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Asteroides
Cometas
Label: Articulos Estrellas
La astrofísica Ana García Suárez explica cómo disfrutar de las estrellas esta temporada en España
Nuestros abuelos conocían las estrellas y eran capaces de reconocer la Vía Láctea o lo que ellos llamaban «El Camino de Santiago». Con el ritmo de vida actual, la conexión con el cielo y con la naturaleza se ha perdido para muchos de nosotros. De hecho casi no miramos hacia el cielo, nos perdemos las miles de estrellas que tenemos sobre nosotros y no somos capaces de reconocer las constelaciones más sencillas.La astrofísica Ana García Suárez, fundadora de Astronomy Tours
Pero el verano es el momento perfecto para redescubrir lo que nos ofrece la naturaleza después de la puesta de Sol. La buena meteorología, el tiempo libre y las vacaciones fuera de la ciudad nos invitarán a observar el cielo.
¿Qué constelaciones se pueden ver en verano y cómo distinguirlas? Lo primero es acceder a una zona sin contaminación lumínica. El siguiente paso es aprender a identificar a la Estrella Polar. A partir de ahí se puede encontrar la Osa mayor, Casiopea, el triángulo de verano, las constelaciones de Sagitario y Escorpio e incluso la Vía Láctea.
Lo primero, buscar una zona sin luz
Las constelaciones contienen estrellas de distinta intensidad. Hay algunas poco brillantes y otras bastante grandes en el cielo, de unos 30 grados de tamaño.
En todo caso, siempre es mejor buscar noches sin Luna y zonas alejadas de las grandes ciudades. También hay que tener en cuenta que la visión humana tarda 15 minutos en acostumbrarse a la oscuridad, así que necesitaremos un rato para poder disfrutar al máximo de las estrellas. Por eso se recomienda no encender ninguna luz blanca una vez que hayamos empezado a mirar al cielo. Los móviles, las cámaras de fotos o las luces de los coches pueden deslumbrarnos e impedirnos disfrutar de las estrellas.La isla de La Palma es un lugar inmejorable para disfrutar de las estrellas, ya que sus cielos nocturnos están protegidos- Lapalmastars.com
Ten en cuenta que las estrellas se mueven en el cielo a lo largo de la noche, de la misma manera que se mueve el Sol o la Luna, es decir, de Este a Oeste. Por eso, parecerán girar sobre un centro situado muy cerca de la Estrella Polar.
Además, la mejor forma de disfrutar las estrellas es estar lo más cómodo posible. Necesitas ropa de abrigo aunque estemos en verano y una manta o una toalla para tumbarte en el suelo.
Pero el verano es el momento perfecto para redescubrir lo que nos ofrece la naturaleza después de la puesta de Sol. La buena meteorología, el tiempo libre y las vacaciones fuera de la ciudad nos invitarán a observar el cielo.
¿Qué constelaciones se pueden ver en verano y cómo distinguirlas? Lo primero es acceder a una zona sin contaminación lumínica. El siguiente paso es aprender a identificar a la Estrella Polar. A partir de ahí se puede encontrar la Osa mayor, Casiopea, el triángulo de verano, las constelaciones de Sagitario y Escorpio e incluso la Vía Láctea.
Lo primero, buscar una zona sin luz
Las constelaciones contienen estrellas de distinta intensidad. Hay algunas poco brillantes y otras bastante grandes en el cielo, de unos 30 grados de tamaño.
En todo caso, siempre es mejor buscar noches sin Luna y zonas alejadas de las grandes ciudades. También hay que tener en cuenta que la visión humana tarda 15 minutos en acostumbrarse a la oscuridad, así que necesitaremos un rato para poder disfrutar al máximo de las estrellas. Por eso se recomienda no encender ninguna luz blanca una vez que hayamos empezado a mirar al cielo. Los móviles, las cámaras de fotos o las luces de los coches pueden deslumbrarnos e impedirnos disfrutar de las estrellas.La isla de La Palma es un lugar inmejorable para disfrutar de las estrellas, ya que sus cielos nocturnos están protegidos- Lapalmastars.com
Ten en cuenta que las estrellas se mueven en el cielo a lo largo de la noche, de la misma manera que se mueve el Sol o la Luna, es decir, de Este a Oeste. Por eso, parecerán girar sobre un centro situado muy cerca de la Estrella Polar.
Además, la mejor forma de disfrutar las estrellas es estar lo más cómodo posible. Necesitas ropa de abrigo aunque estemos en verano y una manta o una toalla para tumbarte en el suelo.
Una ayuda para localizar las constelaciones
La tecnología pone fácil encontrar las constelaciones. Los mapas de cielo, como Skymaps, pueden hacer todo el trabajo. También es útil usar una aplicación móvil para el cielo como Google Sky Maps o Night Sky Tools. En el ordenador se recomienda usar el programa gratuito Stellarium.
La tecnología pone fácil encontrar las constelaciones. Los mapas de cielo, como Skymaps, pueden hacer todo el trabajo. También es útil usar una aplicación móvil para el cielo como Google Sky Maps o Night Sky Tools. En el ordenador se recomienda usar el programa gratuito Stellarium.
Manos a la obra: encontrar la Estrella del Norte.
La estrella que será la más útil para interpretar el cielo es Polaris, la Estrella del Norte, así llamada debido a su ubicación. Hay varias maneras de localizar Polaris: una de ellas es localizar la constelación de la Osa Menor (Ursa Minor), y buscar a la Polar al final del pequeño carro, en la cola. El problema es que esta constelación puede ser difícil de localizar si hay demasiada luz en el ambiente.
La estrella que será la más útil para interpretar el cielo es Polaris, la Estrella del Norte, así llamada debido a su ubicación. Hay varias maneras de localizar Polaris: una de ellas es localizar la constelación de la Osa Menor (Ursa Minor), y buscar a la Polar al final del pequeño carro, en la cola. El problema es que esta constelación puede ser difícil de localizar si hay demasiada luz en el ambiente.
