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El rover Curiosity de la NASA ha encontrado sedimentos en Marte asociados a un lago de agua líquida de hace 3.500 millones de años. Sin embargo, la ausencia de carbonatos indica que la atmósfera marciana primitiva tenía unos niveles de CO2 tan bajos que el agua debería estar congelada. Los científicos buscan ahora posibles explicaciones a este misterio.



Las concentraciones de CO2 en la atmósfera primitiva de Marte, hace 3.500 millones de años, eran demasiado bajas para que, en zonas como el cráter Gale, en el ecuador del planeta rojo, se depositaran sedimentos como los encontrados por el rover Curiosity de la NASA.

Así lo revela esta semana en la revista PNAS un equipo de investigadores de la NASA, junto al investigador Alberto Fairén del Centro de Astrobiología (mixto del CSIC y el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial).

Los datos sedimentarios de Curiosity apuntan a la formación de un lago bajo un clima no muy frío hace 3.500 millones de años, pero la concentración de CO2 lo pone en cuestión

El terreno que está analizando Curiosity desde 2012 está compuesto fundamentalmente por secuencias sedimentarias depositadas en el fondo de un antiguo lago, que contienen minerales como arcillas o sulfatos, lo que indica que la superficie primitiva estuvo en contacto con agua líquida.

Pero el agua en ese estado requiere de una temperatura superficial proporcionada por un mínimo de CO2 en la atmósfera, y esto no parece que se cumpliera en los comienzos de Marte, según los datos del rover. Curiosity no ha encontrado carbonatos, lo que confirma los estudios de todas las sondas anteriores: los carbonatos son muy escasos en la superficie de Marte y, por tanto, el contenido de CO2 en la atmósfera era muy bajo.

En concreto, el análisis directo de muestras sobre la superficie marciana llevado a cabo por los investigadores demuestra que el nivel de CO2 en la atmósfera en el momento en que se depositaron los sedimentos de Gale era entre 10 y 100 veces inferior al mínimo requerido para que la temperatura en superficie estuviera por encima del punto de congelación del agua líquida.

En la Tierra, los depósitos de carbonatos se forman en el fondo de los lagos y los mares al interaccionar el CO2 de la atmósfera con el agua líquida. El dióxido de carbono es un gas capaz de generar un potente efecto invernadero y, por lo tanto, de calentar el planeta.

Sin respuesta al problema

“No tenemos una respuesta definitiva a este problema”, reconoce Fairén a Sinc. “Por un lado, los datos geomorfológicos y sedimentarios de Curiosity apuntan a la formación de un lago bajo un clima no muy frío hace 3.500 millones de años; pero por otro, la concentración de CO2 en esos mismos sedimentos revela una atmósfera demasiado tenue como para generar un efecto invernadero suficiente como mantener ese clima no frío”.

La imagen que mejor describiría Gale en los inicios de Marte sería ese lago glaciar

Para resolver esta contradicción los autores apuntan, de momento, dos posibles explicaciones: “Una es que todavía no hayamos desarrollado los modelos climáticos adecuados para explicar las condiciones ambientales de Marte al principio de su historia –dice Fairén–. En este caso, tenemos que continuar refinando nuestros modelos atmosféricos, porque es posible que se nos esté escapando algún factor importante que hubiera podido permitir temperaturas más altas en Marte a pesar de la baja concentración de CO2”.

“La segunda opción, más razonable –subraya–, es que las secuencias sedimentarias de Gale se formaran en realidad en un clima muy frío. La alternativa de que fuera un lago glaciar, como ya hemos apuntado en estudios anteriores, está siendo considerada seriamente. Seguiremos atentos para intentar identificar huellas de procesos glaciares y periglaciares a lo largo del trayecto de Curiosity”.

Según los científicos, la imagen que mejor describiría Gale en los inicios de Marte sería ese lago glaciar, rodeado por enormes masas de hielo, que estaría parcial o estacionalmente helado. El entorno sería similar al Ártico canadiense o a Groenlandia hoy en día.

Además, aunque dominara el hielo, también pudo haber agua líquida en abundancia. La formación de arcillas y sulfatos se habría dado en lugares y momentos específicos, estacionalmente o en lagos de agua líquida cubiertos por una capa de hielo.

"Este trabajo plantea una contradicción que nace de los datos de Curiosity y que deberemos responder con más investigaciones en el futuro", señala Fairén, que concluye: "Por eso precisamente es un gran avance: la ciencia es una serie de preguntas, no un catálogo de respuestas".



CSIC



Existen diversos instrumentos, desde telescopios gigantes para escrutar el cosmos hasta robots para explorar la superficie de otros mundos, con los que se buscan señales de vida fuera de la Tierra. Hasta ahora, nada de ello ha servido para obtener pruebas definitivas de la existencia de vida más allá de la Tierra. Ahora, unos científicos han desarrollado una nueva herramienta que puede buscar señales de vida con una sensibilidad 10.000 veces mayor que la alcanzada por los instrumentos transportados en viajes espaciales anteriores.

Una zona de la superficie de Marte. (Foto: NASA/JPL/Cornell)

Una vía para encontrar vida en otros planetas (o lunas) consiste en la búsqueda de señales de la existencia de aminoácidos, sustancias orgánicas que son esenciales para la vida en la Tierra. Pero buscar estas moléculas en la superficie de Marte o en las de otros astros ha resultado ser un gran reto. El robot Curiosity, que explora la superficie de Marte desde 2012, intentó conseguir esto, pero los experimentos de a bordo para identificar sustancias orgánicas en muestras marcianas se vieron complicados por reacciones con otros materiales en las mismas muestras. Así que Peter A. Willis, Jessica Creamer y Maria F. Mora, del Laboratorio de Propulsión a Chorro, en Pasadena, California, EE.UU., decidieron resolver el problema planteado con esta limitación.

Estos investigadores crearon métodos basados en electroforesis capilar para procesar muestras de tierra o hielo y detectar hasta 17 aminoácidos diferentes de forma simultánea. Este grupo concreto de aminoácidos puede encontrarse en grandes cantidades en muestras biológicas y en muestras no biológicas, pero si sigue ciertos patrones puede ser un indicador de vida. Los investigadores validaron su método analizando muestras procedentes del Lago Mono de California, una masa de agua extremadamente salada, comparable en bastantes aspectos a las masas de agua salada que, al parecer, existen en Marte y en algunas lunas de otros planetas de nuestro sistema solar. Los nuevos métodos detectaron los aminoácidos con una sensibilidad 10.000 veces superior a la conseguida con enfoques analíticos anteriores, e identificaron tres biofirmas distintas delatadoras de la presencia de vida.




NCYT


Unos científicos se han valido del robot Curiosity de la NASA, que explora la superficie de Marte desde 2012, para examinar bloques de roca cruzados por estrías poco profundas que probablemente se originaron como grietas en barro seco.

La red de pequeños polígonos en la superficie rocosa marciana cerca del borde derecho de esta imagen pudo originarse como grietas en barro seco hace más de 3.000 millones de años. (Foto: NASA/JPL-Caltech/MSSS)

Si se confirma la hipótesis del barro marciano seco propuesta por el equipo que ha hecho el hallazgo, encabezado por Nathan Stein, del Instituto Tecnológico de California (Caltech) en la ciudad estadounidense de Pasadena, estaríamos ante las primeras grietas de fango (técnicamente llamadas grietas de desecación) identificadas de modo claro por la misión del Curiosity. Serían la prueba de que en la época en que se depositaron estos sedimentos hubo también un cierto secado tras condiciones más húmedas.

El Curiosity ya halló evidencias de antiguos lagos en capas de roca de más edad y en zonas más bajas, y también en minerales más jóvenes que se hallan a mayor altitud que el terreno ahora investigado.

