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Label: Historia
Aún en cama, el profesor alarga el brazo y tantea la mesilla hasta que sus dedos tropiezan con el reloj. Poco a poco sus ojos se acostumbran a la débil luz que se cuela por los estores. Faltan un par de minutos para las siete. A su lado, las sábanas suben y bajan con la ronca respiración de su esposa. El profesor se destapa con cuidado. Coge su pipa de brezo y las cerillas, desliza los pies dentro de las pantuflas -las suyas, las de su casa de Berlín; temía no encontrar unas tan cómodas en el hotel- y camina con paso lento hacia la ventana.
La Academia hizo público en 1922 que Einstein al fin recibiría el Nobel que tanto se le había resistido
Tras subir los estores y abrir la cristalera, le golpea en la cara el viento gélido de Tokio… y el rumor de la multitud que abarrota la calle. Desde la tarde anterior un millar de personas lo espera frente al hotel. Lo aguardan a él, a Albert Einstein. Al genio. Para verlo, tocarlo, para estar cerca del físico a quien los diarios equiparan a Newton, cientos y cientos de personas han pasado a la intemperie toda una larga y fría noche del invierno nipón. Desde la cama, Elsa refunfuña y con la mano hace un gesto desganado a su marido. Él clava en ella sus ojos, aún legañosos, y la apunta con la pipa.
- "Ninguna persona viviente merece esta clase de recepción. Me temo que somos unos estafadores… Todavía acabaremos en la cárcel."
Poco después, ya vestidos, la pareja se asoma al balcón. En la calle un millar de admiradores estalla en vítores. Es diciembre de 1922. Un mes antes la Academia de Suecia había hecho público que Einstein al fin recibiría el Nobel que se le había resistido durante años.
Albert Einstein, ¿inventor del automóvil?
En su libro Einstein, su vida y su universo, Walter Isaacson relata la anécdota -aquí novelada- que Einstein y su segunda esposa, Elsa, vivieron durante su visita al país del Sol Naciente. Otras muchas parecidas protagonizaron a lo largo y ancho del mundo: en Estados Unidos, Francia, Palestina, Ceilán… Incluso en España, adonde el matrimonio Einstein llegó en 1923 por invitación de Julio Rey Pastor y Esteve Terradas. En las calles de Madrid el físico viviría de hecho uno de los instantes más hilarantes de su carrera cuando una castañera reconoció aquella alborotada melena que tantas veces había visto en las páginas de los diarios, su bigote, su raída chaqueta gris de lana, su pipa de brezo… Pero no alcanzaba a acertar quién era y qué había hecho exactamente el científico que tenía delante. “¡Viva el inventor del automóvil!”, le espetó la mujer, entre risas.
El rostro de Einstein es aún hoy uno de los más reconocidos de la historia: se convirtió en un icono de la cultura pop
Aunque no pasan de anécdotas curiosas –a veces desternillantes-, los episodios que el físico encadenó durante décadas son la mejor prueba de la fama desorbitada que alcanzó en la segunda mitad de su vida. Después de que en 1919 una expedición británica confirmara su predicción de en qué medida la gravedad hace curvarse la luz, el genio de Ulm se erigió en una celebridad que movía multitudes a su paso. Como explica Manjit Kumar en su libro Quántum, accedió a “una forma de devoción reservada, hoy en día, a los cantantes y artistas de cine”. “Se convirtió en una supernova científica”, en palabras de Isaacson.
Seis décadas después de su muerte, su rostro es aún hoy uno de los más reconocidos de la historia, un icono de la cultura pop. Uno puede apostar casi con total certeza que en las aulas de ciencias de al menos la mitad de los institutos, junto a la foto del Congreso Solvay de 1927, cuelga la que tomaron al célebre padre de la teoría de la relatividad en 1951 sacando la lengua a cámara.

En realidad su gran brote de creatividad había ocurrido más de una década antes, en 1905, cuando -entre otros logros- formuló su teoría de la relatividad especial y aclaró los fundamentos de la mecánica cuántica. Tras la publicación de sus cuatro artículos trascendentales en la prestigiosa Annale der Physik, Einstein confiaba en conseguir reconocimiento, o cuando menos, un lugar en el mundo académico. Acertó en el fondo -no así en las formas; probablemente nunca imaginó el estrellato que alcanzaría-, pero desde luego erró en los tiempos. Lo que obtuvo en 1905 fue la admiración de un reducido pero selecto grupo encabezado por el eminente físico Max Planck, consejero editorial de los Annale. Años después, en 1919, uno de los primeros indicadores de la gran celebridad que cosecharía sería la prensa generalista.
Einstein recibió el Nobel de Física por la ley del efecto fotoeléctrico, y no por la teoría de la relatividad
Tras la sesión de noviembre de 1919 en la que la Royal Society y la Royal Astronomical Society confirmaron que la predicción de Einstein se ajustaba a lo que se había observado en mayo, durante un eclipse, Times publicó un gran titular en el que se leía “Revolución en la ciencia”. En Alemania el Berliner Illustrirte Zeitung iba más allá y lo situaba a la altura de Copérnico, Kepler y Newton. No todas las pasiones que desató fueron igual de entusiastas. Científicos como Philipp Lenard o Ernst Gehrcke -que además de antirrelativistas hacían gala de un recalcitrante antisemitismo- serían reacios a aceptar las ideas de Einstein. La propia Academia de Suecia esquivó la polémica que suscitaba su teoría de la relatividad otorgándole el Nobel de Física de 1921 –su primera nominación databa de más de una década antes, de 1910- por otra de sus aportaciones, menos controvertida: la ley del efecto fotoeléctrico. Fue necesaria esa carambola, 14 nominaciones, posponer el galardón un año… y todo el peso de la fama de Einstein para que la institución sueca diera el paso.
El precio de la fama: de ocultarse en una cabaña a pasear por la alfombra roja
Sobran ejemplos de la fama que a partir de 1919 fue creciendo como una gran bola de nieve en torno a Einstein. También del “efecto fan” que arrastró. Los responsables del teatro Palladium de Londres, por ejemplo, llegaron a ofrecerle un cheque en blanco a cambio de que apareciera en su escenario durante tres semanas. Al otro lado del océano, en EE.UU., cuando acompañó a Charlie Chaplin en 1931 durante el estreno de la película Luces de la ciudad, la pareja recibió una estrepitosa ovación. En Ginebra incluso le acosaban en la calle. Se cuenta que durante su visita a Palestina la gran multitud agolpada fuera de un edificio al que Einstein había acudido para una recepción hacía retumbar las puertas por su impaciencia.