Es más fácil encontrar la Estrella del Norte ayudándonos de la Osa Mayor. Esta constelación está formada por unas estrellas bastante brillantes que dibujan una forma de cazuela o sartén. Una vez localizada la Osa Mayor, se ubica a las dos estrellas que están al final (al lado opuesto de la cola o mango de la cazuela, es decir, en el lugar donde se vertería el líquido de la cazuela). Si se extiende una línea recta uniendo estas dos estrellas, llamadas Dubhe y Merak, y en la dirección de la estrella inferior a la estrella superior, encontraremos Polaris a unos 25 grados de distancia (cinco veces la distancia entre las 2 estrellas). Aunque es una estrella poco brillante y llamativa, es muy importante porque marca el Norte, y todas las demás giran a su alrededor.
La increíble Vía Láctea
Nuestra galaxia alcanza una posición muy alta en el cielo durante el verano. Está formada por miles de millones de estrellas y, si no hay contaminación lumínica, en el cielo tendrá el aspecto de una franja lechosa que recuerda a una nube. Lo que vemos en el cielo es el disco de la galaxia, donde apiñan las estrellas. Si usamos unos prismáticos podremos distinguir fácilmente cúmulos de estrellas y nebulosas, con ayuda de una guía. Por si cuesta percibirlo, el disco de la Vía Láctea (también llamado el camino de Santiago), pasa por Casiopea, el Triángulo de verano, Sagitario y Escorpión.
La constelación de Casiopea
Casiopea es una de las constelaciones circumpolares, es decir, que rodean a la Estrella Polar. Es fácilmente reconocible por sus cinco estrellas brillantes que forman el conocido asterismo en forma de «W» o «M». Casiopea señala al norte (y a la estrella Polar) apuntando desde los extremos de la «M» o «W». Al oeste de esta constelación está el Gran Carro de la Osa Mayor.La constelación de Casiopea- WIKIPEDIA
El triángulo de verano
El Triángulo de Verano no es una constelación, tan solo es un patrón de tres estrellas, Vega, Deneb y Altair, que está en la parte superior del cielo mirando al Sur, a primera hora de la noche durante el mes de agosto. Si estamos a principios de verano, el triángulo estará más al oeste.
Vega es la estrella más brillante de las tres, Deneb, la segunda y Altair la estrella más al Sur. Una vez que haya identificado el Triángulo de Verano, se pueden identificar tres constelaciones asociadas con esas estrellas: Lyra, el Arpa, Cygnus, el Cisne, y Aquila, el Águila. Entre estas, el Cisne tiene a Deneb como la estrella de la cola del cisne. También se refiere a menudo como la «Cruz del Norte».
Escorpio
Escorpio es de las pocas constelaciones que recuerdan al nombre que se les da, porque en el cielo tiene una forma muy similar a la de un escorpión. En corazón de este gran animal es la estrella supergigante roja Antares, una estrella unas 15 veces mayor que el Sol y con poco brillo aparente. Si no conoce bien el cielo, se puede confundir con Marte.
Constelación de Escorpio. En el centro se marca la posición de su «corazón», la supergigante roja Antares- WIKIPEDIA
Sagitario
La constelación de Sagitario representa a un centauro según la mitología griega, pero es reconocida casi siempre por el asterismo de «La Tetera». Está situada entre Escorpio y Capricornio.
Constelación de Sagitario. El «humo» que sale de la tetera apunta hacia el centro de la Vía Láctea- NASA, ESA, Z. Levay (STScI) and A. Fujii
Entre las constelaciones de Sagitario y de Escorpio se encuentra el centro de la Vía Láctea, el agujero negro supermasivo Sagitario A (Sgr A*).
La lluvia de estrellas de las Perseidas
Las Perseidas (o lágrimas de San Lorenzo) toman su nombre de la constelación de Perseo, de la cual aparecen surgir los meteoros. Suele ser la lluvia de estrellas más espectacular y fiable del año. Los meteoros son generalmente rápidos y brillantes y algunos dejan trazos en el cielo. Para este año, se estiman unos 20-30 «estrellas fugaces» (meteoros) por hora durante el pico de actividad (la noche del 12 al 13 de Agosto). Si no puedes verlas esa noche, no te preocupes porque las Perseidas seguirán siendo visibles hasta el 24 de Agosto pero en menor intensidad.
Los restos del cometa Swift Tuttle dejarán un rasto de meteoros en el cielo- NASA
A tener en cuenta: al principio de la noche, si el cielo es oscuro, las condiciones se prevén buenas aunque no tan espectaculares como en 2016, fecha en la que la lluvia de estrellas fue muy activa. Una vez salga la Luna, a partir de la medianoche, la lluvia de estrellas estará un poco deslucida ya que el satélite no dejará ver los meteoros más débiles. Para ver las Perseidas aconsejamos acudir a lugares sin contaminación lumínica.
Origen de la lluvia de meteros: La mayoría de este tipo de fenómenos están producidos por cometas, que dejan detrás de si restos de polvo en su viaje alrededor del Sol. Cuando la Tierra se encuentra con esos restos, entran en la atmósfera a alta velocidad y se vaporizan a alturas próximas a los 100 kilómetros, formando meteoros visibles.
ABC
Hace más de un siglo,
el Observatorio de Harvard reclutó a un grupo de mujeres para realizar
un trabajo tedioso y mal pagado: analizar estrellas en placas
fotográficas de vidrio. Pero con el tiempo aquellas damas se
convirtieron en verdaderas profesionales, y nombres como Williamina
Fleming, Annie Jump Cannon, Antonia Maury, Henrietta S. Leavitt y
Cecilia Payne entraron en la historia de la astronomía. Sus méritos los
repasa ahora para Sinc la divulgadora científica Dava Sobel, autora de El universo de cristal.
Los retratos en blanco y negro de aquellas mujeres no eran muy diferentes a los de otras señoras de la época, pero sus fotos en grupo sí reflejan que realizaban una tarea especial. No se reunían para coser o tomar el té, sino para estudiar las estrellas.
“Son las mujeres del Observatorio de Harvard que 'tomaron la medida' a las estrellas”, según cuenta la reportera y divulgadora científica Dava Sobel (Nueva York, 1947), conocida por libros como Latitud o La hija de Galileo, en su nueva obra: El universo de cristal.
La historia se desarrolla a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando el director del observatorio, el astrónomo Edward C. Pickering, contrató a un grupo de mujeres como ‘computadoras humanas’ para registrar, de forma tediosa y metódica, las observaciones que los hombres hacían con el telescopio. De modo despectivo se bautizó a aquel inusual equipo femenino como el ‘harén de Pickering’.
