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A su regreso, los astronautas del Apolo 11 trajeron consigo muestras lunares que ayudaron a entender mejor cómo se formó nuestro planeta. La revista Science reivindica la importancia de esas rocas en un especial sobre el cincuenta aniversario del alunizaje en el que también se destaca el papel de China en el futuro de la exploración espacial.





Cuando los astronautas Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins regresaron a la Tierra tras su histórico alunizaje, no lo hicieron solos. Había algo más en la nave. No se trata del comienzo de Alien: el octavo pasajero, nos referimos a las rocas lunares.

Cincuenta años después, las muestras tomadas por las misiones Apolo y Luna han transformado nuestra visión sobre cómo se forman los planetas, incluido el nuestro. Hoy Science publica un número especial sobre el cincuenta aniversario del alunizaje y dedica una revisión a revindicar la importancia de estas muestras, cuyo trabajo todavía no ha terminado.

“Las muestras lunares aportaron evidencias de que la formación de planetas es muy violenta”, dice Richard Carlson

“Las muestras lunares aportaron evidencias convincentes de que la formación de planetas es muy violenta”, resume a Sinc Richard Carlson, investigador del Carnegie Institution for Science y autor de la revisión. “Esto cambió por completo nuestra visión de estos procesos, que antes del Apolo se consideraban relativamente fríos y provocados por la lenta acumulación de pequeños objetos”.




Portada de la revista Nature con la foto tomada por Buzz Aldrin de la sombra de Neil Armstrong sobre la superficie de la Luna. / NASA

El interés de las rocas lunares para entender nuestro propio planeta reside en su edad. “La mayoría de la superficie terrestre es bastante joven en términos geológicos, de apenas 200 millones de años”, comenta Carlson. El Sistema Solar comenzó su nacimiento hace 4 567 millones de años, pero es muy raro encontrar rocas en la superficie de la Tierra con una antigüedad superior a los 3.600 millones de años.

Esto es debido a que vivimos en un planeta ‘vivo’, activo geológicamente. El precio a pagar es que cualquier registro de los procesos implicados en su formación hace tiempo que fue eliminado por esta actividad continua. Por suerte, siempre podemos mirar hacia la Luna. “La mayoría de la superficie lunar tiene más de 4.000 millones de años, y algunas partes se acercan a los 4.400”, asegura el investigador.

La superficie lunar tiene más de 4.000 millones de años. Nuestro planeta está geológicamente vivo y es raro encontrar rocas de más de 3.600 millones de años

Por ello, el valor de las muestras que trajeron de vuelta las misiones Apolo y las soviéticas es incalculable. Según Carlson, “la Luna ‘recuerda’ los procesos implicados en la formación planetaria que la Tierra ha olvidado”.

Uno de los procesos que la Luna recuerda es, por supuesto, el de su propia formación. “[Nuestro satélite] se originó cuando un gran objeto, del tamaño de Marte, golpeó la proto-Tierra. Un impacto de tal magnitud provocó muchos cambios en la composición de la Tierra”, detalla el experto. Por ejemplo, la pérdida de componentes volátiles como el agua. Nuestro joven planeta ya no sería igual a como era antes del choque.

Estudiar la Luna: lo estás haciendo mal

Las muestras lunares no solo nos han enseñado mucho sobre nuestro hogar: también han revelado información valiosa sobre el suyo. “Los modelos sobre la naturaleza de la Luna anteriores al alunizaje eran incorrectos”, asegura Carlson. Hasta entonces se creía que el satélite se formó en frío, y que las cuencas oscuras representaban viejos océanos cuya agua se había evaporado hacía mucho.


Gracias a las muestras tomadas por el Apolo 11, se descubrió que la Luna se había formado en caliente, probablemente fundida

Gracias a las primeras muestras tomadas por el Apolo 11 se descubrió que la Luna se había formado en caliente, “probablemente fundida”. Su gruesa corteza se separó por la flotación de cristales formados en un océano de magma en enfriamiento, en un proceso que el autor compara con el de los icebergs en el océano.

Las cuencas tampoco eran las cicatrices de océanos muertos, sino cráteres que fueron resultado de los impactos de enormes meteoritos. El investigador explica que “son oscuras porque están rellenadas con la lava que erupcionó mucho después de que se formaran”. Precisamente estos impactos también revelan mucha información: “La superficie lunar es tan vieja que ha registrado la mayor parte de la historia del bombardeo de meteoritos del Sistema Solar interior”.

Este registro nos cuenta que los impactos de meteoritos eran muy comunes en el joven Sistema Solar, tanto que habrían actuado como un “agente esterilizante” de cualquier forma de vida temprana que hubiera intentado aparecer. También sirve para estudiar otros planetas: “Los cráteres lunares, cuya edad se ha determinado gracias a las muestras, nos permiten calibrar la antigüedad de las superficies de Marte y Mercurio según la densidad de cráteres”.
Todavía mucho por aprender


Nuevos análisis permitieron detectar agua en las muestras, lo cual obligó a reexaminar los modelos sobre la formación de los planetas

Entre 1969 y 1972, las misiones Apolo recogieron 2 200 rocas con un peso de 382 kg, que más tarde fueron procesadas en más de 11 000 muestras. Podríamos pensar que estas ya han revelado todos los datos que podían, pero Carlson defiende en su texto que todavía tienen mucho por enseñarnos sobre la formación y geología de otros mundos.

“Se desarrollan nuevas técnicas todo el tiempo”, asegura. Las limitaciones tecnológicas provocaron que, aunque las muestras se tomaron hace 50 años, no pudieran revelar todos sus secretos inmediatamente. Y pone como ejemplo el descubrimiento de agua lunar.

“Cuando las muestras se tomaron las técnicas analíticas de entonces no pudieron detectar la presencia de agua en ninguna de ellas”, explica. Esto reforzó la idea de que la Luna era un ambiente árido y que toda el agua se evaporó en el gran impacto que le dio origen.

Hoy sabemos que esto es falso. “Hace una década, nuevas técnicas desarrolladas permitieron detectar agua en estas muestras, a concentraciones muy bajas”. La Luna es seca, pero no está completamente libre de agua. “Esto nos ha obligado a reexaminar nuestros modelos sobre la formación de los planetas y cómo estos pueden retener líquido durante su formación”, añade el geólogo. El tiempo dirá si estas muestras ya cincuentonas todavía albergan secretos en su interior.



El futuro de la exploración pasa por China

El especial de Science también analiza el papel del gigante asiático en el futuro de la exploración lunar. Este mismo año, el Programa para la Exploración Lunar de China (CLEP) envió con éxito la sonda Chang’E-4 y el rover Yutu-2 a la cara oculta de nuestro satélite, que también tomó muestras de rocas.

En un artículo firmado por varios investigadores de la Academia China de Ciencias, se destaca que el programa asiático ha sentado las bases para el futuro a través de sus cuatro misiones exitosas. Todo esto, a pesar de su juventud.

“Así como el programa Apolo tuvo un papel positivo en el desarrollo de la sociedad humana, China trabajará con países de todo el mundo en sus proyectos de exploración espacial y lunar para construir un mejor futuro para la humanidad”, escriben los autores. En la próxima década, el CLEP enviará otras tres misiones a la Luna con el objetivo último de construir una base de investigación.

SINC
La sonda Mars Express de la ESA lleva desde el 13 de septiembre observando la evolución de una nube alargada junto al volcán Arsia Mons, de 20 km de altura, que se halla cerca del ecuador marciano.

A pesar de su situación, esta formación atmosférica no se debe a actividad volcánica, sino que se trata de una nube de hielo de agua influida por el efecto de la pendiente del volcán a sotavento en el flujo de aire: lo que los científicos denominan una nube orográfica o “nube a sotavento”, un fenómeno regular en esta región.

La nube puede apreciarse en esta vista capturada el 10 de octubre por la Cámara de Seguimiento Visual (VMC) de Mars Express, que la ha fotografiado cientos de veces en las últimas semanas. Se trata de una formación elongada y de color blanco que se extiende a lo largo de 1.500 km hacia el oeste de Arsia Mons. A modo de comparación, cabe destacar que el diámetro de este volcán cónico es de unos 250 km. Aquí se puede consultar una vista etiquetada de la región.

