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A su regreso, los astronautas del Apolo 11 trajeron consigo muestras lunares que ayudaron a entender mejor cómo se formó nuestro planeta. La revista Science reivindica la importancia de esas rocas en un especial sobre el cincuenta aniversario del alunizaje en el que también se destaca el papel de China en el futuro de la exploración espacial.





Cuando los astronautas Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins regresaron a la Tierra tras su histórico alunizaje, no lo hicieron solos. Había algo más en la nave. No se trata del comienzo de Alien: el octavo pasajero, nos referimos a las rocas lunares.

Cincuenta años después, las muestras tomadas por las misiones Apolo y Luna han transformado nuestra visión sobre cómo se forman los planetas, incluido el nuestro. Hoy Science publica un número especial sobre el cincuenta aniversario del alunizaje y dedica una revisión a revindicar la importancia de estas muestras, cuyo trabajo todavía no ha terminado.

“Las muestras lunares aportaron evidencias de que la formación de planetas es muy violenta”, dice Richard Carlson

“Las muestras lunares aportaron evidencias convincentes de que la formación de planetas es muy violenta”, resume a Sinc Richard Carlson, investigador del Carnegie Institution for Science y autor de la revisión. “Esto cambió por completo nuestra visión de estos procesos, que antes del Apolo se consideraban relativamente fríos y provocados por la lenta acumulación de pequeños objetos”.




Portada de la revista Nature con la foto tomada por Buzz Aldrin de la sombra de Neil Armstrong sobre la superficie de la Luna. / NASA

El interés de las rocas lunares para entender nuestro propio planeta reside en su edad. “La mayoría de la superficie terrestre es bastante joven en términos geológicos, de apenas 200 millones de años”, comenta Carlson. El Sistema Solar comenzó su nacimiento hace 4 567 millones de años, pero es muy raro encontrar rocas en la superficie de la Tierra con una antigüedad superior a los 3.600 millones de años.

Esto es debido a que vivimos en un planeta ‘vivo’, activo geológicamente. El precio a pagar es que cualquier registro de los procesos implicados en su formación hace tiempo que fue eliminado por esta actividad continua. Por suerte, siempre podemos mirar hacia la Luna. “La mayoría de la superficie lunar tiene más de 4.000 millones de años, y algunas partes se acercan a los 4.400”, asegura el investigador.

La superficie lunar tiene más de 4.000 millones de años. Nuestro planeta está geológicamente vivo y es raro encontrar rocas de más de 3.600 millones de años

Por ello, el valor de las muestras que trajeron de vuelta las misiones Apolo y las soviéticas es incalculable. Según Carlson, “la Luna ‘recuerda’ los procesos implicados en la formación planetaria que la Tierra ha olvidado”.

Uno de los procesos que la Luna recuerda es, por supuesto, el de su propia formación. “[Nuestro satélite] se originó cuando un gran objeto, del tamaño de Marte, golpeó la proto-Tierra. Un impacto de tal magnitud provocó muchos cambios en la composición de la Tierra”, detalla el experto. Por ejemplo, la pérdida de componentes volátiles como el agua. Nuestro joven planeta ya no sería igual a como era antes del choque.

Estudiar la Luna: lo estás haciendo mal

Las muestras lunares no solo nos han enseñado mucho sobre nuestro hogar: también han revelado información valiosa sobre el suyo. “Los modelos sobre la naturaleza de la Luna anteriores al alunizaje eran incorrectos”, asegura Carlson. Hasta entonces se creía que el satélite se formó en frío, y que las cuencas oscuras representaban viejos océanos cuya agua se había evaporado hacía mucho.


Gracias a las muestras tomadas por el Apolo 11, se descubrió que la Luna se había formado en caliente, probablemente fundida

Gracias a las primeras muestras tomadas por el Apolo 11 se descubrió que la Luna se había formado en caliente, “probablemente fundida”. Su gruesa corteza se separó por la flotación de cristales formados en un océano de magma en enfriamiento, en un proceso que el autor compara con el de los icebergs en el océano.

Las cuencas tampoco eran las cicatrices de océanos muertos, sino cráteres que fueron resultado de los impactos de enormes meteoritos. El investigador explica que “son oscuras porque están rellenadas con la lava que erupcionó mucho después de que se formaran”. Precisamente estos impactos también revelan mucha información: “La superficie lunar es tan vieja que ha registrado la mayor parte de la historia del bombardeo de meteoritos del Sistema Solar interior”.

Este registro nos cuenta que los impactos de meteoritos eran muy comunes en el joven Sistema Solar, tanto que habrían actuado como un “agente esterilizante” de cualquier forma de vida temprana que hubiera intentado aparecer. También sirve para estudiar otros planetas: “Los cráteres lunares, cuya edad se ha determinado gracias a las muestras, nos permiten calibrar la antigüedad de las superficies de Marte y Mercurio según la densidad de cráteres”.
Todavía mucho por aprender


Nuevos análisis permitieron detectar agua en las muestras, lo cual obligó a reexaminar los modelos sobre la formación de los planetas

Entre 1969 y 1972, las misiones Apolo recogieron 2 200 rocas con un peso de 382 kg, que más tarde fueron procesadas en más de 11 000 muestras. Podríamos pensar que estas ya han revelado todos los datos que podían, pero Carlson defiende en su texto que todavía tienen mucho por enseñarnos sobre la formación y geología de otros mundos.

“Se desarrollan nuevas técnicas todo el tiempo”, asegura. Las limitaciones tecnológicas provocaron que, aunque las muestras se tomaron hace 50 años, no pudieran revelar todos sus secretos inmediatamente. Y pone como ejemplo el descubrimiento de agua lunar.

“Cuando las muestras se tomaron las técnicas analíticas de entonces no pudieron detectar la presencia de agua en ninguna de ellas”, explica. Esto reforzó la idea de que la Luna era un ambiente árido y que toda el agua se evaporó en el gran impacto que le dio origen.

Hoy sabemos que esto es falso. “Hace una década, nuevas técnicas desarrolladas permitieron detectar agua en estas muestras, a concentraciones muy bajas”. La Luna es seca, pero no está completamente libre de agua. “Esto nos ha obligado a reexaminar nuestros modelos sobre la formación de los planetas y cómo estos pueden retener líquido durante su formación”, añade el geólogo. El tiempo dirá si estas muestras ya cincuentonas todavía albergan secretos en su interior.



El futuro de la exploración pasa por China

El especial de Science también analiza el papel del gigante asiático en el futuro de la exploración lunar. Este mismo año, el Programa para la Exploración Lunar de China (CLEP) envió con éxito la sonda Chang’E-4 y el rover Yutu-2 a la cara oculta de nuestro satélite, que también tomó muestras de rocas.

En un artículo firmado por varios investigadores de la Academia China de Ciencias, se destaca que el programa asiático ha sentado las bases para el futuro a través de sus cuatro misiones exitosas. Todo esto, a pesar de su juventud.

“Así como el programa Apolo tuvo un papel positivo en el desarrollo de la sociedad humana, China trabajará con países de todo el mundo en sus proyectos de exploración espacial y lunar para construir un mejor futuro para la humanidad”, escriben los autores. En la próxima década, el CLEP enviará otras tres misiones a la Luna con el objetivo último de construir una base de investigación.

SINC
Un nuevo estudio que reconstruye la historia de la relación de nuestro planeta con su satélite natural




¿Cree que no hay suficientes horas en el día para hacer todo lo que tiene que hacer? Pues no se preocupe, porque los científicos tienen una buena noticia que darle: los días en nuestro planeta son cada vez más largos. El motivo es que la Luna se aleja de nosotros a una velocidad de 3.82 centímetros por año.

Un nuevo estudio que reconstruye la historia profunda de la relación de nuestro planeta con la Luna muestra que hace 1.400 millones de años, un día terrestre duraba poco más de 18 horas. La causa se encuentra en que nuestro satélite natural estaba más cerca y cambiaba la forma en que la Tierra giraba alrededor de su eje.

