de tan solo 3.400 kilómetros. Durante estos
sobrevuelos, Juno intenta escrutar lo que hay bajo la opaca cubierta de
nubes de Júpiter, y estudia sus auroras para obtener información que
contribuya a un mejor conocimiento de los orígenes del planeta, así como
sobre su estructura, atmósfera y magnetosfera.
NCYT
Desde hace décadas se
observan relámpagos en la atmósfera de Júpiter, sobre todo cerca de los
polos, pero las ondas de radio que emitían parecían diferentes a las de
estos destellos luminosos en la Tierra. Ahora, gracias a los
radiómetros más potentes de la sonda Juno, se ha comprobado que las
frecuencias tampoco son tan diferentes y que los relámpagos de los dos
planetas son similares. Además los científicos han podido convertir
algunas de sus señales de radio en sonidos audibles.
Desde que la nave espacial Voyager 1 de la NASA sobrevoló Júpiter en marzo de 1979, los astrónomos se han preguntado sobre el origen de los relámpagos de Júpiter. Aquel encuentro confirmó la existencia de estos destellos luminosos en el gigante gaseoso, pero las señales de radio asociadas no coincidían con los que producen los rayos y relámpagos en la Tierra.
Pero gracias a los datos recogidos por la sonda Juno, que orbita alrededor de Júpiter desde el 4 de julio de 2016, se ha comprobado que en realidad los relámpagos jovianos y terrestres son muy similares, aunque aparecen en regiones diferentes. El estudio se presenta esta semana en la revista Nature.
Sin embargo, entre el conjunto de instrumentos altamente sensibles de Juno se encuentra su radiometro de microondas (MWR), que registra las emisiones del gigante gaseoso en un amplio espectro de frecuencias.
A pesar de sus similitudes, las observaciones revelan que los relámpagos aparecen en zonas distintas en los dos planetas: "Hay mucha actividad cerca de los polos en Júpiter, pero ninguna cerca del ecuador, como sí ocurre en nuestro planeta. Puedes preguntarle a cualquiera que viva en los trópicos".
Según los autores, hay una explicación: nuestro ecuador está más afectado por los rayos del sol, y el aire cálido y húmedo se eleva más libremente en esa zona por las corrientes de convección, lo que alimenta las imponentes tormentas eléctricas que producen rayos.
Ecuador joviano más estable que los polos
Sin embargo, la órbita de Júpiter está cinco veces más lejos del Sol que la de la Tierra, lo que significa que el planeta gigante recibe 25 veces menos luz solar que el nuestro. En el gigante gaseoso se calienta el ecuador lo suficiente como para crear estabilidad en la atmósfera superior, inhibiendo el aumento del aire caliente que también llega del interior. Pero en los polos, que no tienen ese calor de nivel superior y, por tanto, no tienen estabilidad atmosférica, permiten que los gases cálidos del interior de Júpiter se eleven, impulsando la convección y generando los relámpagos.

También relacionado con los destellos luminosos de la atmósfera de Júpiter, esta semana se publica un segundo artículo en Nature Astrónomy, donde la investigadora Ivana Kolmašová de la Academia Checa de Ciencias, junto a otros colegas, presenta la base de datos más grande de emisiones de radio de baja frecuencia (los denominados whistlers) generadas por relámpagos alrededor de Jupiter.
Se trata de un conjunto de más de 1.600 señales recopiladas por el instrumento Waves de Juno, una cifra casi diez veces mayor que la obtenida por el Voyager 1. La sonda detectó picos de cuatro relámpagos por segundo, una tasa similar a las observadas en tormentas eléctricas en la Tierra y seis veces mayor que las velocidades máximas captadas con Voyager 1.
Los autores también han convertido algunas señales de radio de los relámpagos en frecuencias audibles, pero según explica Kolmašová a Sinc no hay que confundir estos sonidos con los truenos: “Este es un malentendido básico que surge del hecho de que observamos señales luminosas de relámpagos en frecuencias audibles. Sin embargo, medimos campos eléctricos y magnéticos, que son detectables por antenas y electrónica, no por el oído humano”.
Los científicos confían en seguir descubriendo los secretos de los relámpagos y otras características de Júpiter cuando la sonda Juno haga su siguiente sobrevuelo, el número 13, sobre las misteriosas nubes del gigante gaseoso. Será el próximo 16 de julio.
Ondas de radio de los relámpagos de Júpiter:
No son truenos, pero los investigadores han convertido estos espectrogramas de los relámpagos de Júpiter en sonidos audibles (el sonido se repite tres veces en cada ejemplo). / Ivana Kolmašová et al./Nature Astronomy
Desde que la nave espacial Voyager 1 de la NASA sobrevoló Júpiter en marzo de 1979, los astrónomos se han preguntado sobre el origen de los relámpagos de Júpiter. Aquel encuentro confirmó la existencia de estos destellos luminosos en el gigante gaseoso, pero las señales de radio asociadas no coincidían con los que producen los rayos y relámpagos en la Tierra.