Marte experimentó el solsticio de invierno en su hemisferio norte el pasado 16 de octubre. En los meses previos, la mayoría de la actividad nubosa desaparece de los grandes volcanes, como Arsia Mons, cuya cumbre permanece cubierta por nubes durante el resto del año marciano.

No obstante, se sabe que en el flanco suroeste de este volcán se forma una nube de hielo de agua, como la que vemos en la imagen, de forma estacional y recurrente. Mars Express y otras misiones ya la habían observado en 2009, 2012 y 2015.




Cloud on 21 September

El aspecto de la nube cambia a lo largo del día marciano, elongándose en el sentido del viento durante la mañana, alejándose del volcán y casi en paralelo al ecuador, hasta alcanzar un tamaño impresionante que hace que pueda verse hasta con telescopios en la Tierra.

La formación de nubes de hielo de agua se ve afectada por la cantidad de polvo presente en la atmósfera. Estas imágenes, obtenidas tras la gran tormenta de polvo que envolvió el planeta en junio y julio, ofrecerán información importante sobre el efecto del polvo en el desarrollo de la nube y su variabilidad a lo largo del año.

La nube alargada que flota cerca de Arsia Mons este año también ha sido observada con el espectrómetro cartográfico de luz visible e infrarrojo cercano, OMEGA, y la Cámara Estéreo de Alta Resolución (HRSC) de Mars Express, ofreciendo a los científicos distintos datos para estudiar el fenómeno.

El desarrollo de esta nube se puede seguir a través de las imágenes diarias enviadas por la VMC:

https://www.flickr.com/photos/esa_marswebcam/




Cloud on 17 Septembersa

esa

La tormenta de polvo en el planeta rojo es tan intensa que podría entorpecer las comunicaciones del robot con la Tierra de forma permanente.



Tras haber arribado en 2004 a Marte, el robot Opportunity de la NASA enfrenta una de las peores adversidades que tenido hasta ahora: una tormenta de polvo que amenaza sus comunicaciones con la Tierra de forma permanente. La tormenta de polvo que se empezó a formar desde el 3 de junio es ya tan intensa que parece casi de noche, de acuerdo con una fuente de la NASA familiarizada con el asunto, según recoge The Verge.

Lo anterior ha impedido que la luz del Sol alcance los paneles solares del Opportunity, los cuales generan la energía con la que carga su batería interna. Por tal razón, el robot está usando sus reservas de batería y existe la posibilidad de que el voltaje sea demasiado bajo y no pueda comunicarse con los ingenieros en la Tierra durante el resto de la tormenta.

La amenaza de un fatal enfriamiento

A falta de luz solar, una de las cuestiones que también le preocupa a los científicos e ingenieros de la NASA es si el Opportunity se está enfriando demasiado durante la tormenta de polvo. Opportunity puede calentar su batería moviéndose un poco cada día pero si la reserva de energía de su batería es muy baja, corre peligro no conseguirlo

Con tan solo moverse un poco cada día puede calentar su batería lo suficiente como para funcionar en el gélido ambiente de Marte, pero si las reservas son demasiado bajas, corre el peligro de no poder realizar movimiento alguno por el resto de la tormenta. Si bien cuenta con calentadores que pueden proporcionar la calidez necesaria en caso de que la temperatura de la batería baje demasiado, también necesitan energía para funcionar.

A medida que el Opportunity haga mayor uso del almacenamiento de la batería, entrará en el llamado "modo de baja potencia", en el que funciona con un piloto automático que permanece apagado la mayor parte del día y solo despierta durante ciertas ventanas de tiempo predefinidas para escuchar los comandos de la Tierra. 

Comunicaciones en peligro 

Existe la posibilidad de que la potencia fuera tan baja que se saltara el "modo de falla de baja potencia" y entrara en un apagón gradual

Según la fuente de la NASA contactada por el medio estadounidense, los ingenieros creen que, por ahora, el robot todavía no llega al "modo de falla de baja potencia". Sin embargo, cabe la posibilidad de que la potencia haya disminuido a tal grado que se saltara por completo el modo de falla y haya entrado directamente en un apagón gradual.

De ser esa la situación, hay dos posibilidades. La primera, que no se comunique por un tiempo y, la segunda, que solo se comunique esporádicamente cuando reúna suficiente energía durante períodos de tiempo más largos.

En el peor de los casos, si pierde la comunicación con la Tierra, los ingenieros de la NASA no tendrán forma de averiguar en qué tipo de condición se encuentra el Opportunity. Si hace demasiado frío, puede estar en peligro de romperse. En 2010, las bajas temperaturas causaron que el gemelo de Opportunity, el Spirit Rover, dejara de funcionar en Marte.

Cabe destacar que el autómata lleva 14 años cuando su misión original era de tan solo tres meses y ya en 2007 sobrevivió una tormenta de polvo en el planeta rojo. Sin embargo, aquella ocasión no fue tan fuerte como la de ahora.

La actual tormenta podría ir creciendo de tamaño y eventualmente abarcar casi todo el globo marciano. De ser así, podría durar hasta un mes o más, como aquella tormenta de 2007.

Por el lado positivo, el Opportunity se encuentra cerca del ecuador en Marte, donde el verano está por comenzar. Además, estas tormentas también pueden actuar como una gran manta atmosférica y absorber el calor del Sol, lo que calentaría al planeta rojo.

Ante este panorama, la NASA ha pedido ayuda a Deep Space Network, un sistema global de antenas de comunicación, para escuchar mejor las transmisiones del robot. No obstante, los científicos no tienen de momento más opción que esperar a que la tormenta pase para comprobar el estado en el que finalmente se encontrará el androide



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Los niveles de metano atmosférico en Marte varían según las estaciones, con máximos a finales del verano en el hemisferio norte y del invierno en el sur, según confirman las mediciones realizadas por el vehículo Curiosity en el cráter Gale durante cinco años. La fuente de este gas, que en la Tierra producen habitualmente los seres vivos, sigue siendo un misterio, aunque se podría estar liberando desde cristales hidratados del subsuelo marciano. El rover también ha encontrado restos de materia orgánica en rocas de hace 3.000 millones de años.



La mayor parte del gas metano que hay en la Tierra tiene un origen biológico, pero se desconoce de dónde procede el detectado en la atmósfera de Marte desde hace casi 20 años. Se han propuesto varias teorías, como su formación por parte de seres vivos (metanogénesis), la degradación de compuestos orgánicos por rayos ultravioleta o interacciones químicas entre el agua y las rocas.

Ahora, un equipo internacional de investigadores liderado desde el Jet Propulsion Laboratory de la NASA y en el que participa el Centro de Astrobiología (CAB, centro mixto CSIC-INTA), presenta por primera vez la detección de un ciclo estacional en las concentraciones de metano marciano.

El estudio, publicado esta semana en Science, se ha realizado durante cinco años con el espectrómetro TLS-SAM (Tunable Laser Spectrometer - Sample Analysis at Mars) a bordo del rover Curiosity de la NASA, que se encuentra en el cráter Gale desde agosto de 2012.

Se presenta por primera vez la detección de un ciclo estacional en las concentraciones del metano marciano, con picos a finales del verano o invierno según el hemisferio

La concentración promedio de metano detectada por TLS-SAM en la atmósfera es muy baja, de alrededor de 0,4 ppb (partes por billón), aunque oscila entre 0,24 y 0,65 ppb. Se ha observado una fuerte y repetida variabilidad estacional, que alcanza niveles mínimos en los solsticios, y máximos a finales del verano en el hemisferio norte y cuando acaba el invierno en el hemisferio sur.

Los modelos actuales no son capaces de explicar a qué se debe esta variabilidad estacional, pero los autores han podido descartar numerosas fuentes potenciales y sugieren que grandes cantidades de metano pueden estar almacenadas en el subsuelo marciano en cristales hidratados llamados clatratos. Los cambios estacionales en la temperatura podrían causar la liberación fluctuante del gas.

Daniel Viúdez, coautor del trabajo e investigador del CAB, explica que una de las más teorías más aceptadas es la emisión de metano por clatratos: “Hace millones de años, grandes cantidades de metano quedarían atrapadas en el subsuelo bajo ciertas condiciones en estos compuestos que, con el cambio a las condiciones presentes de Marte, se habrían vuelto inestables, y estarían liberando lentamente el gas atrapado en el pasado”.