El teatro Palladium de Londres le llegó a ofrecer un cheque en blanco a cambio de que apareciera en su escenario durante tres semanas
La adoración que tanto rubor causó al físico en su balcón de Tokio en 1922 no era nada si se compara con lo que había vivido un año antes en su primera visita a EE.UU. Cuando arribó a Manhattan lo esperaban en el muelle decenas de reporteros. Más tarde el Metropolitan Opera House de Nueva York se llenó hasta la bandera por él. Pero sin duda el instante más ilustrativo lo protagonizó durante su visita a Connecticut junto al doctor Weizman, cuando el físico se paseó en automóvil en un desfile multitudinario que presenciaron cerca de 15.000 espectadores y que estuvo secundado por más de un centenar de coches, una banda de música e incluso veteranos de guerra con estandartes.

Tales cotas de fama resultaban en ocasiones insufribles para el antiguo funcionario de la oficina de patentes de Berna. Cuando en marzo de 1929 se preparaba para cumplir 50 años decidió refugiarse de la vorágine de reporteros que lo asediaban -meses antes había publicado su teoría del campo unificado entre gran expectación- y ocultarse en una pequeña cabaña a orilla del río Havel, en Berlín. Solo su familia y su ayudante sabían el paradero de Einstein. Su aversión al estrellato no era sin embargo absoluta. Oscilaba, más bien, con los vaivenes propios de una relación de amor-odio. De ocultarse en una cabaña, a pasear por la alfombra roja con Chaplin o desfilar entre miles de desconocidos rodeado de fanfarrias.
"Todos le admirábamos; pero si alguien nos pregunta por qué, nos pondrá en un apuro bastante serio", escribió el periodista Julio Camba
¿A qué se debía la fama sin parangón de Einstein? Una grandísima parte a la importancia capital de su trabajo. Otra no menor al contexto, con la Primera Guerra Mundial recién finalizada. Y un tercer factor clave de la ecuación fue sin duda el propio magnetismo personal de Einstein. Estos dos últimos ingredientes no son menores. Al fin y al cabo en pocos sitios -como sí ocurrió en Japón- se le echaría en cara al físico que dejara sus conferencias en “solo” tres horas. En la mayoría de los países, al igual que en España -reconocía Julio Camba en una crónica de 1923- “todos le admirábamos; pero si alguien nos pregunta por qué, nos pondrá en un apuro bastante serio”.
Albert Einstein logró cautivar la imaginación popular
En 1921, durante su tour por EE.UU., y tras una jornada maratoniana de desfiles en caravana y baños multitudinarios, un periodista lanzó a Einstein la pregunta que muchos llevaban tiempo rumiando. ¿Por qué despertaba esa aclamación popular? ¿De dónde venía la veneración y el interés de tantas personas que no entendían su obra? El físico sonrío: “Parece algo psicopatológico”, le espetó como respuesta.
Otros grandes físicos, como Max Planck o Niels Bohr, no alcanzaron su nivel de celebridad
“Si no hubiera tenido aquella desordenada melena y aquellos ojos penetrantes, ¿se habría convertido de todos modos en uno de los rostros científicos predominantes de los pósteres de la época?”, se pregunta Isaacson, quien recuerda que otros grandes físicos, como Planck o Bohr, no alcanzaron su nivel de celebridad. Su respuesta es afirmativa. En la obra de Einstein identifica un carácter único, “muy personal”, y nociones capaces de “cautivar la imaginación popular”.

La confirmación de su teoría de la relatividad llegó además tras la Primera Guerra Mundial, en un momento en el que el mundo anhelaba la razón y la trascendencia humana. “Europa necesitaba héroes, no de las armas, sino del intelecto”, apunta Vicenzo Barone en Albert Einstein, constructor de universos. Aquel genio de cabellos alborotados resultó además ser un hombre tranquilo, encantador, un pacifista convencido, un sionista cultural con madera de estrella que -como diría C.P. Snow- en cierto modo “disfrutaba con los fotógrafos y las multitudes”.
Su fama creciente no solo atrajo el halago y la admiración: Einstein también recibió insultos y cartas amenazadoras
Su fama creciente no solo atrajo el halago y la admiración. En una medida similar -aunque mucho menos numerosa, por fortuna- lo situó en el centro de la diana de los extremismos que él deploraba. Como recuerda Kumar, su firme antibelicismo y su condición de judío lo convirtieron en “blanco fácil de las campañas que alentaban el odio”. Recibió cartas amenazadoras, insultos… A principios de 1920 un grupo de energúmenos llegó incluso a interrumpir una de sus clases en la universidad entre gritos de “cortaremos la garganta a este sucio judío”. Solo dos años después radicales de ultraderecha perpetrarían el brutal asesinato del político y empresario judío-alemán Walther Rathenau, lo que causó una profunda consternación a Einstein y le decidió a emprender su gira por Asia y Europa, incluida España. En EE.UU. no se libró de esa carga. Su celebridad e ideario lo situaron bajo la lupa del FBI, entonces en manos de Edgar Hoover.
Ernest Rutherford, el
físico que hizo avances clave sobre la radiactividad y los átomos,
cuenta con una faceta desconocida, la de maestro de otros Nobel.
En un lugar privilegiado de la Abadía de Westminster, cerca de las tumbas de Isaac Newton y Lord Kelvin y al lado de quien fue su predecesor al frente del Cavendish Laboratory, Joseph John (J.J.) Thomson, yacen las cenizas de uno de los científicos más eminentes del prolífico siglo XX: el físico Ernest Rutherford, aunque su epitafio lo recuerda con el pomposo título de barón de Nelson que le concedió en 1931 el rey George V. Rodeado de las lápidas de próceres de las artes y las ciencias –Dickens, Häendel, Darwin…-, entre mármoles cerúleos y bajo la bóveda del templo londinense, es fácil que el visitante olvide los orígenes de Rutherford como uno de los 12 hijos de una maestra y un carretillero de la zona rural de Nueva Zelanda. También la infancia que vivió: la de un joven brillante y aficionado al rugby que debió encadenar varias becas para completar sus estudios.