Pero gracias a los datos recogidos por la sonda Juno, que orbita alrededor de Júpiter desde el 4 de julio de 2016, se ha comprobado que en realidad los relámpagos jovianos y terrestres son muy similares, aunque aparecen en regiones diferentes. El estudio se presenta esta semana en la revista Nature.
Los relámpagos jovianos y terrestres son similares aunque los de Júpiter aparecen en los polos y en la Tierra son más frecuentes en el ecuador
"No importa en qué planeta estés, los relámpagos actúan como transmisores de ondas de radio cuando cruzan el cielo", señala Shannon Brown, investigadora del Jet Propulsion Laboratory de la NASA y autora principal del trabajo. "Hasta Juno, todas las señales registradas por las naves espaciales anteriores (Voyagers 1 y 2, Galileo, Cassini) se limitaron a detecciones visuales o del rango de kilohercios en el espectro de radio (frecuencias bajas). Se plantearon muchas teorías, pero sin respuesta".
Sin embargo, entre el conjunto de instrumentos altamente sensibles de Juno se encuentra su radiometro de microondas (MWR), que registra las emisiones del gigante gaseoso en un amplio espectro de frecuencias.
"Con los datos de los primeros ocho sobrevuelos, MWR detectó 377 relámpagos –dice Brown– en el rango de megahercios y gigahercios (frecuencias altas), que es lo que puedes encontrar con las emisiones de relampagos terrestres. Creemos que la razón por la que somos los únicos que lo hemos podido observar es porque Juno está volando más cerca de la iluminación que nunca, registrando frecuencias de radio que atraviesan fácilmente la ionosfera de Júpiter".
A pesar de sus similitudes, las observaciones revelan que los relámpagos aparecen en zonas distintas en los dos planetas: "Hay mucha actividad cerca de los polos en Júpiter, pero ninguna cerca del ecuador, como sí ocurre en nuestro planeta. Puedes preguntarle a cualquiera que viva en los trópicos".
Según los autores, hay una explicación: nuestro ecuador está más afectado por los rayos del sol, y el aire cálido y húmedo se eleva más libremente en esa zona por las corrientes de convección, lo que alimenta las imponentes tormentas eléctricas que producen rayos.
Ecuador joviano más estable que los polos
Sin embargo, la órbita de Júpiter está cinco veces más lejos del Sol que la de la Tierra, lo que significa que el planeta gigante recibe 25 veces menos luz solar que el nuestro. En el gigante gaseoso se calienta el ecuador lo suficiente como para crear estabilidad en la atmósfera superior, inhibiendo el aumento del aire caliente que también llega del interior. Pero en los polos, que no tienen ese calor de nivel superior y, por tanto, no tienen estabilidad atmosférica, permiten que los gases cálidos del interior de Júpiter se eleven, impulsando la convección y generando los relámpagos.
"Estos hallazgos podrían ayudar a mejorar nuestra comprensión de la composición, la circulación y los flujos de energía en Júpiter", destaca Brown, quien reconoce que todavía queda una pregunta sin respuesta: "Aunque vemos relámpagos cerca de ambos polos, ¿por qué se registran principalmente en el polo norte?"

Ilustración de los relámpagos en el polo norte de Júpiter. / NASA/JPL-Caltech/SwRI/JunoCam
También relacionado con los destellos luminosos de la atmósfera de Júpiter, esta semana se publica un segundo artículo en Nature Astrónomy, donde la investigadora Ivana Kolmašová de la Academia Checa de Ciencias, junto a otros colegas, presenta la base de datos más grande de emisiones de radio de baja frecuencia (los denominados whistlers) generadas por relámpagos alrededor de Jupiter.
Los investigadores han convertido algunas señales de radio de los relámpagos de Júpiter en frecuencias audibles
Se trata de un conjunto de más de 1.600 señales recopiladas por el instrumento Waves de Juno, una cifra casi diez veces mayor que la obtenida por el Voyager 1. La sonda detectó picos de cuatro relámpagos por segundo, una tasa similar a las observadas en tormentas eléctricas en la Tierra y seis veces mayor que las velocidades máximas captadas con Voyager 1.
Los autores también han convertido algunas señales de radio de los relámpagos en frecuencias audibles, pero según explica Kolmašová a Sinc no hay que confundir estos sonidos con los truenos: “Este es un malentendido básico que surge del hecho de que observamos señales luminosas de relámpagos en frecuencias audibles. Sin embargo, medimos campos eléctricos y magnéticos, que son detectables por antenas y electrónica, no por el oído humano”.
