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A su regreso, los astronautas del Apolo 11 trajeron consigo muestras lunares que ayudaron a entender mejor cómo se formó nuestro planeta. La revista Science reivindica la importancia de esas rocas en un especial sobre el cincuenta aniversario del alunizaje en el que también se destaca el papel de China en el futuro de la exploración espacial.





Cuando los astronautas Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins regresaron a la Tierra tras su histórico alunizaje, no lo hicieron solos. Había algo más en la nave. No se trata del comienzo de Alien: el octavo pasajero, nos referimos a las rocas lunares.

Cincuenta años después, las muestras tomadas por las misiones Apolo y Luna han transformado nuestra visión sobre cómo se forman los planetas, incluido el nuestro. Hoy Science publica un número especial sobre el cincuenta aniversario del alunizaje y dedica una revisión a revindicar la importancia de estas muestras, cuyo trabajo todavía no ha terminado.

“Las muestras lunares aportaron evidencias de que la formación de planetas es muy violenta”, dice Richard Carlson

“Las muestras lunares aportaron evidencias convincentes de que la formación de planetas es muy violenta”, resume a Sinc Richard Carlson, investigador del Carnegie Institution for Science y autor de la revisión. “Esto cambió por completo nuestra visión de estos procesos, que antes del Apolo se consideraban relativamente fríos y provocados por la lenta acumulación de pequeños objetos”.




Portada de la revista Nature con la foto tomada por Buzz Aldrin de la sombra de Neil Armstrong sobre la superficie de la Luna. / NASA

El interés de las rocas lunares para entender nuestro propio planeta reside en su edad. “La mayoría de la superficie terrestre es bastante joven en términos geológicos, de apenas 200 millones de años”, comenta Carlson. El Sistema Solar comenzó su nacimiento hace 4 567 millones de años, pero es muy raro encontrar rocas en la superficie de la Tierra con una antigüedad superior a los 3.600 millones de años.

Esto es debido a que vivimos en un planeta ‘vivo’, activo geológicamente. El precio a pagar es que cualquier registro de los procesos implicados en su formación hace tiempo que fue eliminado por esta actividad continua. Por suerte, siempre podemos mirar hacia la Luna. “La mayoría de la superficie lunar tiene más de 4.000 millones de años, y algunas partes se acercan a los 4.400”, asegura el investigador.

La superficie lunar tiene más de 4.000 millones de años. Nuestro planeta está geológicamente vivo y es raro encontrar rocas de más de 3.600 millones de años

Por ello, el valor de las muestras que trajeron de vuelta las misiones Apolo y las soviéticas es incalculable. Según Carlson, “la Luna ‘recuerda’ los procesos implicados en la formación planetaria que la Tierra ha olvidado”.

Uno de los procesos que la Luna recuerda es, por supuesto, el de su propia formación. “[Nuestro satélite] se originó cuando un gran objeto, del tamaño de Marte, golpeó la proto-Tierra. Un impacto de tal magnitud provocó muchos cambios en la composición de la Tierra”, detalla el experto. Por ejemplo, la pérdida de componentes volátiles como el agua. Nuestro joven planeta ya no sería igual a como era antes del choque.

Estudiar la Luna: lo estás haciendo mal

Las muestras lunares no solo nos han enseñado mucho sobre nuestro hogar: también han revelado información valiosa sobre el suyo. “Los modelos sobre la naturaleza de la Luna anteriores al alunizaje eran incorrectos”, asegura Carlson. Hasta entonces se creía que el satélite se formó en frío, y que las cuencas oscuras representaban viejos océanos cuya agua se había evaporado hacía mucho.


Gracias a las muestras tomadas por el Apolo 11, se descubrió que la Luna se había formado en caliente, probablemente fundida

Gracias a las primeras muestras tomadas por el Apolo 11 se descubrió que la Luna se había formado en caliente, “probablemente fundida”. Su gruesa corteza se separó por la flotación de cristales formados en un océano de magma en enfriamiento, en un proceso que el autor compara con el de los icebergs en el océano.

