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Asteroides
Cometas
Label: Cometas
Un objeto de otro sistema estelar, que apareció brevemente en nuestro cielos como si fuera un asteroide, ha resultado ser un minúsculo cometa interestelar.
Oumuamua, que en hawaiano significa ‘el mensajero que llegó el primero’, fue descubierto por astrónomos del proyecto Pan-STARRS de Hawái en octubre del año pasado, cuando el objeto se acercó a la órbita terrestre. Las observaciones de seguimiento realizadas por la Estación Óptica Terrestre (OGS) de la ESA en Tenerife (España) y otros telescopios por todo el mundo han ayudado a determinar su trayectoria.
Los astrónomos habían detectado a Oumuamua aproximadamente un mes tras su perihelio, mientras se introducía con un trayecto muy inclinado en la órbita de Mercurio. Con una velocidad de unos 114.000 km/h a fecha de 1 de junio de 2018, Oumuamua es lo bastante rápido como para escapar de la atracción gravitacional del Sol y poder salir de nuestro Sistema Solar.
Como se cree que los cometas interestelares son más numerosos que los asteroides interestelares, en principio nuestro misterioso visitante se identificó como un cometa. No obstante, en las imágenes no se vieron indicios de emisiones de gas o de un entorno polvoriento, lo que ha llevado a clasificarlo como el primer asteroide interestelar.
Pero aún nos aguardaba un nuevo vuelco en la trama.
A partir de las observaciones iniciales, un equipo de astrónomos liderado por Marco Micheli, de la ESA, siguió efectuando mediciones de alta precisión del objeto y su posición desde instalaciones terrestres y el telescopio espacial Hubble de la NASA/ESA. Las imágenes finales se tomaron con Hubble en enero, antes de que el objeto dejara de verse con claridad a medida que se alejaba.
Al contrario de lo esperado, el equipo descubrió que el objeto se estaba desviando ligeramente de la trayectoria que habría seguido si solo se viera influido por la gravedad del Sol y los planetas.
‘Oumuamua’s journey through our Solar System
“Descubrimos por sorpresa que Oumuamua no deceleraba como si solo hubiera estado sometido a fueras gravitatorias”, explica Marco, autor principal del artículo que da cuenta de los hallazgos del equipo, publicado el 27 de junio en la revista Nature.
Un análisis riguroso excluyó varias hipótesis, como que su movimiento se viera afectado por la presión de la radiación o los efectos térmicos del Sol, o por la interacción del viento solar. También se descartó la colisión con otro cuerpo que hubiera alterado su trayectoria, y se consideró poco probable que hubiera dos cuerpos independientes y unidos por gravedad.
“Probamos numerosas alternativas y la más plausible es que Oumuamua sea un cometa y que los gases que emanan de su superficie causan las minúsculas variaciones en su trayectoria”, señala Davide Farnocchia, de JPL de NASA y miembro del equipo.
En cualquier caso, se calcula que Oumuamua es muy pequeño, con un diámetro de solo varios cientos de metros.
Los cometas contienen hielos que pasan directamente del estado sólido al gaseoso cuando el Sol los calienta, arrastrando así el polvo de la superficie hasta crear una suerte de ‘atmósfera’ difusa y, en ocasiones, una cola. La expulsión de gas a presión podría llegar a perturbar la trayectoria prevista si solo influyeran las fuerzas gravitacionales.
Sin embargo, el equipo aún no había detectado material polvoriento ni firmas químicas, que normalmente caracterizarían un cometa, ni siquiera en las imágenes más profundas de Hubble. Por consiguiente, llegaron a la conclusión de que Oumuamua debía de haber liberado una cantidad muy pequeña de polvo, o quizá un gas más puro, sin mucho polvo, lo que explicaría su no detección.
Estación Óptica Terrestre de la ESA
“Nos sorprendió enormemente que Oumuamua primero pareciese un asteroide, ya que esperábamos que los cometas interestelares fueran mucho más abundantes, así que al menos hemos resuelto ese enigma —reconoce Olivier Hainaut, del Observatorio Europeo Austral—. Sigue siendo un objeto muy pequeño y extraño, pero al final nuestros resultados tienden a identificarlo como un cometa y no como un asteroide”.
“Este objeto sigue albergando numerosos misterios, pero es que viene de otro Sistema Solar, del que no sabemos nada”, añade Marco.
“Los visitantes interestelares como este son fascinantes desde el punto de vista científico, pero extremadamente raros —admite Detlef Koschny responsable de actividades relacionadas con los objetos cercanos a la Tierra del programa de la ESA para el Conocimiento del Medio Espacial (SSA) —. Los objetos originados en nuestro Sistema Solar son mucho más comunes y, como pueden suponer un riesgo de impacto, estamos trabajando para mejorar nuestra capacidad de hacer cada noche un barrido del cielo con telescopios como nuestra Estación Óptica Terrestre, que ha contribuido a este fascinante descubrimiento”.