«A medida que la Luna se aleja, la Tierra es como una patinadora giratoria que reduce la velocidad al estirar los brazos», explica Stephen Meyers, profesor de geociencia en la Universidad de Wisconsin-Madison y coautor del estudio publicado esta semana en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

El movimiento de la Tierra en el espacio está influenciado por otros cuerpos astronómicos que ejercen fuerza sobre él, como otros planetas y la Luna. Esto ayuda a determinar las variaciones en la rotación de la Tierra sobre su eje, y en la órbita que traza alrededor del Sol.

Estas variaciones se conocen colectivamente como ciclos de Milankovitch y determinan dónde se distribuye la luz solar en la Tierra, lo que también significa que determinan los ritmos climáticos de nuestro mundo. Científicos como Meyers han observado este ritmo climático en el registro de las rocas, que abarca cientos de millones de años.

Pero retroceder aún más, en la escala de miles de millones de años, ha resultado un desafío porque los medios geológicos típicos, como la datación por radioisótopos, no proporcionan la precisión necesaria para identificar los ciclos. También es complicado por la falta de conocimiento de la historia de la Luna, y por lo que se conoce como el caos del sistema solar, una teoría planteada por el astrónomo parisino Jacques Laskar en 1989.

El sistema solar tiene muchas partes móviles, incluidos los otros planetas que orbitan alrededor del Sol. Pequeñas variaciones iniciales en estas partes móviles pueden implicar grandes cambios millones de años después. Este es el caos del sistema solar, y tratar de explicarlo puede ser como intentar rastrear el efecto mariposa al revés, según los autores del estudio.

La astronomía de las rocas

El año pasado, Meyers y sus colegas descifraron el código del sistema solar caótico en un estudio de los sedimentos de una formación rocosa de 90 millones de años que capturó los ciclos climáticos de la Tierra. Sin embargo, cuanto más atrás en el registro de las rocas, menos fiables son sus conclusiones.

Por ejemplo, la Luna se está alejando de la Tierra a una velocidad de 3,82 centímetros por año. Utilizando la velocidad actual, los científicos calcularon que «más allá de 1.500 millones de años atrás, la Luna habría estado lo suficientemente cerca como para que sus interacciones gravitacionales con la Tierra la hubieran desgarrado», explica Meyers. Sin embargo, sabemos que la Luna tiene 4.500 millones de años.

Entonces, Meyers buscó una manera de explicar mejor lo que nuestros vecinos planetarios estaban haciendo hace miles de millones de años para comprender el efecto que tenían en la Tierra y sus ciclos de Milankovitch. Junto con Alberto Malinverno, Catedrático de Investigación de Lamont en Columbia, el investigador utilizó un método científico con el que observaron dos capas estratigráficas de roca: la Formación Xiamaling de 1.400 millones de años en el norte de China y un registro de 55 millones de años de Walvis Ridge, en el Atlántico sur.

Con este enfoque, pudieron determinar la duración del día y la distancia entre la Tierra y la Luna. «En el futuro, queremos ampliar el trabajo en diferentes intervalos de tiempo geológico», dice Malinverno.

El estudio complementa otros dos recientes que se basan en el registro de rocas y los ciclos de Milankovitch para comprender mejor la historia y el comportamiento de la Tierra. Un equipo de investigación de Lamont-Doherty usó una formación rocosa en Arizona para confirmar la notable regularidad de las fluctuaciones orbitales de la Tierra desde casi circulares a más elípticas en un ciclo de 405.000 años. Y otro equipo en Nueva Zelanda, en colaboración con Meyers, analizó cómo los cambios en la órbita terrestre y la rotación en su eje han afectado los ciclos de evolución y extinción de organismos marinos llamados graptolitoideos, que se remontan a 450 millones de años.

«El registro geológico es un observatorio astronómico para el sistema solar primitivo», dice Meyers. «Estamos mirando su ritmo pulsante, preservado en la roca y la historia de la vida».



ABC

Servirá para retransmitir la misión en la superficie lunar en directo y HD.




Nokia y Vodafone crearán la primera red 4G en 2019... ¡en la Luna! 50 años después de que el ser humano siera sus pasos sobre la superficie lunar, llegará allí esta tecnología de conexión de móvil. Esto se producirá como medida de soporte para una misión de PTScientists, que tienen previsto el primer aterrizaje en la Luna financiado de manera privada para el próximo año 2019.

Bautizada con el nombre Mission to the Moon este viaje se realizará a través del lanzamiento de un cohete Falcon 9 de SpaceX desde Cabo Cañaveral, contando como colaboradores estrella con Audi y Nokia. La primera de ellas proveerá a la misión con dos rovers Audi lunar quattro, que contarán con una estación base situada en el Módulo Autónomo de Aterrizaje y Navegación (ALINA). En lo que respecta a Nokia (concretamente, será Nokia Bell Labs el sector de la compañía ocupado de la misión), ha sido escogida por el grupo alemán de Vodafone para crear una red espacial ultracompacta que permita el tráfico de datos.

¿Para qué?

Inicialmente, contar con 4G en la Luna puede parecer algo más llamativo que útil, pero lo cierto es que ninguno de estos esfuerzos será en balde. Esta red 4G hará posible que los rovers de Audi puedan transmitir vídeo en HD en directo mientras se acercan al Apollo 17 de la NASA, el vehículo utilizado por Eugene Cernan y Harrison Schmitt –los últimos astronautas que caminaron sobre la superficie lunar–, ofreciendo unas imágenes inéditas hasta el momento. La retransmisión podrá ser vista de manera global gracias a un enlace en el espacio profundo

En cuanto a los detalles técnicos de cómo será esto posible, aún hay pocos datos. Los conocemos cuando se acerque el momento, aunque lo que sí adelantan ya es que a comunicación será posible a través de la banda de frecuencia de 1.800 MHz y que la retransmisión será vista de manera global haciendo uso de un enlace en el espacio profundo interconectado con un servidor de PTScientists en Berlín.

En pleno auge del 5G y el futuro que está por llegar gracias a esta tecnología, resulta curioso volver a hablar del 4G, pero sin duda merece la pena hacerlo si se trata de un 4G lunar. Habrá que esperar todavía unos meses para ver hecho realidad este "paso crucial para la exploración sostenible del sistema solar".



hipertextual

Este miércoles se produjo una curiosa coincidencia astronómica: un eclipse lunar total justo cuando nuestro satélite se acerca más a la Tierra y está por segunda vez en el mismo mes en fase de luna llena. Los habitantes del Lejano Oriente y Australia podrán disfrutar de este espectáculo protagonizado por una superluna rojiza.




No es fácil que coincidan eclipse total, superluna y segunda Luna llena del mes, llamada en algunos medios estadounidenses como 'luna azul' aunque nada tiene que ver con ese color. Sin embargo, estas tres circunstancias se producen este miércoles 31 de enero, una coincidencia que no ocurría desde 1982.

En esta ocasión coinciden eclipse total, superluna y segunda luna llena del mes

“No tendrá ninguna implicación, ni positiva ni negativa, para nuestro planeta y, desde el punto de vista astronómico, el mayor interés reside en las observaciones y medidas tomadas durante el transcurso del eclipse total”, señala el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) en un comunicado.

Los eclipses lunares ocurren cuando nuestro satélite pasa por la sombra de la Tierra. Esto no sucede todos los meses porque la órbita de la Luna está ligeramente inclinada con respecto a la de la Tierra-Sol. A diferencia de los eclipses solares, los lunares son visibles desde cualquier lugar del mundo, una vez que la Luna está sobre el horizonte en el momento del eclipse.

Durante la totalidad, la Luna no desaparece de la vista, sino que adquiere una tonalidad rojiza, razón por la que en las redes sociales se la conoce como ‘Luna de Sangre’. La atmósfera de la Tierra, que se extiende unos 80 km más allá del diámetro terrestre, actúa como una lente desviando la luz del Sol, al tiempo que filtra eficazmente sus componentes azules, dejando pasar solo luz roja que finalmente será reflejada por la Luna, dándole un resplandor cobrizo característico.