Las cuencas tampoco eran las cicatrices de océanos muertos, sino cráteres que fueron resultado de los impactos de enormes meteoritos. El investigador explica que “son oscuras porque están rellenadas con la lava que erupcionó mucho después de que se formaran”. Precisamente estos impactos también revelan mucha información: “La superficie lunar es tan vieja que ha registrado la mayor parte de la historia del bombardeo de meteoritos del Sistema Solar interior”.

Este registro nos cuenta que los impactos de meteoritos eran muy comunes en el joven Sistema Solar, tanto que habrían actuado como un “agente esterilizante” de cualquier forma de vida temprana que hubiera intentado aparecer. También sirve para estudiar otros planetas: “Los cráteres lunares, cuya edad se ha determinado gracias a las muestras, nos permiten calibrar la antigüedad de las superficies de Marte y Mercurio según la densidad de cráteres”.
Todavía mucho por aprender


Nuevos análisis permitieron detectar agua en las muestras, lo cual obligó a reexaminar los modelos sobre la formación de los planetas

Entre 1969 y 1972, las misiones Apolo recogieron 2 200 rocas con un peso de 382 kg, que más tarde fueron procesadas en más de 11 000 muestras. Podríamos pensar que estas ya han revelado todos los datos que podían, pero Carlson defiende en su texto que todavía tienen mucho por enseñarnos sobre la formación y geología de otros mundos.

“Se desarrollan nuevas técnicas todo el tiempo”, asegura. Las limitaciones tecnológicas provocaron que, aunque las muestras se tomaron hace 50 años, no pudieran revelar todos sus secretos inmediatamente. Y pone como ejemplo el descubrimiento de agua lunar.

“Cuando las muestras se tomaron las técnicas analíticas de entonces no pudieron detectar la presencia de agua en ninguna de ellas”, explica. Esto reforzó la idea de que la Luna era un ambiente árido y que toda el agua se evaporó en el gran impacto que le dio origen.

Hoy sabemos que esto es falso. “Hace una década, nuevas técnicas desarrolladas permitieron detectar agua en estas muestras, a concentraciones muy bajas”. La Luna es seca, pero no está completamente libre de agua. “Esto nos ha obligado a reexaminar nuestros modelos sobre la formación de los planetas y cómo estos pueden retener líquido durante su formación”, añade el geólogo. El tiempo dirá si estas muestras ya cincuentonas todavía albergan secretos en su interior.



El futuro de la exploración pasa por China

El especial de Science también analiza el papel del gigante asiático en el futuro de la exploración lunar. Este mismo año, el Programa para la Exploración Lunar de China (CLEP) envió con éxito la sonda Chang’E-4 y el rover Yutu-2 a la cara oculta de nuestro satélite, que también tomó muestras de rocas.

En un artículo firmado por varios investigadores de la Academia China de Ciencias, se destaca que el programa asiático ha sentado las bases para el futuro a través de sus cuatro misiones exitosas. Todo esto, a pesar de su juventud.

“Así como el programa Apolo tuvo un papel positivo en el desarrollo de la sociedad humana, China trabajará con países de todo el mundo en sus proyectos de exploración espacial y lunar para construir un mejor futuro para la humanidad”, escriben los autores. En la próxima década, el CLEP enviará otras tres misiones a la Luna con el objetivo último de construir una base de investigación.

SINC
Un nuevo estudio que reconstruye la historia de la relación de nuestro planeta con su satélite natural




¿Cree que no hay suficientes horas en el día para hacer todo lo que tiene que hacer? Pues no se preocupe, porque los científicos tienen una buena noticia que darle: los días en nuestro planeta son cada vez más largos. El motivo es que la Luna se aleja de nosotros a una velocidad de 3.82 centímetros por año.

Un nuevo estudio que reconstruye la historia profunda de la relación de nuestro planeta con la Luna muestra que hace 1.400 millones de años, un día terrestre duraba poco más de 18 horas. La causa se encuentra en que nuestro satélite natural estaba más cerca y cambiaba la forma en que la Tierra giraba alrededor de su eje.