“Para disfrutar de la belleza musical de los whistlers jovianos, uno debe convertir estas medidas en sonido de forma artificial, usando un altavoz o auriculares. Nuestro trabajo, por lo tanto, no muestra ningún trueno en Júpiter, eso es lo que la gente en la Tierra solemos oír después de ver una descarga de relámpagos. Hasta ahora Juno ha detectado relámpagos en radiofrecuencias: Waves a frecuencias audibles y MWR a frecuencias de alrededor de 600 MHz (llamados sferics)”.
Los científicos confían en seguir descubriendo los secretos de los relámpagos y otras características de Júpiter cuando la sonda Juno haga su siguiente sobrevuelo, el número 13, sobre las misteriosas nubes del gigante gaseoso. Será el próximo 16 de julio.
Ondas de radio de los relámpagos de Júpiter:
No son truenos, pero los investigadores han convertido estos espectrogramas de los relámpagos de Júpiter en sonidos audibles (el sonido se repite tres veces en cada ejemplo). / Ivana Kolmašová et al./Nature Astronomy
SINC
- La misión Galileo detectó in situ los géiseres de agua que salen disparados de Europa.
- La luna de Júpiter, que será explorada en el futuro por la NASA y la ESA, es uno de los lugares más prometedores para la búsqueda de vida extraterrestre en el sistema solar.
Hace algo más de veinte años, una sonda de la NASA exploró una luna de Júpiter llamada Europa a unos 400 kilómetros de altura. Aquellos viajes de la misión Galileo alrededor del satélite permitieron obtener las primeras evidencias de que existía un océano de agua líquida bajo la corteza helada de su superficie. Los datos obtenidos en uno de los sobrevuelos, realizado el 21 de diciembre de 1997, mostraban además unos hallazgos inesperados, que han pasado desapercibidos hasta ahora. La misión Galileo detectó in situ las plumas de agua que salen disparadas de la luna Europa, luego observadas por el telescopio Hubble
Tras el fin de la misión Galileo en septiembre de 2003, cuando se estrelló contra Júpiter, los investigadores continuaron estudiando Europa. Esta luna, descubierta por Galileo Galilei en 1610, es uno de los lugares más destacados en la búsqueda de de vida extraterrestre en el sistema solar. El interés aumentó exponencialmente cuando el telescopio Hubble detectó fumarolas de agua emanando de la superficie del satélite, un resultado confirmado posteriormente por la NASA.
Por aquel entonces no lo sabíamos, pero los géiseres de agua —que salen disparados de Europa hasta alcanzar los 200 kilómetros de altitud— ya habían sido observados mucho tiempo atrás. Fue precisamente la sonda Galileo la que había detectado los chorros que emanaban de la luna de Júpiter, sin que los científicos pudieran interpretar correctamente sus resultados. Los datos, obtenidos hace dos décadas, han sido analizados de nuevo por un equipo de investigadores de Estados Unidos. Sus conclusiones publicadas hoy en Nature son claras: Galileo detectó plumas de agua en directo, unas fumarolas que luego fueron observadas en la distancia por el telescopio Hubble entre 2012 y 2016.
Europa, la luna de Júpiter con un océano de agua
"Los procesos de tipo pluma en Europa ya se habían detectado previamente, pero, por primera vez, se confirman mediante evidencias in situ a partir del campo magnético y del plasma", explica a Hipertextual Jesús Martínez Frías, jefe del Grupo de Investigación de Meteoritos y Geociencias Planetarias en el Instituto de Geociencias (IGEO) del CSIC y la Universidad Complutense de Madrid. En su opinión, el trabajo resulta "muy interesante" al proporcionar "información novedosa sobre los procesos geológicos del interior de Europa y sus distintas posibilidades de detección y análisis". El satélite de Júpiter alberga un océano de agua líquida bajo la corteza helada de su superficie, lugar de origen de los géiseres
"Estos resultados confirman cómo objetos planetarios de pequeño tamaño pueden tener energía para desarrollar una vitalidad geológica, gracias no a sus características endógenas, sino a la interacción de otros mayores, como es el caso de Júpiter", comenta Martínez Frías, que no ha participado en la investigación. El director de la Red Española de Planetología y Astrobiología (REDESPA) destaca la importancia de Júpiter, el mayor planeta del sistema solar, en la aparición de los géiseres de Europa y en la localización y forma de los chorros de agua. Según el estudio publicado en Nature, el plasma de la corona de este mundo interacciona con el satélite, provocando variaciones en el campo magnético y en el plasma de la propia luna, afectando a los procesos geológicos que suceden en su interior.