Animación del eclipse lunar. / Tomruen

Según datos proporcionados por la NASA, en el año 2018 se producirán dos eclipses totales de Luna: el 31 de enero y el 27 de julio. El de este mes será visible completamente (con un máximo sobre las 13:30 horas GMT) desde Australia y el este de Asia, mientras que su observación desde Europa occidental no será posible.




Visibilidad del eclipse lunar del 31 de enero de 2018. / PIRULITON

El segundo eclipse lunar del año se podrá ver, al menos su fase final, desde el oeste de nuestro continente; pero deberemos esperar hasta el 21 de enero de 2019 para ver todas las fases de un eclipse total de Luna.

Llega otra superluna

Lo que sí se podrá observar desde España y el resto de países es la superluna en la noche del 30 al 31 de enero. Debido a que la órbita de la Luna es una elipse, hay momentos que se encuentra más cercana a la Tierra (perigeo) y otros más alejada (apogeo), y durante las superlunas –la luna llena se produce cerca del perigeo–, el diámetro lunar puede aumentar hasta en un 14% y alrededor de un 30% su brillo respecto a una Luna llena en el apogeo.

¿Y se puede percibir el cambio de tamaño a simple vista? La respuesta es que será muy difícil apreciarlo, aunque la Luna será más brillante. Los cálculos indican que no es raro que la Luna llena suceda cerca del perigeo. De hecho, suelen ocurrir de 3 a 5 superlunas en un año (de las 12-13 posibles). Por ejemplo, en 2017 tuvimos tres superlunas, las mismas que se producirán en el año 2018 (dos en enero y otra en diciembre).

En la situación más favorable, una superluna tendrá un diámetro de 4 minutos de arco mayor que una Luna llena en el apogeo. Es decir, el incremento de diámetro angular de la superluna es de solo la quinceava parte del tamaño angular de nuestro dedo meñique si lo observamos con el brazo extendido. Esto significa que es realmente muy difícil distinguir la diferencia a simple vista, a pesar del llamativo nombre de superluna.




Mínimo perigeo lunar (distancia Tierra-Luna=356.355 km; tamaño aparente de la Luna=33,5 minutos de arco) y máximo apogeo (distancia Tierra-Luna=406.725 km; tamaño aparente de la Luna=29,4 minutos de arco) en el periodo que va desde los años -1999 a 3000. La diferencia de tamaños aparentes (desde la Tierra) es de solo un 14%. / Gabriel Pérez Díaz, SMM (IAC). Fuente: Fred Espenak @ astropixels.com.



SINC

La instalación pretende ser el puerto de partida para misiones tripuladas a Marte




Rusia y EE UU han firmado una declaración de cooperación para crear una estación espacial en la Luna que comenzará a construirse a mediados de la próxima década, según ha anunciado hoy la agencia espacial rusa en un comunicado.

El proyecto Deep Space Gateway —Puerta al Espacio Profundo, en inglés— está abanderado por la NASA y consiste en una estación espacial en la órbita del satélite de la Tierra. El proyecto sería el sucesor de la Estación Espacial Internacional (ISS), que llegó al espacio en 1998 con la colaboración de EE UU, Rusia, Europa, Canadá y Japón y que dejará de funcionar en 2024, según los planes actuales.

El acuerdo muestra una importante sintonía en el espacio entre dos países enfrentados por el espionaje, la guerra en Siria y la proliferación nuclear de Corea del Norte. Las agencias espaciales de Europa (ESA), Japón y Canadá también están embarcadas en el proyecto, que aún está en un punto temprano de desarrollo, según la ESA.

Antes del anuncio de hoy, Rusia había expresado su intención de construir una base propia en la superficie de la Luna para entrenar a sus cosmonautas de cara a futuros viajes a Marte. También China ha anunciado planes para llevar a la Luna su propia estación espacial.

Parte de la declaración, firmada en Adelaida (Australia) durante el Congreso Internacional de Astronáutica, se refiere a las normas internacionales que deben aplicarse en el futuro. "Al menos cinco países están trabajando en la creación de sus propias naves tripuladas", ha dicho Igor Komarov, director general de Roscosmos. "Con el fin de evitar problemas en el futuro en la cooperación técnica, se debería unificar una parte de las normas, por la posibilidad de que los diferentes países trabajen en sus productos y se unan a la estación internacional en la órbita de la Luna", ha añadido. El pacto entre Rusia y EE UU también incluye el uso de los actuales cohetes rusos Proton y Angara en la construcción de la nueva base, así como el futuro cohete de gran tamaño que está construyendo Roscosmos.

"Declaraciones como la firmada con Roscosmos muestran que el concepto de Deep Space Gateway es un buen ejemplo de exploración espacial asequible y sostenible", ha dicho por su parte Robert Lightfoot, director en funciones de la NASA, en un comunicado.

El objetivo final de la nueva estación es ser el puerto de partida para las misiones tripuladas a Marte y otros puntos del Sistema Solar. Estos viajes se realizarían en vehículos reutilizables con propulsión química y eléctrica para ir y volver al planeta rojo, según explica la NASA. La primera fase de construcción consistirá en llevar a la órbita lunar los tres módulos de la estación, uno para generar energía, otro para que vivan los astronautas y un tercero dedicado a laboratorios similares a los de la ISS.

La instalación será una colonia donde los astronautas podrán entrenarse para ir a Marte y donde se probarán todas las tecnologías necesarias para alcanzarlo. También será la nave nodriza de misiones de exploración lunar tripuladas y no tripuladas. El cohete SLS que está construyendo la NASA, el más potente del mundo, será el enlace entre la Tierra y la Luna junto a las cápsulas Orion, cuyos propulsores y sistema de soporte vital han sido construidos por la Agencia Espacial Europea (ESA).

La nueva estación tendrá tres módulos, uno para producir energía eléctrica, otro para que vivan los astronautas y un tercero con laboratorios similares a los de la ISS. Una vez acabada la base, a finales de la próxima década, se realizaría una misión tripulada de un año de duración en esta Puerta al Espacio Profundo para demostrar que todas las tecnologías necesarias para viajar a Marte están listas.



ELPAIS

La europea Smart-1 no es la primera. Antes fueron localizadas una sonda india, un orbitador, las naves gemelas Grail y un reflector de la Unión Soviética 




Un equipo de investigadores anunciaba recientemente en el Congreso Europeo de Ciencia Planetaria (EPSC) celebrado en Riga (Letonia) el hallazgo del lugar donde descansa la Smart-1, la primera misión lunar de la Agencia Espacial Europea (ESA). La nave espacial fue estrellada de forma controlada contra la superficie de la Luna hace once años, pero nadie sabía exactamente dónde había caído hasta ahora. Resulta que está en el borde del lado oscuro de nuestro satélite natural. El hallazgo puede parecer emocionante -y realmente lo es, ya que resulta todo un reto tecnológico- pero no es el primero de este tipo.

La Chandrayaan-1

En marzo de este mismo año, la NASA anunciaba que había localizado en la órbita de la Luna otra nave espacial perdida, la india Chandrayaan-1, con la que no se tenía contacto desde 2009. Una nueva aplicación de radar permitió el hallazgo. No fue fácil dar con la sonda, ya que es pequeña y está situada a 380.000 kilómetros de distancia. Con la misma técnica, los científicos pudieron localizar con exactitud también el Orbitador de Reconocimiento Lunar (LRO), un artefacto en activo de la agencia espacial que gira alrededor de nuestro satélite natural desde hace siete años y que, precisamente, ha ayudado a descubrir el resto de naves perdidas, incluida la Smart-1. La nueva técnica podría ayudar a planificar las futuras misiones a la Luna.