«A medida que la Luna se aleja, la Tierra es como una patinadora giratoria que reduce la velocidad al estirar los brazos», explica Stephen Meyers, profesor de geociencia en la Universidad de Wisconsin-Madison y coautor del estudio publicado esta semana en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

El movimiento de la Tierra en el espacio está influenciado por otros cuerpos astronómicos que ejercen fuerza sobre él, como otros planetas y la Luna. Esto ayuda a determinar las variaciones en la rotación de la Tierra sobre su eje, y en la órbita que traza alrededor del Sol.

Estas variaciones se conocen colectivamente como ciclos de Milankovitch y determinan dónde se distribuye la luz solar en la Tierra, lo que también significa que determinan los ritmos climáticos de nuestro mundo. Científicos como Meyers han observado este ritmo climático en el registro de las rocas, que abarca cientos de millones de años.

Pero retroceder aún más, en la escala de miles de millones de años, ha resultado un desafío porque los medios geológicos típicos, como la datación por radioisótopos, no proporcionan la precisión necesaria para identificar los ciclos. También es complicado por la falta de conocimiento de la historia de la Luna, y por lo que se conoce como el caos del sistema solar, una teoría planteada por el astrónomo parisino Jacques Laskar en 1989.

El sistema solar tiene muchas partes móviles, incluidos los otros planetas que orbitan alrededor del Sol. Pequeñas variaciones iniciales en estas partes móviles pueden implicar grandes cambios millones de años después. Este es el caos del sistema solar, y tratar de explicarlo puede ser como intentar rastrear el efecto mariposa al revés, según los autores del estudio.

La astronomía de las rocas

El año pasado, Meyers y sus colegas descifraron el código del sistema solar caótico en un estudio de los sedimentos de una formación rocosa de 90 millones de años que capturó los ciclos climáticos de la Tierra. Sin embargo, cuanto más atrás en el registro de las rocas, menos fiables son sus conclusiones.

Por ejemplo, la Luna se está alejando de la Tierra a una velocidad de 3,82 centímetros por año. Utilizando la velocidad actual, los científicos calcularon que «más allá de 1.500 millones de años atrás, la Luna habría estado lo suficientemente cerca como para que sus interacciones gravitacionales con la Tierra la hubieran desgarrado», explica Meyers. Sin embargo, sabemos que la Luna tiene 4.500 millones de años.

Entonces, Meyers buscó una manera de explicar mejor lo que nuestros vecinos planetarios estaban haciendo hace miles de millones de años para comprender el efecto que tenían en la Tierra y sus ciclos de Milankovitch. Junto con Alberto Malinverno, Catedrático de Investigación de Lamont en Columbia, el investigador utilizó un método científico con el que observaron dos capas estratigráficas de roca: la Formación Xiamaling de 1.400 millones de años en el norte de China y un registro de 55 millones de años de Walvis Ridge, en el Atlántico sur.

Con este enfoque, pudieron determinar la duración del día y la distancia entre la Tierra y la Luna. «En el futuro, queremos ampliar el trabajo en diferentes intervalos de tiempo geológico», dice Malinverno.

El estudio complementa otros dos recientes que se basan en el registro de rocas y los ciclos de Milankovitch para comprender mejor la historia y el comportamiento de la Tierra. Un equipo de investigación de Lamont-Doherty usó una formación rocosa en Arizona para confirmar la notable regularidad de las fluctuaciones orbitales de la Tierra desde casi circulares a más elípticas en un ciclo de 405.000 años. Y otro equipo en Nueva Zelanda, en colaboración con Meyers, analizó cómo los cambios en la órbita terrestre y la rotación en su eje han afectado los ciclos de evolución y extinción de organismos marinos llamados graptolitoideos, que se remontan a 450 millones de años.

«El registro geológico es un observatorio astronómico para el sistema solar primitivo», dice Meyers. «Estamos mirando su ritmo pulsante, preservado en la roca y la historia de la vida».



ABC

Servirá para retransmitir la misión en la superficie lunar en directo y HD.




Nokia y Vodafone crearán la primera red 4G en 2019... ¡en la Luna! 50 años después de que el ser humano siera sus pasos sobre la superficie lunar, llegará allí esta tecnología de conexión de móvil. Esto se producirá como medida de soporte para una misión de PTScientists, que tienen previsto el primer aterrizaje en la Luna financiado de manera privada para el próximo año 2019.