En esta línea, Curiosity seguirá realizando mediciones, que serán complementadas desde órbita por la reciente llegada de la misión Exomars-TGO (Trace Gas Orbiter) de la Agencia Espacial Europea (ESA). Este orbitador tiene la mayor sensibilidad para detectar metano de cualquier instrumento enviado a Marte hasta la fecha, y acaba de posicionarse en su órbita de trabajo, a 400 km sobre la superficie, para comenzar a observar a escala planetaria la presencia, difusión, desaparición de moléculas que están en cantidades muy pequeñas, como el metano. Los científicos confían obtener resultados y descubrir la fuente del metano marciano en los próximos años.

Observaciones sorprendentes de Curiosity

Para María Paz Zorzano, también coautora del trabajo e investigadora del CAB, “las observaciones del Curiosity son extraordinarias y sorprendentes. Después de más de cinco años de operación en la superficie de Marte encontramos pequeñas concentraciones de metano siempre que medimos. Y aún más sorprendente es que su variación anual tenga cierta relación con algunas variables atmosféricas, sugiriendo que existe un proceso físico-químico activo en la actualidad, que no ha sido descrito hasta la fecha”.

Grandes cantidades de metano podrían estar almacenadas en cristales clatratos del subsuelo, liberándose con los cambios de temperatura a lo largo de las estaciones

Con el fin de entender el origen del metano, se ha intentado relacionar las detecciones de TLS-SAM con variables atmosféricas medidas por otro instrumento del rover, el instrumento español REMS, cuyo Investigador Principal es Javier Gómez Elvira, coautor y miembro del CAB.

REMS (Rover Environmental Monitoring Station) es una estación medioambiental desarrollada en el CAB, que lleva midiendo desde el 2012 diferentes variables atmosféricas en el cráter Gale: la velocidad y dirección del viento, la presión atmosférica, la temperatura del aire, la temperatura del suelo, la humedad relativa y el nivel de radiación ultravioleta en la superficie.

Otro coautor e investigador del CAB, Jorge Pla-García, ha contrastado los modelos atmosféricos con los datos. Según indica, “la buena concordancia simulaciones-observaciones nos da la confianza para utilizar el modelo a la hora de investigar, tanto el entorno meteorológico de toda la región del cráter Gale, como la evolución del metano detectado por TLS-SAM”.

Estas correlaciones han permitido acotar la ubicación de la fuente de emisión del metano, pero se necesitará una mayor cantidad de datos para poder entender el origen y la química del metano marciano.

Curiosity también ha encontrado material orgánico en arcillas marcianas de hace 3.000 millones de años

Material orgánico antiguo

En el mismo número de la revista Science aparece otro artículo, coordinado desde el centro de vuelo espacial Goddard de la NASA, donde sus autores informan que han encontrado materiales orgánicos (como tiofeno, metanotiol y dimetilsulfuro) en arcillas marcianas de hace 3.000 millones de años. Estas rocas antiguas recuerdan a las sedimentarias ricas en compuestos orgánicos que se encuentran en la Tierra.

En 2014 Curiosity ya había encontrado materia orgánica en el suelo marciano, y este nuevo estudio lo corrobora, sugiriendo que en el planeta rojo podría haber tenido vida en el pasado. Pero los autores son prudentes: tanto la presencia de materia orgánica como el metano no son necesariamente pruebas de la vida misma. Los dos componentes se pueden producir por procesos no biológicos. En cualquier caso, son una buena señal para las futuras misiones de exploración de la superficie y el subsuelo marcianos.

"Con estos nuevos hallazgos, Marte nos está diciendo que sigamos adelante y buscando evidencias de vida", destaca Thomas Zurbuchen, administrador asociado de la Dirección de Misión Científica de la NASA, que concluye: "Confío en que tanto nuestras misiones actuales como las planeadas llevarán a descubrimientos aún más impresionantes en el planeta rojo".

El ciclo estacional del metano en Marte




Crédito: NASA / JPL-Caltech

Formas en las que el metano del subsuelo marciano podría llegar a la superficie, donde su absorción y liberación podría producir una gran variación estacional en la atmósfera como la observada por Curiosity. Las posibles fuentes podrían ser la metanogénesis, la degradación de los compuestos orgánicos por luz ultravioleta o interacciones químicas entre el agua y las rocas; y sus pérdidas incluyen la fotoquímica atmosférica y reacciones superficiales. Gráfico referido a estaciones del hemisferio norte con datos procedentes del instrumento TLSSAM de Curiosity durante tres años marcianos (casi 5 años terrestres).



SINC

New Horizons, la sonda de la NASA que exploró Plutón, se dirige ahora hacia su próximo destino: Ultima Thule, un objeto helado y lejano del cinturón de Kuiper.




Tras su exitoso paso por Plutón, la sonda New Horizons prosigue su camino hacia su próximo destino. El próximo 1 de enero de 2019, si todo sale según lo previsto, la nave de la NASA llegará a Ultima Thule, el objeto más lejano jamás explorado por la humanidad. Este pequeño y helado astro, que anteriormente era conocido con la denominación técnica de 2014 MU69, está situado en el cinturón de Kuiper. El próximo 1 de enero de 2019, New Horizons explorará Ultima Thule, un astro helado del cinturón de Kuiper

El buen estado de la sonda y el hecho de que aún contara con suficiente combustible fueron las razones clave para que la NASA decidiera ampliar la misión hacia su nuevo destino. Después de los últimos seis meses de hibernación, New Horizons ha despertado a casi seis mil millones de kilómetros de la Tierra. Le quedan por el momento otros seis meses hasta alcanzar a Ultima Thule, cuya nombre significa "más allá de las fronteras del mundo conocido". La nave llevaba seis meses en hibernación y dispondrá de otro medio año para recorrer los 262 millones de kilómetros que le separan de su próximo destino

La sonda de la NASA entró en el modo de hibernación inicialmente en abril de 2017, con el fin de ahorrar recursos y tiempo del equipo de científicos que coordinan la misión. Los investigadores decidieron despertar a la nave el pasado mes de septiembre para realizar una serie de observaciones sobre el cinturón de Kuiper. Posteriormente, en diciembre del año pasado, sus sistemas de a bordo se volvieron a apagar, una inactividad aprovechada por el equipo de la agencia espacial norteamericana para preparar mejor el viaje hacia Ultima Thule, sin tener que preocuparse de todos los detalles del funcionamiento de New Horizons.

Durante su período de hibernación, la sonda solo enviaba un mensaje de vuelta a la Tierra cada lunes sobre su situación general. El 5 de junio a las 2:12 a.m. EDT los científicos del Laboratorio de Física Aplicada Johns Hopkins de la NASA recibieron la señal —a través de la Deep Space Network de la agencia espacial norteamericana— de que New Horizons había despertado correctamente.

La nave se localiza a 262 millones de kilómetros de Ultima Thule, un destino al que se acerca a diario recortando algo más de un millón de kilómetros cada veinticuatro horas. A partir de ahora comenzará a recopilar información científica y, el próximo octubre, realizará unos cambios de maniobras para explorar su próximo destino en Año Nuevo.



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  • La misión Dawn está en Ceres desde 2015.
  • Los investigadores han acercado la nave hasta 50 kilómetros de la superficie del planeta enano.




La nave espacial Dawn de la NASA está maniobrando a su órbita más baja para examinar al único planeta enano del sistema solar interior, Ceres.

Estos primeros días de junio Dawn alcanzará su nueva órbita final sobre el planeta. Poco después, comenzará a recopilar imágenes y otros datos científicos desde un punto de vista sin precedentes. La órbita estará a menos de 50 kilómetros sobre la superficie de Ceres, 10 veces más cerca de lo que jamás ha estado la sonda.

Esta misión ayudará a los científicos a comprender las variaciones en la composición química de la capa superior de Ceres con los espectros de rayos gamma y neutros que recogerá la sonda Dawn. La órbita baja también permitirá obtener algunas de las imágenes más cercanas de la misión.

Cambio de órbita 
Trazaron más de 45.000 posibles trayectos

El cambio de órbita no ha sido sencillo. El equipo de operaciones de Dawn trabajó durante meses para trazar el rumbo de esta segunda misión extendida de la nave espacial, propulsada por un motor iónico. Los investigadores trazaron más de 45.000 posibles trayectorias antes de diseñar un plan que permita las mejores observaciones científicas.