El mismo trabajo lo podrían haber realizado los hombres, según la autora, pero el director eligió a mujeres: “Quizá pensó que eran más pacientes y cuidadosas con los detalles, pero también sabía que podía pagarles salarios más bajos (unos 25 centavos de dólar la hora, bastante menos que a los varones)”.
Placas de vidrio que generan astrónomas
“Pero según se fue introduciendo la fotografía en el campo de la astronomía, aquellas mujeres pasaron de la computación al estudio de las estrellas que aparecían en las placas fotográficas de vidrio”, señala la escritora, que aclara: “El universo de cristal hace referencia al medio millón de placas que se acumularon en Harvard durante décadas y que permitieron a la mayoría de aquellas mujeres llegar a ser astrónomas y hacer descubrimientos extraordinarios”.
Sobel explica a Sinc que una de las pioneras fue Williamina Fleming (Escocia, 1857 – Boston, 1911): “Comenzó su carrera en el Observatorio de Harvard como empleada doméstica –tras abandonarla el marido–, pero pronto aprendió a analizar las placas fotográficas y acabó consiguiendo numerosos hallazgos astronómicos. Entre otros, la identificación de diez novas y más de trescientas estrellas variables. Además se convirtió en la primera conservadora de fotografías astronómicas”.
Otra de las profesionales fue Annie Jump Cannon (Delaware, 1863 – Massachusetts, 1941). “La alegre y adorable Miss Cannon accedió en 1896 a su puesto en el observatorio y, en un entorno dominado por hombres, fue la primera mujer a la que se permitió hacer sus propias observaciones a través del telescopio”, apunta Sobel, quien destaca también una de sus principales aportaciones: “Desarrolló un sistema de clasificación estelar que todavía se utiliza”.

Por su parte, Antonia Maury (Cold Spring, 1866 - Nueva York, 1952) “llegó a ser la primera mujer universitaria graduada que ingresó en el Observatorio de Harvard, tras estudiar astronomía con María Mitchell, la primera estadounidense que descubrió un cometa”. Maury trabajó activamente en los catálogos de los espectros estelares.
Medir distancias astronómicas
Una de estas aportaciones relevantes la desarrolló Henrietta Swan Leavitt (Lancaster, 1868 – Massachusetts, 1921). Con su estudio de placas de vidrio tomadas por telescopios del hemisferio sur, “hizo una importante observación acerca de estrellas variables cefeidas y sentó las bases de un patrón fiable (una relación entre el periodo y la luminosidad de las estrellas) que sirvió para medir distancias en el universo”, subraya la autora. El trabajo de Leavitt, junto al de sus compañeras en el mal llamado harén de Pickering, ha inspirado una serie de vídeos divulgativos producidos por el Instituto de Astrofísica de Andalucía (CSIC).
En su libro, Sobel también destaca los estudios de otra de aquellas mujeres que llegaron más tarde al Observatorio de Harvard, la británica Cecilia Payne (Wendover, 1900 – Massachusetts, 1979): “Obtuvo el primer doctorado en astronomía en la Universidad de Harvard y mientras investigaba para su tesis –que llegó a ser calificada como la mejor de la historia astronómica–, descubrió que las estrellas están constituidas fundamentalmente de hidrógeno”.
Mujeres interesadas en ciencia desde siempre
Sobel considera que todos estos ejemplos “nos recuerdan que las mujeres siempre han estado interesadas por la ciencia, y también que lograron objetivos científicos incluso antes de que ganaran su derecho al voto (en 1920 en EEUU). Con su ejemplo, muestran lo importante que son la determinación y el trabajo duro para responder a las oportunidades que van surgiendo”.
La divulgadora también señala que las computadoras humanas de Harvard dejaron un legado importante para otras científicas: “Fueron las ‘abuelas’ de las ‘figuras ocultas’ de Langley (mujeres afroamericanas que trabajaron en ese laboratorio de la NASA en los años 60) y de las ‘rocket girls’ del Jet Propulsion Laboratory. El éxito de las mujeres de Harvard también hizo que otros directores de observatorios ofrecieran puestos al personal femenino, de modo que se convirtió en normal que las mujeres trabajaran en computación”.
Pero a pesar de los indudables avances tanto en ciencia como en la promoción de la mujer, Sobel considera que todavía queda camino por delante, especialmente en estos momentos: “Me temo que una peligrosa actitud anticiencia está ganando fuerza con la nueva administración de EE UU. El recorte de fondos en investigación, junto a la ignorancia en asuntos como el cambio climático, pueden limitar las oportunidades tanto para hombres como para mujeres".
SINC
Dava Sobel (a la derecha) recoge en su obra El universo de cristal
la historia de las mujeres del Observatorio de Harvard (a la izquierda)
que hace un siglo nos acercaron a las estrellas. / Harvard University
Archives/Mia Berg
Los retratos en blanco y negro de aquellas mujeres no eran muy diferentes a los de otras señoras de la época, pero sus fotos en grupo sí reflejan que realizaban una tarea especial. No se reunían para coser o tomar el té, sino para estudiar las estrellas.
“Son las mujeres del Observatorio de Harvard que 'tomaron la medida' a las estrellas”, según cuenta la reportera y divulgadora científica Dava Sobel (Nueva York, 1947), conocida por libros como Latitud o La hija de Galileo, en su nueva obra: El universo de cristal.
La historia se desarrolla a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando el director del observatorio, el astrónomo Edward C. Pickering, contrató a un grupo de mujeres como ‘computadoras humanas’ para registrar, de forma tediosa y metódica, las observaciones que los hombres hacían con el telescopio. De modo despectivo se bautizó a aquel inusual equipo femenino como el ‘harén de Pickering’.
Se contrató a mujeres como ‘computadoras humanas’ para registrar las observaciones de estrellas que hacían los hombres con los telescopios
El mismo trabajo lo podrían haber realizado los hombres, según la autora, pero el director eligió a mujeres: “Quizá pensó que eran más pacientes y cuidadosas con los detalles, pero también sabía que podía pagarles salarios más bajos (unos 25 centavos de dólar la hora, bastante menos que a los varones)”.