La capa agrietada se formó hace más de 3.000 millones de años y fue posteriormente enterrada por otras capas de sedimento, convirtiéndose todas en roca estratificada. Más tarde, la erosión del viento arrancó las capas superiores de este terreno. El material que había llenado las grietas resistió mejor la erosión que el mineral a su alrededor, y por esa razón el patrón de las grietas aparece ahora en forma de estrías rugosas.
 
Si fueron efectivamente grietas en el barro, encajarían bien con lo que el Curiosity está descubriendo en la sección del Monte Sharp por la que durante muchos meses ha estado circulando el Curiosity, tal como apunta Ashwin Vasavada, del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en Pasadena y miembro del equipo científico del Curiosity.



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El robot Curiosity de la NASA está ascendiendo por una montaña marciana estratificada y encontrando en ella evidencias sobre cómo cambiaron hace muchos millones de años los antiguos lagos y entornos subterráneos húmedos, creando ambientes químicos más diversos que aumentaron la capacidad del terreno para acoger vida microbiana.

Así era el Cráter Gale cuando tenía un lago. Como en la Tierra, los lagos marcianos eran la expresión superficial de un sistema mucho mayor de aguas subterráneas. Los espacios entre granos minerales y en las fracturas pétreas estaban saturados de agua a niveles por debajo de la capa freática (línea azul de puntos). Esta agua subterránea circulaba debido a la gravedad y la topografía, dentro y alrededor del cráter. (Imagen: NASA/JPL)

La hematita, los minerales de arcilla y el boro se hallan entre los ingredientes que en la citada montaña han resultado ser más abundantes en estratos a mayor altitud, en comparación con las capas de cotas más bajas y antiguas examinadas anteriormente durante la misión. Los científicos están debatiendo qué significan estas y otras variaciones en lo que respecta a las condiciones bajo las cuales fueron depositados inicialmente los sedimentos, y cómo el agua subterránea que se movía a través de los estratos acumulados alteró y transportó los ingredientes.

Los efectos del movimiento del agua subterránea son muy evidentes en las vetas minerales. Las vetas se formaron allí donde las grietas en los estratos se llenaron con sustancias que habían estado disueltas en la propia agua. Esta, con sus contenidos disueltos, también interactuó con la matriz rocosa que rodeaba las vetas, alterándose la composición química tanto en la roca como en el agua.

Tal como han comprobado John Grotzinger, del Instituto Tecnológico de California (Caltech) en la ciudad estadounidense de Pasadena, Thomas Bristow de la NASA en Estados Unidos, y otros miembros del equipo científico del Curiosity, hay mucha variabilidad en la composición a diferentes elevaciones, y esto es un indicio muy delatador de las antiguas condiciones hídricas en Marte.

El mineral hematita es una de las pistas sobre las cambiantes condiciones del pasado de Marte. Ha reemplazado a la magnetita, menos oxidada, como el óxido de hierro dominante en las rocas que el Curiosity ha perforado recientemente, a diferencia de lo detectado en el lugar donde el robot encontró por vez primera sedimentos de lecho lacustre. La hematita podría denotar que en su día el terreno marciano disfrutó de condiciones más cálidas, o que hubo una mayor interacción entre la atmósfera y los sedimentos.

Otro ingrediente que se está incrementando en mediciones recientes del Curiosity es el boro. Se trata de un elemento químico muy conocido por estar asociado a lugares áridos donde se ha evaporado mucha agua.



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En sus jornadas de trabajo en el cráter Gale de Marte, el robot Curiosity –que lleva en el planeta rojo desde agosto de 2012 en el marco de la misión MSL de la NASA– se ha encontrado con unas estructuras geológicas inesperadas. Ninguna misión previa las había fotografiado, ni desde suelo marciano ni desde su órbita.

Vista general obtenida con la Mastcam del rover Curiosity mostrando el área de Marias Pass, una de las zonas donde se han encontrado estas chimeneas. (Foto: NASA/ JPL-Caltech/MSSS)
“Se trata de pequeñas secciones superficiales de estructuras cilíndricas o chimeneas verticales, que son demasiado pequeñas para ser detectadas con imágenes orbitales”, explica Jesús Martínez Frías, investigador del Instituto de Geociencias IGEO, centro mixto de la Universidad Complutense de Madrid y el CSIC (España) y miembro del equipo científico del Curiosity.

En un estudio publicado en Geology y destacado en su portada de enero, un equipo internacional de científicos del que forma parte el geólogo ha analizado las imágenes enviadas por el rover y las ha comparado con estructuras similares de la Tierra.

En Australia, Colorado y Santa Cruz (EEUU) existen algunas formas muy parecidas, pero también en España. “Tenemos ejemplos morfológicamente similares de este tipo de chimeneas en la zona del sistema hidrotermal del Jaroso, en Las Herrerías (Almería)”, afirma el geólogo.

Las imágenes enviadas por Curiosity revelan un tipo de estructuras inéditas en el planeta, que se localizan en tres zonas diferentes del cráter Gale: Yellowknife Bay, Dingo Gap y Marias Pass. Todas ellas tienen un diámetro máximo de unos setenta centímetros, con bordes de cementación (por la huella de los fluidos) y capas concéntricas o irregulares.

“Los minerales y la geoquímica varían ligeramente en las formaciones de las tres zonas”, apunta el investigador. Así, aunque todas están compuestas por minerales de la arcilla y basálticos, existen variaciones geoquímicas en el sustrato de los contenidos en sílice, magnesio, titanio, hierro y en los niveles de hidratación.

En cuanto al proceso de formación de las chimeneas y a las causas de su casi total desaparición, los científicos barajan diferentes posibilidades, como impactos, terremotos, hidrotermalismo o colapsos por la evaporación y disolución de sedimentos.

“Se trata de chimeneas originadas por el flujo vertical de sedimentos relacionados con fluidos”,  señala el geólogo, aunque no se puede saber si el movimiento de estos fue ascendente o descendente. “Son un indicador más de cómo los procesos acuosos afectaron y modelaron la geología superficial de Marte”, concluye.

En la investigación, además del IGEO (UCM-CSIC), han participado el Centro de Astrobiología (CSIC-INTA), la Universidad de California Santa Cruz (EEUU), el Laboratorio Nacional Los Álamos (EEUU), el Instituto de Investigación en Astrofísica y Planetología (Francia), el Centro de Ciencia Marina y Costera del Pacífico USGS (EEUU), el Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar (Alemania), el Instituto de Tecnología de California (EEUU), la Universidad de Nantes (Francia), la Universidad de Nuevo México (EEUU), el Centro Espacial Johnson de la NASA (EEUU) y la Universidad de Indiana (EEUU). 





 Universidad Complutense de Madrid

En las noches de invierno marciano, bajo el frío y seco terreno que recorre el vehículo Curiosity, se puede estar formando agua líquida muy salobre por el efecto de los percloratos, una sales que disminuyen su punto de congelación e impiden que se congele. Así se desprende de los datos tomados por el instrumento español REMS, ya que el rover no tiene otros dispositivos que puedan detectar esa salmuera líquida directamente.


Los científicos llevan mucho tiempo preguntándose si en las áridas zonas ecuatoriales de Marte, como el cráter Gale por donde se mueve el rover Curiosity, es posible que exista agua líquida, aunque sea de forma transitoria. Hasta ahora se pensaba que esto solo podría ocurrir en latitudes más altas, menos secas, pero un nuevo estudio basado en los datos de la estación ambiental REMS –de fabricación española– ha encontrado evidencias de lo contrario.