Bautizada con el nombre Mission to the Moon este viaje se realizará a través del lanzamiento de un cohete Falcon 9 de SpaceX desde Cabo Cañaveral, contando como colaboradores estrella con Audi y Nokia. La primera de ellas proveerá a la misión con dos rovers Audi lunar quattro, que contarán con una estación base situada en el Módulo Autónomo de Aterrizaje y Navegación (ALINA). En lo que respecta a Nokia (concretamente, será Nokia Bell Labs el sector de la compañía ocupado de la misión), ha sido escogida por el grupo alemán de Vodafone para crear una red espacial ultracompacta que permita el tráfico de datos.

¿Para qué?

Inicialmente, contar con 4G en la Luna puede parecer algo más llamativo que útil, pero lo cierto es que ninguno de estos esfuerzos será en balde. Esta red 4G hará posible que los rovers de Audi puedan transmitir vídeo en HD en directo mientras se acercan al Apollo 17 de la NASA, el vehículo utilizado por Eugene Cernan y Harrison Schmitt –los últimos astronautas que caminaron sobre la superficie lunar–, ofreciendo unas imágenes inéditas hasta el momento. La retransmisión podrá ser vista de manera global gracias a un enlace en el espacio profundo

En cuanto a los detalles técnicos de cómo será esto posible, aún hay pocos datos. Los conocemos cuando se acerque el momento, aunque lo que sí adelantan ya es que a comunicación será posible a través de la banda de frecuencia de 1.800 MHz y que la retransmisión será vista de manera global haciendo uso de un enlace en el espacio profundo interconectado con un servidor de PTScientists en Berlín.

En pleno auge del 5G y el futuro que está por llegar gracias a esta tecnología, resulta curioso volver a hablar del 4G, pero sin duda merece la pena hacerlo si se trata de un 4G lunar. Habrá que esperar todavía unos meses para ver hecho realidad este "paso crucial para la exploración sostenible del sistema solar".



hipertextual

Este miércoles se produjo una curiosa coincidencia astronómica: un eclipse lunar total justo cuando nuestro satélite se acerca más a la Tierra y está por segunda vez en el mismo mes en fase de luna llena. Los habitantes del Lejano Oriente y Australia podrán disfrutar de este espectáculo protagonizado por una superluna rojiza.




No es fácil que coincidan eclipse total, superluna y segunda Luna llena del mes, llamada en algunos medios estadounidenses como 'luna azul' aunque nada tiene que ver con ese color. Sin embargo, estas tres circunstancias se producen este miércoles 31 de enero, una coincidencia que no ocurría desde 1982.

En esta ocasión coinciden eclipse total, superluna y segunda luna llena del mes

“No tendrá ninguna implicación, ni positiva ni negativa, para nuestro planeta y, desde el punto de vista astronómico, el mayor interés reside en las observaciones y medidas tomadas durante el transcurso del eclipse total”, señala el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) en un comunicado.

Los eclipses lunares ocurren cuando nuestro satélite pasa por la sombra de la Tierra. Esto no sucede todos los meses porque la órbita de la Luna está ligeramente inclinada con respecto a la de la Tierra-Sol. A diferencia de los eclipses solares, los lunares son visibles desde cualquier lugar del mundo, una vez que la Luna está sobre el horizonte en el momento del eclipse.

Durante la totalidad, la Luna no desaparece de la vista, sino que adquiere una tonalidad rojiza, razón por la que en las redes sociales se la conoce como ‘Luna de Sangre’. La atmósfera de la Tierra, que se extiende unos 80 km más allá del diámetro terrestre, actúa como una lente desviando la luz del Sol, al tiempo que filtra eficazmente sus componentes azules, dejando pasar solo luz roja que finalmente será reflejada por la Luna, dándole un resplandor cobrizo característico.




Animación del eclipse lunar. / Tomruen

Según datos proporcionados por la NASA, en el año 2018 se producirán dos eclipses totales de Luna: el 31 de enero y el 27 de julio. El de este mes será visible completamente (con un máximo sobre las 13:30 horas GMT) desde Australia y el este de Asia, mientras que su observación desde Europa occidental no será posible.