Placas de vidrio que generan astrónomas
“Pero según se fue introduciendo la fotografía en el campo de la astronomía, aquellas mujeres pasaron de la computación al estudio de las estrellas que aparecían en las placas fotográficas de vidrio”, señala la escritora, que aclara: “El universo de cristal hace referencia al medio millón de placas que se acumularon en Harvard durante décadas y que permitieron a la mayoría de aquellas mujeres llegar a ser astrónomas y hacer descubrimientos extraordinarios”.
Sobel explica a Sinc que una de las pioneras fue Williamina Fleming (Escocia, 1857 – Boston, 1911): “Comenzó su carrera en el Observatorio de Harvard como empleada doméstica –tras abandonarla el marido–, pero pronto aprendió a analizar las placas fotográficas y acabó consiguiendo numerosos hallazgos astronómicos. Entre otros, la identificación de diez novas y más de trescientas estrellas variables. Además se convirtió en la primera conservadora de fotografías astronómicas”.
Otra de las profesionales fue Annie Jump Cannon (Delaware, 1863 – Massachusetts, 1941). “La alegre y adorable Miss Cannon accedió en 1896 a su puesto en el observatorio y, en un entorno dominado por hombres, fue la primera mujer a la que se permitió hacer sus propias observaciones a través del telescopio”, apunta Sobel, quien destaca también una de sus principales aportaciones: “Desarrolló un sistema de clasificación estelar que todavía se utiliza”.

Williamina Fleming, Annie Jump Cannon, Antonia Maury, Henrietta S. Leavitt y Cecilia Payne son algunas de la mujeres del Observatorio de Harvard que ya forman parte de la historia de la astronomía. / Curator of Astronomical Photographs at Harvard College/Library of Congress/Vassar College/Unknown author/Goodsell Observatory
Por su parte, Antonia Maury (Cold Spring, 1866 - Nueva York, 1952) “llegó a ser la primera mujer universitaria graduada que ingresó en el Observatorio de Harvard, tras estudiar astronomía con María Mitchell, la primera estadounidense que descubrió un cometa”. Maury trabajó activamente en los catálogos de los espectros estelares.
“Hicieron frente a un desafío realizando descubrimientos fundamentales en astronomía reconocidos en todo el mundo”, destaca la autora
“Cada una de aquellas mujeres se enfrentó al desafío de convertirse en una nueva clase de astrónomo, que en lugar de observar las estrellas con telescopios, lo hacía mediante placas fotográficas, lupas y microscopios”, comenta la divulgadora,"y su recompensa fue enfrentarse a un desafío realizando descubrimientos fundamentales y reconocidos en todo el mundo”.
Medir distancias astronómicas
Una de estas aportaciones relevantes la desarrolló Henrietta Swan Leavitt (Lancaster, 1868 – Massachusetts, 1921). Con su estudio de placas de vidrio tomadas por telescopios del hemisferio sur, “hizo una importante observación acerca de estrellas variables cefeidas y sentó las bases de un patrón fiable (una relación entre el periodo y la luminosidad de las estrellas) que sirvió para medir distancias en el universo”, subraya la autora. El trabajo de Leavitt, junto al de sus compañeras en el mal llamado harén de Pickering, ha inspirado una serie de vídeos divulgativos producidos por el Instituto de Astrofísica de Andalucía (CSIC).
En su libro, Sobel también destaca los estudios de otra de aquellas mujeres que llegaron más tarde al Observatorio de Harvard, la británica Cecilia Payne (Wendover, 1900 – Massachusetts, 1979): “Obtuvo el primer doctorado en astronomía en la Universidad de Harvard y mientras investigaba para su tesis –que llegó a ser calificada como la mejor de la historia astronómica–, descubrió que las estrellas están constituidas fundamentalmente de hidrógeno”.

Grupo de ‘computadoras humanas’ analizando datos y placas fotográficas en el Observatorio de Harvard. / Harvard College Observatory
Mujeres interesadas en ciencia desde siempre
Sobel considera que todos estos ejemplos “nos recuerdan que las mujeres siempre han estado interesadas por la ciencia, y también que lograron objetivos científicos incluso antes de que ganaran su derecho al voto (en 1920 en EEUU). Con su ejemplo, muestran lo importante que son la determinación y el trabajo duro para responder a las oportunidades que van surgiendo”.
"Una peligrosa actitud anticiencia está ganando fuerza con la nueva administración de EE UU", dice Sobel
La divulgadora también señala que las computadoras humanas de Harvard dejaron un legado importante para otras científicas: “Fueron las ‘abuelas’ de las ‘figuras ocultas’ de Langley (mujeres afroamericanas que trabajaron en ese laboratorio de la NASA en los años 60) y de las ‘rocket girls’ del Jet Propulsion Laboratory. El éxito de las mujeres de Harvard también hizo que otros directores de observatorios ofrecieran puestos al personal femenino, de modo que se convirtió en normal que las mujeres trabajaran en computación”.
Pero a pesar de los indudables avances tanto en ciencia como en la promoción de la mujer, Sobel considera que todavía queda camino por delante, especialmente en estos momentos: “Me temo que una peligrosa actitud anticiencia está ganando fuerza con la nueva administración de EE UU. El recorte de fondos en investigación, junto a la ignorancia en asuntos como el cambio climático, pueden limitar las oportunidades tanto para hombres como para mujeres".
“Aunque esto también nos estimula a todos a actuar", reflexiona la veterana escritora, quien considera que la comunicación de la ciencia ahora "es más importante que nunca”; y acaba dando un consejo, en principio dirigido a los periodistas y los divulgadores científicos, pero con un mensaje universal: “Adelante, queda mucho trabajo por hacer”.
SINC
Posiblemente hayamos oído hablar o leído sobre la materia y la energía oscuras. Ambas juntas suponen nada menos que el 95% de toda la materia y energía contenida en el universo. Nada se conoce aún con precisión de su naturaleza y origen; solo se sabe que están ahí fuera, que existen. Se trata, sin duda, de la parte más oscura, y grande, de la Naturaleza.
Sin embargo, el cosmos guarda o, mejor dicho, guardaba, oscuridades más luminosas. Y es que, aunque parezca sorprendente, todavía en esta época desconocíamos el origen de gran parte de la luz que baña el universo. Se trata de la llamada luz de fondo extragaláctico que, como su nombre indica, no proviene de las galaxias que pueblan el universo, sino de regiones exteriores a las mismas.