"El equipo está esperando ansiosamente la composición detallada y las imágenes de alta resolución del este examen más cercano", comentó la investigadora principal de Dawn, Carol Raymond, del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en Pasadena, California. "Estos nuevos datos de alta resolución nos permiten probar teorías formuladas a partir de los conjuntos de datos anteriores y descubrir nuevas características de este fascinante planeta enano". 

Dawn

La sonda Dawn se lanzó en 2007 y ha estado explorando los dos cuerpos más grandes en el cinturón principal de asteroides entre Marte y Júpiter, Vesta y Ceres, para descubrir nuevos conocimientos sobre el sistema solar. Entró en la órbita de Ceres en marzo de 2015.

Estaba previsto, en un primer momento, que la misión terminara a finales de julio de 2016. Sin embargo, la NASA decidió acercarse más a Ceres hasta acabar con el combustible de la nave espacial, situación que prevén que sucederá durante la segunda mitad de este año. Y, mientras, los científicos obtendrán más información sobre este planeta enano.


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Hace 15 años, la sonda Mars Express de la ESA fue lanzada con el fin de investigar el Planeta Rojo. Para conmemorar la fecha, aquí tenemos una vista espectacular de Marte que nos muestra, de horizonte a horizonte, una de las regiones más enigmáticas del planeta.

Mars Express despegó de Baikonur (Kazajistán) un 2 de junio de 2003 rumbo a su viaje de exploración de nuestro planeta vecino. En estos 15 años, se ha convertido en una de las misiones más exitosas jamás enviadas a Marte, como demuestra esta impactante imagen de la región de Tharsis.

Con gigantescos volcanes, profundos cañones y terreno fracturado, Tharsis es una de las zonas geológicamente más interesantes y exploradas de la superficie del planeta. En el pasado fue una zona muy activa, con vulcanismo y movimientos tectónicos, por lo que en ella encontramos la mayoría de grandes volcanes del planeta, los más grandes de todo el Sistema Solar.

Esta vista, capturada por la Cámara Estéreo de Alta Resolución de Mars Express en octubre de 2017, muestra la región en todo su esplendor.

Abarca desde el horizonte superior del planeta, marcado por el tono azulado en el extremo de la imagen, pasando por una red de pálidas fisuras denominada Noctis Labyrinthus (una parte de Valles Marineris que se extiende hasta la esquina superior izquierda de la imagen), Ascraeus Mons y Pavonis Mons (dos de los cuatro grandes volcanes de Tharsis, con más de 20 km de altura), hasta llegar al casquete polar norte del planeta que, en esta perspectiva, se encuentra en la parte inferior izquierda.

Situada junto al ecuador marciano, Tharsis ocupa aproximadamente un cuarto de la superficie del planeta y se cree que desempeñó un papel importante en su historia. Atraviesa los límites entre las tierras altas meridionales y las tierras bajas septentrionales.

La elevación en Marte se define con relación a donde la gravedad es igual a la media en el ecuador marciano. De esta forma, se utiliza a modo de ‘nivel del mar’, aunque no haya mares como tales.

La mayoría de la región de Tharsis se encuentra por encima de la media, a una altitud de entre 2 y 10 km. Es probable que la provincia se formara a medida que columnas de roca derretida (magma) en forma de seta iban extendiéndose bajo la superficie viscosa, creando flujos de filtración, cámaras de magma y grandes regiones rocosas como Tharsis, y contribuyendo al vulcanismo desde el interior.


Mapa de la ubicación de Tharsis en Marte

Tharsis también está relacionada con la formación del famoso Valles Marineris, que es unas cuatro veces más largo y profundo que el Gran Cañón del Colorado (Estados Unidos) y constituye el sistema de cañones más largo descubierto en el Sistema Solar. Puede verse en parte formando ramificaciones oscuras en la parte superior izquierda de la imagen.

A medida que el magma llenaba el subsuelo de la región de Tharsis, la tensión hizo que ciertas áreas se quebrasen y fracturasen. A continuación, la roca derretida inundó esas fracturas y desestabilizó y separó aún más ciertas regiones de la corteza, provocando las anchas fosas y fisuras que hoy vemos en Valles Marineris, así como la intrincada red de Noctis Labyrinthus, que se encuentra en el extremo occidental del sistema de cañones.

La nueva vista muestra los volcanes Pavonis Mons (parte superior derecha), Ascraeus Mons (justo debajo), Alba Mons (hacia la esquina inferior izquierda) y un pequeño fragmento de Olympus Mons (en la parte inferior derecha, que continúa fuera de plano) en tonos marrones; aquí se puede consultar una vista etiquetada de la región. La ubicación de esta sección de la superficie marciana también se muestra en un mapa contextual del planeta y un mapa topográfico.


Topografía de Tharsis en Marte

Esta última vista muestra las áreas más elevadas en rojo y las más bajas en tonos azules y verdes, ilustrando la diferencia de altitud entre el norte y el sur de Marte.

Mars Express lleva 15 años mostrándonos la belleza y la variedad de Marte, y aún se mantiene fuerte.

Además de innumerables vistas tan espectaculares como esta, la sonda ha producido mapas globales de la actividad geológica, el agua, el vulcanismo y los minerales del planeta, y ha proporcionado datos suficientes para generar miles de imágenes tridimensionales de la superficie. Ha estudiado sus volcanes, cañones, polos helados y antiguos cráteres de impacto; ha estudiado el subsuelo por radar; ha explorado la atmósfera marciana, detectando signos de ozono y metano, efímeras capas de nubes y potentes tormentas de polvo. La nave ha visto cómo partículas cargadas escapaban al espacio y ha examinado las lunas marcianas Fobos y Deimos. Ha identificado con éxito valles fluviales secos, restos de catastróficas inundaciones y glaciares sepultados.

Los últimos 15 años de observaciones de Mars Express han contribuido significativamente a la nueva imagen de Marte como planeta habitable en el pasado, con épocas más cálidas y húmedas que podrían haber actuado como oasis para la vida marciana. Estos hallazgos han sentado las bases para las misiones de detección de signos de vida en el planeta, como las dos misiones del programa ExoMars de la ESA y Roscosmos.

Entretanto, a bordo de Mars Express, una innovadora actualización de software acaba de ‘rejuvenecer’ la nave.

Una vez activado con éxito el nuevo software cargado en la nave el 16 de abril y superadas las pruebas de vuelo posteriores, Mars Express reanudó las operaciones científicas el 27 de abril. Este software, desarrollado por la ESA, era necesario para compensar el potencial desgaste por antigüedad de los seis giroscopios del satélite, que miden cuánto gira Mars Express sobre cualquiera de sus tres ejes. Desde el 16 de mayo, la nave está funcionando con los giroscopios prácticamente desactivados. El ajuste preciso del nuevo software tendrá lugar en los próximos meses.

Esta implementación constituye un importante hito operativo para la misión, ya que alarga la vida de Mars Express, posiblemente hasta mediados de la década de 2020.



esa

El próximo cazador de planetas de la NASA, el satélite astronómico TESS (Transiting Exoplanet Survey Satellite) está un paso más cerca de comenzar a buscar nuevos mundos, dado que hace unos días completó con éxito un sobrevuelo lunar que era necesario hacer como parte de las maniobras que la situarán en la órbita idónea para desempeñar su trabajo. La nave pasó a unos 8.000 kilómetros de la Luna. Ello le proporcionó al TESS una asistencia gravitatoria que lo ayudó a navegar hacia su órbita de trabajo final.

 La imagen de prueba de una de las cuatro cámaras a bordo del TESS. (Foto: NASA/MIT/TESS)

En el proceso de puesta en marcha de las cámaras de a bordo, el equipo científico obtuvo una foto de prueba, cuya exposición fue de dos segundos de duración y para la que usó una de las cuatro cámaras disponibles a bordo del TESS. La imagen, centrada en la constelación del Centauro en el hemisferio sur, muestra más de 200.000 estrellas. Se pretende que TESS cubra con sus cuatro cámaras unas 400 veces más cielo que el mostrado en esta imagen, durante los dos años de su búsqueda inicial de exoplanetas. Se espera que la primera imagen de calidad científica sea presentada en junio.

TESS ejecutará su último encendido de corrección de trayectoria el 30 de mayo, cuando entrará en su órbita científica alrededor de la Tierra. Esta órbita extremadamente elíptica aumentará la cantidad de cielo fotografiable por el vehículo, permitiéndole observar de forma continua grandes franjas del cielo. Se espera que el TESS empiece sus operaciones científicas a mediados de junio, tras alcanzar su órbita y completar las calibraciones de las cámaras.