Visibilidad del eclipse lunar del 31 de enero de 2018. / PIRULITON

El segundo eclipse lunar del año se podrá ver, al menos su fase final, desde el oeste de nuestro continente; pero deberemos esperar hasta el 21 de enero de 2019 para ver todas las fases de un eclipse total de Luna.

Llega otra superluna

Lo que sí se podrá observar desde España y el resto de países es la superluna en la noche del 30 al 31 de enero. Debido a que la órbita de la Luna es una elipse, hay momentos que se encuentra más cercana a la Tierra (perigeo) y otros más alejada (apogeo), y durante las superlunas –la luna llena se produce cerca del perigeo–, el diámetro lunar puede aumentar hasta en un 14% y alrededor de un 30% su brillo respecto a una Luna llena en el apogeo.

¿Y se puede percibir el cambio de tamaño a simple vista? La respuesta es que será muy difícil apreciarlo, aunque la Luna será más brillante. Los cálculos indican que no es raro que la Luna llena suceda cerca del perigeo. De hecho, suelen ocurrir de 3 a 5 superlunas en un año (de las 12-13 posibles). Por ejemplo, en 2017 tuvimos tres superlunas, las mismas que se producirán en el año 2018 (dos en enero y otra en diciembre).

En la situación más favorable, una superluna tendrá un diámetro de 4 minutos de arco mayor que una Luna llena en el apogeo. Es decir, el incremento de diámetro angular de la superluna es de solo la quinceava parte del tamaño angular de nuestro dedo meñique si lo observamos con el brazo extendido. Esto significa que es realmente muy difícil distinguir la diferencia a simple vista, a pesar del llamativo nombre de superluna.




Mínimo perigeo lunar (distancia Tierra-Luna=356.355 km; tamaño aparente de la Luna=33,5 minutos de arco) y máximo apogeo (distancia Tierra-Luna=406.725 km; tamaño aparente de la Luna=29,4 minutos de arco) en el periodo que va desde los años -1999 a 3000. La diferencia de tamaños aparentes (desde la Tierra) es de solo un 14%. / Gabriel Pérez Díaz, SMM (IAC). Fuente: Fred Espenak @ astropixels.com.



SINC

La instalación pretende ser el puerto de partida para misiones tripuladas a Marte




Rusia y EE UU han firmado una declaración de cooperación para crear una estación espacial en la Luna que comenzará a construirse a mediados de la próxima década, según ha anunciado hoy la agencia espacial rusa en un comunicado.

El proyecto Deep Space Gateway —Puerta al Espacio Profundo, en inglés— está abanderado por la NASA y consiste en una estación espacial en la órbita del satélite de la Tierra. El proyecto sería el sucesor de la Estación Espacial Internacional (ISS), que llegó al espacio en 1998 con la colaboración de EE UU, Rusia, Europa, Canadá y Japón y que dejará de funcionar en 2024, según los planes actuales.

El acuerdo muestra una importante sintonía en el espacio entre dos países enfrentados por el espionaje, la guerra en Siria y la proliferación nuclear de Corea del Norte. Las agencias espaciales de Europa (ESA), Japón y Canadá también están embarcadas en el proyecto, que aún está en un punto temprano de desarrollo, según la ESA.

Antes del anuncio de hoy, Rusia había expresado su intención de construir una base propia en la superficie de la Luna para entrenar a sus cosmonautas de cara a futuros viajes a Marte. También China ha anunciado planes para llevar a la Luna su propia estación espacial.

Parte de la declaración, firmada en Adelaida (Australia) durante el Congreso Internacional de Astronáutica, se refiere a las normas internacionales que deben aplicarse en el futuro. "Al menos cinco países están trabajando en la creación de sus propias naves tripuladas", ha dicho Igor Komarov, director general de Roscosmos. "Con el fin de evitar problemas en el futuro en la cooperación técnica, se debería unificar una parte de las normas, por la posibilidad de que los diferentes países trabajen en sus productos y se unan a la estación internacional en la órbita de la Luna", ha añadido. El pacto entre Rusia y EE UU también incluye el uso de los actuales cohetes rusos Proton y Angara en la construcción de la nueva base, así como el futuro cohete de gran tamaño que está construyendo Roscosmos.