Un estudio dirigido por el investigador Javier Martín-Torres, del Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra (CSIC-Universidad de Granada), y publicado en Nature Geoscience muestra que las condiciones ambientales medidas en Gale son favorables para la formación de agua líquida transitoria en forma de salmueras, concretamente en los primeros 5 cm del suelo y, sobre todo, durante las noches del invierno marciano.

Los percloratos, una sales omnipresentes en la superficie marciana, tienen la capacidad de absorber vapor de agua ambiental para formar las salmueras

Detrás de este fenómeno están los percloratos, sales omnipresentes en la superficie marciana con la capacidad de absorber vapor de agua ambiental para formar soluciones acuosas salinas o salmueras. El fenómeno se conoce como delicuescencia, y se pensaba que solo ocurría durante la primavera marciana –con más picos de vapor de agua atmosférica– y lejos de las latitudes bajas.

Ahora, Curiosity, por medio del instrumento REMS, ha logrado el primer registro de la humedad relativa cerca de la superficie en un periodo que abarca todo un año marciano (687 días terrestres). También se han utilizado los datos del instrumento DAN para conocer la hidratación del subsuelo, y de SAM para medir el vapor de agua en la atmósfera. 

Los resultados revelan que en el área de estudio, un cráter de impacto localizado ligeramente hacia el norte del ecuador marciano y que pudo ser un lago en el pasado, se produce actualmente un ciclo diario de intercambio de agua entre el suelo y la atmósfera, y que las condiciones son perfectamente compatibles para la formación de salmueras.

Según el estudio, las salmueras líquida se pueden formar y permanecer estables dentro de los 5 cm superiores del suelo desde el atardecer hasta el amanecer durante el invierno, y por períodos más cortos en el resto de las estaciones. Por debajo de 15 cm de profundidad, los percloratos se quedarían en un permanente estado de hidratación todo el año, pero no en fase líquida.
“MSL –la misión de la que forma parte Curiosity– no está diseñada para la detección directa de salmueras líquidas, como tampoco lo está para detectar la vida, sino para evaluar las condiciones de habitabilidad”, aclara Martín-Torres a Sinc. “La transición de las sales del suelo desde  los estados hidratados o congeladas hacia pequeñas gotas de líquido sólo podría medirse directamente por los cambios de conductividad eléctrica o cambios colorimétricos de esas gotitas saladas dentro del suelo. 
Este tipo de ciencia de contacto requiere una sonda de subsuelo y unos instrumentos que no tiene la plataforma de MSL”.

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El cráter Gale fue un lago hace entre 3,5 y 2,7 mil millones de años, según los científicos. / ASA/JPL/Caltech/ESA/DLR/MSSS)

Otras implicaciones importantes

El investigador también destaca otras implicaciones importantes del estudio. Por un lado, en cuanto a la evaluación del potencial de habitabilidad de la cuenca del Gale –uno de los objetivos centrales de la misión–, la presencia de agua líquida es “extremadamente relevante”, dado que el agua es un requisito esencial de la vida.

El rápido deterioro de las ruedas de Curiosity puede estar relacionado con la presencia de estas soluciones salinas

Aunque las condiciones en la superficie marciana son bastante inhóspitas –por la fuerte radiación y los valores medios de temperatura que no permitirían ningún proceso metabólico conocido–, a pocos centímetros por debajo no son tan duras, por lo que podría ser un posible refugio para la vida, indígena o traído desde la Tierra.
“En este sentido se impone una amplia revisión de las medidas de protección planetaria establecidas hasta el momento”, reconoce Martín-Torres .
 Por otra parte, el trabajo ofrece pistas para explicar un fenómeno llamado Recurrent Slope Linneade (RSL), deslizamientos de materiales sueltos depositados en pendientes, probablemente causados por la evaporación de las salmueras formadas previamente en el regolito o suelo marciano.

Otro hecho que también podría explicarse por medio de la formación de estas salmueras es el rápido deterioro sufrido por las ruedas del rover, ya que han estado en contacto con las soluciones corrosivas de percloratos en agua todas las noches desde su llegada al planeta rojo.

Algunas fotografías muestran pequeñas ‘esférulas’ en las ruedas por la corrosión del aluminio, que podría haber causado el debilitamiento del material y un mayor daño contra las afiladas rocas que se ha encontrado el rover en su travesía.


SINC
El rover Curiosity de la NASA ha detectado por primera vez compuestos de nitrógeno en la superficie marciana. Este elemento, esencial para la vida en la Tierra, ha aparecido en forma de óxido nítrico, una fuente de nitrogeno bioquímicamente accesible y esencial para la habitabilidad del planeta rojo.


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El rover Curiosity en el punto de perforación John Klein, donde se tomaron algunas muestras. / NASA
En la atmósfera marciana se había detectado nitrógeno, pero por primera vez el rover Curiosity ha encontrado nitratos en la superficie del planeta rojo. Lo ha hecho tanto en muestras de polvo superficial como en materiales excavados en los sedimentos del antiguo lago del cráter Gale, por donde circula hoy el vehículo.
"Nunca antes se habían identificado compuestos de nitrógeno en la superficie de Marte, ni in situ a través de rovers o landers, ni con orbitadores; tan sólo había aparecido en algunos meteoritos marcianos”, destaca a Sinc el investigador Alberto G. Fairen del Centro de Astrobiología (INTA-CSIC) y coautor del trabajo.
Por primera vez se ha encontrado nitratos, una fuente de nitrógeno bioaccesible, en la superficie marciana

El investigador subraya que el equipo del instrumento SAM de rover, con el que se han efectuado los análisis, ha sido muy riguroso a la hora de cuantificar y descartar las posibles contaminaciones con nitrógeno terrestre.

En el estudio, publicado en PNAS, se detalla que los niveles de concentración de nitrógeno marciano están entre 20-250 nanomoles (nmol) tomados de muestras recogidas en tres puntos del recorrido del rover. Se han encontrado en forma de óxido nítrico o monóxido de nitrógeno (NO).

Los investigadores, que piensan que el óxido nítrico también podría hallarse en el subsuelo, sugieren que estos compuestos pudieron quedar fijados debido al choque térmico provocado por un relámpago o un impacto volcánico en el antiguo Marte. Esto supondría que, en el pasado, existió algún tipo de ciclo de nitrógeno en el plaenta rojo.
Según explica Fairen, “la existencia de una fuente de nitrógeno bioquímicamente accesible en Marte parece un requisito fundamental para la posible habitabilidad del planeta”. De hecho, “en la Tierra, el nitrógeno es uno de los elementos químicos esenciales para la vida y el nitrato es una fuente bioquímicamente accesible de N para los seres vivos en nuestro planeta”, concluye.

En este estudio también han participado los investigadores Javier Martín-Torres y Maria Paz Zorzano del Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra (CSIC-Universidad de Granada).

Monóxido de carbono como fuente de energía

Otra investigación, también publicada en PNAS, indica que el monóxido de carbono (CO) presente en la atmosfera marciana podría ser una fuente de energía para hipotéticas comunidades microbianas.

El trabajo, liderado por el biólogo de la Universidad de Louisiana (EE UU) Gary M. King sugiere que este gas podría servir para procesos metabólicos en condiciones similares a las de ciertas zonas de la Tierra, como las del salar de Bonneville, en Utah (EE UU).

En concreto, King cita a dos tipos de microbios terrestres (una protobacteria y un extremófilo de la sal recientemente descubierto) como representantes de un modelo microbiano de oxidación del CO en determindas concidiones actuales o pasadas de la atmósfera del planeta rojo.


SINC

Esta capa rocosa estratificada fotografiada por el Curiosity muestra un patrón típico de depósito sedimentario del lecho de un lago, no lejos de donde el agua que fluía entraba en él. (Foto: NASA/JPL-Caltech/MSSS)

Las observaciones realizadas por el robot Curiosity de la NASA indican que el Monte Sharp, situado en el centro del gran Cráter Gale, fue creado por sedimentos depositados en el lecho de un gran lago, a lo largo de decenas de millones de años.