Cada 30 de junio se celebra el “Día del Asteroide”, con el objetivo de concienciar sobre estos objetos y la protección de nuestro planeta frente a un posible impacto. Este año, la ESA y el Observatorio Europeo Austral retransmitirán un webcast en vivo con entrevistas y noticias sobre algunos de los últimos resultados científicos relacionados con los asteroides. El webcast podrá verse el 30 de junio a partir de las 13:00 CEST en www.esa.int/asteroidday.
esa
Cuando el sol incide
sobre el irregular y bilobulado cometa 67P surgen brillantes chorros de
gas y polvo en su tenue atmósfera exterior. Un equipo internacional de
investigadores, con participación del Centro de Astrobiología, ha
analizado este proceso con el instrumento OSIRIS de la sonda europea
Rosetta.
Trayectorias simuladas de las partículas de polvo registradas frente al valle del cuello de 67P y a lo largo de ese valle, teniendo en cuenta el gas que sale de la región Hapi, la que conecta los dos lóbulos del núcleo. Las trazas azules representan trayectorias de partículas emitidas desde el terminador; y las rojas, las del resto de la zona iluminada en Hapi. / X. Shi et al./Rosetta (ESA)
Además de las conocidas colas de los cometas que se generan al aproximarse al sol, estos objetos están rodeados de una especie de ‘atmósfera’ de polvo y gas, denominada ‘coma’, que envuelve a su gélido núcleo rocoso.
Ahora un equipo científico internacional, liderado por el Instituto Max Planck para la investigación sobre el Sistema Solar (Alemania) y en el que participan investigadores españoles, ha estudiado la morfología de la coma del cometa 67P y su posible dependencia de la actividad del núcleo. Los datos los ha facilitado el instrumento OSIRIS de la nave Rosetta de la Agencia Espacial Europea (ESA).
Los resultados, publicados en la revista Nature Astronomy, muestran que la insolación sobre el núcleo irregular del cometa modifica la morfología de la coma, provocando la aparición de estructuras en forma de chorros brillantes de gas y polvo.
Estos chorros son producidos durante los máximos locales de insolación y concentrados por las concavidades topográficas presentes. Debido a la forma irregular del cometa 67P, estas estructuras pueden variar según la perspectiva del observador, aunque también pueden activarse o desactivarse en función de la insolación, e incluso permanecer ocultas en las zonas de sombra del propio núcleo, complicando aún más su estudio.
Las comas cometarias presentan estructuras complejas que pueden ser estudiadas mediante la observación con telescopios. Por el contrario, las regiones más internas, a solo unos pocos radios del núcleo, no han podido ser resueltas hasta que pudieron ser observadas por naves espaciales, como Rosetta.
Algunas de estas estructuras parecen surgir de zonas específicas del núcleo, probablemente debidas a la desgasificación localmente intensificada o a la emisión de polvo. Sin embargo, estas estructuras pueden ser también el resultado de actividad difusa e incluso uniforme que converge en concavidades topográficas, colimándose (concentración de haces) y adoptando la forma de chorros. Es interesante, por tanto, establecer los posibles vínculos entre la morfología observada de la coma con la distribución de la actividad en el núcleo.
En este estudio, con participación de científicos del Centro de Astrobiología (CAB, CSIC-INTA) y el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA), se ha analizado la actividad del polvo en el cometa 67 concretemante durante el amanecer y a lo largo del terminador (línea que separa la zona iluminada por el Sol de la que permanece en oscuridad).
El potente 'ojo' de OSIRIS
La alta resolución de la cámara NAC (Narrow Angle Camera, o cámara de campo estrecho) del instrumento OSIRIS utilizada para las observaciones ha permitido observar con nitidez tanto las fuentes como la formación de estructuras en forma de chorro.
El equipo científico ha realizado también simulaciones numéricas aplicando un método tridimensional de simulación directa de Monte Carlo (DSMC del inglés) que permite simular la cinética de los gases. “Estas simulaciones –indica Rafael Rodrigo, coautor e investigador del CAB– han permitido modelizar el gas y demostrar que la coma de polvo ambiental es producto de la desgasificación no uniforme del agua de la capa superficial helada del cometa”.
Los análisis indican que la exposición de las zonas superficiales heladas al sol matutino induce la desgasificación instantánea del agua y la emisión de polvo, un mecanismo observado también en el cometa 9P/Tempel 1.

Trayectorias simuladas de las partículas de polvo registradas frente al valle del cuello de 67P y a lo largo de ese valle, teniendo en cuenta el gas que sale de la región Hapi, la que conecta los dos lóbulos del núcleo. Las trazas azules representan trayectorias de partículas emitidas desde el terminador; y las rojas, las del resto de la zona iluminada en Hapi. / X. Shi et al./Rosetta (ESA)
Además de las conocidas colas de los cometas que se generan al aproximarse al sol, estos objetos están rodeados de una especie de ‘atmósfera’ de polvo y gas, denominada ‘coma’, que envuelve a su gélido núcleo rocoso.