"Declaraciones como la firmada con Roscosmos muestran que el concepto de Deep Space Gateway es un buen ejemplo de exploración espacial asequible y sostenible", ha dicho por su parte Robert Lightfoot, director en funciones de la NASA, en un comunicado.

El objetivo final de la nueva estación es ser el puerto de partida para las misiones tripuladas a Marte y otros puntos del Sistema Solar. Estos viajes se realizarían en vehículos reutilizables con propulsión química y eléctrica para ir y volver al planeta rojo, según explica la NASA. La primera fase de construcción consistirá en llevar a la órbita lunar los tres módulos de la estación, uno para generar energía, otro para que vivan los astronautas y un tercero dedicado a laboratorios similares a los de la ISS.

La instalación será una colonia donde los astronautas podrán entrenarse para ir a Marte y donde se probarán todas las tecnologías necesarias para alcanzarlo. También será la nave nodriza de misiones de exploración lunar tripuladas y no tripuladas. El cohete SLS que está construyendo la NASA, el más potente del mundo, será el enlace entre la Tierra y la Luna junto a las cápsulas Orion, cuyos propulsores y sistema de soporte vital han sido construidos por la Agencia Espacial Europea (ESA).

La nueva estación tendrá tres módulos, uno para producir energía eléctrica, otro para que vivan los astronautas y un tercero con laboratorios similares a los de la ISS. Una vez acabada la base, a finales de la próxima década, se realizaría una misión tripulada de un año de duración en esta Puerta al Espacio Profundo para demostrar que todas las tecnologías necesarias para viajar a Marte están listas.



ELPAIS

La europea Smart-1 no es la primera. Antes fueron localizadas una sonda india, un orbitador, las naves gemelas Grail y un reflector de la Unión Soviética 




Un equipo de investigadores anunciaba recientemente en el Congreso Europeo de Ciencia Planetaria (EPSC) celebrado en Riga (Letonia) el hallazgo del lugar donde descansa la Smart-1, la primera misión lunar de la Agencia Espacial Europea (ESA). La nave espacial fue estrellada de forma controlada contra la superficie de la Luna hace once años, pero nadie sabía exactamente dónde había caído hasta ahora. Resulta que está en el borde del lado oscuro de nuestro satélite natural. El hallazgo puede parecer emocionante -y realmente lo es, ya que resulta todo un reto tecnológico- pero no es el primero de este tipo.

La Chandrayaan-1

En marzo de este mismo año, la NASA anunciaba que había localizado en la órbita de la Luna otra nave espacial perdida, la india Chandrayaan-1, con la que no se tenía contacto desde 2009. Una nueva aplicación de radar permitió el hallazgo. No fue fácil dar con la sonda, ya que es pequeña y está situada a 380.000 kilómetros de distancia. Con la misma técnica, los científicos pudieron localizar con exactitud también el Orbitador de Reconocimiento Lunar (LRO), un artefacto en activo de la agencia espacial que gira alrededor de nuestro satélite natural desde hace siete años y que, precisamente, ha ayudado a descubrir el resto de naves perdidas, incluida la Smart-1. La nueva técnica podría ayudar a planificar las futuras misiones a la Luna.

 
Las naves Grail


Las naves GrailLugar de impacto de las naves Grail- NASA

El 17 de diciembre de 2012, la NASA estrelló intencionalmente dos naves espaciales contra la Luna. Las dos sondas gemelas de la misión Gravity Recovery and Interior Laboratory (Grail), destinada a elaborar un mapa de gravedad de nuestro satélite, se empotraron contra una montaña del polo norte lunar debido a que no tenían ni suficiente altura ni combustible para seguir con sus investigaciones científicas. En marzo de 2013, la agencia espacial anunciaba que la LRO había conseguido fotografiar los restos de las naves en la zona de impacto.


 
El reflector del soviético Lunokhod 1


El reflector del soviético Lunokhod 1El rover Lunokhod 1, en su localización final- NASA / GSFC / Arizona State University

En esta ocasión no se trata de una nave, sino de un instrumento que la Unión Soviética perdió sobre la superficie de la Luna en 1971. Muchos científicos lo habían buscado con empeño sin ningún resultado, y nadie esperaba ya encontrarlo, creyendo, por ejemplo, que podría haber caído en un cráter, pero un equipo de físicos norteamericanos daba con él en 2010.