Detengámonos un momento para sopesar mejor este hecho. Tal vez hayamos visto fotografías de lejanísimas galaxias tomadas por el telescopio espacial Hubble. Si no, pueden verse en internet en http://hubblesite.org/gallery/album/the_universe. Estas fotos muestran pequeños puntos o minúsculas zonas luminosas, que corresponden a las galaxias. Entre ellas no parece haber nada, solo zonas oscuras. No obstante, estas zonas oscuras también emiten luz que puede detectarse con los modernos instrumentos de los que hoy disponen astrónomos y astrofísicos: es la luz del fondo extragaláctico. ¿De dónde proviene?
Como sucede con todo en ciencia, sea cual sea la disciplina científica, tras la confirmación de una observación, es decir, tras verificar que algo es real, se emiten hipótesis, ideas, para intentar explicar las causas de su existencia. En este caso, dos hipótesis distintas entraron en colisión cósmica, nunca mejor dicho. La primera mantenía que la luz extragaláctica era emitida por galaxias y agujeros negros primordiales. En otras palabras, se trataba de una luz emitida por los ancestros de las galaxias actuales, originados poco después del Big Bang que dio nacimiento al universo. Esta hipótesis venía avalada por el hecho de que la luz extragaláctica fluctúa de unas regiones a otras del universo, es decir, no se trata de un fondo luminoso homogéneo, sino de un fondo irregular, similar al fondo de microondas generado también en el nacimiento del universo, el cual tampoco es homogéneo.
La otra hipótesis alternativa mantenía que la luz extragaláctica podría provenir de estrellas no contenidas en las galaxias, de estrellas solitarias, vagabundas, que podrían poblar el espacio extragaláctico. Estas estrellas habrían sido expulsadas de sus galaxias originales en múltiples colisiones intergalácticas a lo largo de la evolución del universo y estarían tan dispersas y lejanas que no podrían ser detectadas de manera individual. No obstante, serían responsables del halo extragaláctico de luz que puede ser observado con los instrumentos adecuados. Ni que decir tiene que esta hipótesis es también compatible con que la luz de fondo extragaláctico fluctúe en intensidad de unas regiones a otras del universo.
Más luz para la luz
¿Cuál de estas dos hipótesis es correcta? Como también sucede en ciencia, para dirimir entre dos hipótesis incompatibles entre sí es necesario efectuar observaciones más detalladas, iluminar la realidad para verla mejor. En este caso, por ejemplo, resultaba claro que las características finas de la luz extragaláctica, tales como la distribución de sus frecuencias (es decir, su color) y la distribución de la intensidad en el fondo espacial, no iban a ser las mismas si su origen eran antiguas galaxias y agujeros negros, o eran estrellas dispersas. Al igual que podemos distinguir entre la luz de una vela y la de una bombilla LED, es igualmente posible distinguir la fuente de luz extragaláctica analizando en detalle sus características, su color y propiedades.
Para conseguirlo, el Dr. Michel Zencov y colegas suyos (1) en varios centros de investigación en astrofísica y cosmología del mundo, diseñaron un cohete capaz de poner fuera de la atmósfera terrestre, es decir, lejos de posibles contaminaciones lumínicas procedentes de la Tierra, detectores muy sensibles de luz infrarroja, la emitida más abundantemente por las regiones intergalácticas.
Los investigadores recogieron datos en dos vuelos independientes de su cohete y los cotejaron con otros datos recogidos por el telescopio espacial Spitzer de la NASA. Del resultado de sus análisis, publicados recientemente en la revista Science, se desprende que el origen más probable de la luz extragaláctica es la presencia de estrellas vagabundas y dispersas.
¿Cuántas de estas estrellas podría haber en el universo? Los científicos estiman que nada menos que la mitad de todas las estrellas del universo podrían residir fuera de las galaxias. Ahí queda eso. No se olvide de cerrar la boca luego.
La ciencia no deja nunca de sorprendernos una y mil veces. Si hay algo fascinante en el mundo es lo que la ciencia es capaz de revelarnos sobre la Naturaleza y nuestra también sorprendente y fascinante capacidad para comprenderlo, en tanto que seres inteligentes. En mi humilde opinión, hoy un ser humano no está completo si no posee un mínimo de cultura científica, ya que solo conociendo algo de ciencia puede alguien emocionarse ante la enormidad singular del universo, de la vida, y de sus secretos que, poco a poco, vamos desvelando.
CienciaEs.com
Gracias a la comparación de medidas recientes con otras realizadas a lo largo de la historia, se ha descubierto que el brillo de la Estrella Polar viene aumentando desde hace siglos, quizás milenios. Aunque en la Polar se conocían pulsaciones de tipo Cefeida, que van acompañadas por variaciones periódicas de su brillo, las causas de este incremento continuado de su luminosidad son desconocidas.
La Polar y Julio César

"Soy constante como la Estrella Polar que por su estabilidad no tiene rival en el firmamento".... los astrónomos parecen empeñados en hacer extemporáneas estas palabras que Shakespeare puso en los labios de Julio César. Naturalmente la Polar actual, la estrella más brillante de la Osa Menor, no siempre estuvo en el polo Norte (y no lo estaba en tiempos de Julio César) pues la precesión del eje terrestre hace que el polo Norte describa una circunferencia en la bóveda celeste. Pero además, resulta que unos trabajos recientes vienen a demostrar que la posición aparente en el firmamento no es lo único que cambia en la actual Estrella Polar, también cambia su brillo.
La Polar es una estrella supergigante amarilla, 2.440 veces más luminosa y 90.000 veces más voluminosa que el Sol. Situada a menos de 440 años luz de distancia, en la cola de la Osa Menor, es la estrella más fácil de localizar en el Hemisferio Norte. No es la más brillante, ni la más cercana, pero (después del Sol) la Estrella Polar es la más observada de nuestro hemisferio. Gracias a su posición fija en la bóveda celeste, con todas las estrellas girando aparentemente a su alrededor (como reflejo de la rotación terrestre), la Polar ha sido la guía de navegantes durante siglos. También para los astrónomos ha servido de referencia a lo largo de la historia tanto para orientarse en el cielo como para construir telescopios de montura estable.