Su humildad y humanidad acompañarían a Rutherford durante toda su vida y explican una de las grandes facetas del físico neozelandés: su increíble capacidad para alentar a otros genios. A Rutherford se le recuerda –entre múltiples méritos- por ser un pionero de la física nuclear y los trabajos en el campo de la radiactividad que desarrolló en Canadá, Manchester y Cambridge. En 1908 –cuando aún no había cumplido 40 años- recibiría de hecho el Premio Nobel de Química por “sus investigaciones sobre la desintegración de los elementos y la química de las sustancias radiactivas”. También fue, sin embargo, un imán para los científicos creativos y de gran talento, a los que supo comprender, orientar e incentivar en su labor.
Rutherford inspiró a numerosos científicos
En Marie Curie. Una vida por la ciencia, Adela Muñoz Páez resalta la “extraordinaria capacidad” del neozelandés para brindar a los jóvenes genios con los que se cruzaba “el espacio y el estímulo que necesitaban”. En esa faceta de su vida casi se puede considerar a Rutherford como “el profesor” de Premios Nobel.
En un momento u otro de sus carreras, alentó la labor de al menos una decena de futuros galardonados por la Real Academia de las Ciencias de Suecia en las categorías de Física o Química: Frederick Soddy (1921), Niels Bohr (1922), James Chadwick (1935), Otto Hahn (1944), Patrick Blackett (1948), Edward Victor Appleton (1947), Cecil Powell (1950), John Douglas Cockcroft (1951), Ernest Thomas Sinton Walton (1951) y Piotr Leonídovich Kapitsa (1978). El listado podría ser más amplio. Henry Moseley, por ejemplo, quien también se benefició de su influjo, se quedó a las puertas de la Academia al morir en la guerra.
Ingleses, daneses, rumanos, alemanes… cada uno con un origen distinto y –en más de un caso- con egos indigestos, excentricidades y temperamentos difíciles. El barón de Nelson supo ganarse el respeto de todos. Incluso a pesar de las diferencias de edades. A Soddy solo le llevaba 6 años, mientras que a Powell o Walton les sacaba más de 30.

En su web oficial, los Premios Nobel reconocen que Rutherford actuó como “un líder inspirador” en el Laboratorio de Cavendish, en Cambridge, y que ayudó a futuros galardonados en el camino “hacia sus grandes logros”. Como explicaría más tarde Charles Drummond Ellis –coautor, junto con Rutherford y James Chadwick de Radiaciones de las sustancias radiactivas—, “la mayoría de los experimentos en Cavendish se iniciaron realmente con su sugerencia directa o indirecta”.
Un físico premiado con el Nobel de Química
Ironías del destino, Rutherford no estaba muy satisfecho con el Nobel que él mismo recibió en 1908. El neozelandés se consideraba ante todo un físico y no encajó bien que le diesen el premio en la categoría de Química. Durante años bromeó con que la “transmutación” más sorprendente no era la de los átomos de nitrógeno al bombardearlos con partículas alfa, sino la que –por obra y gracia de los suecos— le hizo pasar a él de físico a químico. Solía burlarse de la preferencia de estos últimos por la experimentación frente al pensamiento abstracto del que hacían gala los físicos. “Si los químicos trabajaran menos y pensaran más, ¡qué avances tan portentosos podríamos ver en su ciencia en los próximos años!”, arengó en 1930 –recuerda Muñoz Páez— ante un auditorio de Oxford abarrotado… ¡De estudiantes de Química!
Al final de su vida, sin embargo, el galardón sueco de 1908 sería uno más en su amplio medallero científico. Entre 1926 y 1930 presidió la Royal Society y fue condecorado con la Orden del Mérito del Reino Unido en 1925. Obtuvo la Medalla Rumford, la Copley, la Albert, la Faraday, el Premio Bressa… Tras su muerte esas “preseas” de la ciencia se donaron a la Universidad de Canterbury. Su nombre bautiza centros repartidos por el mundo e incluso dos cráteres, uno en la Luna y otro en Marte. Su efigie se ha reproducido además en gran cantidad de sellos o el actual billete de 100 dólares neozelandeses.

Con sus logros, Rutherford consiguió alzarse como uno de los grandes nombres de la ciencia del siglo XX. Pionero de la física nuclear, dio forma al mundo subatómico al ordenar los hallazgos previos y deducir la primera explicación de la estructura del átomo. Al investigar la radiación descubierta por Becquerel identificó que estaba formada por dos componentes, a los que denominó radiación alfa y beta. Más tarde, en 1900, mientras trabajaba en Canadá, sumaría un tercer tipo, la gamma. Su modelo atómico fue su aportación crucial y -en palabras de John Gribbin- por él, “con toda seguridad, tendría que haber recibido un segundo Premio Nobel, esta vez el de Física”.
El barón de Nelson, el "primer alquimista con éxito"
En 1912 dio nombre al núcleo del átomo y apenas un lustro después –en 1919, el mismo año en que sucedió a J.J. Thomson al frente del Cavendish Laboratory- logró la primera transmutación artificial de un elemento, lo que lo convierte en opinión de Campbell en “el primer alquimista con éxito”. Lo logró tras descubrir que los átomos de nitrógeno bombardeados con partículas alfa se convertían en una forma del oxígeno, con la emisión de un núcleo de hidrógeno.
Junto con Hans Geiger ideó un contador que permitía detectar partículas alfa y que más tarde perfeccionaría el físico germano con ayuda de Walter Müller. A Rutherford se debe también un innovador sistema para los detectores de humos ideado en 1899 y que hoy permite proteger un buen número de vidas con las alarmas de incendios. La anécdota la cuenta Manuel Lozano Leyva en De Arquímedes a Einstein: quizás repantingado en su silla, mientras estudiaba cómo las radiaciones ionizaban los gases en su laboratorio de la Universidad McGill, en Quebec, el neozelandés encendió un cigarro, se lo llevó a los labios y exhaló una calada de humo sobre un tubo de medida. Sorprendido, comprobó los efectos que permitirían desarrollar uno de los sistemas que más ayuda a los bomberos de todo el mundo.