Ahora un equipo científico internacional, liderado por el Instituto Max Planck para la investigación sobre el Sistema Solar (Alemania) y en el que participan investigadores españoles, ha estudiado la morfología de la coma del cometa 67P y su posible dependencia de la actividad del núcleo. Los datos los ha facilitado el instrumento OSIRIS de la nave Rosetta de la Agencia Espacial Europea (ESA).
La insolación sobre el núcleo irregular del cometa modifica la morfología de la coma, provocando la aparición de chorros brillantes de gas y polvo
Los resultados, publicados en la revista Nature Astronomy, muestran que la insolación sobre el núcleo irregular del cometa modifica la morfología de la coma, provocando la aparición de estructuras en forma de chorros brillantes de gas y polvo.
Estos chorros son producidos durante los máximos locales de insolación y concentrados por las concavidades topográficas presentes. Debido a la forma irregular del cometa 67P, estas estructuras pueden variar según la perspectiva del observador, aunque también pueden activarse o desactivarse en función de la insolación, e incluso permanecer ocultas en las zonas de sombra del propio núcleo, complicando aún más su estudio.
Las comas cometarias presentan estructuras complejas que pueden ser estudiadas mediante la observación con telescopios. Por el contrario, las regiones más internas, a solo unos pocos radios del núcleo, no han podido ser resueltas hasta que pudieron ser observadas por naves espaciales, como Rosetta.
Algunas de estas estructuras parecen surgir de zonas específicas del núcleo, probablemente debidas a la desgasificación localmente intensificada o a la emisión de polvo. Sin embargo, estas estructuras pueden ser también el resultado de actividad difusa e incluso uniforme que converge en concavidades topográficas, colimándose (concentración de haces) y adoptando la forma de chorros. Es interesante, por tanto, establecer los posibles vínculos entre la morfología observada de la coma con la distribución de la actividad en el núcleo.
En este estudio, con participación de científicos del Centro de Astrobiología (CAB, CSIC-INTA) y el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA), se ha analizado la actividad del polvo en el cometa 67 concretemante durante el amanecer y a lo largo del terminador (línea que separa la zona iluminada por el Sol de la que permanece en oscuridad).
El potente 'ojo' de OSIRIS
La alta resolución de la cámara NAC (Narrow Angle Camera, o cámara de campo estrecho) del instrumento OSIRIS utilizada para las observaciones ha permitido observar con nitidez tanto las fuentes como la formación de estructuras en forma de chorro.
El equipo científico ha realizado también simulaciones numéricas aplicando un método tridimensional de simulación directa de Monte Carlo (DSMC del inglés) que permite simular la cinética de los gases. “Estas simulaciones –indica Rafael Rodrigo, coautor e investigador del CAB– han permitido modelizar el gas y demostrar que la coma de polvo ambiental es producto de la desgasificación no uniforme del agua de la capa superficial helada del cometa”.
Los análisis indican que la exposición de las zonas superficiales heladas al sol matutino induce la desgasificación instantánea del agua y la emisión de polvo, un mecanismo observado también en el cometa 9P/Tempel 1.

Densidad numérica de moléculas de agua a diferentes altitudes por encima del terminador. Las densidades numéricas se muestran en secciones transversales del modelo de la coma de gas, paralelas al plano que mejor se ajuste al terminador. Las altitudes de las secciones transversales aparecen indicadas en la parte inferior derecha de cada imagen. / X. Shi et al./Rosetta (ESA)
Esta desgasificación produce un componente intrínseco y regular de la morfología diurna de la coma, conforme el terminador va desplazándose por el núcleo. Las bases de las emisiones simuladas del gas se correlacionan con las localizaciones de los flujos de polvo observados, y las orientaciones visuales de los flujos del gas y del polvo son constantes.
Las estructuras observadas resultan de la desgasificación no uniforme del agua a lo largo del terminador, como consecuencia de las tasas variables de sublimación del hielo bajo diferentes condiciones de iluminación. Además, la cortina de gas y polvo parece mostrar como ‘pliegues’, debidos a las ondulaciones topográficas.
Los chorros de polvo aparecen asociados a curvaturas superficiales a lo largo del terminador, colimados por las concavidades del terreno. En cambio, la cortina se difumina sobre las superficies convexas, de tal manera que la coma se enrarece y disminuye su brillo.
De este modo, las concavidades y convexidades superficiales del terreno coliman o difuminan de manera natural las estructuras observadas de la coma, aunque la desgasificación del agua sea uniforme.