Pulsaciones
Ya a mediados del siglo XIX, se comenzó a sospechar que el brillo de la Estrella Polar presentaba pequeñas alteraciones periódicas. A principio del siglo XX se confirmó que pertenece a la clase de las variables Cefeidas, estrellas que pulsan (contrayéndose y expandiéndose) con periodos comprendidos entre varios días y varios meses. De hecho, la Polar es la estrella Cefeida más cercana de las conocidas, su período es de tan sólo 3,9696 días y sus variaciones de brillo durante cada periodo son muy pequeñas.

Variación del brillo en una Cefeida
Los astrónomos se llevaron una gran sorpresa cuando a principios de los años 1990, los pulsos de la Polar se amortiguaron y las pequeñas variaciones periódicas de brillo comenzaron a desaparecer. Parecía que la estrella iba a dejar de ser una Cefeida. En esa época Scott Engle de la Universidad de Villanova (Pensilvania) comenzó un intenso patrullaje de observación estudiando las variaciones. Hacia el año 2000, los pulsos recuperaron su fuerza y la amplitud de las oscilaciones comenzó nuevamente a crecer. Se ha observado que el periodo de las oscilaciones se va alargando por unos 3,5 segundos al año.
Abrillantamiento
La Osa Menor en el atlas de Al-Sufí Las Cefeidas son estrellas de luminosidad constante (que solo depende de su periodo de pulsación) y, de hecho, son como balizas que nos indican claramente las distancias a las que se encuentran en el Universo. Localizando estrellas Cefeidas en galaxias progresivamente más y más lejanas, y midiendo sus periodos, Edwin Hubble estableció su famosa relación de proporcionalidad entre la distancia y la velocidad de las galaxias, una ley que conduciría a la teoría del Big Bang para el origen del Universo.
Sin embargo, gracias a sus observaciones tan frecuentes y precisas del brillo de la Polar, Engle y sus colaboradores pronto llegaron a una nueva conclusión sorprendente: el brillo de la Estrella Polar estaba aumentando. Dado que existen numerosísimas observaciones de esta estrella, los astrónomos acudieron a archivos progresivamente más antiguos para comparar sus datos con otros anteriores. Más recientemente han llegado a examinar datos obtenidos por William Herschel en el siglo XVIII, por Tycho Brahe en el XVI, por A-Sufí en el X, e incluso por Ptolomeo en el siglo II.
La conclusión es que la luminosidad de la Polar se ha incrementado 2,5 veces en los dos últimos siglos y unas 4,6 veces en los últimos milenios. La Polar no solo no estaba en el Polo Norte en tiempos de Julio César, sino que era una estrella muchísimo menos brillante que ahora.
Otras Cefeidas
Engle y colaboradores están extendiendo ahora su trabajo a otras variables Cefeidas y ya han desvelado variaciones de luminosidad acaecidas durante el último siglo en unas 15 estrellas de este tipo. Las causas de tales variaciones son completamente desconocidas, pues la teoría de la evolución estelar (una de las mejores establecidas de la astrofísica) no predice nada parecido. No cabe duda de que las Cefeidas son estrellas más complejas de lo que pensábamos, su enorme importancia como indicadores de distancias en el Universo justifica que su estudio se intensifique. A pesar de ser nuestra estrella más familiar y mejor estudiada, la Polar aún se reserva muchos misterios.
También interesante
La Estrella Polar forma parte de un sistema estelar triple. Polaris B es una estrella similar al Sol que se encuentra separada de Polaris A 2400 veces la distancia Tierra-Sol, mientras que la pequeña Polaris Ab orbita en torno a Polaris A a una distancia media de 17 veces la distancia Tierra-Sol.

Recreación del sistema triple Polaris NASA|ESA|HST|G.Bacon
A pesar de su cercanía, la distancia a la Polar sigue siendo tema de debate. La distancia de 433 años luz fue calculada por el satélite Hipparcos de la ESA, pero estudios más recientes sugieren que podría encontrarse mucho más cerca, a tan solo 322 años luz de distancia.
Aunque Scott Engle viene estudiando la Polar desde los años 1990 y ha publicado varios artículos sobre este tema, sus últimos resultados fueron presentados en una reunión reciente de la Sociedad Americana de Astronomía en Washington
ELMUNDO.es
Todas las claves para entender un astro de difícil clasificación, un híbrido celeste que no brilla pero que tampoco es un planeta
Dentro del grupo de los objetos más extraños del Universo, como los agujeros negros, las estrellas de neutrones, los púlsares, las galaxias activas, las supernovas, etc, hay un número altísimo de las denominadas enanas marrones, cuyo número es semejante al de las estrellas. Las enanas marrones no brillan, pero tampoco son planetas.
El planeta Júpiter es un caso curioso dentro del Sistema Solar, un planeta inmenso que pocos podríamos imaginar. Con 142.000 km de diámetro podría albergar 2,5 veces la suma de las masas de todos los planetas del resto de nuestro sistema planetario. Es un poco más pesado que el agua con 1,33 g/cm³. Sólo Saturno es menos ligero que el agua y flotaría en ella.
La rotación de Júpiter es tal que gira sobre su eje cada poco menos de 10 h, lo que le confiere un aspecto achatado, siendo más extenso en su ecuador que en los polos. Curiosamente, si Júpiter hubiera sido un poco más grande de lo que es, se hubiera encendido y hubiéramos contado con dos estrellas, el Sol y Júpiter, y la vida en la Tierra hubiera sido diferente a la que ahora existe. De hecho, Júpiter cuenta con casi los mismos elementos químicos que el Sol. En el caso de Júpiter, 81% de hidrógeno y 17% de helio, mientras que el Sol tiene un 73% y un 24%, respectivamente.
Si Júpiter se hubiera encendido y se hubieran mantenido los mismos satélites de los planetas gigantes que conocemos en la actualidad y que permanecen congelados, sus hielos se hubieran derretido y el agua hubiera corrido en decenas de ellos, como en el satélite Europa, el inmenso Ganimedes, mayor que Mercurio, Calixto, Encélado, Mimas, etc, etc. Podríamos estar hablando de vida en multitud de mundos de nuestro Sistema Solar. Pero Júpiter no se encendió.