 
Las naves Grail


Las naves GrailLugar de impacto de las naves Grail- NASA

El 17 de diciembre de 2012, la NASA estrelló intencionalmente dos naves espaciales contra la Luna. Las dos sondas gemelas de la misión Gravity Recovery and Interior Laboratory (Grail), destinada a elaborar un mapa de gravedad de nuestro satélite, se empotraron contra una montaña del polo norte lunar debido a que no tenían ni suficiente altura ni combustible para seguir con sus investigaciones científicas. En marzo de 2013, la agencia espacial anunciaba que la LRO había conseguido fotografiar los restos de las naves en la zona de impacto.


 
El reflector del soviético Lunokhod 1


El reflector del soviético Lunokhod 1El rover Lunokhod 1, en su localización final- NASA / GSFC / Arizona State University

En esta ocasión no se trata de una nave, sino de un instrumento que la Unión Soviética perdió sobre la superficie de la Luna en 1971. Muchos científicos lo habían buscado con empeño sin ningún resultado, y nadie esperaba ya encontrarlo, creyendo, por ejemplo, que podría haber caído en un cráter, pero un equipo de físicos norteamericanos daba con él en 2010.

Se trata de un reflector láser de fabricación francesa enviado a bordo de la misión no tripulada Luna 17, que aterrizó en nuestro satélite natural el 17 de noviembre de 1970. La nave liberó un vehículo robótico para inspeccionar el terreno con el reflector a bordo. La sonda soviética y su robot, llamado Lunokhod 1, dieron su última señal de vida un año después, el 14 de septiembre de 1971. La máquina se dio por perdida hasta que un equipo de la Universidad de California dio con ella gracias a la cámara de alta resolución de la LRO.

Pero la historia no se quedó ahí, porque, aunque parezca increíble, el viejo reflector cubierto de polvo lunar sigue funcionando y está enviando fortísimos pulsos de láser a la Tierra.


ABC


En el primer acto de exploración de la Luna, los protagonistas fueron Neil Armstrong y Buzz Aldrin. Ahora, la ESA fija su mirada en nuestro satélite natural con el objetivo de ampliar el elenco en el escenario lunar.

Al sondear el mercado en busca de servicios de transporte a la Luna, la ESA quiere superar los límites de la tecnología y crear nuevos modelos de negocio espacial.

Poner el pie en la Luna constituyó un momento clave de la historia de la humanidad. Hicieron falta ocho años y una enorme cantidad de recursos para tocar la superficie lunar, inicialmente durante menos de un día. Esos pequeños pasos para el hombre y las misiones que los siguieron nos enseñaron mucho sobre la Luna, nuestra cápsula del tiempo cósmica. Y, sin embargo, los humanos no han vuelto desde que la misión Apolo 17 regresó a la Tierra en 1972.



Con la tecnología actual sería fácil volver, pero sigue siendo caro desarrollar el viaje y llevar todo lo necesario para el soporte vital allí. La ESA quiere que nuestro regreso a la Luna sea sostenible y se base en la colaboración, no solo con agencias espaciales internacionales, sino también con el mundo de la empresa. Puede que la clave para que este deseo se haga realidad esté en el enfoque comercial, tanto literal como figuradamente.

En lugar de desarrollar desde cero una misión completa con su módulo de aterrizaje —lo que supondría un proceso largo y costoso—, la ESA desea hacerse con una plaza en un módulo comercial para poder llevar su valioso equipo de investigación hasta la superficie lunar con seguridad. Una vez allí, estaríamos dispuestos a pagar la ‘tarifa de itinerancia’ para poder hablar con nuestro hardware.

Pero para que volver a la Luna sea realmente sostenible, debemos aprovechar los recursos existentes allí. Así, además de en transporte y comunicación, buscamos invertir en el desarrollo y el pago por uso de tecnologías que puedan convertir la materia autóctona lunar en oxígeno y agua, recursos indispensables para el sostenimiento de futuras operaciones humanas en el espacio profundo.

¿Por qué es tan importante la sostenibilidad? Si la exploración se limitase a ir y volver de un lugar, tendría sentido fijarse metas cada vez más alejadas en nuestro Sistema Solar. Sin embargo, aunque las misiones Apolo nos han enseñado mucho, apenas hemos rascado la superficie de nuestro octavo continente.

Desde entonces, los satélites que orbitan la Luna han revelado la presencia de oxígeno y hielo de agua, recursos potencialmente utilizables en la exploración espacial.  



La ESA invita a los proveedores de servicios con ideas adecuadas a participar en un estudio de un año de duración que dará forma a esta Misión de Demostración de Utilización de Recursos In Situ. Queremos saber qué es lo que los socios comerciales necesitan de nosotros y compartir lo que esperamos de ellos.

Juntos, queremos explorar lo que significaría convertir la exploración lunar en un proyecto viable, competitivo y, sobre todo, sostenible.

Queremos regresar a la Luna para desvelar sus misterios y utilizarla como trampolín del futuro de la humanidad en el espacio profundo. Si eres una empresa comercial lista para aceptar el desafío y construir sobre el legado de Neil y Buzz, queremos conocer tus ideas.


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La instantánea, en la que aparece nuestro planeta junto a su satélite, ha cumplido 40 años. La fotografía fue hecha por la sonda espacial Voyager 1, lanzada en 1977 



La instantánea, tomada a una distancia de cerca de 11,7 millones de kilómetros, fue el primer fruto de una misión mítica que exploró los planetas exteriores del Sistema Solar (Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno) y muchas de sus lunas, y que incluso llegó a los límites de nuestro sistema planetario: desde 2012 la sonda Voyager 1 surca el espacio interestelar y ya no está bajo la influencia del viento solar.

Después de la toma de la Tierra y la Luna, el largo viaje de la Voyager la llevó hasta las cercanías de Júpiter, el 9 de marzo de 1979. Allí, los astrónomos descubrieron los primeros volcanes más allá de la Tierra, en la luna Ío, y que la gran mancha roja de Júpiter era una gran tormenta con aspecto de ciclón.

Después, las dos sondas Voyager se encontrarían con Saturno, Urano y Neptuno y tomarían espectaculares imágenes de su, aparentemente, tranquila superficie.

Pero si una imagen cambió la visión sobre el espacio fue la del famoso «punto azul pálido» (o «pale blue dot»). El 14 de febrero de 1990, casi 13 años después de su lanzamiento, la Voyager 1 hizo sus últimas fotos del Sistema Solar. Captó todos los planetas, apenas puntos en la negrura del espacio, a una distancia de cerca de 6.000 millones de kilómetros. La imagen de la Tierra inspiró a Carl Sagan, quien acuñó el término de «punto azul pálido» para referirse a lo frágil y excepcional que es nuestro planeta.

Después de eso, la Voyager 1 se sumergió en la vasta negrura del Sistema Solar y comenzó un largo viaje en el que ningún objeto está lo suficientemente cerca como para poder fotografiarlo. No será hasta dentro de 40.000 años cuando la Voyager 1 «se acercará» a 1,6 años luz de distancia de la estrella AC+79 3888.



ABC



Gracias a un sistema desarrollado en el marco de un contrato de la ESA, el proyecto griego NELIOTA ha comenzado a detectar destellos de luz provocados por el impacto de pequeñas rocas sobre la superficie lunar. NELIOTA es el primer sistema que puede determinar la temperatura de estos destellos.

Estudios como NELIOTA son importantes, dado que tanto la Tierra como la Luna se ven bombardeadas constantemente por residuos espaciales de origen natural. La mayoría de estos objetos tienen tamaños similares a los de partículas de polvo o pequeñas piedras. Sin embargo, en ocasiones pueden aparecer inesperadamente objetos más grandes. Esto es lo que sucedió cuando un objeto de casi 20 metros de diámetro se desintegró sobre la ciudad rusa de Chelyabinsk en febrero de 2013. La explosión resultante, que se grabó en vídeo, provocó daños considerables aunque, por suerte, no hubo que lamentar víctimas.

En cualquier noche oscura y limpia podemos apreciar varias veces por hora cómo se desintegran partículas de pocos milímetros: se trata de los meteoros o ‘estrellas fugaces’. No obstante, no se conoce con exactitud el número de objetos que llegan con tamaños de decímetros a varios metros. Son demasiado pequeños para que los telescopios los detecten directamente, por lo que las cámaras no suelen capturarlos cuando llegan a la atmósfera terrestre.