Un defensor de la igualdad de derechos
Su trabajo en el laboratorio, en sus propias investigaciones y alentando las de los jóvenes talentos, no le impidió dedicarse a otras tareas. Durante la Primera Guerra Mundial trabajó para la Junta de Invención e Investigación del Almirantazgo Británico en métodos acústicos para la detección de submarinos. También abogó por aprovechar el talento de los jóvenes científicos en vez de enviarlos a morir a las trincheras. Uno de sus pupilos más brillantes y prometedores, Moseley, había fallecido con tan solo 27 años durante la batalla de Galípoli, en 1915. Un francotirador le acertó en la cabeza mientras el pobre físico inglés telegrafiaba una orden.
Durante toda su vida fue también un hombre orgulloso de las islas de Oceanía en las que había nacido. Su apoyo jugó un papel importante en la creación, en 1926, del Departamento de Investigación Científica e Industrial de Nueva Zelanda. La mejor prueba del amor que sentía por su tierra es que cuando ascendió a la nobleza le lanzó dos guiños en su escudo de armas: en él incluyó un ave kiwi y un guerrero maorí. La figura de Hermes Trismegisto y la leyenda “Primordia Quaerere Rerum” (“Buscar la naturaleza de las cosas”) enlazaban con el otro gran ingrediente de su identidad, su impulso científico.
Su influencia fue decisiva también para fundar la Academic Assitance Council, que ayudó a cientos de profesores e investigadores que tras el ascenso de los regímenes fascistas tuvieron que dejar sus países por sus razas, religiones u opiniones políticas. La institución -que estuvo presidida por el propio Rutherford- les ayudó a establecerse de forma temporal en universidades y colegios de Belfast, Bristol, Londres, Manchester… Igual de importante fue su defensa de los derechos de las mujeres. Su esposa, Mary Georgina Newton, era de hecho hija de una de las sufragistas que logró instaurar el voto femenino en Nueva Zelanda. En la Universidad de Cambridge abogó por que sus compañeras tuviesen los mismos derechos que los hombres. Trabó también una fuerte amistad con Marie Curie, de quien era admirador sincero.
Quizás más que su lápida en Westminster, las escuelas, infinidad de billetes y sellos que llevan su nombre o rostro… puede incluso que por encima de sus trascendentales aportaciones a la Física, lo más conocido de Rutherford sea la famosa anécdota del barómetro y el joven Niels Bohr que resalta la importancia de enseñar a pensar por sí mismos a los estudiantes. La historia, sin embargo –explica Francisco R. Villatoro— es apócrifa y se la debemos al ingenio de Alexander Calandra, profesor de la Universidad de Washington.
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En un lugar privilegiado de la Abadía de Westminster, cerca de las tumbas de Isaac Newton y Lord Kelvin y al lado de quien fue su predecesor al frente del Cavendish Laboratory, Joseph John (J.J.) Thomson, yacen las cenizas de uno de los científicos más eminentes del prolífico siglo XX: el físico Ernest Rutherford, aunque su epitafio lo recuerda con el pomposo título de barón de Nelson que le concedió en 1931 el rey George V. Rodeado de las lápidas de próceres de las artes y las ciencias –Dickens, Häendel, Darwin…-, entre mármoles cerúleos y bajo la bóveda del templo londinense, es fácil que el visitante olvide los orígenes de Rutherford como uno de los 12 hijos de una maestra y un carretillero de la zona rural de Nueva Zelanda. También la infancia que vivió: la de un joven brillante y aficionado al rugby que debió encadenar varias becas para completar sus estudios.
El joven brillante, de origen humilde y aficionado al rugby, cambió para siempre la historia de la ciencia
Su humildad y humanidad acompañarían a Rutherford durante toda su vida y explican una de las grandes facetas del físico neozelandés: su increíble capacidad para alentar a otros genios. A Rutherford se le recuerda –entre múltiples méritos- por ser un pionero de la física nuclear y los trabajos en el campo de la radiactividad que desarrolló en Canadá, Manchester y Cambridge. En 1908 –cuando aún no había cumplido 40 años- recibiría de hecho el Premio Nobel de Química por “sus investigaciones sobre la desintegración de los elementos y la química de las sustancias radiactivas”. También fue, sin embargo, un imán para los científicos creativos y de gran talento, a los que supo comprender, orientar e incentivar en su labor.
Rutherford inspiró a numerosos científicos
En Marie Curie. Una vida por la ciencia, Adela Muñoz Páez resalta la “extraordinaria capacidad” del neozelandés para brindar a los jóvenes genios con los que se cruzaba “el espacio y el estímulo que necesitaban”. En esa faceta de su vida casi se puede considerar a Rutherford como “el profesor” de Premios Nobel.
"La mayoría de los experimentos en Cavendish se iniciaron realmente con la sugerencia directa o indirecta de Ernest Rutherford"
En un momento u otro de sus carreras, alentó la labor de al menos una decena de futuros galardonados por la Real Academia de las Ciencias de Suecia en las categorías de Física o Química: Frederick Soddy (1921), Niels Bohr (1922), James Chadwick (1935), Otto Hahn (1944), Patrick Blackett (1948), Edward Victor Appleton (1947), Cecil Powell (1950), John Douglas Cockcroft (1951), Ernest Thomas Sinton Walton (1951) y Piotr Leonídovich Kapitsa (1978). El listado podría ser más amplio. Henry Moseley, por ejemplo, quien también se benefició de su influjo, se quedó a las puertas de la Academia al morir en la guerra.
Ingleses, daneses, rumanos, alemanes… cada uno con un origen distinto y –en más de un caso- con egos indigestos, excentricidades y temperamentos difíciles. El barón de Nelson supo ganarse el respeto de todos. Incluso a pesar de las diferencias de edades. A Soddy solo le llevaba 6 años, mientras que a Powell o Walton les sacaba más de 30.

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En su web oficial, los Premios Nobel reconocen que Rutherford actuó como “un líder inspirador” en el Laboratorio de Cavendish, en Cambridge, y que ayudó a futuros galardonados en el camino “hacia sus grandes logros”. Como explicaría más tarde Charles Drummond Ellis –coautor, junto con Rutherford y James Chadwick de Radiaciones de las sustancias radiactivas—, “la mayoría de los experimentos en Cavendish se iniciaron realmente con su sugerencia directa o indirecta”.