Esta interpretación de los hallazgos del Curiosity en el citado cráter sugiere que en el pasado Marte mantuvo un clima que pudo permitir la existencia de lagos de larga duración en muchos sitios del Planeta Rojo.

Si, tal como ahora parece, este fue el origen del Monte Sharp, el hallazgo pone en tela de juicio la idea, hasta ahora sostenida por un sector de la comunidad científica, de que las condiciones cálidas y húmedas en Marte fueron fugaces, muy locales o solo subterráneas.

Por qué esta montaña sedimentaria se halla en un cráter ha sido una pregunta complicada para los investigadores. El Monte Sharp tiene unos 5 kilómetros (3 millas) de altura, y sus faldas inferiores dejan expuestas cientos de capas de roca.

Las citadas capas, que alternan depósitos procedentes del lago, del río y del viento, son testigos del repetido llenado y evaporación de un lago marciano mucho mayor y más duradero que cualquier otro examinado previamente desde cerca.

La clave para explicar el misterio es que donde ahora hay una montaña, existió en otra época una serie de lagos. Después de que el cráter se llenase hasta una altura de al menos unos cientos de metros (o yardas), y los sedimentos se endurecieran hasta formar roca, las capas acumuladas de sedimento fueron esculpidas con el paso del tiempo por la erosión del viento, hasta cobrar una forma montañosa. Dicha erosión eliminó el material entre el perímetro del cráter y lo que es ahora el borde de la montaña.

El Curiosity está actualmente investigando las capas sedimentarias más bajas del Monte Sharp, una sección de roca de 150 metros (500 pies) de alto, llamada Formación Murray. Los ríos llevaron arena, limo y otros materiales hasta el lago, depositándolos en sus desembocaduras hasta formar deltas similares a los que hay en las desembocaduras de los ríos de la Tierra.

En su viaje desde el punto de aterrizaje hasta donde está ahora, el Curiosity pasó de un entorno dominado por lechos de antiguos ríos a otro donde predominan los de antiguos lagos. Los hallazgos hechos durante la travesía incluyen rocas sedimentarias que sugieren la existencia en el pasado de pequeños deltas fluviales en bastantes sitios de la región.

El revelador conocimiento científico que se está obteniendo actualmente sobre la evolución medioambiental de Marte, al descifrar cómo se formó el Monte Sharp, ayudará también a guiar los planes sobre futuras misiones en busca de señales de vida marciana.


NCYT
  • Los análisis de muestras descartan la presencia de compuestos orgánicos en la superficie del planeta

     



    El robot Curiosity está demostrando todo su potencial como “el laboratorio geoquímico más avanzado que se ha enviado a la superficie de otro planeta”, como dice el jefe científico de la misión, John P. Grotzinger. Sus instrumentos de análisis están permitiendo caracterizar la diversidad geológica del cráter Gale de Marte, donde está trabajando el robot, y hacer descubrimientos importantes, como una roca ígnea oscura de un tipo que nunca se había encontrado antes en el planeta rojo y que se parece, por su composición, a unas rocas poco comunes denominadas mugearitas que se encuentran en la Tierra en islas oceánicas y en fisuras de algunos volcanes, como los de Hawai. Esta roca, bautizada Jake M. estaba a 280 metros de distancia del lugar de descenso del Curiosity y los resultados de su análisis detallado se presentan esta semana en la revista Science, que dedica la portada al vehículo de exploración planetaria y publica un total de cinco artículos de investigación sobre los resultados científicos de la misión durante los cien primeros días en el suelo de Marte, en los que recorrió 500 metros. El robot de la NASA llegó al cráter Gale el 6 de agosto del año pasado.

    Otro de los estudios pormenorizados indica que los compuestos orgánicos que aparecieron en los resultados preliminares de unos análisis de muestras de suelo marciano son, muy probablemente, de origen terrestre y estarían en el recipiente del instrumento científico del robot que se utilizó. “Hemos descubierto que probablemente no se conservan compuestos orgánicos en los materiales de la superficie, expuestos como están a una dura radiación y a los oxidantes”, explica Laurie Leshin, primer autor del artículo que recoge los resultados de estos estudios. “No esperábamos necesariamente encontrar moléculas orgánicas en el polvo de la superficie, lo que refuerza la estrategia de hacer perforaciones en las rocas para seguir buscando compuestos orgánicos. La clave estaría en encontrar muestras con mejores condiciones de conservación”.



    Diversos tipos de suelo y rocas de Marte analizadas por el ‘Curiosity’. / Science/AAAS

    Grotzinger, en la presentación de los cinco artículos que publica Science, no descarta rotundamente que esos compuestos orgánicos puedan ser de origen marciano directamente, pero apunta también hacia compuestos de carbono derivados del propio instrumento de análisis del Curiosity, el SAM, con un pequeño horno en que se depositan muestras que se pueden calentar hasta 835 grados para desvelar sus componentes.

    También en los análisis del SAM los investigadores han encontrado agua: un 2% de la muestra analizada. También hay dióxido de carbono, oxígeno y dióxido de azufre. Los datos “indican que el agua, y posiblemente, el CO2 , se derivan de la atmósfera”, diez Grotzinger, es decir, que su presencia en el suelo se debe a la interacción con ella.

    En cuanto a la roca ígnea, probablemente se originó en magmas generados en el manto marciano químicamente alterado, parcialmente fundido a altas presiones y posiblemente rico en agua, dicen los científicos. Lo que está claro es que Jake M es diferente de otros basaltos marcianos. “En la Tierra sabemos cómo se forman las mugearitas y rocas similares”, señala Martin Fisk, uno de los investigadores del equipo. “Se originan en el magma, en las profundidades de la Tierra, que cristaliza en presencia de 1% a 2% de agua. Se forman cristales y lo que lo cristaliza es la mugearita, que puede emerger a la superficie como erupción volcánica”. Esto podría apuntar hacia la presencia de agua en el subsuelo marciano, pero no es en sí misma una prueba concluyente, advierten los investigadores de la Universidad de Oregón. Recuerdan que se supone que Marte ha pasado por tres fases: una primera con mucha agua, una fase de evaporación cuando esta desapareció dejando atrás los sulfatos, y una tercera cuando los suelos de la superficie se secaron y se oxidaron creando el tono rojizo típico del mundo vecino. Un objetivo prioritario de la misión del Curiosity, recuerda Grotzinger, es determinar si el planeta fue alguna vez un entorno apto para la vida.

    A lo largo de su recorrido, el Curiosity está encontrando dos tipos de suelo, señala otro de los artículos en Science: uno de polvo fino y otro de grano más grueso. Los análisis de uno y otro muestran que el más fino, muy común en todo el planeta, es el principal portador de hidrógeno y puede ser la fuente principal de hidratación que detectan los satélites en órbita del planeta.



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El rover Curiosity de la NASA ha encontrado nuevas evidencias de la existencia de agua líquida en Marte en el pasado. El vehículo ha logrado estas pruebas tras romper varias rocas y analizar la arenisca de la superficie del planeta.

En su camino al Monte Sharp, Curiosity se ha detenido a examinar algunas rocas situadas en un sector observado en primera instancia por una nave espacial en órbita. La región fue elegida porque podría proporcionar evidencia de cómo el agua juega un papel importante en la estratificación de las rocas en esta región, como así ha sido.

El vehículo "ha examinado guijarros, piedra y arenisca depositadas por el agua que, se supone, fluyó sobre la superficie, y las venas o fracturas en la roca", han indicado los responsables de la misión.