Más importante es, si cabe, el prometedor futuro de Europa como candidato para la búsqueda de vida extraterrestre. Según Martínez Frías, "la relación entre vitalidad geológica y búsqueda de vida en cuanto a sus condiciones de habitabilidad no tienen por qué restringirse a planetas de tipo terrestre". Este tipo de mundos tendrían el suficiente tamaño para generar su propia energía; sin embargo, los resultados presentados hoy muestran que dicha energía "puede venir 'cedida' de otros cuerpos planetarios, lo cual es importante desde el punto de vista astrobiológico", asegura a Hipertextual. Europa es uno de los lugares más prometedores para la búsqueda de vida extraterrestre
Horas antes de la publicación del trabajo, la NASA convocó una reunión para discutir los resultados sobre la luna de Júpiter. Su objetivo es valorar la situación de Europa como uno de los lugares más prometedores para la exploración espacial de todo el sistema solar. Su homóloga al otro lado del Atlántico, la Agencia Espacial Europea, tiene previsto lanzar la misión JUICE (JUpiter ICy moons Explorer) para explorar la región a partir de 2030, cuando podría saborear el océano del satélite sobrevolando su atmósfera e intentando recoger más información acerca de estas llamativas fumarolas. Unos objetivos similares a los de la misión Clipper de la NASA, cuyos datos nos permitirían entender si la luna helada presenta condiciones adecuadas para el desarrollo de la vida fuera del planeta Tierra.
hipertextual
La misión Juno de la NASA revela nuevos detalles, publicados esta semana en Nature, sobre el interior de Júpiter, el planeta más grande del sistema solar.
La atmósfera y la gravedad de Júpiter
Según los autores, Júpiter es una enorme bola de gas giratoria y los cambios en su campo gravitatorio son el principal indicio de que su densidad interna varía. De ahí la importancia de medirlo con precisión. Los nuevos datos señalan una ligera pero importante asimetría entre el campo gravitatorio de sus hemisferios norte y sur. En un planeta gaseoso, esta irregularidad solo puede ser posible debido a los flujos de aire que recorren su superficie y que también son asimétricos entre ambos puntos del planeta.
Gracias a las mediciones de gravitatorias de Juno se ha podido conocer mucho mejor la profundidad, extensión y estructura de las conocidas bandas de Júpiter, que hace más de 400 años ya observó Galileo. Según Kaspi, es como pasar de una imagen 2D a otra 3D.
Cómo medir la gravedad en el espacio
Por su parte, Luciano Iess, autor de otro de los estudios e investigador del departamento de Ingeniería Mecánica y Aeroespacial de la Universidad de la Sapienza en Roma (Italia), comenta: “Para medir la gravedad de Júpiter se necesita analizar cómo una masa –Juno en nuestro caso– cae en el campo gravitatorio del planeta con respecto a otro punto en el espacio”. Todos los cuerpos en un mismo campo gravitatorio caen con la misma aceleración, pero no hay ningún instrumento capaz de medir la gravedad a bordo de una sonda espacial.
La medida ha sido posible gracias a una gran antena de la Red de Espacio Profundo de la NASA, ubicada en California, que envía señales de radio. A bordo de la nave Juno se encuentra un transpondedor de la Agencia Espacial Italiana que recibe esta débil señal y la retransmite a la Tierra. La diferencia de frecuencia entre la señal transmitida y la recibida proporciona la velocidad de la nave.
Utilizando esta información, los investigadores han descubierto que los flujos de aire se extienden a unos 3000 kilómetros de profundidad. De acuerdo con los datos aportados por Iess a Sinc, el tamaño del campo gravitatorio de Júpiter depende de estas corrientes: si son superficiales –a unos 300 km–, la asimetría de este es pequeña; pero si son más profundas –de 3000 a 10000 km–, es mayor.
Según Tristan Guillot, coautor de un tercer estudio e investigador del Observatorio de Niza, esto confirma la asimetría norte-sur en el campo gravitatorio del planeta.

Hacia el núcleo del gigante gaseoso
Los investigadores también usaron los datos gravitatorios del gigante gaseoso para analizar su estructura interna, con el objetivo resolver el misterio sobre su composición.
Según el estudio, el interior de Júpiter es conductor, es decir, está parcialmente ionizado, de modo que la materia es arrastrada por el campo magnético para girar de forma uniforme. Pero a 3000 kilómetros del centro, el planeta ya es neutro.
Los investigadores creen en la existencia de un denso núcleo en las profundidades del planeta, que sería la verdadera reliquia del gigante gaseoso. Según Guillot, hasta la fecha el desconocimiento sobre la rotación del planeta no permitía explotar al máximo los datos. Sin embargo, ahora que existe la posibilidad de medirla, el objetivo es analizar la información de una manera mucho más precisa y así comprender su composición interna.