Los autores concluyen que las estructuras complejas de la coma aparecen naturalmente alrededor de un núcleo irregular como el del cometa 67P. Las características con forma de chorros pueden indicar concavidad topográfica, insolación elevada, o distribución irregular de la escarcha nocturna sobre el núcleo, todo relacionado con una capa superficial homogénea.
Además de las condiciones termofísicas de insolación, el patrón visual de la coma del polvo cerca del núcleo depende estrechamente de las condiciones de sombra y del punto de vista en el momento de la observación. En el caso de 67P, hay que tener en cuenta que las sombras sobre el núcleo del cometa presentan una forma muy compleja.
Según los autores, los próximos estudios sobre la gran cantidad de observaciones realizadas con Rosetta permitirán profundizar en el análisis de estos modelos y ayudarán a entender el funcionamiento de los cometas dentro de nuestro sistema solar.
Centro de Astrobiología (CAB, CSIC-INTA)
Las concavidades y convexidades superficiales del terreno coliman o difuminan de manera natural las estructuras observadas en su coma o 'atmósfera'
Las estructuras observadas resultan de la desgasificación no uniforme del agua a lo largo del terminador, como consecuencia de las tasas variables de sublimación del hielo bajo diferentes condiciones de iluminación. Además, la cortina de gas y polvo parece mostrar como ‘pliegues’, debidos a las ondulaciones topográficas.
Los chorros de polvo aparecen asociados a curvaturas superficiales a lo largo del terminador, colimados por las concavidades del terreno. En cambio, la cortina se difumina sobre las superficies convexas, de tal manera que la coma se enrarece y disminuye su brillo.
De este modo, las concavidades y convexidades superficiales del terreno coliman o difuminan de manera natural las estructuras observadas de la coma, aunque la desgasificación del agua sea uniforme.
Los autores concluyen que las estructuras complejas de la coma aparecen naturalmente alrededor de un núcleo irregular como el del cometa 67P. Las características con forma de chorros pueden indicar concavidad topográfica, insolación elevada, o distribución irregular de la escarcha nocturna sobre el núcleo, todo relacionado con una capa superficial homogénea.
Además de las condiciones termofísicas de insolación, el patrón visual de la coma del polvo cerca del núcleo depende estrechamente de las condiciones de sombra y del punto de vista en el momento de la observación. En el caso de 67P, hay que tener en cuenta que las sombras sobre el núcleo del cometa presentan una forma muy compleja.
Según los autores, los próximos estudios sobre la gran cantidad de observaciones realizadas con Rosetta permitirán profundizar en el análisis de estos modelos y ayudarán a entender el funcionamiento de los cometas dentro de nuestro sistema solar.
Centro de Astrobiología (CAB, CSIC-INTA)
Un astrónomo
aficionado experto en los objetos del sistema solar ha conseguido volver
a detectar el cometa P/2011 CR42 Catalina con el telescopio Schmidt del
Observatorio de Calar Alto.
Imagen animada realizada con exposiciones de 10 minutos, tomadas durante un intervalo de unas 2 horas, mostrando el cometa Catalina moviéndose (casi horizontalmente) en el centro de la imagen, de izquierda a derecha (corte de solo 2.5x2.5 minutos de arco). Credits: E. Schwab/ESA/CAHA
Los cometas no son generalmente detectables, ni siquiera con los mayores telescopios, cuando se encuentran situados cerca de su afelio, la posición de su órbita más alejada del Sol. Sin embargo, pueden volver a verse una vez se aproximan nuevamente a la Tierra
Usando el telescopio Schmidt del Observatorio de Calar Alto, Erwin Schwab, un astrónomo aficionado experto en los objetos del sistema solar ha sido capaz de reencontrar el cometa P/2011 CR42 Catalina, un cometa que ya había sido descubierto en 2011, pero que dejó de verse una vez su distancia a la Tierra se hizo excesiva.
Durante las noches del 17 y 18 de Abril, Erwin Schwab detectó un objeto apenas visible casi en los límites de la posición esperada para el Catalina. Muy probablemente se trataba del P/2011 CR42 Catalina.
Los astrónomos E. Schwab, D. Koschny y M. Micheli han tenido que realizar nuevos y precisos cálculos para confirmar este reencuentro con Catalina, algo que es necesario antes de enviar los datos al cuerpo oficial de asteroides y cometas, el Minor Planet Center, de la Unión Internacional Astronómica.
Catalina estará cerca de su máximo acercamiento al sol el día 22 de Junio de 2018, y quizá entonces muestre algunos signos de actividad, antes de volver a desaparecer de nuestra vista para los próximos cinco años aproximadamente.
El hallazgo se ha llevado a cabo gracias al programa Space Situational Awareness, financiado por la Agencia Europea del Espacio (ESA).