Los sistemas estelares dobles y múltiples son muy comunes en nuestra galaxia, lo raro es el Sol, una estrella solitaria, aunque se investiga desde hace decenas de años si el Sol pudiera tener una compañera, ya que en ocasiones la nube de Oort, que contiene millones de asteroides y cometas alrededor del Sistema Solar, vibra por la acción posiblemente de algún cuerpo desconocido que pasa por sus proximidades y el resultado es una lluvia de estos cuerpos celestes que se internan hacia las proximidades del Sol poniendo en jaque a la Tierra. Podría ser un objeto peculiar y oscuro denominado enana marrón.
Dentro de la gran variedad de objetos que componen el Universo, hay un tipo especial, denominado “enana marrón”, un objeto peculiar y de difícil clasificación, un astro en el que su vida transcurre entre las estrellas y los planetas gigantes gaseosos, un híbrido celeste, que no ha conseguido ser ni lo uno ni lo otro.
Hay estrellas que incluso pueden ser más pequeñas que las enanas marrones, pero con una masa y densidad muy superior, entre ellas, las enanas rojas, enanas blancas o estrellas de neutrones y que en estos últimos casos no llegan a ser mayores que la Tierra o mayor que una ciudad, pero cuya densidad es tan inimaginable que decir que un cm³ de éstas pesaría millones de toneladas, para una mente humana apenas tiene sentido.En cualquier caso, todas ellas brillan. Podríamos dejar caer un cm³ de estas estrellas hacia la Tierra, y la atravesaría, para volver y caer nuevamente para atravesarla y así casi de forma indefinida. Tras los agujeros negros, este cm³ es el que más pesa del Universo, el de las estrellas de neutrones.
Al hablar de enanas marrones, nos referimos a cuasi estrellas enanas o a cuasi planetas gigantes gaseosos. De todas formas, en el Universo debe haber casi cualquier cosa que usted se pueda imaginar. No se magine una estrella en forma de cubo, las leyes de la física, es decir, las leyes del Universo lo impiden. No todo vale.
Una enana marrón es un objeto cuya masa está entorno a las 13 y las 80 masas de Júpiter. Estos cuerpos celestes no fusionan hidrógeno para transformarlo en helio como hacen el resto de las estrellas, pero sí deuterio durante algún tiempo. El deuterio es un isótopo estable del hidrógeno. Los isótopos son átomos de un mismo elemento, pero sus núcleos tienen cantidades diferentes de neutrones, así que la masa atómica no es la misma. El núcleo del deuterio lo forma un protón y un neutrónmientras que el hidrógeno sólo tiene un protón. Son pues objetos oscuros y que no brillan como las estrellas, pero grandes colosos de gas, mayores que los gigantes planetas gaseosos descubiertos.
Curiosamente se comienzan a descubrir planetas alrededor de enanas marrones, como el caso del planeta OGLE-2012-BLG-0358Lb con 1,9 masas de Júpiter, alrededor de la enana marrón OGLE-2012-BLG-0358L, de 0,22 masas solares. Los científicos se preguntan aún cómo denominar a estos cuerpos que giran alrededor de las enanas marrones. La duda es si llamarlos planetas, en el caso de que una enana marrón fuera una estrella o satélite, en el caso de que una enana marrón fuera un planeta.
Cúmulo estelar de las Pléyades. La imagen fue tomada desde el Observatorio Astronómico de Almadén de la Plata y Asociación Astronómica de España
El Observatorio de Calar Alto en Almería descubrió las primeras enanas marrones aisladas dentro del cúmulo estelar de las Pléyades, un conjunto de unas 500 estrellas localizadas a 440 años luz del Sol, todas ellas azules y jóvenes envueltas en una nube de gas de dónde debieron nacer. Este grupo estelar tan famoso es visible en las noches de invierno a simple vista, y es tan importante para las culturas que los Mayas y los Incas, que basaban su calendario en el ciclo celeste de las Pléyades.
Lo interesante de este cúmulo, y según los estudios hechos por diversos observatorios astronómicos, es que el 25% de la población total lo constituyen las enanas marrones, cuya masa es la nada despreciable cifra del 2% del total del cúmulo, lo que significa que la abundancia de este tipo de objetos celestes es extremadamente alta, al contarse 500 estrellas en el cúmulo, la mayoría nuevas y de gran tamaño. Las masas de estas enanas marrones descubiertas en las Pléyades van desde las 35 a las 80 masas de Júpiter. Una de las más pequeñas encontradas, es la denominada Roque 35, desde el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), observada por primera vez por los investigadores Mª Rosa Zapatero Osorio y Rafael Rebolo. También se han localizado multitud de parejas de enanas marrones en el interior del cúmulo de las Pléyades.
¿Cómo localizar una?
¿Cómo localizar una enana marrón, si es un objeto pequeño y oscuro? Una de las formas de detectar las enanas marrones, es observar la presencia de litio en su atmósfera. Este elemento químico es destruido en las estrellas de poca masa, pero no en las enanas marrones. Es un método ideado en el IAC. Las enanas marrones se pueden detectar también mediante el infrarrojo. Una gran labor en este campo ha hecho el telescopio Spitzer de la Nasa, que trabaja con este tipo de radiación. El empleo del infrarrojo es fundamental para descubrir objetos celestes de media o baja temperatura, entre ellos enanas marrones y planetas.
Los astrónomos se han quedado asombrados al conocer que el número de enanas marrones es muy similar al número de estrellas de nuestra galaxia. Estas enanas marrones, de reciente aparición en el campo de la astronomía, podrían llegar a formar parte de la siempre escurridiza materia oscura, aquella masa que no vemos o es prácticamente indetectable, pero que ejerce una fuerza gravitatoria sobre el resto de la materia visible. Estamos acostumbrados a ver estrellas en el cielo, pero tal vez, las estrellas sean los objetos menos numerosos, otros cuerpos oscuros superan a las estrellas en número.ABC.es
Las siete antenas del 'Telescope Array Karoo' (KAT-7) en el sur de África y el radiotelescopio de 26 metros en el Radio Observatorio Astronómico Hartebeesthoek (HartRAO) han permitido observar un sistema de estrellas de neutrones conocido como Circinus X-1, que dispara materia energética de su núcleo en el sistema circundante en extensos chorros compactos que brotan brillantemente, cuyos detalles son visibles sólo en las ondas de radio.