Una forma de determinar el número de objetos de mayor tamaño y su potencial de impacto en la Tierra es observar la Luna, y especialmente el área no iluminada por el Sol. Cuando pequeños asteroides chocan a alta velocidad contra la superficie lunar, se desintegran por el impacto, generando un breve destello luminoso que puede verse desde la Tierra. Si asumimos una velocidad y una densidad típicas, el brillo del impacto nos permitirá calcular la masa y el tamaño del objeto.

El proyecto NELIOTA (Near-Earth object Lunar Impacts and Optical TrAnsients, o Impactos y Transitorios Ópticos en la Luna de Objetos cercanos a la Tierra), que se puso en marcha el 8 de marzo 2017, constituye una nueva campaña para estudiar estos destellos lunares. Para ello emplea un telescopio adaptado, operado por el Observatorio Nacional de Atenas y situado cerca de la ciudad de Kryoneri.

Este telescopio de 1,2 m divide la luz incidente en dos colores, y emplea dos cámaras digitales avanzadas para grabar los datos a 30 fotogramas por segundo. Siempre que la Luna se encuentra sobre el horizonte y casi oscura —entre las fases de luna nueva y cuarto creciente, o entre el cuarto menguante y la luna nueva— se llevan a cabo observaciones del hemisferio nocturno de nuestro satélite natural.

Un software automatizado analiza los vídeos obtenidos e identifica posibles destellos por impacto. Los efectos que pudieran presentar las cámaras se eliminan al identificar únicamente eventos detectados por ambas cámaras. Estas funcionan con gamas cromáticas diferentes, permitiendo así calcular la temperatura de cada destello por impacto: NELIOTA es el primer sistema de este tipo con potencial para determinar la temperatura de los destellos.

La excepcional capacidad del telescopio quedó confirmada durante su fase preoperativa de puesta en servicio, cuando registró cuatro destellos por impacto en unas 11 horas de observación. El objetivo ahora es estudiar estos destellos en el lado oscuro de la luna durante un periodo de 22 meses.

“La gran apertura del telescopio permite a NELIOTA detectar destellos más tenues que otros sistemas de monitorización lunar y ofrecer información de color precisa, que otros proyectos hasta ahora no podían proporcionarnos”, explica Alceste Bonanos, investigador principal de NELIOTA.

“Nuestro sistema de doble cámara permite confirmar los impactos lunares con un solo telescopio, algo imposible hasta el momento. Una vez hayamos recopilado datos durante el periodo operativo de 22 meses, podremos acotar el número de objetos cercanos a la Tierra a un rango de tamaños de decímetros a metros”.

“Los datos también permitirán determinar la física de los destellos por impacto. Estamos analizando los destellos en colaboración con la Oficina de Soporte Científico de la ESA para medir la temperatura de cada destello y calcular la masa y el tamaño del objeto, así como el tamaño del cráter creado por el impacto”.

 
Lunar impact flash


“Estas observaciones son muy importantes para nuestro programa Conocimiento del Medio Espacial (SSA), especialmente porque no sabemos bien el número de objetos en el rango de tamaños que vemos aquí. Así, al realizar estas observaciones durante un periodo de tiempo mayor podremos comprenderlos mejor”, explica Detlef Koschny, corresponsable del segmento de objetos cercanos a la Tierra del programa Conocimiento del Medio Espacial (SSA) y científico de la Oficina de Soporte Científico de la ESA.

NELIOTA también está fomentando la participación y la educación del público.

“En estos momentos estamos formando a dos doctorandos para que puedan manejar el telescopio de Kryoneri y llevar a cabo observaciones de monitorización lunar”, añade Alceste.

“También organizamos visitas públicas al Observatorio de Kryoneri, durante las cuales presentamos el proyecto NELIOTA y ofrecemos charlas sobre asteroides cercanos a la Tierra para estudiantes y el público en general. Este año, además, tenemos pensado participar en el Día del Asteroide 2017, organizando un acontecimiento público el 30 de junio en el Observatorio de Kryoneri”.

El Observatorio Nacional de Atenas ha desarrollado y se encarga de la operación de NELIOTA. Está financiado por un contrato con la Dirección Científica de la ESA.

En el sitio web de NELIOTA (http://neliota.astro.noa.gr/) se pueden consultar las características de los destellos (hora, duración, magnitud y coordenadas) al cabo de 24 horas desde su observación.

Tras su puesta a punto en 2016 de cara al proyecto NELIOTA, el telescopio de Kryoneri se emplea principalmente para la monitorización de la Luna. También contribuye a la fotometría de seguimiento de eventos transitorios, como los detectados por la misión Gaia de la ESA, así como de ocultaciones de asteroides.

Uno de los peligros a los que los humanos en la Luna tendrían que enfrentarse es que un pequeño asteroide podría dañar su infraestructura. Así, NELIOTA ayudará a estimar el peligro que suponen estos asteroides. Como la Luna carece de atmósfera, no puede bloquear estos pequeños pero peligroso objetos. Por este motivo, es probable que las infraestructuras permanentes en la Luna se sitúen bajo la superficie, para así ofrecer una mayor protección frente al impacto de pequeños asteroides y meteoroides, y frente a la radiación solar.


esa
  • La conocida como luna llena de las flores podrá verse desde las 20.57 hasta las 07.08 horas, alcanzando el 100% de la iluminación a las 23.42 horas. Hasta el 9 de junio no habrá otra luna llena.

  • También se la llamaba la luna de la leche (era cuando los ganaderos iban con sus vacas en busca de prados más verdes) o la de la madre (se asociaba a mayor fertilidad de las mujeres).


    La Luna llena de mayo, también conocida popularmente como la 'Luna de las flores', podrá verse este miércoles 10 de mayo en España desde las 20.57 hasta las 07.08 horas, alcanzando el 100% de la iluminación a las 23.42 horas, según Eltiempo.es

    Por tanto, la Luna estará en el cielo durante 10 horas y 11 minutos, mientras que el Sol permanecerá en el firmamento cuatro horas más (14 horas y 11 minutos), al salir a las 07.06 horas y ponerse a las 21.17 horas. Esto se debe a que durante el verano, la luna permanece menos tiempo en el firmamento en el hemisferio norte.

    Este comportamiento se debe a que la luna llena, al estar opuesta al Sol, tiene lugar en la parte del firmamento que está por debajo del ecuador celeste de la Tierra. Así que recorre un camino más corto de horizonte a horizonte desde que sale hasta que se pone. Ese efecto es más pronunciado cuanto más al norte se pueda vislumbrar el fenómeno.

    Como consecuencia, al estar cerca del horizonte, la Luna parece mucho más grande cuando hay algo que le da escala. A menudo, tiene un color rojizo durante los meses estivales, lo cual se debe a que la luz de la Luna tiene que recorrer más atmósfera hasta alcanzar los ojos de quien la ve.

    En este caso, la luna llena de mayo no pasará por el camino de ningún planeta, aunque se encontrará en un lugar relativamente oscuro del cielo, ya que pasará por delante de la constelación de Libra. Es decir, en lugares con cielos suficientemente oscuros, la Luna destacará mucho más que las regiones a su alrededor.

    Luna de las flores, de la madre, de la leche...

    El origen de esta denominación se debe a la cultura popular, ya que se suele utilizar los nombres que las tribus nativas americanas daban a cada luna. En concreto, la del mes de mayo servía para controlar el paso de las estaciones y la llegada de cada momento.

    No obstante, las denominaciones varían. Así, otros daban distintos nombres a esta luna, como 'Luna de la madre', al considerarla un símbolo del aumento de la fertilidad; 'Luna de la leche', como símbolo del final de las heladas tardías; y 'Luna de la siembra de maíz', por el florecimiento de las plantas.