Un físico premiado con el Nobel de Química
Ironías del destino, Rutherford no estaba muy satisfecho con el Nobel que él mismo recibió en 1908. El neozelandés se consideraba ante todo un físico y no encajó bien que le diesen el premio en la categoría de Química. Durante años bromeó con que la “transmutación” más sorprendente no era la de los átomos de nitrógeno al bombardearlos con partículas alfa, sino la que –por obra y gracia de los suecos— le hizo pasar a él de físico a químico. Solía burlarse de la preferencia de estos últimos por la experimentación frente al pensamiento abstracto del que hacían gala los físicos. “Si los químicos trabajaran menos y pensaran más, ¡qué avances tan portentosos podríamos ver en su ciencia en los próximos años!”, arengó en 1930 –recuerda Muñoz Páez— ante un auditorio de Oxford abarrotado… ¡De estudiantes de Química!
La transmutación más sorprendente, según Rutherford, no era la de los átomos, sino que el Nobel le hiciera pasar a él de físico a químico
Al final de su vida, sin embargo, el galardón sueco de 1908 sería uno más en su amplio medallero científico. Entre 1926 y 1930 presidió la Royal Society y fue condecorado con la Orden del Mérito del Reino Unido en 1925. Obtuvo la Medalla Rumford, la Copley, la Albert, la Faraday, el Premio Bressa… Tras su muerte esas “preseas” de la ciencia se donaron a la Universidad de Canterbury. Su nombre bautiza centros repartidos por el mundo e incluso dos cráteres, uno en la Luna y otro en Marte. Su efigie se ha reproducido además en gran cantidad de sellos o el actual billete de 100 dólares neozelandeses.

De izquierda a derecha, J.J. Thomson, Ernest Rutherford y Francis Aston. Fuente: American Institute of Physics
Con sus logros, Rutherford consiguió alzarse como uno de los grandes nombres de la ciencia del siglo XX. Pionero de la física nuclear, dio forma al mundo subatómico al ordenar los hallazgos previos y deducir la primera explicación de la estructura del átomo. Al investigar la radiación descubierta por Becquerel identificó que estaba formada por dos componentes, a los que denominó radiación alfa y beta. Más tarde, en 1900, mientras trabajaba en Canadá, sumaría un tercer tipo, la gamma. Su modelo atómico fue su aportación crucial y -en palabras de John Gribbin- por él, “con toda seguridad, tendría que haber recibido un segundo Premio Nobel, esta vez el de Física”.
El barón de Nelson, el "primer alquimista con éxito"
En 1912 dio nombre al núcleo del átomo y apenas un lustro después –en 1919, el mismo año en que sucedió a J.J. Thomson al frente del Cavendish Laboratory- logró la primera transmutación artificial de un elemento, lo que lo convierte en opinión de Campbell en “el primer alquimista con éxito”. Lo logró tras descubrir que los átomos de nitrógeno bombardeados con partículas alfa se convertían en una forma del oxígeno, con la emisión de un núcleo de hidrógeno.
Fue "el principal explorador del vasto universo infinitamente complejo dentro del átomo, un universo en el que fue el primero en penetrar"
Junto con Hans Geiger ideó un contador que permitía detectar partículas alfa y que más tarde perfeccionaría el físico germano con ayuda de Walter Müller. A Rutherford se debe también un innovador sistema para los detectores de humos ideado en 1899 y que hoy permite proteger un buen número de vidas con las alarmas de incendios. La anécdota la cuenta Manuel Lozano Leyva en De Arquímedes a Einstein: quizás repantingado en su silla, mientras estudiaba cómo las radiaciones ionizaban los gases en su laboratorio de la Universidad McGill, en Quebec, el neozelandés encendió un cigarro, se lo llevó a los labios y exhaló una calada de humo sobre un tubo de medida. Sorprendido, comprobó los efectos que permitirían desarrollar uno de los sistemas que más ayuda a los bomberos de todo el mundo.

Anna L. Martín (Flickr)
“Él es para el átomo lo que Darwin para la evolución, Newton para la mecánica, Faraday para la electricidad y Einstein para la relatividad”, señala John Campbell, profesor de la Universidad de Canterbury y autor del libro Rutherford Scientist Supreme. Ya el New York Times lo señala en un obituario de 1937 como “el principal explorador del vasto universo infinitamente complejo dentro del átomo, un universo en el que fue el primero en penetrar”.
Un defensor de la igualdad de derechos
Su trabajo en el laboratorio, en sus propias investigaciones y alentando las de los jóvenes talentos, no le impidió dedicarse a otras tareas. Durante la Primera Guerra Mundial trabajó para la Junta de Invención e Investigación del Almirantazgo Británico en métodos acústicos para la detección de submarinos. También abogó por aprovechar el talento de los jóvenes científicos en vez de enviarlos a morir a las trincheras. Uno de sus pupilos más brillantes y prometedores, Moseley, había fallecido con tan solo 27 años durante la batalla de Galípoli, en 1915. Un francotirador le acertó en la cabeza mientras el pobre físico inglés telegrafiaba una orden.
Cuando ascendió a la nobleza, como barón de Nelson, hizo un guiño a su lugar de origen, Nueva Zelanda
Durante toda su vida fue también un hombre orgulloso de las islas de Oceanía en las que había nacido. Su apoyo jugó un papel importante en la creación, en 1926, del Departamento de Investigación Científica e Industrial de Nueva Zelanda. La mejor prueba del amor que sentía por su tierra es que cuando ascendió a la nobleza le lanzó dos guiños en su escudo de armas: en él incluyó un ave kiwi y un guerrero maorí. La figura de Hermes Trismegisto y la leyenda “Primordia Quaerere Rerum” (“Buscar la naturaleza de las cosas”) enlazaban con el otro gran ingrediente de su identidad, su impulso científico.
Fuente: Pixabay
Su influencia fue decisiva también para fundar la Academic Assitance Council, que ayudó a cientos de profesores e investigadores que tras el ascenso de los regímenes fascistas tuvieron que dejar sus países por sus razas, religiones u opiniones políticas. La institución -que estuvo presidida por el propio Rutherford- les ayudó a establecerse de forma temporal en universidades y colegios de Belfast, Bristol, Londres, Manchester… Igual de importante fue su defensa de los derechos de las mujeres. Su esposa, Mary Georgina Newton, era de hecho hija de una de las sufragistas que logró instaurar el voto femenino en Nueva Zelanda. En la Universidad de Cambridge abogó por que sus compañeras tuviesen los mismos derechos que los hombres. Trabó también una fuerte amistad con Marie Curie, de quien era admirador sincero.