Curiosity aterrizó en el interior de Marte el cráter Gale en agosto de 2012 para determinar si el planeta rojo ha sido capaz de soportar vida microbiana en algún momento de su historia. El robot descubrió allí el principal objetivo de la misión, encontrando un lugar que fue realmente húmedo y habitable hace miles de millones de años.

En julio de este año, Curiosity comenzó su viaje hacia Sharp, el destino principal del rover desde antes de su lanzamiento. Los investigadores quieren subir el robot a través de las colinas de la montaña y estudiar sus muchas capas. A su juicio, esto dará pistas sobre los cambios en las condiciones ambientales del planeta rojo.

El equipo del rover también quiere entender la geología de la zona comprendida entre el cráter Gale y el monte Sharp. "Si un mismo flujo de fluido es el responsable de las venas en el monte y en el valle, es de esperar que estas tengan la misma composición", ha indicado uno de los actores, David Sumner.

"Si vemos que las venas son diferentes sabremos que la historia se complica y utilizaremos estas observaciones para reconstruir la historia a largo plazo", ha añadido.




Las muestras recogidas por Curiosity confirman la presencia de agua en Marte


Los instrumentos del rover Curiosity, que aterrizó en Marte en agosto de 2012, han permitido a los científicos recoger y analizar muestras de suelo y roca en el entorno del cráter Gale. Los resultados aparecen ahora en Science, donde cinco estudios ayudan a caracterizar la diversidad geológica marciana, además de confirmar la existencia de un elemento esencial para la vida: el agua.

"Uno de los resultados más interesantes que revela la primera muestra sólida tomada por Curiosity es el alto porcentaje de agua en el suelo", destaca Laurie Leshin, investigador del Instituto Politécnico Rensselaer (EEUU) y coordinador del primer equipo. “Cerca del 2% de la tierra en la superficie de Marte se compone de agua, lo que supone un gran recurso y es científicamente muy interesante".

Este grupo analizó materiales de la corteza marciana mediante pirólisis, una técnica en la que se calientan las muestras sin oxígeno para registrar qué gases liberan. El instrumento Sample Analysis at Mars (SAM) ha permitido detectar compuestos volátiles como el dióxido de carbono y oxígeno.

Por su parte, otro grupo liderado por el investigador Pierre-Yves Meslin desde la Universidad de Toulouse (Francia), ha disparado el láser del denominado ChemCam Remote Micro-Imager para identificar dos tipos de granos en el suelo, unos finos y otros gruesos.

“Los de grano grueso probablemente proceden de la alteración física de los conglomerados fluviales que se encuentran cerca del lugar de aterrizaje, y cuya composición (silicio, aluminio y compuestos alcalinos) nunca se había registrado en Marte”, explica a SINC Meslin.


Mosaico de imágenes que retratan a Curiosity. (Foto: NASA)El investigador destaca que el polvo y el grano fino –representativo de todo el suelo de Marte por transporte eólico– es portador de hidrógeno, que se puede relacionar o formar parte del H2O que han identificado las sondas que orbitan el planeta rojo.

“Las evidencias experimentales confirmando la presencia de agua son siempre importantes, especialmente en relación con la habitabilidad pasada de Marte”, valora el geólogo planetario Jesús Martínez Frías, del Instituto de Geociencias (IGEO, CSIC-UCM), y miembro del equipo científico de la misión MSL que ha llevado a Curiosity al planeta rojo.

“Se confirman así los datos observados desde los orbitadores”, añade el geólogo, “aunque en relación con el agua, no se ha observado intercambio entre las composiciones del regolito –capa superficial– y la atmósfera”.

Otro de los hallazgos del rover ha sido el descubrimiento de un tipo de roca ígnea que nunca se había localizado en Marte. Su composición se asemeja mucho a la mugearita, que en la Tierra se encuentra en las islas y grandes fosas o rifts. Los científicos consideran que su procedencia es diferente a la de otras rocas marcianas.

Esto lo ha estudiado el grupo dirigido por el investigador E.M. Stolper del Instituto Tecnológico de California (EE UU) al utilizar por primera vez el espectrómetro de rayos X y partículas alfa de Curiosity. En concreto han analizado una roca piramidal bautizada como Jake_M en honor al ingeniero Jake Matijevic del laboratorio JPL.

"El proceso mediante el cual se forman estas rocas a menudo sugiere la presencia de agua bajo la superficie", de acuerdo con Martin Fisk, un geólogo marino de la Universidad Estatal de Oregon y coautor de varios de los trabajos.

"En la Tierra, tenemos una idea bastante buena de cómo se forman las mugearitas y otras rocas semejantes", dice Fisk. "Se inicia en el magma profundo cuando cristaliza en presencia de un 1% o 2% de agua. Los cristales se asientan fuera del magma y lo que no se cristaliza es la mugearita magmática, que eventualmente puede salir a la superficie en una erupción volcánica".

Los otros dos estudios que aparecen en Science analizan los limos y arenas del terreno arenoso Rocknest que ha recorrido el rover. Un equipo, liderado por el investigador David L. Bish de la Universidad de Indiana (EE UU), utilizó los datos de difracción del instrumento CheMin de rayos X para estimar el porcentaje de material basáltico cristalino magmático frente al material amorfo. Sus resultados sugieren que el 71% del material de Rocknest tiene un origen basáltico.

Sin embargo, otro estudio coordinado por el científico David F. Blake del centro de investigación Ames de la NASA, utilizando una técnica de rayos X diferente, sugiere que el componente basáltico es más bajo, alrededor del 55%. En cualquier caso, la composición general de este material es similar a la de otros limos y arenas que mueve el viento por toda la superficie marciana.

“En resumen, todos estos estudios enfatizan la relevancia y el éxito del laboratorio remoto multianalítico del Curiosity y su importancia para desentrañar la compleja historia geológica marciana, así como la geodiversidad ambiental y de procesos, a veces solapados en el espacio y en el tiempo”, concluye Martínez-Frías.




europapress
NCYT
Desde la superficie del Planeta Rojo, que está explorando desde su llegada en agosto de 2012, el robot Curiosity ha observado un eclipse de un tipo que ningún ser humano ha podido contemplar directamente: La mayor de las lunas de Marte, Fobos, pasando directamente en frente de la otra, Deimos, desde la perspectiva visual del Curiosity en la superficie marciana. El robot captó las imágenes de este evento extraterrenal y ahora los humanos podemos contemplarlas en forma de película.

Los grandes cráteres de Fobos son claramente visibles en estas imágenes captadas desde la superficie de Marte. Ninguna otra misión anterior en la superficie marciana ha captado la imagen de una luna eclipsando a la otra.

El objetivo final del equipo de Mark Lemmon de la Universidad A&M de Texas, en College Station, Estados unidos, es conocer mucho mejor las órbitas de ambos satélites marcianos a fin de poder medir con mayor precisión las sutiles "mareas" que la superficie sólida de Marte experimenta como consecuencia de la acción gravitatoria de Fobos, y así obtener un conocimiento más detallado del interior del Planeta Rojo. Esta clase de datos también puede ser vital para ampliar la información disponible sobre las propias órbitas de ambos satélites.




Esta ilustración muestra una comparación de cuán grandes se ven las lunas de Marte, desde la superficie del planeta, en relación con el tamaño que tiene la Luna cuando se observa desde la superficie terrestre. (Foto: NASA / JPL-Caltech / Malin Space Scien

La órbita de Fobos se acerca muy lentamente a Marte. La órbita de Deimos parece estar alejándose poco a poco del planeta.

Aunque Fobos tiene un diámetro menor al uno por ciento del diámetro de nuestra Luna, orbita mucho más cerca de su planeta, por lo que, visto desde la superficie marciana, Fobos parece tener la mitad del tamaño de nuestra Luna.