Imagen animada realizada con exposiciones de 10 minutos, tomadas durante un intervalo de unas 2 horas, mostrando el cometa Catalina moviéndose (casi horizontalmente) en el centro de la imagen, de izquierda a derecha (corte de solo 2.5x2.5 minutos de arco). Credits: E. Schwab/ESA/CAHA
Los cometas no son generalmente detectables, ni siquiera con los mayores telescopios, cuando se encuentran situados cerca de su afelio, la posición de su órbita más alejada del Sol. Sin embargo, pueden volver a verse una vez se aproximan nuevamente a la Tierra
Usando el telescopio Schmidt del Observatorio de Calar Alto, Erwin Schwab, un astrónomo aficionado experto en los objetos del sistema solar ha sido capaz de reencontrar el cometa P/2011 CR42 Catalina, un cometa que ya había sido descubierto en 2011, pero que dejó de verse una vez su distancia a la Tierra se hizo excesiva.
Durante las noches del 17 y 18 de Abril, Erwin Schwab detectó un objeto apenas visible casi en los límites de la posición esperada para el Catalina. Muy probablemente se trataba del P/2011 CR42 Catalina.
Los astrónomos E. Schwab, D. Koschny y M. Micheli han tenido que realizar nuevos y precisos cálculos para confirmar este reencuentro con Catalina, algo que es necesario antes de enviar los datos al cuerpo oficial de asteroides y cometas, el Minor Planet Center, de la Unión Internacional Astronómica.
Catalina estará cerca de su máximo acercamiento al sol el día 22 de Junio de 2018, y quizá entonces muestre algunos signos de actividad, antes de volver a desaparecer de nuestra vista para los próximos cinco años aproximadamente.
El hallazgo se ha llevado a cabo gracias al programa Space Situational Awareness, financiado por la Agencia Europea del Espacio (ESA).
Centro Astronómico Hispano-Alemán, A.I.E.
En un momento en el que los humanos modernos comenzaban a salir de
África y los neandertales habitaban en nuestro planeta, la estrella de
Scholz –llamada así por el astrónomo alemán que la descubrió– se acercó a
menos de un año luz del Sol. Hoy se encuentra a casi 20 años luz de
distancia, pero hace 70.000 años se llegó a adentrar en la nube de Oort,
un reservorio de objetos transneptunianos situado en los confines del
sistema solar.
En un momento en el que los humanos
modernos comenzaban a salir de África y los neandertales habitaban en
nuestro planeta, la estrella de Scholz se acercó a menos de un año luz.
(Foto: J. A. Peñas/SINC)
Este descubrimiento lo hizo público en 2015 un equipo de astrónomos
dirigidos por el profesor Eric Mamajek de la Universidad de Rochester
(EE UU). Los detalles de aquel sobrevuelo estelar, el más cercano
documentado hasta la fecha, los presentaron en The Astrophysical Journal
Letters.
Ahora dos astrónomos de la Universidad Complutense de Madrid, los
hermanos Carlos y Raúl de la Fuente Marcos, junto al investigador Sverre
J. Aarseth de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), han analizado
por primera vez los cerca de 340 objetos del sistema solar que tienen
órbitas hiperbólicas (con forma de V muy abierta, no las típicas
elípticas), y al hacerlo han detectado que la trayectoria de algunos de
ellos está influenciada por el paso de la estrella de Scholz.
“Mediante simulaciones numéricas hemos calculado las radiantes o posiciones en el cielo de las que aparentan venir todos estos objetos hiperbólicos”, explica Carlos de la Fuente Marcos, que junto a los otros coautores publica los resultados en la revista MNRAS Letters.
“En principio –añade–, uno esperaría que esas posiciones se distribuyeran de forma uniforme en el cielo, en particular si estos objetos proceden de la nube de Oort. Sin embargo, lo que encontramos es muy diferente: una acumulación estadísticamente significativa de radiantes. La sobredensidad más acusada aparece proyectada en la dirección de la constelación Géminis, lo que se ajusta al encuentro cercano con la estrella de Scholz”.
El momento en el que pasó esta estrella cerca de nosotros y su
posición durante la prehistoria coinciden en los datos de la nueva
investigación y en los de Mamajek y su equipo. “Podría tratarse de una
coincidencia, pero es poco probable que tanto la localización como la
época sean compatibles”, destaca De la Fuente Marcos, quien apunta que
sus simulaciones sugieren que la estrella de Scholz se aproximó incluso
más de los 0,6 años luz que apuntaba el estudio de 2015 como límite
inferior.
El sobrevuelo de esta estrella hace 70.000 años no perturbó a todos
los objetos hiperbólicos del sistema solar, solo a los que estaban más
próximos a ella en aquel momento. “Por ejemplo, la radiante del famoso
asteroide interestelar `Oumuamua está en la constelación de la Lira, muy
lejos de Géminis, por lo tanto no forma parte de la sobredensidad
detectada”, señala De la Fuente Marcos, quien confía en que nuevos
estudios y observaciones confirmen la idea de que una estrella pasó
cerca de nosotros en una época relativamente reciente.