Lanzado desde la base de Cabo Cañaveral de la Fuerza Aérea estadounidense en Florida, el 18 de abril, el TESS es el próximo paso de la búsqueda de planetas situados fuera de nuestro sistema solar (exoplanetas) de la NASA. En la misión se observará casi todo el cielo, vigilando estrellas cercanas y brillantes en busca de tránsitos. Estos son disminuciones periódicas en el brillo de una estrella causadas por el paso (tránsito) de un planeta por delante de ella. Se espera que el TESS encuentre miles de exoplanetas. El futuro telescopio espacial James Webb de la NASA, programado para un lanzamiento en 2020, proporcionará importantes observaciones de seguimiento de algunos de los exoplanetas más prometedores descubiertos por el TESS, permitiendo a los científicos estudiar sus atmósferas.

TESS es una misión estadounidense, con participación internacional, gestionada por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en Cambridge, y el Centro Goddard de Vuelos Espaciales de la NASA en Greenbelt, Maryland.



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El satélite Mars Cube One B, apodado Wall-E, capta una increíble imagen de la Tierra y la Luna, recreando la fotografía del "punto azul pálido" tomada en su día por la Voyager-1.





A principios de mayo la NASA envió al espacio la misión InSight, con el objetivo de explorar por primera vez el corazón de Marte. Junto a la sonda, a bordo del cohete Atlas V, viajaban un par de pequeños satélite CubeSat, denominados Mars Cube One (MarCO), con los que la agencia espacial norteamericana pretende probar las comunicaciones en el espacio profundo. Tras el exitoso despegue desde California, las minúsculas naves —apodadas Wall-E y Eva— enviaron su primer saludo de vuelta a la Tierra para confirmar su buen funcionamiento. La imagen de la Tierra y la Luna ha sido captada a un millón de kilómetros de distancia y sirve para comprobar que la antena se ha desplegado correctamente

Ahora uno de los dos satélites, el Mars Cube One B (o simplemente MarCO B) ha tomado una imagen de nuestro planeta a un millón de kilómetros de distancia. La pequeña nave, a la que los científicos llaman cariñosamente Wall-E, ha utilizado su cámara de pez para retratar a la Tierra y a la Luna en una sola instantánea. Estas primeras pruebas permiten confirmar que la antena del satélite se ha desplegado correctamente. La fotografía captada por el satélite Wall-E recuerda a la del "punto azul pálido" (pale blue dot, en inglés) que captó en su día la misión Voyager 1. Aquella imagen, no obstante, se logró a 6.060 millones de kilómetros, una distancia récord superada recientemente por la sonda New Horizons. 




"Consideradlo como nuestro homenaje a la Voyager", ha dicho Andy Klesh, ingeniero jefe de la misión Mars Cube One de la NASA. El Jet Propulsion Laboratory construyó estos pequeños satélites, que normalmente orbitaban a la Tierra por debajo de los 800 kilómetros de altura. "CubeSats nunca han ido tan lejos en el espacio, por lo que es un gran hito. Ambas naves espaciales están en buen estado de salud y funcionando correctamente. Esperamos verlas viajar más lejos", ha comentado el investigador. Es la primera vez que dos satélites de este tipo viajan tan lejos: su objetivo es apoyar al robot InSight en su trabajo en Marte

Esta tecnología fue diseñada originalmente para estudiantes, pero hoy en día estos satélites cuentan con un gran interés comercial, según la NASA, al ofrecer datos ambientales o información sobre rutas de envío. La misión Mars Cube One se encargará de seguir a InSight en su entrada en la atmósfera de Marte, su descenso y su aterrizaje y de retransmitir los datos a la Tierra, aunque no será la única fuente de información que reciba la NASA, ya que la agencia también se apoyará en el trabajo del Mars Reconnaissance Orbiter (MRO).



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El helicóptero viajará a bordo del rover Mars 2020 para demostrar el potencial de este tipo de vehículos en el planeta rojo así como allanar el camino para sus futuros usos en todo el sistema solar.




La Agencia Espacial Estadounidense (NASA) ha enviado el helicóptero que viajará a bordo del rover Mars 2020 para demostrar el potencial de este tipo de vehículos en Marte. Asimismo, será la manera de allanar el camino para sus futuros usos en todo el sistema solar.

El helicóptero de Marte forma parte del proyecto de desarrollo del Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA y el hecho de explorar el planeta rojo con el llamado Mars Helicopter "ejemplifica un matrimonio exitoso de innovación científica y tecnológica y es una oportunidad única para avanzar en la exploración de Marte en el futuro", afirmó Thomas Zurbuchen, administrador asociado de la Dirección de Misión Científica de la NASA, en un comunicado.

El helicóptero tendrá las capacidades necesarias para operar en Marte como las células solares para cargar sus baterías de iones de litio y un mecanismo que permitirá mantenerlo caliente durante las noches frías en el planeta.

Hasta el momento, el récord de altitud que ha conseguido un helicóptero son alrededor de los 12.000 metros pero, en este caso, el helicóptero de Marte llegará a un equivalente de 30.000 metros de altura. "Para hacerlo volar a esa baja densidad atmosférica, tuvimos que examinar todo, hacerlo lo más ligero posible y al mismo tiempo ser tan fuerte y potente como sea posible", especificó Mimi Aung, gerente del proyecto Mars Helicopter en el JPL.

El vehículo volador que viajará al planta rojo ha sido diseñado durante cuatro años para tener un peso de menos de dos kilogramos y las cuchillas girarán en la atmósfera de Marte a casi 3.000 revoluciones por minuto, aproximadamente 10 veces mas que la velocidad de un helicóptero en la Tierra.

Cuando el rover llegue al planeta, se buscará la ubicación para lanzar el helicóptero y, una vez las baterías se hayan cargado y se hayan llevado a cabo diversas pruebas, se realizará el primer vuelo autónomo de la historia del Mars Helicopter.

"No tenemos un piloto y la Tierra estará a varios minutos luz de distancia, por lo que no hay forma de controlar esta misión en tiempo real", añadió Aung, "en cambio, tenemos una capacidad autónoma que podrá recibir e interpretar comandos desde tierra, y luego volar la misión por sí misma".

El proyecto puede ser la manera para que los helicópteros se conviertan en exploradores para vuelos bajos y los vehículos para llegar a lugares poco accesibles pero, en el caso de que no se consigan los resultados esperados, no se pondrá en peligro la misión rover 2020.

Mars 2020 se lanzará en el cohete Atlas V de United Launch Alliance (ULA) desde el Space Launch Complex 41 en la Estación de la Fuerza Aérea de Cabo Cañaveral en Florida y se espera que llegue a Marte en febrero de 2021. El rover llevará a cabo evaluaciones geológicas y buscará signos de vida marciana, además de evaluar los recursos naturales y los peligros para los humanos en Marte.



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Menos de dos semanas después de su lanzamiento, el satélite Sentinel-3B de Copernicus ya ha transmitido sus primeras imágenes de la Tierra. Estas imágenes, que superan todas las expectativas, incluyen una puesta de sol sobre la Antártida, hielo marino en el Ártico y una vista del norte de Europa.

La primera imagen, capturada el 7 de mayo a las 10:33 GMT (12:33 CEST), muestra el paso del día a la noche sobre el mar de Weddell en la Antártida. Ese mismo día, el satélite también capturó remolinos de hielo marino más allá de las costas de Groenlandia. Otra de las imágenes de este primer conjunto ofrece una vista poco común del norte de Europa libre de nubes.

Las fotografías fueron tomadas por el instrumento para el color de la Tierra y los océanos, que presenta 21 bandas, una resolución de 300 m y una anchura de barrido de 1.270 km. El instrumento puede emplearse para monitorizar la producción biológica acuática y la contaminación en el mar, además del estado de la vegetación en tierra.

Como señala Josef Aschbacher, director de los Programas de Observación de la Tierra de la ESA: ̋“Con el lanzamiento de Sentinel-3B se completa el primer conjunto de satélites de Copernicus”.

“Terminamos la fase de lanzamiento y órbita temprana en tiempo récord y ahora estamos trabajando en la puesta en servicio”.