NCYT

A lo largo de su vuelo hasta Marte, el rover Curiosity fue registrando la radiación cósmica y solar que actuó sobre la nave. Los datos han permitido calcular que, con los sistemas de propulsión y protección actuales, la dosis recibida en un viaje de ida y vuelta al planeta rojo rondaría los 0,66 sievert, un dato de gran interés para las futuras misiones tripuladas al planeta rojo. Las agencias espaciales proponen que las tripulaciones no superen dosis de 1 sievert. 
El medidor RAD fue registrando la radiación durante el viaje de Curiosity a Marte. / NASA

Durante la mayor parte de los 253 días que duró el viaje a Marte del rover Curiosity, que salió de la Tierra en noviembre de 2011, su medidor RAD –Radiation Assessment Detector– fue registrando la radiación dentro de la nave.

Ahora se publican en Science los datos, que ofrecen una idea a los científicos del peligro que puede suponer esta radiación ionizante para las misiones con humanos que se están preparando al planeta rojo.

Los resultados han servido para deducir que la dosis equivalente que recibiría un astronauta solo durante el viaje de ida y vuelta, sin contar la estancia y con los blindajes antirradiación y sistemas de propulsión actuales, sería de unos 0,66 sievert (Sv). El tiempo en la superficie marciana podría aumentar considerablemente esta cifra.

La dosis equivalente mide el efecto de las radiaciones sobre los tejidos biológicos, y la exposición prolongada a dosis de 1 Sv se asocia con un aumento del 5% en el riesgo de padecer un cáncer mortal, según diversos estudios. De hecho las agencias espaciales proponen que las tripulaciones no superen ese valor.

Por comparar, la Comisión Internacional de Protección Radiológica (ICRP) y la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA) recomiendan no superar una dosis de 0,1 Sv al año en las instalaciones terrestres. Los tripulantes de la Estación Espacial Internacional, por ejemplo, también lo cumplen.

“Dejamos a otros la valoración sobre qué niveles de riesgo son aceptables en las misiones tripuladas”, comenta a SINC el autor principal del estudio, Cary Zeitlin, del Southwest Research Institute (EEUU), que subraya: “El trabajo de nuestro equipo es tomar las mejores medidas posibles para que las personas que tengan que tomar las decisiones dispongan de una información muy precisa”.

Los rayos cósmicos galácticos y la exposición a las partículas energéticas solares supondrán riesgos para la salud de los viajeros

Lo que sí destaca el científico son las dos formas de radiación que supondrán un riesgo para la salud en los largos viajes espaciales: la dosis baja pero constante de rayos cósmicos galácticos (GCR) y la posible exposición súbita a las partículas energéticas solares (SEP) procedentes de una llamarada del Sol.

“Un evento SEP podría causar grandes problemas en una misión a Marte, pero estadísticamente es algo poco probable, además de que las naves espaciales para estos viajes contarían con un ‘refugio frente a la tormenta’, un pequeño habitáculo bien blindado donde la gente pudiera cobijarse”, señala Zeitlin.

“Por otra parte, el daño biológico de la exposición a los iones pesados de los GCR ​​todavía no se conoce bien, por lo que es difícil protegerse de este tipo de partículas –añade–. Por tanto, yo diría que estos rayos cósmicos galácticos suponen el problema más grande”.

Respecto a las formas de protegerse frente a la radiación, el investigador recuerda los tres métodos que se aplican en la Tierra: “A las personas que trabajan en instalaciones terrestres con fuentes de radiación se les enseña que hay tres puntos clave: maximizar la distancia a la fuente, poner un blindaje protector entre medias y reducir al mínimo el tiempo de exposición”.

¿Viajes más cortos?

Según Zeitlin, la primera medida no tiene sentido en el espacio porque la fuente está en todas partes, y el blindaje ayuda solo un poco, por lo que minimizar el tiempo de exposición es lo que realmente ayudaría: “Esto significa que lo mejor sería desarrollar sistemas de propulsión más rápidos para hacer el viaje más corto”.

Los científicos también proponen e investigan el desarrollo de contramedidas frente a la radiación, como medicamentos o suplementos nutricionales que los tripulantes pudieran tomar durante el largo viaje.

En cualquier caso, los datos que ha tomado y sigue tomando el Curiosity van a resultar de gran interés, no solo para conocer la radiación, sino también muchos otros aspectos del entorno y las condiciones que se encontrarán los astronautas.

AMPLIACION

 La radiación de un viaje a Marte, como hacerse más de 30.000 radiografías

  •  La exposición, medida durante el vuelo del Curiosity al Planeta rojo, roza los límites aceptables para un astronauta durante toda su carrera
La radiación de un viaje a Marte, como hacerse más de 30.000 radiografías

 El viaje a Marte es el próximo gran reto del ser humano en el espacio, un sueño que la NASA espera hacer realidad en las próximas dos décadas y que incluso planean llevar a cabo algunas entidades privadas con más o menos temeridad. Pero la hazaña está plagada de peligros, entre ellos los que supone estar sometido a altas dosis de radiación de partículas provenientes del espacio durante el trayecto. Por primera vez, científicos han calculado la cantidad de radiación que recibiría un astronauta con billete de ida y vuelta a Marte a partir de los datos recogidos durante el viaje de 560 millones de kilómetros y 253 días que realizó la Mars Science Laboratory, la misión que depositó al rover Curiosity en la superficie marciana el pasado agosto. La exposición acumulada, solo en el viaje de ida y vuelta, sin contar la estancia más o menos prolongada en el Planeta rojo, equivale a hacerse un escáner de cuerpo entero cada cinco o seis días, algo así como más de 33.000 radiografías de tórax. Según publican los investigadores en la revista Science, los resultados rozan los límites de radiación -incluso quizás los sobrepasen-, que distintas agencias espaciales estipulan como aceptables para un astronauta en toda su carrera.

Mientras la Mars Science Laboratory volaba con destino a Marte, un detector instalado por investigadores del Southwest Research Institute de San Antonio, Texas (EE.UU.) realizó mediciones detalladas de la radiación de partículas energéticas que llegaban al interior de la nave. La cápsula estaba protegida por un complejo escudo parecido al que posiblemente utilizarán los futuros viajes tripulados al espacio, al menos con la tecnología actual, por lo que los científicos creen que sus resultados son mucho más fiables que las mediciones realizadas, por ejemplo, en las naves Apolo, que apenas tenían protección. Eso sí, son representativos para un viaje en condiciones de baja a moderada actividad solar.

«Entender el entorno de radiación dentro de una nave espacial que lleva seres humanos a Marte o a otros destinos del espacio profundo es fundamental para la planificación de futuras misiones tripuladas», afirma Cary Zeitlin, autor principal del estudio. «En base a nuestras mediciones, a menos que los sistemas de propulsión avancen rápidamente, una gran parte de la exposición a la radiación se recibirá durante el viaje de ida y vuelta, cuando la nave espacial y sus habitantes estarán expuestos a la radiación ambiental en el espacio interplanetario, protegidos solo por la propia nave», explica.

Dos formas de radiación plantean posibles riesgos para la salud de los astronautas en el espacio: una crónica, proveniente de los rayos cósmicos galácticos y otra a corto plazo provocada por una tormenta solar o una eyección de masa coronal. Las primeras, de alta energía, son las más preocupantes, ya que contienen iones pesados que pueden causar más daños biológicos que otros tipos de partículas y, además, son muy penetrantes, no se detienen ante el blindaje de las naves espaciales. «Una nave probablemente supondría un buen refugio contra las partículas solares, pero los rayos cósmicos son más difíciles de detener, ni siquiera un casco de aluminio de 30 centímetros de espesor cambiaría mucho la dosis», apunta Zeitlin.