La estrella de Scholz es en realidad un sistema doble formado por una
pequeña enana roja, con alrededor del 9% de la masa del Sol, en torno a
la que orbita una enana marrón de menor tamaño y mucho menos brillante.
Es probable que nuestros antepasados vieran su tenue luz rojiza en las
noches de la prehistoria.
SINC
Quizá algún lector viva en un lugar del mundo donde las tormentas de nieve o de polvo tienen lugar a diario. Pero para la mayoría, los fenómenos meteorológicos siempre dan que hablar, como los temporales, que en muy poco tiempo pueden paralizar el transporte o dejarnos desorientados al ocultar nuestras referencias habituales.
Rosetta experimentó algo similar durante más de dos años, entre 2014 y 2016, mientras viajaba junto a 67P/Churyumov-Gerasimenko. La misión de la ESA sufrió innumerables impactos debido a los granos de polvo que arrastraban los gases evaporados del hielo superficial por el calor del Sol.
Esta imagen fue capturada hace dos años, el 21 de enero de 2016, cuando Rosetta volaba a 79 km del cometa. En ese momento, una vez pasado el perihelio del mes de agosto anterior (cuando el cometa se encontraba más cerca del Sol y más activo), la nave se iba acercando al cometa después de haber mantenido una mayor distancia por motivos de seguridad.
Como puede verse en la imagen, aunque habían pasado cinco meses, el entorno del cometa seguía siendo muy caótico y polvoriento. Los trazos revelan cómo los granos de polvo pasaban por delante de la cámara de Rosetta y eran capturados durante la exposición de 146 segundos.
La gran presencia de polvo en el campo de visión de Rosetta constituía un constante riesgo para la navegación, ya que los sensores de la nave empleaban una función de reconocimiento de patrones de estrellas para poder orientarse respecto al Sol y a la Tierra. En ciertas ocasiones, al volar muy cerca del cometa y, por tanto, atravesar regiones más densas de gas y polvo, los sensores captaban granos de polvo en lugar de estrellas y generaban errores de orientación, llegando incluso a obligar a la nave a entrar temporalmente en modo seguro.
A pesar de los riesgos, este polvo tenía un gran interés científico: tres de los instrumentos de Rosetta estudiaron miles de granos, analizando colectivamente su composición, masa, movimiento y velocidad, y creando un perfil de su estructura en 3D. El estudio de los granos más pequeños y limpios está ayudando a los científicos a conocer la composición de los cometas.
Dos años antes de que se tomara la fotografía, el 20 de enero de 2014, Rosetta aún estaba despertándose de los 31 meses de hibernación en el espacio profundo. Llegó a su destino en agosto de 2014, tras diez años en el espacio, y tres meses después liberó su módulo de aterrizaje Philae. Rosetta llevó a cabo observaciones científicas únicas del cometa hasta llegar a su gran final el 30 de septiembre de 2016, cuando descendió sobre la superficie del cometa. Al finalizar la misión, la cámara de alta resolución OSIRIS y la cámara de navegación habían capturado más de cien mil imágenes, la mayoría de las cuales puede consultarse en el buscador de imágenes de archivo.
esa
El objeto, de pequeño tamaño, redujo su período de rotación más de diez veces en sesenta días, algo nunca antes visto
La sonda espacial Swift de la NASA, en funcionamiento desde hace 13 años, ha capturado un cambio sin precedentes en la rotación de un cometa. Las imágenes, tomadas en mayo de 2017, revelan que el cometa 41P / Tuttle-Giacobini-Kresák giraba tres veces más lento de lo que lo hacía en marzo, cuando fue observado por otro telescopio en el Observatorio Lowell en Arizona (EE.UU.). Se trata de una desaceleración realmente abrupta que jamás había sido vista en un cuerpo de este tipo, según han explicado los investigadores en el último número de la revista «Nature».
«El récord anterior en la rotación de un cometa era de 103P / Hartley 2, el cual disminuyó su rotación de 17 a 19 horas durante 90 días», explica Dennis Bodewits, investigador asociado de la Universidad de Maryland (UMD) en College Park, quien presentó los hallazgos en la reunión de la American Astronomical Society (AAS) en Washington. «Por el contrario, 41P la redujo más de 10 veces en tan solo 60 días, por lo que tanto el alcance como la velocidad de este cambio es algo que nunca antes habíamos visto», subraya. Pasó de unas 20 a 60 horas.
41P orbita el Sol cada 5,4 años, viajando tan lejos como el planeta Júpiter, cuya influencia gravitatoria lo ha capturado en su camino actual. Tiene menos de 1,4 kilómetros de diámetro, por lo que se encuentra entre los más pequeños de la familia de cometas cuyas órbitas están controladas por el enorme planeta. Precisamente, su pequeño tamaño es lo que puede ayudar a explicar cómo sufrió un cambio tan drástico.