    En cambio, en China los meses lunares reciben diferentes nombres y, en concreto, la luna llena de mayo recibe la denominación 'Huáiyuè' o mes de la acacia. En Oriente Medio, tanto judíos como musulmanes utilizaban la luna como base de sus calendarios. Según la tradición judía, los meses comienzan con la luna nueva, y la luna llena de mayo tendrá lugar en el decimocuarto día del mes Iyar.




    lainformacion.com


La empresa SpaceX anunció el 27 de febrero que llevará a dos privados en un viaje alrededor de la Luna a finales de 2018. Esas dos personas han hecho un pago importante para realizar una misión lunar. Como los astronautas de la misiones Apollo lo hicieron, estos turistas viajarán al espacio llevando las esperanzas y sueños de toda la humanidad, impulsados por el espíritu humano de exploración, indicó SpaceX en un comunicado. La compañía espera llevar a cabo las pruebas físicas y de salud, y también comenzar el entrenamiento inicial hacia finales de este año.

Sin la NASA, esto no sería posible, según SpaceX. El programa de vuelos tripulados comerciales de la NASA, que proporcionó la mayoría del financiamiento para el desarrollo de la cápsula Dragon 2, es un facilitador clave para esta misión. Además, se hará uso del cohete Falcon Heavy que fue desarrollado con financiamiento interno de SpaceX. Falcon Heavy tiene su primer vuelo de prueba programado para los próximos meses y, si es exitoso, será el vehículo más poderoso en alcanzar la órbita después del cohete lunar Saturn V.

A finales de este año, como parte del programa de la NASA, SpaceX lanzará su nave Crew Dragon (Dragon Version 2) a la Estación Espacial Internacional (ISS). Esta primera misión de demostración será en modo automático, sin personas a bordo. Se espera que una misión posterior con tripulación vuele en el segundo cuarto de 2018. Actualmente, SpaceX está contratada para realizar un promedio de cuatro misiones de Dragon 2 a la ISS por año, tres llevando carga y una llevando tripulación. Al volar también misiones tripuladas privadas, algo que la NASA ha estimulado, disminuyen los costos a largo plazo para el gobierno y se obtiene un historial de vuelo más confiable, beneficiando tanto al gobierno como a las misiones privadas.

Una vez que las misiones operacionales de Crew Dragon estén funcionando para la NASA, SpaceX lanzará la misión privada en un viaje a circunnavegar la Luna y regresar a la Tierra. El lanzamiento será desde la histórica rampa 39A del Centro Espacial Kennedy cerca de Cabo Cañaveral; la misma plataforma usada por el programa Apollo. Esto representa una oportunidad para que el ser humano regrese al espacio profundo por primera vez en 45 años y viajar más rápido y lejos en el Sistema Solar.

Diseñada desde el comienzo para llevar humanos, la nave Dragon tiene un largo legado de vuelos. Estas misiones se basarán en ese patrimonio, extendiéndolo a las operaciones de misiones de espacio profundo, un hito importante en el trabajo hacia el objetivo final de llevar humanos a Marte.



SpaceX
  • El fenómeno será sobre todo visible en una franja de 100 km a través de Chile, Argentina, Angola, Zambia y República Democrática del Congo.

  • Un eclipse solar anular se produce cuando la Tierra, la Luna y el Sol se alinean.



    Parte de Suramérica, del sur de África y algunos navegantes del Atlántico podrán disfrutar el domingo de un espectacular eclipse solar anular, cuando un "anillo de fuego" rodeará la Luna.

    El fenómeno será sobre todo visible en una franja de 100 km a través de Chile, Argentina, Angola, Zambia y República Democrática del Congo.

    Un eclipse solar anular se produce cuando la Tierra, la Luna y el Sol se alinean.

    Pero incluso cuando están perfectamente en esa posición, la Luna está demasiado lejos de la Tierra para bloquear completamente la visión del Sol, y por eso alrededor del disco negro del satélite se ve un anillo de luz del astro.

    Primeramente, parecerá como si al Sol le hubiesen dado un "mordisco", dijo Terry Moseley, de la Asociación Astronómica Irlandesa (IAA). Este irá haciéndose cada vez mayor a medida que la Luna -invisible desde la Tierra- avanza pasando delante del Sol, explicó a la AFP.

    "Cuando el 90% del Sol esté tapado, se notará una caída significativa de la temperatura y de la luminosidad, y un cambio en la calidad de la luz, que es difícil de describir", agregó Moseley.

    A medida que oscurezca el día, los animales podrían iniciar su rutina nocturna, creyendo que se acerca la puesta de sol.

    En el momento álgido del eclipse, la Luna se hallará en el centro del Sol, provocando la aparición de un "anillo perfecto, bello, simétrico", antes de salir por el otro lado, dijo Moseley.

    Para los observadores justo al otro lado de la franja óptima de visión, se verá un anillo más ancho de un lado que de otro, pero aun así "la imagen será espectacular".

    El resto del planeta no vera nada o casi nada.

    Sólo dura un minuto

    La Luna tardará dos horas en cruzar el Sol, pero el eclipse anular durará solo un minuto.

    El espectáculo debutará en pleno corazón del océano Pacífico al salir el sol y alcanzará el continente suramericano por la ciudad chilena de Coyhaique, a las 12H21 GMT.

    Tras atravesar Argentina y llegar al Atlántico Sur, el eclipse será visible para algunos "navíos que se hallen en el lugar y momento adecuados", según Moseley.

    Luego seguirá por África a través de Angola, Zambia y República Democrática de Congo hasta la puesta de sol.

    Cuanto más nos alejemos de la zona de visión, más pequeña será la parte del Sol tapada por la Luna. Santiago verá el 64% del espectáculo, Rio de Janeiro el 53%, Lagos el 36% y Ciudad del Cabo el 52%, según el IAA.

    El eclipse puede ser observado con seguridad utilizando una hoja de papel a la que se le hace un agujero con la punta de un lápiz y se coloca delante del Sol. La imagen del eclipse se proyecta entonces en una segunda hoja, recordó la Sociedad Astronómica de Suráfrica.

    Para mirar el Sol directamente, son necesarias unas gafas especiales.

    Solo queda por determinar el tiempo, clave para poder disfrutar del eclipse solar anular.



    lainformacion.com
  • La conocida como luna de nieve, coincidirá este año con un eclipse lunar penumbral que se podrá ver en España desde las 23:34 horas y hasta las 3:53 de la madrugada del día 11.

  • Apenas unas horas más tarde, el cometa 45P -también conocido como el cometa de Año Nuevo- hará su acercamiento más próximo a la Tierra.



    Febrero nos trae el primer eclipse lunar del año. Podremos contemplarlos durante las primeras horas del 11 de febrero y se verá prácticamente en todo el mundo con gran nitidez y también en España. Sólo se perderán este fenómeno quienes intenten contemplarlo desde el extremo oriental de Asia y desde Oceanía.

    Una vez más, el sol, la tierra y la luna coinciden en su órbita para mostrar esos momentos extraordinarios que tanto gusta contemplar. Pero en esta ocasión se trata de un eclipse lunar penumbral, es decir, que como su nombre indica, el astro pasa sólo por la penumbra que arroja la Tierra. Esto significa que sólo la sombra externa más difusa de la Tierra será la que tape la luna.







     Eclipse penumbral




    Eclipse penumbral

    Por este motivo la sombra será más sutil que la que provoca un eclipse parcial o total, que son los que vemos más a menudo y que son los que se producen cuando parte o toda la luna quedan ocultas.

    La sombra que hará perder intensidad a la Luna se proyectará por primera vez sobre el satélite a las 23.34 hora española del 10 de febrero, con un máximo a las 01.44 del sábado 11 para terminar dos horas después, a las 03.53.

    Pero no es el único acontecimiento que ocurrirá en el cielo la noche del sábado, ya que apenas unas horas más tarde, el cometa 45P -también conocido como el cometa de Año Nuevo- hará su acercamiento más próximo a la Tierra.