Desigualdad entre los ciclones norte-sur
El cuarto trabajo se centra en los gigantescos ciclones de Júpiter, "que se originan por la rápida rotación del planeta y el calor procedente de la parte más baja de la atmósfera", según explica Alberto Adriani, coautor e investigador del Istituto di Astrofisica e Planetologia Spaziali de Roma (Italia).
A pesar de que su aspecto es estable, el tamaño de los ciclones varía según su localización. Mientras que en el norte son más pequeños (de entre 4000 y 4600 km de diámetro) y numerosos (hay nueve), en el sur son más grandes (de entre 5600 y 7000 km de diámetro) y se presentan en menor cantidad (seis). Esta investigación muestra que los ciclones circumpolares no giran alrededor del ciclón central, sino alrededor de sus propios centros.
Esta sonda ha resuelto un rompecabezas astronómico planteado hace al menos 50 años. Además, de acuerdo con Guillot, Júpiter desempeñó un papel fundamental en la formación del sistema solar, y los nuevos descubrimientos suponen un gran paso para profundizar en este aspecto.
SINC
Lanzada el 5 de agosto de 2011, la nave Juno llegó a la órbita de Júpiter el 4 de julio de 2016. Así dio comienzo esta misión de la NASA que logró aquel año capturar algunas de las características atmosféricas del planeta, como tres de sus cuatro lunas más grandes o su Gran Mancha Roja. Durante 2017, Juno registró los ciclones de las regiones polares del gigante gaseoso y descubrió un campo magnético que genera auroras al interaccionar con el viento solar.
Sin embargo, a pesar de los numerosos estudios sobre la superficie de Júpiter, hasta ahora su interior continuaba siendo un enigma. Gracias a los últimos datos proporcionados por la nave, un grupo internacional de científicos ha obtenido grandes avances en el conocimiento de este gigante gaseoso. Las novedades sobre el exoplaneta, publicadas en cuatro estudios en la revista Nature, incluye nueva información sobre su campo gravitatorio, flujos atmosféricos, composición interior y ciclones polares.
Sin embargo, a pesar de los numerosos estudios sobre la superficie de Júpiter, hasta ahora su interior continuaba siendo un enigma. Gracias a los últimos datos proporcionados por la nave, un grupo internacional de científicos ha obtenido grandes avances en el conocimiento de este gigante gaseoso. Las novedades sobre el exoplaneta, publicadas en cuatro estudios en la revista Nature, incluye nueva información sobre su campo gravitatorio, flujos atmosféricos, composición interior y ciclones polares.
La atmósfera y la gravedad de Júpiter
Según los autores, Júpiter es una enorme bola de gas giratoria y los cambios en su campo gravitatorio son el principal indicio de que su densidad interna varía. De ahí la importancia de medirlo con precisión. Los nuevos datos señalan una ligera pero importante asimetría entre el campo gravitatorio de sus hemisferios norte y sur. En un planeta gaseoso, esta irregularidad solo puede ser posible debido a los flujos de aire que recorren su superficie y que también son asimétricos entre ambos puntos del planeta.
“La atmósfera de Júpiter es enorme y se extiende mucho más profundamente de lo que esperábamos”, explica a Sinc Yohai Kaspi, autor de uno de los cuatro estudios e investigador del Weizmann Institute of Science en Rehovot (Israel). “Una profundidad de 3000 kilómetros contiene aproximadamente el 1% de la masa de Júpiter. En nuestro caso, la atmósfera terrestre es menos de una millonésima parte de la masa de la Tierra”, añade.
“Cuanto más profundos son los flujos, más masa contienen, y por lo tanto tienen un efecto más fuerte en el campo gravitatorio –continúa el experto–. De esta manera, el valor de la gravedad en los momentos que presenta algún tipo de irregularidad, nos permitió determinar a qué profundidad se encontraban estas corrientes de aire”.
“Cuanto más profundos son los flujos de aire, más masa contienen, y por lo tanto mayor efecto ejercen en el campo gravitatorio”, explica Yohai Kaspi
Gracias a las mediciones de gravitatorias de Juno se ha podido conocer mucho mejor la profundidad, extensión y estructura de las conocidas bandas de Júpiter, que hace más de 400 años ya observó Galileo. Según Kaspi, es como pasar de una imagen 2D a otra 3D.
Cómo medir la gravedad en el espacio
Por su parte, Luciano Iess, autor de otro de los estudios e investigador del departamento de Ingeniería Mecánica y Aeroespacial de la Universidad de la Sapienza en Roma (Italia), comenta: “Para medir la gravedad de Júpiter se necesita analizar cómo una masa –Juno en nuestro caso– cae en el campo gravitatorio del planeta con respecto a otro punto en el espacio”. Todos los cuerpos en un mismo campo gravitatorio caen con la misma aceleración, pero no hay ningún instrumento capaz de medir la gravedad a bordo de una sonda espacial.