Cuando un cometa se acerca al Sol, el aumento del calentamiento hace que el hielo de su superficie cambie directamente a un gas, produciendo chorros que lanzan partículas de polvo y granos helados al espacio. Este material forma una atmósfera extendida, llamada coma. El agua en la coma se descompone rápidamente en átomos de hidrógeno y moléculas de hidroxilo cuando se expone a la luz solar ultravioleta, una luz que el Swift es capaz de detectar.
Muy activo
Las observaciones terrestres establecieron el período de rotación inicial del cometa en aproximadamente 20 horas a principios de marzo de 2017 y observaron su desaceleración más tarde el mismo mes. El cometa pasó a 21,2 millones de km de la Tierra el 1 de abril, y ocho días después hizo su aproximación más cercana al Sol. Swift fotografió el cometa del 7 al 9 de mayo, revelando variaciones en su luz relacionadas con material recientemente expulsado al coma. Estos cambios lentos indicaron que el período de rotación de 41P se había más que duplicado, a entre 46 y 60 horas.
Las estimaciones de la producción de agua de 41P, junto con el pequeño tamaño del cuerpo, sugieren que más de la mitad de su superficie contiene chorros activados por la luz solar. Esa es una fracción en activo mucho mayor que en la mayoría de los cometas, que normalmente soportan chorros solo en el 3% de sus superficies.
«Sospechamos que los chorros de las áreas activas están orientados de manera favorable para producir los momentos de torsión que ralentizaron el giro de 41P», dice Tony Farnham, científico principal de investigación de la UMD. «Si las torsiones siguieron actuando después de las observaciones de mayo, el período de rotación de 41P podría haberse reducido a 100 horas o más en este momento».
ABC
Detectado el pasado octubre, los astrónomos han hecho público su retrato. Tiene forma de extintor de incendios y el doble del tamaño de la Estatua de la Libertad, pero resulta más familiar de lo que podríamos esperar
El pasado octubre, astrónomos de la Universidad de Hawái detectaban un objeto, probablemente un asteroide, mientras se alejaba del Sol. Por su órbita hiperbólica, se dieron cuenta de que se trataba de un cuerpo llegado de fuera del Sistema Solar, nuestro primer «visitante interestelar». Rápidamente, telescopios de todo el mundo apuntaron al «intruso» para poder saber más sobre su procedencia y composición. Un mes después, los astrónomos ya tienen su retrato.
Los telescopios WIYN en el Observatorio Nacional Kitt Peak y el Óptico Nórdico en Las Palmas tomaron imágenes del objeto, denominado A/2017 U1, durante cinco noches. Las observaciones mostraron que, a pesar de proceder de otro lugar de la galaxia, el «extranjero» resulta bastante familiar a los científicos. Su tamaño, rotación y color son similares a los de asteroides en nuestro Sistema Solar.
Exterior del telescopio WIYN - NOAO/AURA/NSFLa roca parecía ligeramente roja y su brillo variaba con un período de 8 horas. A partir de su brillo cambiante, el equipo dedujo que U1 es muy alargado con dimensiones aproximadas de 30m x 30 m x 180 m, unas dos veces la altura de la Estatua de la Libertad. «Su forma es similar a la de un extintor de incendios, aunque U1 no es tan rojo», dice David Jewitt, de la Universidad de California en Los Ángeles.
Nuestra propia historia
Los astrónomos reconocen en U1 un posible primo cercano de los asteroides y cometas que se cree que fueron lanzados desde nuestro propio Sistema Solar en sus orígenes. Cuando los planetas gigantes se formaron, empujaron los asteroides y los cometas sobrantes en órbitas cada vez más excéntricas. Algunos asteroides y cometas impactaron en los planetas interiores dejando cráteres. Se cree que otros fueron expulsados del Sistema Solar por completo.
Las superficies marcadas con viruela del Sistema Solar interior ayudan a verificar esta historia. Sin embargo, no ha habido evidencia directa hasta la fecha de que los cometas y asteroides fueran expulsados del Sistema Solar. Si los planetas se forman alrededor de otras estrellas de la misma manera que en nuestro Sistema Solar, muchos objetos del tamaño de U1 también habrían sido expulsados en el proceso. «U1 puede proporcionar la primera evidencia directa de que los sistemas planetarios alrededor de otras estrellas expulsaron objetos a medida que se formaron», concluye Rajagopal.
¿Hay otros por ahí?
Aunque nunca volveremos a ver a U1 después de que abandone el Sistema Solar, los astrónomos esperan poder estudiar otros intrusos interestelares. Ahora que se cree que la mayoría de las estrellas albergan sistemas planetarios, los cuerpos eyectados deberían ser comunes en la galaxia.