    Será visible en el cielo de la mañana en la constelación de Hércules, antes de pasar por las constelaciones Corona Borealis (la Corona del Norte), Boötes (el Pastor), Canes Venatici y Ursa Major.





lainformacion.com

Las tormentas solares potentes pueden cargar eléctricamente el suelo en los polos lunares, en concreto en las regiones gélidas y que se hallan sumidos en la sombra de manera perpetua, y podrían posiblemente producir fuertes “chispazos” capaces de vaporizar y fundir la capa superficial de las áreas de suelo afectadas. Este fenómeno podría causar en la Luna transformaciones de tanta envergadura como las ocasionadas por los impactos de meteoritos, según las conclusiones a las que se ha llegado en una nueva investigación. Es posible que se descubran huellas de esta exótica clase de alteración cuando se analicen futuras muestras de estas regiones.

Mapa que muestra las regiones en sombra perpetua (en azul) que cubren aproximadamente el 3 por ciento del polo sur de la Luna. (Imagen: NASA Goddard/LRO mission)

La Luna casi no tiene atmósfera, así que su superficie está expuesta al agresivo entorno espacial. Los impactos de pequeños meteoritos golpean constantemente la capa superior de polvo y roca, llamada regolito, del satélite. Cerca del 10 por ciento de esta capa percutida ha sido fundida o vaporizada por impactos de meteoritos. El equipo de Andrew Jordan, de la Universidad de New Hampshire en la localidad estadounidense de Durham, ha descubierto que en las regiones en sombra perpetua de la Luna se podría fundir o vaporizar un porcentaje similar de la superficie a consecuencia de las chispas ocasionadas por las tormentas solares.

La actividad solar explosiva, como las erupciones solares y las eyecciones de masa coronal, lanza partículas cargadas eléctricamente y muy energéticas hacia el espacio. La atmósfera de la Tierra nos escuda de la mayor parte de esta radiación, pero en la Luna estas partículas (iones y electrones) golpean directamente contra la superficie. Se acumulan en dos capas por debajo de esta última; los voluminosos iones no pueden penetrar a mucha profundidad porque tienen una mayor probabilidad de chocar contra átomos en el regolito, así que forman la capa más cercana a la superficie, mientras que los diminutos electrones pueden avanzar más y por eso forman una capa a mayor profundidad. Los iones tienen una carga positiva, en tanto que la de los electrones es negativa. Dado que las cargas opuestas se atraen, normalmente de aproximan entre sí y acaban cancelándose mutuamente.

En agosto de 2014, sin embargo, el equipo de Jordan presentó los resultados de simulaciones que predicen que las tormentas solares intensas causarían que el regolito de las regiones en sombra perpetua (PSR, por sus siglas en inglés) acumulase carga en estas dos capas hasta que esta fuera liberada explosivamente, como un relámpago en miniatura. Las PSR son tan gélidas que el regolito en ellas se convierte en un conductor extremadamente pobre de electricidad. Por tanto, durante tormentas solares intensas, se supone que el regolito disipa la acumulación de carga demasiado despacio, no pudiendo evitar los efectos destructores de una descarga eléctrica súbita, llamada ruptura dieléctrica. Se estima que el alcance de este proceso es suficiente como para alterar el regolito.

El citado proceso no es completamente nuevo para la ciencia espacial: las descargas electrostáticas pueden suceder en cualquier material escasamente conductor (dieléctrico) expuesto a una intensa radiación espacial, y es en la práctica la causa principal de las anomalías que padecen las naves espaciales, tal como argumenta Timothy Stubbs, del Centro Goddard de Vuelos Espaciales de la NASA, en Greenbelt, Maryland, Estados Unidos, coautor de la investigación.



NCYT

¿Es un pájaro? ¿Es un avión? No, es la Estación Espacial Internacional (ISS), que parece sobrevolar la superficie de la Luna. Esta espectacular imagen fue capturada por un equipo especializado de ESAC el sábado 14 de enero. 
 
Aprovechando la Luna llena, la órbita relativa de la Estación Espacial Internacional (ISS) y el precioso cielo nocturno en la sede de la ESA en la península ibérica, esta imagen compuesta muestra claramente algunos de los principales elementos de la estación. La imagen está formada por 13 fotogramas superpuestos, tomados a las 02:01:14 CEST. El fenómeno tuvo lugar con una rapidez extrema: la ISS solo tardó 0,56 segundos en atravesar el disco lunar. Por este motivo, fue necesario prepararse a conciencia para registrar el acontecimiento. 

La estación pasa por delante de la Luna con cierta frecuencia, pero que dicho tránsito sea visible desde un lugar concreto de la Tierra no es algo tan común: el observador, la ISS y la Luna deben estar perfectamente alineados. La geometría es tan peculiar que la franja terrestre desde la que se puede contemplar el evento apenas tiene unos cientos de metros de ancho. Por eso es necesario planificar con cuidado la observación. Teniendo todo esto en cuenta, y considerando que la ISS vuela a unos 27.000 km/h, el tránsito se produce en un abrir y cerrar de ojos. 

La ISS, que tiene aproximadamente el tamaño de un campo de fútbol, es el mayor objeto en órbita fabricado por el hombre. Aun así, debido a su distancia orbital de unos 400 km, se ve minúscula a través de los telescopios. Dependiendo de la altitud orbital de la ISS y de la elevación de la Luna sobre el horizonte, nuestro satélite natural puede verse al menos 30 o 40 veces más grande que la estación.

El grupo de intrépidos observadores que registró el evento, formado por Michel Breitfellner, Manuel Castillo, Abel de Burgos y Miguel Pérez Ayúcar, se enfrentó a unas temperaturas glaciales para instalar dos telescopios con cámaras réflex Canon en ESAC, el Centro de Astronomía Espacial de la ESA, ubicado cerca de Madrid. Al encontrarse en la sombra de la Tierra, la ISS no puede apreciarse antes del tránsito, por lo que la observación se llevó a cabo a ciegas, empleando como referencia para registrar el evento la hora prevista del tránsito. Por suerte, la mecánica orbital funcionó a la perfección y la ISS se pudo fotografiar exactamente según lo previsto. 

esa

Los resultados de un análisis reciente indican que la Luna se formó hace 4.510 millones de años, unos cuantos millones de años antes de lo que se creía previamente.

El astronauta John W. Young, de la misión Apolo-16, recogiendo muestras del suelo lunar. En las misiones del programa Apolo se hizo un valiosísimo trabajo recolectando muestras de la Luna. (Foto: NASA)

El equipo de la geoquímica Mélanie Barboni, de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), Estados Unidos, ha averiguado que, efectivamente, la Luna es al menos entre 40 y 140 millones de años más vieja que lo pensado hasta ahora por los científicos.

El sofisticado análisis se ha llevado a cabo en muestras de minerales de la Luna llamados zircones y que fueron traídos a la Tierra por la misión Apolo-14, en 1971.

La edad de la Luna ha sido un tema muy debatido, a pesar de que los científicos han intentado aclarar la cuestión durante muchos años y han usado una amplia gama de técnicas de investigación.

Finalmente, parece que el debate va a terminar, al menos en lo referente a la edad mínima de la Luna.

Esta se formó durante una colisión violenta y frontal entre la Tierra primitiva y un “embrión planetario” llamado Theia, según la conclusión de una investigación realizada por un equipo dirigido por geoquímicos de la UCLA y cuyos resultados se presentaron públicamente en 2016.

Las conclusiones a las que se ha llegado en la nueva investigación implicarían que la Luna se formó tan "pronto" como unos 60 millones de años después del nacimiento del sistema solar. Este punto de la cronología es importante porque si, tal como parece, es cierto, proporcionaría información esencial para los científicos que buscan averiguar cómo fue exactamente la evolución temprana de nuestro planeta y del sistema solar.



ScienciaAdvances
Una nueva hipótesis discute la teoría más aceptada sobre la formación del satélite a partir del choque entre la Tierra y un planeta en formación del tamaño de Marte


Una de las teorías más aceptadas sobre la formación de la Luna es que surgió por los restos que salieron de la colisión de un objeto gigante del tamaño de Marte, llamado Theia, contra la joven Tierra.