Una dosis de radiación cósmica equivale a 1,8 milisievert (mSv) por día de crucero, cuando una radiografía de tórax es de apenas 0,02 mSv. Es como si el astronauta se sometiera a 90 radiografías diarias. «El total para un viaje de ida y vuelta a Marte sería de aproximadamente 0,66 Sievert (Sv) con los sistemas de propulsión actuales», dice Zeitlin. Algo así como hacerse 60 TAC o 33.000 radiografías de tórax (las más suaves). El tiempo pasado en la superficie de Marte podría aumentar considerablemente la dosis total, dependiendo de las condiciones de blindaje y la duración de la estancia.

Los efectos, en los hijos o nietos

La radiación medida está «justo en el límite, o posiblemente sobre el límite, de lo que es considerado aceptable» que reciba un astronauta a lo largo de su carrera, según la NASA y otras agencias espaciales, unos límites que reconocen aún no están bien determinados. «Los efectos de la radiación en los viajes espaciales todavía son desconocidos y generan una gran preocupación. Decir qué le ocurrirá a un astronauta en esas circunstancias es meramente especulativo», apunta Ginés Madrid, responsable de asuntos profesionales de la Sociedad Española de Radiología Médica (SERAM). Pero, ¿qué puede causar la radiación? La exposición a una dosis de 1 Sv se asocia con un aumento del 5% en el riesgo de cáncer mortal. «A partir de ciertas dosis, puede caerse el pelo y aparecer eritemas y quemaduras, tumores... La dosis mortal depende de la resistencia de cada individuo, su sistema inmune, su médula ósea...», añade. Pero, a su juicio, lo más preocupante son esos efectos que «quizás no sean visibles pero que aparecen después, como alteraciones cromosómicas en sus hijos o nietos».

Los científicos esperan que el mayor entendimiento de los peligros de viajar a Marte ayude a preparar misiones seguras que garanticen que los astronautas vuelvan sanos y salvos a la Tierra.


Un astronauta recibiría al ir a Marte toda la dosis de radiación de su carrera

  • El 'Curiosity' ha medido el flujo de rayos cósmicos y partículas solares a los que se expondría la tripulación

 

Los organismos vivos en la Tierra están protegidos frente a los rayos cósmicos y a la radiación solar más peligrosa por el campo magnético del planeta y la atmósfera. Pero cuando un astronauta sale al espacio fuera de ese escudo, está expuesto a la perniciosa radiación. Es algo con lo que tienen que contar quienes viajen a Marte, por ejemplo, y los ingenieros tendrán que diseñar escudos protectores para reducir ese riesgo. Ahora, gracias al robot Curiosity, unos científicos han hecho estimaciones precisas de las dosis de radiación de un viaje al planeta rojo. Su conclusión es que, con las tecnologías actuales, un astronauta recibiría en una misión a Marte casi el nivel máximo de radiación acumulada admisible para toda su carrera, nivel que le expondría a un riesgo del 5% de padecer cáncer (la NASA reduce el umbral de radiación al 3% para sus astronautas).

El Curiosity lleva un apantallamiento frente a esa radiación similar al de la Estación Espacial Internacional (ISS), mientras que era mucho más ligero en los vehículos del programa Apolo en los que los astronautas viajaron a la Luna. Pero aun así, si una persona hubiera viajado dentro de la cápsula MSL en la que iba el Curiosity, habría recibido una dosis de radiación acumulada equivalente a hacerse un escáner por tomografía computerizada de todo el cuerpo cada cinco o seis días.


“Es fundamental conocer el entorno de radiación dentro de una nave en la que viajen seres humanos a Marte o a cualquier otro destino en el espacio profundo”, afirma Cary Zeitlin (Instituto de Investigación Southwest, EEUU), líder de la investigación, que se presenta en Science. Los científicos han medido, con el detector RAD, instalado en el Curiosity, la radiación dentro de la cápsula durante los 253 días de viaje en los que recorrió 560 millones de kilómetros hasta Marte. Los datos del RAD (Radiation Assessment Detector) ya en el suelo marciano aún no han sido procesados, advierten los científicos.

El riesgo para los astronautas fuera del campo magnético terrestre se debe tanto a los rayos cósmicos (en su mayor parte protones, pero también iones pesados que causan mayores daños biológicos) como a las erupciones ocasionales del Sol, que lanzan al espacio ingentes cantidades de partículas cargadas. Los científicos han observado con su detector a bordo del Curiosity cinco erupciones solares, pero en general consideran que el viaje a Marte de esta sonda (desde 26 de noviembre de 2011 hasta el 6 de agosto de 2012) fue relativamente tranquilo en cuanto a actividad solar, pese a que se esperaba una fase máxima de actividad de la estrella. Además, ante esa radiación, el apantallamiento estándar de la nave en que viajaba el robot era bastante efectivo.

Otra cosa son los rayos cósmicos, especialmente los de alta energía. “Una nave con seres humanos a bordo viajando por el espacio profundo necesitaría un refugio para que los astronautas se protegieran durante las tormentas solares”, explica Zeitlin. “Pero los rayos cósmicos galácticos son mucho más difíciles de parar e incluso un refugio de aluminio de 30 centímetros de espesor no cambiaría mucho la dosis que recibirían los astronautas”.

La conclusión de estos investigadores es que, con los actuales sistemas de propulsión para el viaje a Marte (la NASA estima que serían 180 días de ida y otros tantos de regreso), los astronautas recibirían 0,66 Sievert de radiación sumando el tiempo de trayecto de ida y el de regreso, mientras que el estándar de las agencias espaciales sitúa en un Sievert el máximo de exposición a la que puede estar sometido un astronauta en toda su carrera. Y a esos 0,662 Sievert habrá que sumar la radiación, que será considerable, del tiempo que los astronautas permaneciesen en el suelo del planeta rojo, aunque sus habitáculos tuvieran escudos protectores. Dicha estancia de la tripulación en el planeta vecino rondaría los 500 días, según algunos escenarios de misión considerados por la agencia espacial estadounidense.

El detector RAD ha sido desarrollado por expertos de la NASA y del Centro Aeroespacial Alemán, y ha permitido este tipo de mediciones que son pioneras porque, hasta ahora, se habían tomado datos pero en vehículos espaciales que no llevaban este tipo de apantallamiento frente a la radiación, ha explicado Zeitlin, recordando que “la radiación es uno de los muchos riesgos de los viajes espaciales”.

Una larga excursión interplanetaria

Marte está lejos de la Tierra, pero no parece que sea tanto como para que el viaje de las sondas espaciales dure varios meses. Se puede acortar un poco, dependiendo de la cantidad de combustible empleado, pero aun así, la ida de una misión tripulada rondaría los seis meses como mínimo según los cálculos de la NASA, la vuelta otro tanto, y la estancia mínima de los astronautas en el planeta vecino podría llegar a los 500 días. El Curiosity tardó 253 días en llegar a Marte.

La distancia mínima entra las órbitas de Marte y la Tierra es de 55 millones de kilómetros y, si tenemos en cuenta que la velocidad de una nave espacial supera los 30.000 kilómetros hora, el viaje no debería ser tan largo. Pero es que los planetas se mueven alrededor del Sol y los expertos tienen que diseñar la trayectoria de los vehículos espaciales teniendo en cuenta esta dinámica orbital, de manera que la nave se dirija al lugar donde va a estar Marte cuando llegue, no al punto en el que está el planeta vecino cuando se lanza el cohete.

En la trayectoria normal para ir de la Tierra a Marte se pone la nave en una órbita mayor que la terrestre (denominada órbita de transferencia de mínima energía) que en un punto se cruza con la marciana, justo en el momento en el que coinciden allí la nave y el planeta, explica Fraser Cain en Universtoday.com. El momento adecuado para partir es el de máxima aproximación entre los dos planetas, cada 26 meses (por eso las misiones a Marte parten cada poco más de dos años).