La famosa anécdota del barómetro atribuida a Rutherford es apócrifa
Quizás más que su lápida en Westminster, las escuelas, infinidad de billetes y sellos que llevan su nombre o rostro… puede incluso que por encima de sus trascendentales aportaciones a la Física, lo más conocido de Rutherford sea la famosa anécdota del barómetro y el joven Niels Bohr que resalta la importancia de enseñar a pensar por sí mismos a los estudiantes. La historia, sin embargo –explica Francisco R. Villatoro— es apócrifa y se la debemos al ingenio de Alexander Calandra, profesor de la Universidad de Washington.
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Se cumplen tres décadas
de la muerte de uno de los científicos más influyentes de todos los
tiempos. Recordemos las palabras más interesantes que nos dejó.
Tal vez sólo las personas a las que les interesa verdaderamente el desarrollo científico y el pensamiento escéptico sepan quién fue el neoyorkino Richard Feynman, físico teórico del Instituto Tecnológico de Massachusetts y la Universidad de Princeton, ganador del premio Nobel en 1965, al que se conoce sobre todo por su trabajo en mecánica y electrodinámica cuánticas, por formular los principios de la nanotecnología, por su participación en el Proyecto Manhattan para producir la bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial y en la Comisión Rogers, encargada de esclarecer el desastre del transbordador espacial Challenger en 1986, por su obra como divulgador de su área y por su ateísmo declarado.
Dos extraños tipos de cáncer, un liposarcoma y una macroglobulinemia de Waldenström, acabaron con su vida el 15 de febrero de 1988, justo tres décadas atrás, y se supone que sus últimas palabras recogidas fueron estas: “No me gustaría morir dos veces; es tan aburrido…”. Pero no son las únicas que nos dejó para el recuerdo en los sesenta y nueve años que estuvo paseando su serena lucidez por el mundo, sino que hay muchas otras suelen citarse y que también circulan por las redes como indicativo de por qué en los resultados de una encuesta de la revista británica Physics World, realizada en 1999, aparece entre los diez físicos más importantes de la historia.
Por ejemplo, algo tan fundamental como lo que va a continuación, que tal vez deberían tatuarse en una zona corporal bien visible todos aquellos que navegan jovialmente por las procelosas aguas de los disparates pseudocientíficos y del pensamiento mágico: “El principio de la ciencia, casi la definición, es el siguiente: «La prueba de todo conocimiento es el experimento». El experimento es el único juez de la verdad científica”. Porque, según él, “hay que tener la mente abierta, pero no tanto como para que se te caiga el cerebro”, y “capacidad experimental, honestidad en la publicación de los resultados e inteligencia para interpretarlos”, pues “hay que demostrar nuestras equivocaciones lo más rápido posible; es la única manera de avanzar”.
Como defensor insobornable del pensamiento crítico, Feynman sabía que “lo que necesitamos es imaginación, pero imaginación encorsetada en la terrible camisa de fuerza que es el conocimiento”, que “no importa cuán hermosa sea tu conjetura, no importa cuán inteligente seas, quién hiciese la conjetura o cómo se llame. Si no está de acuerdo con el experimento, está mal”. No obstante, desconocía “lo que le pasa a la gente: no aprenden comprendiendo, aprenden de alguna otra forma, por la rutina o de algún otro modo. ¡Qué frágil es su conocimiento!”. Y se demostró capaz de comprender, en una muestra de humildad bien entendida, que “cuando un científico examina problemas no científicos, puede ser tan listo o tan tonto como cualquier prójimo, y de que cuando habla de un asunto no científico, puede sonar igual de ingenuo que cualquier persona no puesta en la materia”.
Si bien no le preocupaba, y como ateo sin la avidez exigente de que le tranquilizasen con maravillas de la revelación religiosa, se pudo tomar la incertidumbre de la vida humana con paradójica sabiduría y sosiego absoluto: “No debo tener una respuesta. No me siento aterrorizado por no conocer cosas, por estar perdido en este misterioso universo sin tener ningún propósito, que es el modo en que la realidad es, hasta donde puedo decir, posiblemente. Esto no me aterra”. Sin embargo, su conocimiento firme tampoco se podía poner en duda: “Para aquellos que no conocen las matemáticas, es difícil sentir la belleza de la naturaleza… Si quieren aprender sobre la naturaleza, apreciar la naturaleza, es necesario aprender el lenguaje en el que habla”.
Con una comparación risueña, consideraba por otra parte que “la física es a las matemáticas lo que el sexo a la masturbación”, pues “la física es como el sexo: seguro que da alguna compensación práctica, pero no es por eso por lo que la hacemos”. Y, pese a que el bueno de Feynman se comunicase con la naturaleza casi de tú a tú entonces, no se engañaba al respecto, y decía que “la mecánica cuántica describe la naturaleza como algo absurdo para el sentido común, pero concuerda plenamente con las pruebas experimentales”; y remataba: “Espero que ustedes puedan aceptar la naturaleza tal y como es: absurda”. Porque “las cosas más importantes de la naturaleza parecen ser resultado del azar o de los accidentes”, y “ni siquiera la propia naturaleza sabe qué camino va a seguir un electrón”.
Con su mente despejada, dijo sin contemplaciones: “No me parece que este universo fantásticamente maravilloso, esta tremenda gama de tiempo y espacio y diferentes tipos de animales, y todos los distintos planetas, y todos estos átomos con todos sus movimientos, etcétera, todo esto interconectado pueda simplemente ser un escenario para que Dios vea a los seres humanos luchar por el bien y el mal, que es la visión que tiene la religión. El escenario es demasiado grande para el drama”. Y es que “Dios siempre ha sido inventado para explicar misterios. A Dios siempre se lo inventa para explicar esas cosas que no entiendes. Ahora, cuando finalmente descubres cómo funciona algo, obtienes algunas leyes que le estás quitando a Dios; ya no lo necesitas más”.