“Finalmente, hemos conseguido cuantificar la velocidad de la nave con una precisión exquisita, a 0,01 mm/s, o incluso mejor. ¡Esto es una centésima parte de la velocidad de un caracol!”, exclama el científico.
La medida ha sido posible gracias a una gran antena de la Red de Espacio Profundo de la NASA, ubicada en California, que envía señales de radio. A bordo de la nave Juno se encuentra un transpondedor de la Agencia Espacial Italiana que recibe esta débil señal y la retransmite a la Tierra. La diferencia de frecuencia entre la señal transmitida y la recibida proporciona la velocidad de la nave.
Utilizando esta información, los investigadores han descubierto que los flujos de aire se extienden a unos 3000 kilómetros de profundidad. De acuerdo con los datos aportados por Iess a Sinc, el tamaño del campo gravitatorio de Júpiter depende de estas corrientes: si son superficiales –a unos 300 km–, la asimetría de este es pequeña; pero si son más profundas –de 3000 a 10000 km–, es mayor.
Según Tristan Guillot, coautor de un tercer estudio e investigador del Observatorio de Niza, esto confirma la asimetría norte-sur en el campo gravitatorio del planeta.

La superficie de Júpiter. Fotografía tomada desde la nave Juno. / NASA/JPL-CALTECH/SWRI/MSSS/KEVIN M. GILL
Hacia el núcleo del gigante gaseoso
Los investigadores también usaron los datos gravitatorios del gigante gaseoso para analizar su estructura interna, con el objetivo resolver el misterio sobre su composición.
La existencia de un núcleo en las profundidades del planeta sería la verdadera reliquia del gigante gaseoso
“Lo más importante es que Júpiter es un planeta fluido. A pesar de que su exterior es gaseoso, según se profundiza en su interior, se descubre un líquido a mayor presión y temperatura” explica Guillot.
Según el estudio, el interior de Júpiter es conductor, es decir, está parcialmente ionizado, de modo que la materia es arrastrada por el campo magnético para girar de forma uniforme. Pero a 3000 kilómetros del centro, el planeta ya es neutro.
“Los resultados muestran que el interior del gigante gaseoso es conductivo y que gira de manera uniforme, atrapado por el campo magnético del planeta y una capa externa que gira a diferentes velocidades. Podemos aplicar esto para comprender mejor otros planetas, como Saturno”, apunta el investigador.
Los investigadores creen en la existencia de un denso núcleo en las profundidades del planeta, que sería la verdadera reliquia del gigante gaseoso. Según Guillot, hasta la fecha el desconocimiento sobre la rotación del planeta no permitía explotar al máximo los datos. Sin embargo, ahora que existe la posibilidad de medirla, el objetivo es analizar la información de una manera mucho más precisa y así comprender su composición interna.
Desigualdad entre los ciclones norte-sur
El cuarto trabajo se centra en los gigantescos ciclones de Júpiter, "que se originan por la rápida rotación del planeta y el calor procedente de la parte más baja de la atmósfera", según explica Alberto Adriani, coautor e investigador del Istituto di Astrofisica e Planetologia Spaziali de Roma (Italia).
“Nuestro objetivo ahora es medir la masa del núcleo y, en general, la composición del planeta", señala uno de los investigadores
A pesar de que su aspecto es estable, el tamaño de los ciclones varía según su localización. Mientras que en el norte son más pequeños (de entre 4000 y 4600 km de diámetro) y numerosos (hay nueve), en el sur son más grandes (de entre 5600 y 7000 km de diámetro) y se presentan en menor cantidad (seis). Esta investigación muestra que los ciclones circumpolares no giran alrededor del ciclón central, sino alrededor de sus propios centros.
“Juno nos ha permitido observar las regiones polares, zonas que no habían sido analizadas anteriormente. La causa es que no son visibles desde la Tierra y no se han observado en misiones anteriores a Júpiter. Nunca antes se había volado sobre sus polos, como ha hecho Juno”, destaca Adriani.
Esta sonda ha resuelto un rompecabezas astronómico planteado hace al menos 50 años. Además, de acuerdo con Guillot, Júpiter desempeñó un papel fundamental en la formación del sistema solar, y los nuevos descubrimientos suponen un gran paso para profundizar en este aspecto.
“Nuestro objetivo ahora es medir la masa del núcleo y, en general, su composición, ya que son datos indispensables para entender la formación de este gigante gaseoso”, concluye Guillot.