Sin embargo, investigadores del Instituto Weizmann de Ciencias (Israel) plantean ahora en la revista Nature Geoscience que no fue por la colisión de un solo objeto colosal, sino de varios más pequeños, hasta 20.

Con cada impacto se creaba un disco de residuos a partir del que se generaba una 'lunita'. A a lo largo de millones de años se formó una 'lunita' detrás de otra, que acababan uniéndose al conglomerado de las anteriores hasta generar la Luna.

La nueva propuesta se basa en simulaciones numéricas por ordenador y explica mejor el hecho de que el material de la Luna se parezca tanto al de la Tierra, en lugar de ser una mezcla del de nuestro planeta y el hipotético Theia.





La Luna es un satélite extraño. Es el quinto mayor del Sistema Solar y solo gigantes como Saturno y Júpiter son capaces de mantener en su redil objetos tan grandes. Es muy probable además, que a esa luna enorme le debamos nuestra existencia. Su presencia nos pudo proteger de grandes meteoritos y estabilizó y ralentizó la órbita de la Tierra, favoreciendo un clima más estable y propicio para el desarrollo de la vida.

Desde los años 70, se cree que la aparición de ese satélite fue fruto de un cataclismo que casi acaba con la Tierra. De hecho, algunas simulaciones sugieren que el impacto de un planeta del tamaño de Marte contra nuestro mundo lo destruyó durante algunas horas. Después, a partir del disco de escombros que quedó girando a gran velocidad, la Tierra se recompuso y quedó material para que surgiese la Luna.

Hace 4.500 millones de años, cuando el Sistema Solar aún estaba en formación y la materia que acabó formando los mundos que conocemos aún no había encontrado su lugar, los choques entre rocas sueltas que vagaban por el espacio era mucho más frecuente que ahora. Aquel suceso violento ha sido desde entonces la explicación más aceptada por los científicos para la aparición de la Luna.

El modelo que recrea aquel impacto sugiere que el material expulsado habría estado compuesto de cuatro partes de Theia, el objeto que chocó contra la Tierra, y una de nuestro planeta. Y sin embargo, la composición de la Tierra y la Luna es casi idéntica. Dada la diversidad de los materiales que componen los distintos planetas conocidos, el resultado de aquel impacto resulta llamativo, aunque muchas simulaciones de la formación del Sistema Solar plantean que el resultado final no es descabellado.

Esta semana, tres investigadores liderados por Rufu Raluca, del Instituto Weizmann, en Rehovot (Israel), han utilizado la computación para apoyar una segunda hipótesis sobre la formación de la Luna planteada en la década de 1980. En aquel escenario, en lugar de un encontronazo con un planeta como Marte, la aparición de nuestro satélite habría sido fruto de impactos importantes pero no tan catastróficos. Así, cada uno de estos choques habría producido pequeños discos de escombros que habrían ido formando minilunas. Poco a poco, la acumulación de sucesos similares habría generado más lunas que se habrían ido fusionando para formar el satélite que hoy conocemos. Si esto fue lo que sucedió, cada impacto habría llevado consigo una cantidad importante de material terrestre en la que se habrían diluido los materiales diversos aportados por los miniplanetas. Así, tendría más sentido la similitud en la composición de la Luna y la Tierra.

Cada uno de estos choques habría producido pequeños discos de escombros que habrían ido formando minilunas

Este nuevo estudio no hará desaparecer la hipótesis del impacto único, ni mucho menos. Según recuerda también en Nature el especialista en impactos planetarios Gareth Collins, del Colegio Imperial de Londres, para que la historia de Raluca y sus colegas fuese la que realmente sucedió, haría falta cierta dosis de fortuna. Según su modelo, serían necesarios unos 20 impactos para construir la Luna que conocemos, contando con que todas las minilunas se fusionasen de manera perfecta. “Si, como parece probable, la fusión es imperfecta o algunas microlunas se pierden, serían necesarios muchos más impactos, haciendo así la necesaria secuencia de sucesos mucho menos probables que cualquiera de los escenarios de impacto simple, incluidos los más exóticos”, escribe Collins.

Para dirimir la batalla entre estas hipótesis, Collins considera que será necesario ir más allá de los modelos y buscar pruebas en la Luna y en la Tierra de cualquiera de las dos hipótesis. Si nuestro satélite se formó en muchos golpes, su crecimiento pudo requerir millones de años en los que su formación se solapó con la de la Tierra y sería posible encontrar las marcas de ese solapamiento.



ELMUNDO
  • Cuando la misión de Apollo orbitó el lado lejano de la Luna, vieron un increíblemente brillante arco de luz brillando en el horizonte justo después de la puesta del sol.

  • "En la luna de la Tierra, estas partículas de polvo estas partículas se colocan diez centímetros por encima de la superficie lunar", informa la NASA.


    Los científicos de la NASA han descubierto por qué las partículas de polvo en la Luna están flotando varios centímetros por encima de la superficie, a pesar de que no hay viento o agua que fluya para impulsarlos allí. El estudio ha sido publicado en Geophysical Research Letters.


      


    Los polvos de la luna
    El descubrimiento no sólo podría explicar cómo estas partículas de polvo se transportan a través de grandes distancias en la Luna - también podrían describir procesos que están ocurriendo en muchos entornos sin aire-, incluyendo los anillos de Saturno.

    "Este desplazamiento de carga de polvo está desconcertando a los científicos durante décadas", ha confesadon, Xu Wang, del Centro de Investigación Ames de la NASA en California.

    Los científicos saben de la existencia de estas partículas de levitación desde hace más de cinco décadas, y es con ellas con las que explican el "resplandor del horizonte" de la Luna -un fenómeno observado por primera vez por los astronautas de Apolo y las sondas Surveyor de la NASA en los años sesenta.

    Desde el Apollo se vieron estar partículas formando un arco de luz brillante

    Cuando la misión de Apollo orbitó el lado lejano de la Luna, vieron un increíblemente brillante arco de luz brillando en el horizonte justo después de la puesta del sol.

    En 1994, la nave espacial Clementine de la NASA capturó también una increíble imagen de este fenómeno. La misma espectacular imagen fue captada en los anillos de Saturno, y en los cráteres en el asteroide Eros.

    "Son todos ejemplos de transporte de polvo a través de vastas regiones sin vientos o corrientes de agua", dice la NASA.

    "Los científicos creían que los procesos de polvo electrostático podrían explicar estas observaciones espaciales, pero hasta ahora no había estudios que apoyaran estas explicaciones".

    Wang y su equipo realizaron un experimento en el laboratorio para ver qué harían las partículas de polvo de tamaño micrométrico cuando estuvieran expuestas a la radiación ultravioleta (UV) o a gases eléctricos conocidos como plasmas.

    En ambos casos, las partículas de polvo saltaron varios centímetros por encima de la superficie. Los investigadores creen que esto es lo que se produce en la Luna. Sería la luz dispersa a través de estas partículas levitadoras la que crearía el resplandor en el horizonte.

    "En la luna de la Tierra, estas partículas de polvo estas partículas se colocan diez centímetros por encima de la superficie lunar", informa la NASA.

    El polvo también proviene de micrometeoritos que golpean la Luna

    Como la Sociedad de Ciencias del Suelo de América explicó en 2008, la suciedad polvorienta encontrada en la superficie lunar fue provocada por impactos de micrometeoritos que golpearon las rocas locales de la Luna en partículas finas.
    La energía de estos impactos convirtió la suciedad lunar en un vapor, que una vez enfriado cubre el suelo lucar de una cáscara viscosa y abrasiva.
    El equipo de la NASA dice que este fenómeno podría ocurrir teóricamente en cualquier ambiente sin aire, y podría explicar cómo partículas de polvo pueden moverse a través de los anillos de Saturno, o formar "estanques de polvo" en el asteroide Eros, sin ningún viento para propulsarlos.


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