Remolinos en Groenlandia

“Estas primeras imágenes del instrumento para el color de la Tierra y los océanos ya muestran que el satélite está listo para cumplir su misión proporcionando un flujo de datos medioambientales de alta calidad para mejorar nuestras vidas, promover la economía y proteger el planeta”.

Sentinel-3B fue lanzado desde Rusia el 25 de abril para unirse una vez en órbita con su gemelo Sentinel-3A. Este par de satélites aumenta la cobertura y la producción de datos para el programa medioambiental Copernicus de la Unión Europea.

Los dos satélites, que constituyen la misión insignia de Copernicus, transportan los mismos instrumentos con el fin medir sistemáticamente los océanos, la tierra, el hielo y la atmósfera de nuestro planeta.

Sobre los océanos, miden la temperatura, el color y la altura de la superficie marina, así como el grosor del hielo. Estas mediciones se utilizan, por ejemplo, para monitorizar los cambios en el clima terrestre y otras aplicaciones más prácticas, como vigilar la contaminación marina.

En tierra, esta innovadora misión monitoriza incendios, cartografía la forma en que se explota la tierra, vigila el estado de la vegetación y mide la altura de ríos y lagos.


Norte de Europa

La comisaria europea de Mercado Interior, Industria, Emprendimiento y Pymes, Elzbieta Bienkowska, afirma que este nuevo satélite “proporcionará imágenes valiosas sobre los cambios que se están experimentando en los océanos y en tierra”.

“La misión no solo agiliza nuestra respuesta ante los desastres naturales, también crea nuevas oportunidades de negocio. La observación de la Tierra es un mercado mayor de lo que podríamos creer, motor de descubrimientos en investigación, fuente de empleo de alta cualificación y promotor de aplicaciones y servicios innovadores”.

Bruno Berruti, responsable del proyecto Sentinel-3 de la ESA, ha expresado su enorme satisfacción al ver las primeras imágenes, que demuestran la buena salud del satélite:

“La ESA pasará los próximos cinco meses calibrando con sumo cuidado los instrumentos y preparando el satélite para su puesta en servicio, antes de hacer la entrega a Eumetsat, que se encargará de las operaciones rutinarias”.

Durante la fase de puesta en servicio, los dos satélites Sentinel-3 volarán en tándem, separados por unos 30 segundos.


Despegue de Sentinel-3B

A continuación, Sentinel-3B irá distanciando gradualmente hasta alcanzar su posición final, en la misma órbita pero con una separación de 140° respecto de Sentinel-3A.

Una vez en servicio, las operaciones satelitales se transferirán de la ESA a Eumetsat. A partir de ese momento, la ESA se ocupará de generar los productos terrestres y Eumetsat de los marinos, para su aplicación a través de los servicios de Copernicus.

Como apunta Alain Ratier, director general de Eumetsat: “La constelación Sentinel-3 constituye el eje central europeo para un sistema de vigilancia de los océanos desde el espacio”.

“Estas imágenes son la primera prueba de que Sentinel-3B cumplirá su promesa de inaugurar una nueva era de oceanografía operacional y de beneficios para la seguridad, las empresas y la industria”.

“Amplificarán las virtudes de la misión Sentinel-3 para la previsión oceánica y la economía azul”.

Sentinel-3B es el séptimo satélite Sentinel lanzado en el marco del programa Copernicus. Cada misión transporta tecnología punta para suministrar un flujo de datos e imágenes complementarios clave para la vigilancia del medio ambiente.


esa

  • Es la primera misión interplanetaria que despega desde la costa oeste de Estados Unidos.
  • El robot InSight explorará el interior profundo de Marte, donde permanecerá en activo hasta noviembre de 2020.



Todo ha salido según lo previsto. Pasadas las 7:05 h EDT (13:05 h CEST), la misión InSight despegaba con éxito desde la Base de la Fuerza Aérea Vandenberg con dirección al planeta rojo, donde se encargará de explorar por primera vez el interior profundo de Marte. Las condiciones meteorológicas, según anunció la compañía United Launch Alliance —propietaria del cohete Atlas V donde viaja ahora el robot geofísico—, eran 100% favorables minutos antes del lanzamiento, lo que hacía prever una nueva jornada exitosa para la exploración espacial. Es la primera misión interplanetaria que despega desde la costa oeste de Estados Unidos

Es la primera vez que la NASA lanza con éxito una misión interplanetaria desde la costa oeste de Estados Unidos. El logro ha sido posible gracias al uso de un cohete potente como el Atlas V y de la reducida carga que porta —el robot pesa algo menos de 700 kilogramos—. La misión emprende ahora un viaje de aproximadamente medio año, en el que recorrerá 485 millones de kilómetros hasta alcanzar el planeta rojo el próximo 26 de noviembre de 2018.

Será entonces cuando el robot InSight aterrice en la superficie marciana, donde comenzará su trabajo para tratar de detectar sismos en Marte, conocer cómo se forman sus volcanes o medir su temperatura interna. Una labor que los propios científicos han descrito como la medición de las constantes vitales del planeta rojo, lo que nos permitirá saber más acerca del origen y la evolución de los mundos rocosos del sistema solar, incluida la Tierra. InSight explorará el interior profundo de Marte, lo que nos ayudará a conocer el origen y la evolución de los planetas rocosos del sistema solar

Marte es, en palabras de la NASA, "el candidato perfecto para el estudio de la formación planetaria". Sus dimensiones y el hecho de que el interior haya permanecido aparentemente intacto —a diferencia de lo que sucede en la Tierra con la tectónica de placas, por ejemplo—, nos permitirá utilizar InSight como una auténtica "máquina del tiempo". El robot geofísico sondeará el corazón del planeta rojo, lo que ayudará a conocer cómo eran estos mundos hace miles de millones de años, durante 720 días. La NASA estima que la misión permanecerá en activo hasta noviembre de 2020, trabajando con todos los instrumentos científicos que porta, incluidos los sensores de viento y temperatura desarrollados en el madrileño Centro de Astrobiología.



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La ESA y la NASA firmaron ayer una declaración conjunta para explorar conceptos de cara a misiones para traer muestras de suelo marciano a la Tierra.

Los grandes descubrimientos de las misiones en órbita y sobre el suelo de Marte han transformado nuestra comprensión del Planeta Rojo, han arrojado luz sobre la formación de nuestro Sistema Solar y nos han ayudado a entender nuestro propio planeta. El siguiente paso es traer muestras a la Tierra para su análisis exhaustivo en los más modernos laboratorios, donde los resultados podrán verificarse de forma independiente y las muestras volverán a ser analizadas a medida que continúen evolucionando las técnicas de laboratorio.

Traer muestras marcianas a la Tierra no es tarea fácil: serán necesarias al menos tres misiones desde la Tierra y el lanzamiento de un cohete desde Marte, algo nunca visto.

Una primera misión de la NASA, Mars Rover 2020, recogerá muestras superficiales en recipientes del tamaño de un bolígrafo mientras explora el Planeta Rojo. Hasta 31 recipientes se llenarán y quedarán listos para su retirada: geocaché a nivel interplanetario

Al mismo tiempo, el robot ExoMars de la ESA, que llegará a Marte en 2021, perforará hasta dos metros por debajo de la superficie en busca de rastros de vida.

Una segunda misión con un pequeño robot de recogida aterrizaría cerca y retiraría las muestras en una operación de búsqueda y captura marciana. Este róver traería las muestras de vuelta a su módulo de aterrizaje y las colocaría en un Vehículo de Ascenso a Marte, un pequeño cohete que lanzaría el contenedor, del tamaño de un balón de fútbol, a la órbita marciana.

Un tercer lanzador desde la Tierra enviaría una nave a la órbita marciana, donde capturaría los recipientes con las muestras. Una vez recuperadas las muestras y cargadas en un vehículo de entrada a la Tierra, la nave regresaría y soltaría el vehículo, que aterrizaría en Estados Unidos. Allí se recuperarían las muestras y se pondrían en cuarentena para su análisis detallado por parte de un equipo de científicos internacionales.

La declaración firmada ayer durante la feria aeroespacial ILA Berlin por el director de Exploración Humana y Robótica de la ESA, David Parker, y el administrador asociado de la Dirección de Misiones Científicas de la NASA, Thomas Zurbuchen, subraya los papeles que podría desempeñar cada agencia y cómo podrían ofrecerse apoyo mutuo.

Como destaca David: “Una misión de recuperación de muestras marcianas es una visión tentadora, pero viable, que abarca muchos de los motivos de explorar el espacio”.