SINC
Un análisis minucioso de los datos recogidos por la sonda Juno de la
NASA sobre la Gran Mancha Roja de Júpiter ratifica que esta sorprendente
estructura se adentra hasta muy por debajo de las nubes.
Una de las preguntas más importantes sobre la Gran Mancha Roja de
Júpiter se refiere a la profundidad que alcanza. Los datos de la Juno
indican que esta mancha, que es la tormenta más famosa del sistema solar
por su tamaño y sus siglos de duración, tiene un diámetro equivalente a
casi una Tierra y media, y que tiene raíces que penetran hasta unos 300
kilómetros de profundidad en la atmósfera del planeta. Así lo ha
confirmado el equipo de Scott Bolton, del Instituto de Investigación del
Sudoeste (SwRI) en Estados Unidos.
La Gran Mancha Roja de Júpiter es un óvalo gigante de nubes de color
carmesí en el hemisferio sur del planeta, las cuales giran en el sentido
contrario al de las agujas del reloj alrededor de su centro, con
velocidades del viento mayores a las de cualquier tormenta terrestre.
Con un diámetro de 16.000 km el 3 de abril de 2017, la Gran Mancha Roja
es 1,3 veces más grande que la Tierra.
La Juno halló que las raíces de la Gran Mancha Roja alcanzan
profundidades entre 50 y 100 veces superiores a las de los océanos
terrestres y que están más calientes en su base que en su parte
superior. Los vientos están asociados con diferencias en la temperatura,
y el calor de la base de la mancha explica el carácter feroz de los
vientos que actúan en la zona más alta de la atmósfera, tal como
argumenta Andy Ingersoll, del equipo de investigación.
El futuro de la Gran Mancha Roja aún es tema de muchos debates. Si
bien se ha venido vigilando la tormenta desde 1830, posiblemente existe
desde hace más de 350 años. En el siglo XIX, superaba de largo los dos
diámetros terrestres. Pero en la época moderna parece estar disminuyendo
su tamaño, a juzgar por las mediciones hechas por telescopios en la
Tierra y por sondas espaciales. En la época de los sobrevuelos
efectuados por las sondas Voyager 1 y 2 de la NASA, de camino a Saturno y
más allá, en 1979, la Gran Mancha Roja duplicaba el diámetro de nuestro
planeta. Hoy en día, las mediciones realizadas por los telescopios
terrestres indican que el óvalo que la Juno sobrevoló ha disminuido su
anchura en un tercio y su altura en una octava parte, desde las visitas
de las Voyager.
La Juno fue lanzada al espacio el 5 de agosto de 2011, desde Cabo
Cañaveral, en Florida (Estados Unidos), y llegó a la órbita alrededor de
Júpiter el 4 de julio de 2016. Durante su misión de exploración, la
Juno sobrevuela a baja altura la parte superior de las nubes del planeta
(hasta a 3.400 kilómetros de distancia). Durante estos sobrevuelos, la
Juno efectúa sondeos por debajo de la opaca cubierta nubosa del planeta y
estudia sus auroras para averiguar más cosas acerca del origen de
Júpiter, su estructura, atmósfera y magnetosfera.
NCYT
Gracias a los telescopios espaciales de la NASA y la ESA se ha descubierto que, a diferencia de lo que sucede en la Tierra, las intensas auroras que se ven en los polos de Júpiter presentan un comportamiento independiente entre sí.
Se han detectado brillos polares en muchos lugares del universo, desde planetas y lunas hasta estrellas, enanas marrones y muchos otros objetos cósmicos. Estos bellos espectáculos se deben al choque de corrientes de partículas atómicas cargadas eléctricamente —electrones e iones— con las capas de la atmósfera que rodean un planeta, una luna o una estrella. Las auroras de la Tierra tienden a reflejarse entre sí: cuando brillan en el polo norte, normalmente también lo hacen en el polo sur.
Se esperaba que sucediese lo mismo en otro lugares, pero un nuevo estudio recién publicado en Nature Astronomy revela que las auroras de Júpiter no se encuentran tan coordinadas.
El estudio empleó los observatorios espaciales de rayos X XMM-Newton de la ESA y Chandra de la NASA para examinar los rayos X de alta energía producidos por las auroras en los polos del gigante gaseoso. Aunque se vio que las auroras al sur del planeta pulsaban de forma coherente cada 11 minutos, las del polo norte se comportaban de forma caótica.
“Estas auroras no parecen actuar al unísono, como estamos acostumbrados a que hagan aquí en la Tierra”, explica el autor principal del artículo William Dunn, del Laboratorio de Ciencia Espacial Mullard del University College London (Reino Unido) y del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian (EE. UU.).
“Creíamos que la actividad estaría coordinada por medio del campo magnético de Júpiter, pero el comportamiento detectado es realmente desconcertante”.