Esa perspectiva sugiere que nuestro Sistema Solar puede, de hecho, estar inundado de intrusos interestelares que pasan sin ser detectados. Los autores estiman que, según las propiedades de U1, hay aproximadamente 10.000 objetos del mismo tamaño más cercanos al Sol que Neptuno en un momento dado. «Cada uno recorre el Sistema Solar en aproximadamente 10 años», dice Jewitt, «y cada 10 años más o menos, tenemos un grupo completamente nuevo de estos objetos, algunos de los cuales podemos esperar ver».
Futuros rastreos diseñados para detectar objetos en movimiento probablemente descubrirán más de estos «visitantes», dando a los astrónomos más oportunidades para estudiar objetos de más allá del Sistema Solar.
ABC
El pasado octubre, astrónomos de la Universidad de Hawái detectaban un objeto, probablemente un asteroide, mientras se alejaba del Sol. Por su órbita hiperbólica, se dieron cuenta de que se trataba de un cuerpo llegado de fuera del Sistema Solar, nuestro primer «visitante interestelar». Rápidamente, telescopios de todo el mundo apuntaron al «intruso» para poder saber más sobre su procedencia y composición. Un mes después, los astrónomos ya tienen su retrato.
U1,
a su paso a través del Sistema Solar en imágenes tomadas con el
telescopio WIYN . Las rayas débiles son estrellas de fondo. Los círculos
verdes resaltan la posición de U1 , aproximadamente 10 millones de
veces más débil que las estrellas más débiles visibles a simple vista - R. Kotulla (University of Wisconsin) & WIYN/NOAO/AURA/NSF
Los telescopios WIYN en el Observatorio Nacional Kitt Peak y el Óptico Nórdico en Las Palmas tomaron imágenes del objeto, denominado A/2017 U1, durante cinco noches. Las observaciones mostraron que, a pesar de proceder de otro lugar de la galaxia, el «extranjero» resulta bastante familiar a los científicos. Su tamaño, rotación y color son similares a los de asteroides en nuestro Sistema Solar.
Exterior del telescopio WIYN - NOAO/AURA/NSFLa roca parecía ligeramente roja y su brillo variaba con un período de 8 horas. A partir de su brillo cambiante, el equipo dedujo que U1 es muy alargado con dimensiones aproximadas de 30m x 30 m x 180 m, unas dos veces la altura de la Estatua de la Libertad. «Su forma es similar a la de un extintor de incendios, aunque U1 no es tan rojo», dice David Jewitt, de la Universidad de California en Los Ángeles.
«Con una forma tan alargada, U1 probablemente necesite una pequeña fuerza cohesiva para mantenerse unido. Pero eso no es realmente inusual», señala Jayadev Rajagopal, del Observatorio Nacional de Astronomía Óptica. «Lo más notable de U1 es, a excepción de su forma, que es familiar y físicamente nada especial», subraya.
Nuestra propia historia
Los astrónomos reconocen en U1 un posible primo cercano de los asteroides y cometas que se cree que fueron lanzados desde nuestro propio Sistema Solar en sus orígenes. Cuando los planetas gigantes se formaron, empujaron los asteroides y los cometas sobrantes en órbitas cada vez más excéntricas. Algunos asteroides y cometas impactaron en los planetas interiores dejando cráteres. Se cree que otros fueron expulsados del Sistema Solar por completo.
Las superficies marcadas con viruela del Sistema Solar interior ayudan a verificar esta historia. Sin embargo, no ha habido evidencia directa hasta la fecha de que los cometas y asteroides fueran expulsados del Sistema Solar. Si los planetas se forman alrededor de otras estrellas de la misma manera que en nuestro Sistema Solar, muchos objetos del tamaño de U1 también habrían sido expulsados en el proceso. «U1 puede proporcionar la primera evidencia directa de que los sistemas planetarios alrededor de otras estrellas expulsaron objetos a medida que se formaron», concluye Rajagopal.
¿Hay otros por ahí?
Aunque nunca volveremos a ver a U1 después de que abandone el Sistema Solar, los astrónomos esperan poder estudiar otros intrusos interestelares. Ahora que se cree que la mayoría de las estrellas albergan sistemas planetarios, los cuerpos eyectados deberían ser comunes en la galaxia.
Esa perspectiva sugiere que nuestro Sistema Solar puede, de hecho, estar inundado de intrusos interestelares que pasan sin ser detectados. Los autores estiman que, según las propiedades de U1, hay aproximadamente 10.000 objetos del mismo tamaño más cercanos al Sol que Neptuno en un momento dado. «Cada uno recorre el Sistema Solar en aproximadamente 10 años», dice Jewitt, «y cada 10 años más o menos, tenemos un grupo completamente nuevo de estos objetos, algunos de los cuales podemos esperar ver».
Futuros rastreos diseñados para detectar objetos en movimiento probablemente descubrirán más de estos «visitantes», dando a los astrónomos más oportunidades para estudiar objetos de más allá del Sistema Solar.
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