“Sin duda, la oportunidad de traer a la Tierra muestras puras y cuidadosamente escogidas del Planeta Rojo para su análisis en las instalaciones más avanzadas resulta muy atractiva para cualquier científico planetario. Reconstruir la historia de Marte y responder a cuestiones sobre su pasado son solo dos áreas de descubrimiento en las que se avanzará espectacularmente con una misión así”.

“Los retos de ir a Marte y volver hacen necesario desarrollar una colaboración internacional y comercial, que reúna a los mejores de cada campo. En la ESA, con nuestros 22 Estados miembros y nuestros socios, la cooperación internacional es parte de nuestro ADN”.

“Anteriores misiones a Marte revelaron antiguos cauces y la química perfecta que podría haber dado lugar a vida microbiana en el Planeta Rojo —recuerda Thomas—. Con una muestra podríamos dar un gran paso adelante en nuestra comprensión del potencial de Marte de albergar vida”.

“Estoy deseando entrar en contacto y colaborar con los socios internacionales y comerciales para abordar los asombrosos retos tecnológicos que se nos presentan y que nos permitirán traer de vuelta muestras de tierra marciana”.

Los resultados de los estudios se presentarán en el próximo consejo de la ESA a nivel ministerial, que tendrá lugar en 2019, y en el que se decidirá la continuación de estas misiones.

El orbitador de ExoMars de la ESA ya está circunvalando el Planeta Rojo para investigar su atmósfera. Esta semana, transmitirá datos del róver Curiosity de la NASA a la Tierra, demostrando también su valía como satélite relé. Se trata de un ejemplo de buena colaboración con la NASA y ofrece una infraestructura de comunicaciones esencial alrededor de Marte.

Los hallazgos de la misión ExoMars podrían ayudar a decidir qué muestras guardar y traer a la Tierra durante la misión de recuperación de muestras de Marte. 



ESA

El jefe de diseño del programa espacial tripulado chino, Zhou Jianping, afirmó que la estación contará con un núcleo y dos módulos de laboratorio.



Si todo sale según lo previsto, se espera que la estación espacial china esté lista en 2022. El jefe de diseño del programa espacial tripulado chino, Zhou Jianping, ha revelado más detalles sobre el proyecto y afirmó que la estación contará con un núcleo y dos módulos de laboratorio cuyos prototipos se están construyendo actualmente.

Tras la experiencia que adquirió China con los laboratorios espaciales Tiangong–1 y Tiangong–2, el gigante asiático ha empezado a trabajar en la estación espacial modular que ahora sabemos tendrá un módulo principal, llamado Tianhe. En él, está previsto que viva la tripulación, además de ser responsable de la navegación y orientación.

"Planeamos lanzar un módulo central de prueba alrededor de 2020 para probar las tecnologías clave para nuestra estación espacial. Después de esa prueba, lanzaremos el módulo de laboratorio 1 y el módulo de laboratorio 2 para acoplar con el módulo central", afirmó Zhou.

El módulo tendrá cinco tomas de corriente, dos de los cuáles estarán utilizadas por los módulos de laboratorio Mengtian y Wentian. Dentro de los módulos habrá instalaciones de investigación para estudiar la vida y los materiales espaciales, la microgravedad, así como la física básica y la astronomía, añadió el jefe de diseño.


Con esta estructura, la estación tendrá forma de "T". Los otros tres puertos restantes podrán usarse como naves tripuladas, de carga o para acoplar el telescopio espacial Xuntian. Al respecto, se informó que el telescopio espacial tiene una lente de dos metros de diámetro y con la misma resolución de imagen que el telescopio Hubble, pero con un campo de visión 300 veces superior.

Actualmente, la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés) es la única estación en órbita de la Tierra y planea retirarse en 2024. Si para entonces los planes de China se han realizado con éxito, la estación espacial del gigante asiática sería la única que estaría operativa en 2024.



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El orbitador ExoMars pronto comenzará a buscar gases asociados a procesos geológicos o biológicos activos en Marte.

El Satélite para el estudio de Gases Traza (TGO) ha alcanzado su órbita definitiva tras un año de ‘aerofrenado’, que finalizó el pasado febrero. Durante esta emocionante operación, la nave pasó rozando el extremo de la atmósfera superior, empleando la resistencia de sus alas solares para transformar la órbita fuertemente elíptica de cuatro días, de unos 200 x 98.000 km, en su órbita final, mucho más baja y prácticamente circular, a unos 400 km de altitud.


Ahora circunvala Marte cada dos horas y, tras la calibración y la instalación de nuevo software, comenzará las observaciones científicas rutinarias.

“Se trata de un momento crucial para el programa ExoMars y de un logro fantástico para Europa”, reconoce Pia Mitschdoerfer, responsable de la misión TGO.

“Hemos alcanzado esta órbita por primera vez mediante aerofrenado y con el orbitador más pesado jamás visto en Marte, listo para comenzar a buscar signos de vida desde su posición orbital”.

“En un par de semanas comenzaremos la misión científica y ya estamos deseando ver qué revelarán las primeras mediciones”, señala Håkan Svedhem, científico del proyecto.

“Contamos con sensibilidad para detectar gases poco frecuentes en proporciones minúsculas y con el potencial de descubrir si Marte sigue activo, ya sea desde el punto de vista biológico o geológico”.

El principal objetivo es elaborar un inventario detallado de los gases traza, que suponen menos del 1 % del volumen total de la atmósfera del planeta. En particular, el orbitador buscará rastros de metano y otros gases que podrían atestiguar la presencia de actividad biológica o geológica.


Cómo se crea y se destruye el metano en Marte

En la Tierra, la mayoría del metano procede de organismos vivos. También es el principal componente de los yacimientos naturales de hidrocarburos gaseosos, a lo que hay que sumar la actividad volcánica e hidrotermal.

Se espera que el metano de Marte tenga una antigüedad relativamente corta, de unos 400 años, ya se descompone por efecto de la luz ultravioleta del Sol. También reacciona con otros componentes en la atmósfera y se ve mezclado y dispersado por los vientos. Así, si se detecta hoy, es posible que fuera generado o liberado no hace mucho a partir de un yacimiento antiguo.

Aunque se ha apuntado a posibles detecciones anteriores por parte de Mars Express de la ESA y, más recientemente, por parte del róver Curiosity de la NASA, siguen siendo objeto de debate.

El TGO puede detectar y analizar metano y otros gases traza incluso a bajísimas concentraciones, con una precisión tres órdenes de magnitud mayor que mediciones anteriores. También permitirá distinguir entre los distintos orígenes.



Cómo ExoMars detecta el hielo subsuperficial

Los cuatro instrumentos del satélite efectuarán mediciones complementarias de la atmósfera, la superficie y el subsuelo. La cámara ayudará a caracterizar las formaciones en superficie que podrían estar relacionadas con fuentes de gases traza.

Sus otros tres instrumentos también buscarán hielo de agua oculto bajo la superficie que, junto a las potenciales fuentes de gases traza, podría ayudar a definir los lugares de aterrizaje de futuras misiones.

Además, el satélite pronto empezará a funcionar como relé de comunicaciones para los robots Opportunity y Curiosity de la NASA, adelantándose además a la llegada del módulo de aterrizaje InSight de la NASA, que llegará al planeta este mismo año, y al róver y la plataforma científica de superficie de ExoMars, que llegarán en marzo de 2021.

Los tests de retransmisión preliminares con los vehículos de la NASA se llevaron a cabo en noviembre de 2016, poco después de la llegada del orbitador al planeta. Con el tiempo, este ofrecerá múltiples conexiones de relé de datos a la semana.

El programa ExoMars es una misión conjunta de la ESA y Roscosmos.



esa



El satélite artificial Vanguard 1, lanzado al espacio en 1958 y que todavía permanece allí, ha cumplido 60 años de permanencia fuera de la Tierra.

 El Vanguard 1, el primer satélite en usar energía de células solares, es además el objeto de fabricación humana que más tiempo lleva en el espacio. (Foto: U.S. Naval Research Laboratory)

Fue la cuarta nave del mundo y la segunda de Estados Unidos en alcanzar el espacio y entrar en órbita terrestre. Sin embargo, sus predecesores, que son, por este orden, el Sputnik 1, el Sputnik 2 y el Explorer 1, rusos los dos primeros y estadounidense el tercero, ya hace muchos años que reentraron a la atmósfera terrestre. Por tanto, y pese a llevar décadas inactivo, el Vanguard 1 ostenta este carismático récord de permanencia en el espacio. También ostenta otro de valor científico quizá superior: es el primer satélite que usó paneles solares como fuente de energía.