También para el regreso, los astronautas esperarían la posición orbital adecuada de ambos planetas para partir.

El tiempo de viaje a Marte depende, sobre todo, de la cantidad de energía invertida en la misión: la Mariner 4, cubrió la distancia en 228 días (1965); la Mariner 6, en 1969, en poco más de cinco meses; las dos Viking, en 1976, tardaron 335 y 360 días respectivamente desde que partieron de la Tierra hasta que descendieron al suelo marciano; más recientemente, la Phoenix Lander (2008) empleó 295 días y la MSL, con el Curiosity a bordo, 253 días. Por supuesto, los científicos e ingenieros exploran tecnologías para el futuro, de manera que el viaje a Marte se podría reducir con propulsión nuclear, o con un ingenio de plasma, resume Cain. Incluso algunos imaginan un viaje a Marte impulsado por antimateria: con 10 miligramos llegaría una nave tripulada al planeta rojo en solo 45 días, pero eso es, por ahora, pura ciencia ficción.

La radiación en un viaje a Marte equivaldría a a hacerse un TAC cada cinco días

 La nave MSL en la que viajó 'Curiosity' (i) y la cápsula Orión (d), la próxima nave tripulada de la NASA.

Tras un largo viaje de 253 días en el que recorrió nada menos que 560 millones de kilómetros, el vehículo robótico 'Curiosity' aterrizó en Marte el pasado mes de agosto. Desde entonces se mueve a sus anchas por la inhóspita superficie del Planeta Rojo. Durante su travesía el 'rover' de la NASA estuvo expuesto a una intensa radiación que también tendrán que soportar los astronautas que formen parte de la primera misión tripulada a Marte, un proyecto que la agencia espacial estadounidense pretende realizar hacia el año 2030 o 2035.

Lograr proteger a los seres humanos de esta radiación es uno de los grandes retos a la hora de poder llevar a cabo esta ambiciosa misión. ¿Podría sobrevivir una persona a un viaje así? Y si lo hace, ¿qué probabilidades hay de que desarrolle un cáncer tras la misión? Para responder a esta cuestión, un estudio publicado en la revista 'Science' ha cuantificado por primera vez la dosis de radiación a la que estarían expuestos los astronautas. Y lo ha hecho con un instrumento que ha medido la radiación que soportó la nave espacial en la que viajó 'Curiosity'. En concreto utilizaron el detector RAD (Radiation Assessment Detector) del Laboratorio Científico de Marte (MSL en sus siglas en inglés), que sigue sigue realizando mediciones durante la misión de 'Curiosity'.

Según compara el investigador Cary Zeitling, autor principal del estudio, sus resultados revelan que la dosis de radiación sería equivalente a la que recibiría un astronauta si cada cinco o seis días le realizaran un TAC, es decir, una tomografia axial computerizada, en todo su cuerpo.

Dos o tres años en el espacio

"La radiación en el espacio, en términos generales, no es tan intensa como para causar de forma inmediata una enfermedad o la muerte. Si lo fuera, nadie estaría considerando misiones como ésta. De modo que sí, las personas pueden sobrevivir durante dos o tres años en el espacio, aunque existen serias dudas sobre cuál sería su estado de salud al terminar el viaje", explica a EL MUNDO Cary Zeitlin, autor principal del estudio e investigador del Instituto Southwest de Boulder, EEUU.

"La NASA establece los límites en la carrera de un astronauta basándose en un incremento de un 3% en sus probabilidades de morir debido a un cáncer", afirma Zeitlin, que explica que este aumento se suma a la probabilidad que tiene cualquier persona sana y no fumadora de padecerlo.

La dosis de radiación

Las mediciones durante el viaje revelaron una exposición a una radiación diaria equivalente a 1,8 milisieverts. Según compara la física Cristina Picón, jefa de protección radiológica del centro de L´Hospitalet de Llobregat del Instituto Catalán de Oncología (ICO), la dosis de radiación a la que se somete a un paciente al hacerle un TAC oscila entre los 4 y los 19 milisieverts, mientras que la de una placa de tórax es de 0,04 milisieverts. "Un TAC ofrece mucha más información, pero también irradia mucho más que una placa", señala.

La científica explica que, además de la radiación artificial, como la de las pruebas de diagnóstico y otras actividades realizadas por el hombre, estamos expuestos a una radiación natural, como la que proviene del Sol, la que procede de la corteza terrestre o del gas radón (que está en los materiales de construcción, cementos, etc). Se trata de elementos radiactivos que se van desintegrando y producen radiación. "Los estudios que se hacen para realizar estimaciones señalan que de media, cada ciudadano recibe una dosis de 2,4 milisieverts de radiación natural", explica Picón en conversación telefónica.

La dosis media por radiación artificial (tanto por pruebas de diagnóstico en medicina nuclear o por trabajar en entornos radiactivos) que recibe cada persona es de 0,63 milisieverts al año. Lógicamente si un paciente se hace una prueba diagnóstica de medicina nuclear, su dosis aumenta.
 
Un 'cocktail' de radiación

Según detalla el estudio, durante un viaje a Marte la nave está expuesta a una radiación compuesta principalmente por dos ingredientes. Los rayos cósmicos galácticos (GCR, en sus siglas en inglés) y las partículas solares energéticas (SEP).

"Las partículas solares energéticas se producen de manera esporádica, durante las erupciones y eyecciones de masa coronal. Tienen lugar preferentemente durante el máximo de actividad que sucede cada 11 años en el ciclo solar", explica a este diario Rafael Bachiller, director del Observatorio Astronómico Nacional.

Ahora estamos en un máximo solar. Aunque es posible programar el viaje de manera que coincida con un mínimo solar, "el problema es que, como muestra este estudio, la radiación solar sólo constituye un 5,4% de cantidad total recibida por 'Curiosity'. Casi el 95% procede de los rayos cósmicos, que son continuos, omnipresentes y más penetrantes".

"En la actualidad se están llevando proyectos de investigación en diversos frentes que incluyen estudios en biología, conseguir mejores sistemas de propulsión para reducir el tiempo que se pasa en el espacio, desarrollar mejores materiales que actúen como escudo portector y también entender mejor los riesgos para la salud derivados de una exposición a la radiación espacial", explica Cary Zeitlin.

Efectos de la radiación

Cristina Picón explica que la radiación tiene dos efectos para las personas. Por un lado, un efecto agudo. "Al exponerte a una cierta dosis tienes una reacción, que puede ir desde el enrojecimiento de la piel a heridas o a una catarata en el ojo. Si la dosis es muy alta puede causar la muerte", señala. Por otro lado tiene también un efecto probabilístico: "Las mutaciones de las células se producen de forma aleatoria, probabilística. Y la radiación hace que aumente la posibilidad de sufrir un cáncer. Pero no hay una dosis que sea el umbral. Por eso es tan difícil poner límites", añade.

"Los estudios sostienen que por debajo de los 100 milisieverts no hay un aumento significativo de las probabilidades de sufrir un cáncer que todo el mundo tiene debido a distintos factores, como la genética", añade. La científica destaca que todavía se sabe poco sobre este campo, así que "las legislaciones son muy prudentes y conservadores porque intentan proteger a la población. Casi todo lo que sabemos sobre los efectos de la radiación es por Hiroshima", afirma.

Para Rafael Bachiller, este estudio sobre la radiación espacial pone de manifiesto que "es imprescindible seguir investigando en nuevas técnicas de apantallamiento y en sistemas de propulsión más potentes que permitan acortar la duración del viaje".

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