Se trata de un reflector láser de fabricación francesa enviado a bordo de la misión no tripulada Luna 17, que aterrizó en nuestro satélite natural el 17 de noviembre de 1970. La nave liberó un vehículo robótico para inspeccionar el terreno con el reflector a bordo. La sonda soviética y su robot, llamado Lunokhod 1, dieron su última señal de vida un año después, el 14 de septiembre de 1971. La máquina se dio por perdida hasta que un equipo de la Universidad de California dio con ella gracias a la cámara de alta resolución de la LRO.

Pero la historia no se quedó ahí, porque, aunque parezca increíble, el viejo reflector cubierto de polvo lunar sigue funcionando y está enviando fortísimos pulsos de láser a la Tierra.


ABC


En el primer acto de exploración de la Luna, los protagonistas fueron Neil Armstrong y Buzz Aldrin. Ahora, la ESA fija su mirada en nuestro satélite natural con el objetivo de ampliar el elenco en el escenario lunar.

Al sondear el mercado en busca de servicios de transporte a la Luna, la ESA quiere superar los límites de la tecnología y crear nuevos modelos de negocio espacial.

Poner el pie en la Luna constituyó un momento clave de la historia de la humanidad. Hicieron falta ocho años y una enorme cantidad de recursos para tocar la superficie lunar, inicialmente durante menos de un día. Esos pequeños pasos para el hombre y las misiones que los siguieron nos enseñaron mucho sobre la Luna, nuestra cápsula del tiempo cósmica. Y, sin embargo, los humanos no han vuelto desde que la misión Apolo 17 regresó a la Tierra en 1972.



Con la tecnología actual sería fácil volver, pero sigue siendo caro desarrollar el viaje y llevar todo lo necesario para el soporte vital allí. La ESA quiere que nuestro regreso a la Luna sea sostenible y se base en la colaboración, no solo con agencias espaciales internacionales, sino también con el mundo de la empresa. Puede que la clave para que este deseo se haga realidad esté en el enfoque comercial, tanto literal como figuradamente.

En lugar de desarrollar desde cero una misión completa con su módulo de aterrizaje —lo que supondría un proceso largo y costoso—, la ESA desea hacerse con una plaza en un módulo comercial para poder llevar su valioso equipo de investigación hasta la superficie lunar con seguridad. Una vez allí, estaríamos dispuestos a pagar la ‘tarifa de itinerancia’ para poder hablar con nuestro hardware.

Pero para que volver a la Luna sea realmente sostenible, debemos aprovechar los recursos existentes allí. Así, además de en transporte y comunicación, buscamos invertir en el desarrollo y el pago por uso de tecnologías que puedan convertir la materia autóctona lunar en oxígeno y agua, recursos indispensables para el sostenimiento de futuras operaciones humanas en el espacio profundo.

¿Por qué es tan importante la sostenibilidad? Si la exploración se limitase a ir y volver de un lugar, tendría sentido fijarse metas cada vez más alejadas en nuestro Sistema Solar. Sin embargo, aunque las misiones Apolo nos han enseñado mucho, apenas hemos rascado la superficie de nuestro octavo continente.

Desde entonces, los satélites que orbitan la Luna han revelado la presencia de oxígeno y hielo de agua, recursos potencialmente utilizables en la exploración espacial.  



La ESA invita a los proveedores de servicios con ideas adecuadas a participar en un estudio de un año de duración que dará forma a esta Misión de Demostración de Utilización de Recursos In Situ. Queremos saber qué es lo que los socios comerciales necesitan de nosotros y compartir lo que esperamos de ellos.

Juntos, queremos explorar lo que significaría convertir la exploración lunar en un proyecto viable, competitivo y, sobre todo, sostenible.

Queremos regresar a la Luna para desvelar sus misterios y utilizarla como trampolín del futuro de la humanidad en el espacio profundo. Si eres una empresa comercial lista para aceptar el desafío y construir sobre el legado de Neil y Buzz, queremos conocer tus ideas.


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