Desde luego, no se andaba con circunloquios al abordar estas cuestiones. He aquí otro ejemplo pertinente: “La observación que leí en alguna parte, que la ciencia está bien siempre y cuando no ataque a la religión, fue la clave que necesitaba para comprender el problema. Mientras no ataque a la religión, no es necesario prestarle atención y nadie tiene que aprender nada”. Ni al referirse al tratamiento de las ciencias en el arte: “¿Qué hombres son poetas que podrían hablar de Júpiter si fuera un hombre, pero si es una inmensa esfera giratoria de metano y amoníaco deben permanecer en silencio?”. O a la filosofía vital de tres al cuarto: “Una persona habla con tales generalidades que todos pueden entenderlo y se considera una filosofía profunda. Sin embargo, me gustaría ser mucho más especial y ser entendido de una forma honesta, no de una forma vaga”.
Aunque, “demonios, si pudiera explicárselo a la persona promedio, no hubiera valido la pena el premio Nobel”. Y no eso solamente: “Creo que puedo decir con seguridad”, afirmó un día de asombro público, “que nadie entiende la mecánica cuántica”. Sin embargo, por encima de las dificultades numerosas y de la incomprensión reinante, su compromiso ilustrado no se alteró ni un tanto así: “Es responsabilidad nuestra hacer lo que podamos, aprender lo que podamos, mejorar las soluciones y transmitirlas a nuestros sucesores”, aseguraba. “Es responsabilidad nuestra dejar la manos libres a las generaciones futuras”. Y prosiguió de esta forma: “Es nuestra responsabilidad como científicos, sabiendo el gran progreso que proviene de una filosofía satisfactoria de la ignorancia, el gran progreso que es fruto de la libertad de pensamiento, para proclamar el valor de esta libertad, para enseñar cómo la duda no debe temerse sino ser bienvenida y debatida, y exigir esta libertad como nuestro deber para todas las generaciones venideras”. Las mismas generaciones que, de verdad, estamos y estaremos siempre en deuda con el gran Richard Feynman.
hipertextual
Tal vez sólo las personas a las que les interesa verdaderamente el desarrollo científico y el pensamiento escéptico sepan quién fue el neoyorkino Richard Feynman, físico teórico del Instituto Tecnológico de Massachusetts y la Universidad de Princeton, ganador del premio Nobel en 1965, al que se conoce sobre todo por su trabajo en mecánica y electrodinámica cuánticas, por formular los principios de la nanotecnología, por su participación en el Proyecto Manhattan para producir la bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial y en la Comisión Rogers, encargada de esclarecer el desastre del transbordador espacial Challenger en 1986, por su obra como divulgador de su área y por su ateísmo declarado.
"Hay que tener la mente abierta, pero no tanto como para que se te caiga el cerebro"
Dos extraños tipos de cáncer, un liposarcoma y una macroglobulinemia de Waldenström, acabaron con su vida el 15 de febrero de 1988, justo tres décadas atrás, y se supone que sus últimas palabras recogidas fueron estas: “No me gustaría morir dos veces; es tan aburrido…”. Pero no son las únicas que nos dejó para el recuerdo en los sesenta y nueve años que estuvo paseando su serena lucidez por el mundo, sino que hay muchas otras suelen citarse y que también circulan por las redes como indicativo de por qué en los resultados de una encuesta de la revista británica Physics World, realizada en 1999, aparece entre los diez físicos más importantes de la historia.
Por ejemplo, algo tan fundamental como lo que va a continuación, que tal vez deberían tatuarse en una zona corporal bien visible todos aquellos que navegan jovialmente por las procelosas aguas de los disparates pseudocientíficos y del pensamiento mágico: “El principio de la ciencia, casi la definición, es el siguiente: «La prueba de todo conocimiento es el experimento». El experimento es el único juez de la verdad científica”. Porque, según él, “hay que tener la mente abierta, pero no tanto como para que se te caiga el cerebro”, y “capacidad experimental, honestidad en la publicación de los resultados e inteligencia para interpretarlos”, pues “hay que demostrar nuestras equivocaciones lo más rápido posible; es la única manera de avanzar”.
Lab.CCCB.org
"Lo que necesitamos es imaginación, pero imaginación encorsetada en la terrible camisa de fuerza que es el conocimiento"
Como defensor insobornable del pensamiento crítico, Feynman sabía que “lo que necesitamos es imaginación, pero imaginación encorsetada en la terrible camisa de fuerza que es el conocimiento”, que “no importa cuán hermosa sea tu conjetura, no importa cuán inteligente seas, quién hiciese la conjetura o cómo se llame. Si no está de acuerdo con el experimento, está mal”. No obstante, desconocía “lo que le pasa a la gente: no aprenden comprendiendo, aprenden de alguna otra forma, por la rutina o de algún otro modo. ¡Qué frágil es su conocimiento!”. Y se demostró capaz de comprender, en una muestra de humildad bien entendida, que “cuando un científico examina problemas no científicos, puede ser tan listo o tan tonto como cualquier prójimo, y de que cuando habla de un asunto no científico, puede sonar igual de ingenuo que cualquier persona no puesta en la materia”.
Si bien no le preocupaba, y como ateo sin la avidez exigente de que le tranquilizasen con maravillas de la revelación religiosa, se pudo tomar la incertidumbre de la vida humana con paradójica sabiduría y sosiego absoluto: “No debo tener una respuesta. No me siento aterrorizado por no conocer cosas, por estar perdido en este misterioso universo sin tener ningún propósito, que es el modo en que la realidad es, hasta donde puedo decir, posiblemente. Esto no me aterra”. Sin embargo, su conocimiento firme tampoco se podía poner en duda: “Para aquellos que no conocen las matemáticas, es difícil sentir la belleza de la naturaleza… Si quieren aprender sobre la naturaleza, apreciar la naturaleza, es necesario aprender el lenguaje en el que habla”.
"La física es a las matemáticas lo que el sexo a la masturbación"
Con una comparación risueña, consideraba por otra parte que “la física es a las matemáticas lo que el sexo a la masturbación”, pues “la física es como el sexo: seguro que da alguna compensación práctica, pero no es por eso por lo que la hacemos”. Y, pese a que el bueno de Feynman se comunicase con la naturaleza casi de tú a tú entonces, no se engañaba al respecto, y decía que “la mecánica cuántica describe la naturaleza como algo absurdo para el sentido común, pero concuerda plenamente con las pruebas experimentales”; y remataba: “Espero que ustedes puedan aceptar la naturaleza tal y como es: absurda”. Porque “las cosas más importantes de la naturaleza parecen ser resultado del azar o de los accidentes”, y “ni siquiera la propia naturaleza sabe qué camino va a seguir un electrón”.