Un equipo internacional de astrónomos ha informado de estos primeros resultados científicos del radiotelescopio KAT-7 pionero del proyecto mundial 'Square Kilometre Array (SKA)' de 3.000 millones de dólares. Los resultados aparecen en el último número de la prestigiosa revista astronómica internacional 'Monthly Notices de la Real Sociedad Astronómica' (MNRAS).
Circinus X-1 es un sistema binario de rayos X (o de dos estrellas del sistema) donde una de las estrellas compañeras es una estrella de neutrones compacta de alta densidad (un remanente extremadamente denso y compacto de una estrella que explotó y sólo de 20 kilometros de diámetro.)
Las dos estrellas orbitan entre sí cada 16,5 días en una órbita elíptica y cuando las dos estrellas están en su punto más cercano, la gravedad de la densa estrella de neutrones atrae material de la estrella compañera. Un potente chorro de material entonces estalla fuera del sistema.
Durante el tiempo que los astrónomos, incluyendo un equipo de la Universidad de Southampton (Reino Unido), observaron Circinus X-1 (del 13 diciembre de 2011 al 16 enero 2012) el sistema se encendió dos veces en los niveles entre los más altos de los últimos años. KAT-7 fue capaz de ponerse al tanto de estas llamaradas y seguirlas a medida que avanzaban, por lo que supone la primera vez que el sistema se ha observado tan al detalle durante el ciclo de llamarada completa.
"Una forma de explicar lo que está sucediendo es que los neutrones compactos de la estrella tragan hasta partes de su estrella compañera y luego lanza mucha de esta materia fuera otra vez", explica el doctor Richard Armstrong, de la Universidad de Ciudad del Cabo (Sudáfrica) y director principal del artículo. "Las llamaradas de radio dramáticos ocurren cuando la materia que Circinus X-1 ha expulsado violentamente se ralentiza a medida que se rompe en el medio circundante", agrega.
El profesor Rob Fender, jefe del Grupo de Investigación de Astronomía de la Universidad de Southampton, dice: "Circinus X-1 sigue revelando nuevos aspectos de su comportamiento y es posiblemente el mejor laboratorio de astrofísica de chorros relativistas en el hemisferio sur. Ademas, es un excelente control de la gran población de chorros asociados con la acreción de agujeros negros".
Armstrong añade: "Este tipo de observaciones son cruciales para la comprensión de los procesos tanto de la acreción de materia en sistemas extremadamente densos como las estrellas de neutrones y agujeros negros, sobre la masa del Sol y también sobre la llamada variedad supermasiva que ahora sabemos que está en el centro de la mayoría de las galaxias".
KAT-7 es el primer telescopio gama de radio del mundo que consta de estructuras de antenas compuestas y la matriz de ensayo para MeerKAT, una matriz de radio mucho más grande, que es en sí misma a su vez un precursor para el componente de plato basado en el SKA. El estudio MNRAS se llevó a cabo como parte del desarrollo del proyecto ThunderKAT en MeerKAT.
Fender, co-líder del proyecto MeerKAT, resalta: "Este proyecto pondrá a prueba los extremos de la física, la densidad, la temperatura, la presión, la velocidad, los campos gravitatorios y magnéticos, y está más allá de lo alcanzable en cualquier laboratorio en la Tierra. Ofrece un panorama único de las leyes de la física que operan en regímenes extraordinarios".
Así, explica que casi todos estos eventos están asociados a las emisiones de radio transitorias, pero que mediante el estudio de las explosiones de radio de estos fenómenos, se pueden identificar las fuentes de eventos explosivos, sonda de acreción relativista y entender el presupuesto de retroalimentación cinética de estos eventos en el medio ambiente.
europapress
El telescopio espacial Hubble de la NASA ha descubiertolas atmósferas de un par de estrellas enanas blancas quemadas, 'contaminadas' con escombros de planetas. Este 'paisaje' se halla a 150 años luz de la Tierra en un cúmulo relativamente joven, Hyades, en la constelación de Tauro.
El descubrimiento, que ha sido publicado en 'Monthly Notices' de la Real Sociedad Astronómica, se ha producido tras las mediciones realizadas con el espectrógrafo de Orígenes Cósmicos de Hubble, en las que se observaron silicio y bajos niveles de carbono en la atmósfera las enanas blancas.
El silicio es un ingrediente importante del material rocoso que constituye la Tierra y otros planetas sólidos en el Sistema Solar, mientras que el carbono, que ayuda a determinar las propiedades y el origen de restos planetarios, por lo general se agota o está ausente en roca, en el material parecido a la Tierra.
El investigador principal del estudio, Jay Farihi, ha explicado que "el material que se ha captado demuestra que cuando nacieron estas estrellas, construyeron los planetas y ahora, tras la muerte de estas, se conservan los restos de algunos de ellos". En este sentido, ha apuntado que "los escombros observados son, al menos, tan rocosos como los organismos terrestres más primitivos del Sistema Solar".
Este descubrimiento sugiere que la creación de un planeta rocoso es común alrededor de las estrellas, y ofrece una visión de lo que ocurrirá en el Sistema Solar, cuando el Sol acabe muriendo dentro de 5.000 millones de años.
El científico ha señalado que, cuando el Sol se funda, el equilibrio de las fuerzas gravitatorias entre la estrella y Júpiter cambiará, lo que alterará el cinturón principal de asteroides. Los asteroides que están más cerca del Sol se romperán y los escombros podrían ser arrojados en un anillo alrededor del Sol muerto, el mismo paisaje observado por Hubble.
Según Farihi, usando Hubble para analizar las atmósferas de las enanas blancas es el mejor método para encontrar las firmas de la química para determinar la composición del planeta sólido.
"Normalmente, las enanas blancas son como pedazos de papel en blanco, que contiene sólo los elementos ligeros de hidrógeno y helio. Los elementos pesados como el silicio y el carbono se hunden hasta el fondo", ha indicado. Por ello, la 'contaminación' de estas estrellas será ahora estudiada a fondo, no sólo para conocer la composición de las rocas, sino también de sus órganos principales, ha concluido el investigador.
europapress
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