En este ambicioso desafío, tuvo un papel destacado el Laboratorio de Investigación Naval (NRL) de la Marina Estadounidense.

El Vanguard 1 es una pequeña esfera de aluminio (de 16,5 centímetros de diámetro) que fue diseñada para tomar parte en el Año Geofísico Internacional, una serie de observaciones coordinadas de varios fenómenos geofísicos durante el máximo solar, que se extendió desde julio de 1957 a diciembre de 1958. Por "máximo solar" se entiende la fase de mayor actividad solar en cada ciclo de actividad del Sol. Cada uno de esos ciclos dura unos 11 años.

Los objetivos básicos del proyecto Vanguard, al que pertenecen este y los otros satélites de la serie, eran construir un vehículo de lanzamiento de satélites, colocar a uno en órbita, seguir y verificar su trayectoria orbital, y llevar cabo un experimento científico, todo ello antes de que finalizase el Año Geofísico Internacional.

Después de los inesperados lanzamientos de los dos primeros satélites artificiales de la humanidad, los Sputnik 1 y 2, de la Unión Soviética, y después de una serie de pruebas suborbitales del NRL (vehículos de ensayo, o TV, cero, uno y dos), el laboratorio se dispuso a lanzar el primer satélite Vanguard (TV3) hacia la órbita, el 6 de diciembre de 1957. El despegue, sin embargo, sufrió el fallo del sistema de lanzamiento y el vehículo acabó estrellándose sobre la rampa de salida con una fiera explosión.

El proyecto Vanguard tenía aún mucho camino que recorrer para resolver los problemas de colocar a un satélite en órbita. Así que se le adelantó el Explorer 1, el primer satélite estadounidense, que contó con el trabajo del Ejército.

Finalmente, el Vanguard 1 ocupó el cuarto puesto entre los primeros satélites de la humanidad. En su día, logró el apogeo más alto hasta entonces, una altitud de unos 4.000 kilómetros.

Los datos orbitales del Vanguard demostraron ser muy valiosos para entender la física de la atmósfera superior, así como numerosos aspectos de la geodesia, la geodinámica, las relaciones entre el Sol y la Tierra, la astronomía dinámica y la estructura exosférica. Además, el Vanguard 1 envió muchísima información sobre densidad del aire, rangos de temperaturas e impactos de micrometeoritos, y también reveló que la Tierra tiene una forma ligeramente parecida a la de una pera, en vez de ser perfectamente redonda.

Aunque las baterías del satélite duraron solo 20 días, sus células solares, desarrolladas por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército, continuaron proporcionando energía durante otros siete años.

Si bien las transmisiones de datos quedaron silenciadas en 1964, el seguimiento desde tierra del Vanguard 1 ha continuado proporcionando a los científicos datos relacionados con los efectos del Sol, la Luna y la atmósfera sobre las órbitas de los satélites.



NCYT

Las tasas de dosis de radiación obtenidas a partir de mediciones tomadas a lo largo de los últimos cuatro años superan a las típicas de los ciclos solares anteriores en al menos un 30 por ciento, mostrando ello que la radiación en el vecindario de la Tierra se está volviendo mucho más intensa. Cada ciclo solar dura unos 11 años.
 
Salir fuera de naves o estaciones espaciales para realizar actividades extravehiculares constituye una situación de mayor peligro de exposición a radiación espacial que las permanencias en áreas más protegidas dentro de los vehículos espaciales. El peligro aumenta además si la ubicación, en vez de ser una órbita baja alrededor de la Tierra, es por ejemplo el espacio interplanetario. (Foto: NASA)

El nivel de radiación constituye un factor ambiental importante para los viajes y la meteorología espaciales, y debe ser estudiado cuidadosamente y tenido en cuenta en la planificación y el diseño de futuras misiones a la Luna, Marte, los asteroides y más allá. Así lo recalca el equipo del físico Nathan Schwadron, de la Universidad de New Hampshire en Durham, Estados Unidos, tras completar su investigación sobre los niveles de radiación espacial a través del tiempo.


Schwadron y sus colegas hallaron que los grandes flujos de rayos cósmicos galácticos (chorros de partículas provenientes de fuera de nuestro sistema solar) están aumentando más rápido que antes y que van camino de exceder a los de cualquier otra época previa desde que existen mediciones continuadas en la era espacial. También señalan que una de las más notables ráfagas de partículas energéticas solares recorrió el sistema solar en septiembre de 2017, liberando grandes dosis de radiación que podrían haber supuesto un riesgo notable tanto para los humanos como para los satélites. Los astronautas sin protección podrían experimentar efectos agudos, como enfermedad por radiación o problemas de salud más serios a largo plazo, como cáncer o daños en órganos, incluyendo el corazón, el cerebro y el sistema nervioso central.

En 2014, Schwadron y su equipo pronosticaron alrededor de un 20 por ciento de aumento en las tasas de dosis de radiación desde un mínimo solar al siguiente. Cuatro años más tarde, su investigación más reciente muestra que las actuales condiciones han superado sus predicciones en cerca de un 10 por ciento, demostrando que el nivel de radiación en el entorno de la Tierra está empeorando incluso más de lo esperado.



NCYT
  • La estación espacial china ha caído sobre la atmósfera a las 00:15 h GMT.
  • Las autoridades confirman que Tiangong-1 se habría estrellado sobre la zona sur del océano Pacífico.



Se acabó la incertidumbre. La estación china Tiangong-1, fuera de control desde 2016, ha completado su último viaje desde el espacio. Tras permanecer en órbita durante siete años, dando vueltas alrededor de la Tierra a más de 20.000 kilómetros por hora, la estructura ha realizado la reentrada en la atmósfera, tal y como había sido previsto.

La estación china se habría desintegrado mayoritariamente tras incendiarse a altísimas temperaturas, sin causar daños materiales ni personales. La estación espacial china se habría desintegrado mayoritariamente tras entrar en la atmósfera

Según han informado las autoridades, el reingreso de la estación espacial china ha sucedido el 2 de abril a las 00:15 h GMT. Se había calculado que la reentrada en la atmósfera de Tiangong-1 podría ocurrir entre las latitudes de 42,8° norte y 42,8° sur, una amplia región del planeta que cubre buena parte de América, la totalidad de Oceanía y África, el sur de Europa y los océanos Pacífico, Índico y Atlántico, aunque las mayores probabilidades de descenso estaban en la parte límite superior e inferior de la región donde Tiangong podría realizar la reentrada. Finalmente, la agencia espacial china ha señalado que la estación habría realizado el reingreso en una zona sobre el sur del océano Pacífico. La información ha sido confirmada por el Ejército de Estados Unidos en un comunicado del Joint Force Space Component Command (JFSCC).

La estructura, formada por dos cilindros centrales y dos paneles solares en sus laterales, contaba con un peso inicial de 8,5 toneladas, incluyendo el combustible que portaba en un principio, y unas dimensiones de algo más de diez metros. Tiangong-1 fue la primera estación que China logró poner en órbita, recibiendo incluso la visita de varios taikonautas —tal y como se conoce allí a los astronautas—. En 2013, las autoridades asiáticas pusieron en hibernación la estructura, perdiendo el control tres años más tarde, en 2016.


El reingreso de Tiangong-1 ha tenido lugar sobre la zona sur del Pacífico, sin causar daños personales ni materiales

Desde entonces, diversas agencias espaciales de todo el mundo habían monitorizado la trayectoria de Tiangong, con el fin de supervisar su descenso a la Tierra, aunque el hecho de que otros objetos se estrellaran de forma descontrolada en el pasado sin causar problemas, como la estación Skylab, apuntaba que en esta ocasión el riesgo de que hubiera algún tipo de daño era mínimo. El pasado mes de enero, la estación se situaba a 280 kilómetros de la superficie terrestre; por aquel entonces, los científicos estimaron que se estrellaría contra la atmósfera entre marzo y abril de 2018. Sus previsiones han resultado finalmente correctas y Tiangong ha caído a la Tierra sin causar mayores problemas, poniendo fin a una histórica misión para el país asiático.



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