“Resulta aún más extraño si tenemos en cuenta que Saturno —otro gigante gaseoso— no produce auroras de rayos X que podamos detectar, por lo que surgen algunas preguntas cuya respuesta aún no tenemos clara”.
“En primer lugar, ¿cómo es posible que Júpiter produzca auroras de rayos X brillantes y energéticas si su vecino no lo hace? Y, en segundo, ¿cómo se producen en cada polo de forma independiente?”
Con los datos disponibles, William y sus colegas identificaron y cartografiaron los puntos calientes de rayos X en los polos de Júpiter. Cada uno de estos puntos abarca un área equivalente a la mitad de la superficie terrestre.
Además de las dudas sobre cómo se producen las auroras en el cosmos, el hecho de que las de Júpiter pulsen de forma independiente sugiere que aún queda mucho que aprender sobre cómo el propio planeta produce algunas de sus emisiones más energéticas.
La influencia magnética de Júpiter es enorme; la región del espacio dominada por el campo magnético joviano —la magnetosfera— es unas 40 veces mayor que la de la Tierra y se encuentra inmersa en plasma altamente energético. En los límites exteriores de dicha región, las partículas atómicas cargadas, procedentes en última instancia de erupciones volcánicas en la luna joviana Io, interactúan con la frontera magnética entre la magnetosfera y el espacio interplanetario. Estas interacciones generan fenómenos intensos, incluidas las auroras.
“Las partículas cargadas tienen que chocar con la atmósfera de Júpiter a velocidades excepcionalmente altas como para generar los pulsos de rayos X que hemos visto. Aún no entendemos qué procesos son los que lo causan, pero estas observaciones indican que actúan de forma independiente en los hemisferios norte y sur”, añade Licia Ray, de la Universidad de Lancaster (Reino Unido) y coautora del estudio.
La asimetría en los brillos del norte y el sur de Júpiter también sugiere que muchos objetos cósmicos con auroras conocidas —exoplanetas, estrellas de neutrones, enanas marrones y otros cuerpos en rápida rotación— podrían producir una aurora muy distinta en cada polo.
Juice en Júpiter
Futuros estudios de las auroras de Júpiter ayudarán a comprender mejor los fenómenos que acontecen en el planeta. En los próximos dos años hay previstas campañas de observación con monitorización de rayos X por parte de XMM-Newton y Chandra, así como observaciones simultáneas de la sonda Juno de la NASA, que comenzó a orbitar Júpiter a mediados de 2016.
La misión Juice la ESA llegará al planeta en 2029 para investigar su atmósfera y su magnetosfera. También observará las auroras y, en particular, el efecto que tienen en ellas los satélites galileanos.
“Se trata de un hallazgo revolucionario, que no habría sido posible sin el observatorio XMM-Newton de la ESA”, añade Norbert Schartel, científico de la ESA para el proyecto XMM-Newton.
“El observatorio espacial ha sido clave para este estudio, al proporcionar datos exhaustivos a una alta resolución espectral para que el equipo pudiera explorar los vívidos colores de las auroras y obtener detalles sobre las partículas implicadas: si se mueven rápido, si se trata de iones de oxígeno o azufre, etc.”.
“Las observaciones coordinadas como esta, en las que colaboran telescopios como XMM-Newton, Chandra y Juno, son clave para explorar y entender aún mejor los entornos y fenómenos del Universo, así como los procesos que desencadenan”.
esa
Suscribirse a:
Entradas
(
Atom
)
Viaje a las estrellas
Buscar
Calendario lunar
Lo + visto
Entrada destacada
Labels
Agujero negro
Anecdotas de Newton
Anecdotas y Curiosidades
Articulos
Articulos Astrofisica
Articulos Astronautica
Articulos Astronomia
Articulos Astronomos
Articulos Cometas
Articulos Cosmologia
Articulos Estrellas
Articulos Fisica
Articulos Galaxias
Articulos planetas
Articulos Planetas Marte
Articulos Satelites
Asteroides
Astrobiologia
Astrofisica
Astronautica
Astronomia
Boson de Higgs
Cometas
Cosmologia
Curiosity
Eclipses
Einstein
Estrellas
Europa
Exoplanetas
Fisica
Física
Fisica cuantica
Física de partículas
Fondo Cosmico de Microondas
Gaia
Galaxias
Historia
Inflacion
Io
Jupiter
LHC
Luna
Marte
Materia oscura
Meteorito Chelyabinsk
Nebulosas
Noticias
Ondas gravitacionales
Opportunity
Planetas
Pluton
Por que...
Satelites
Saturno
Sol
Teoria de Cuerdas
Tierra
Titan
Voyager