WashingtonPost.com
"No me parece que este universo fantásticamente maravilloso pueda simplemente ser un escenario para que Dios vea a los seres humanos luchar por el bien y el mal"
Con su mente despejada, dijo sin contemplaciones: “No me parece que este universo fantásticamente maravilloso, esta tremenda gama de tiempo y espacio y diferentes tipos de animales, y todos los distintos planetas, y todos estos átomos con todos sus movimientos, etcétera, todo esto interconectado pueda simplemente ser un escenario para que Dios vea a los seres humanos luchar por el bien y el mal, que es la visión que tiene la religión. El escenario es demasiado grande para el drama”. Y es que “Dios siempre ha sido inventado para explicar misterios. A Dios siempre se lo inventa para explicar esas cosas que no entiendes. Ahora, cuando finalmente descubres cómo funciona algo, obtienes algunas leyes que le estás quitando a Dios; ya no lo necesitas más”.
Desde luego, no se andaba con circunloquios al abordar estas cuestiones. He aquí otro ejemplo pertinente: “La observación que leí en alguna parte, que la ciencia está bien siempre y cuando no ataque a la religión, fue la clave que necesitaba para comprender el problema. Mientras no ataque a la religión, no es necesario prestarle atención y nadie tiene que aprender nada”. Ni al referirse al tratamiento de las ciencias en el arte: “¿Qué hombres son poetas que podrían hablar de Júpiter si fuera un hombre, pero si es una inmensa esfera giratoria de metano y amoníaco deben permanecer en silencio?”. O a la filosofía vital de tres al cuarto: “Una persona habla con tales generalidades que todos pueden entenderlo y se considera una filosofía profunda. Sin embargo, me gustaría ser mucho más especial y ser entendido de una forma honesta, no de una forma vaga”.
“¿Qué hombres son poetas que podrían hablar de Júpiter si fuera un hombre, pero si es una inmensa esfera giratoria de metano y amoníaco deben permanecer en silencio?"
Aunque, “demonios, si pudiera explicárselo a la persona promedio, no hubiera valido la pena el premio Nobel”. Y no eso solamente: “Creo que puedo decir con seguridad”, afirmó un día de asombro público, “que nadie entiende la mecánica cuántica”. Sin embargo, por encima de las dificultades numerosas y de la incomprensión reinante, su compromiso ilustrado no se alteró ni un tanto así: “Es responsabilidad nuestra hacer lo que podamos, aprender lo que podamos, mejorar las soluciones y transmitirlas a nuestros sucesores”, aseguraba. “Es responsabilidad nuestra dejar la manos libres a las generaciones futuras”. Y prosiguió de esta forma: “Es nuestra responsabilidad como científicos, sabiendo el gran progreso que proviene de una filosofía satisfactoria de la ignorancia, el gran progreso que es fruto de la libertad de pensamiento, para proclamar el valor de esta libertad, para enseñar cómo la duda no debe temerse sino ser bienvenida y debatida, y exigir esta libertad como nuestro deber para todas las generaciones venideras”. Las mismas generaciones que, de verdad, estamos y estaremos siempre en deuda con el gran Richard Feynman.
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En pleno siglo XXI la intolerancia religiosa y el odio son la justificación de los más viles crímenes en Siria e Irak, muy cerca de la cuna de las primeras civilizaciones. Parece mentira que hace ya más de 300 años el filósofo británico John Locke dijera que «La libertad de conciencia es el derecho de cada ser humano». Sus ideas fueron más adelante recogidas y ampliadas por Voltaire y David Hume. Después fueron trasplantadas por Thomas Jefferson a la Constitución Americana («Bill of Rights»). Pero, tal como sostiene el filósofo polaco Marian Hillar, si estas ideas de tolerancia surgieron y se extendieron fue gracias a un personaje que vivió en pleno siglo XVI: el español Miguel Servet.
«Servet fue el más radical pensador antiinquisitorial de todos los tiempos» Ángel Alcalá
«Miguel Servet fue uno de los primeros pensadores cristianos de los tiempos modernos que abogó por el derecho de cada individuo a seguir su propia conciencia y expresar sus propias convicciones. Fue el primero en expresar la idea de que era un crimen perseguir y matar por la ideas», escribió Hillar en «Miguel Servet: Los valores de un hereje». Irónicamente, estas ideas no impidieron que él mismo fuera quemado dos veces en la hoguera por sus argumentos herejes: la primera de forma simbólica por parte de la Inquisición francesa, y la segunda ya con su cuerpo presente y a fuego lento, el 27 de octubre de 1553, gracias a la obra del protestante y déspota de Ginebra Juan Calvino.
Poco antes de morir, publicó un libro teológico, llamado «Restitución del cristianismo» en el que recogía sus ideas humanistas y contrarias al papel de la Iglesia y del Papado como garantes de la salvación. Junto a estas, incluyó la primera descripción de todo Occidente de la circulación menor, aquella que ocurre entre el corazón y los pulmones para oxigenar la sangre.
La circulación de la sangre
Tal como explica a ABC Ángel Alcalá, miembro de la Academia de Historia y reconocido experto en la Inquisición y la literatura y heterodoxias del siglo XVI, se puede decir que Miguel Servet fue un científico, aunque «solo válido y en términos limitados, para la historia de la Medicina. (...) Siempre ha sido exagerado esto –el descubrimiento de la circulación menor– como un presunto descubrimiento suyo, cuando de hecho esta idea estaba en el ambiente médico tanto en París como en Bolonia y Roma». (En vídeo: la vida y la muerte de Miguel Servet).
«Merecía que se le arrancasen las entrañas a este español y se le descuartizase»
Tan solo un año después de la publicación de «Restitución del cristianismo» se publicaron libros sobre ese tema sin que los autores hubieran podido conocer su obra, en gran parte porque a su muerte casi todos los libros de Servet fueron quemados. Por eso, en opinión de Alcalá, Servet no tuvo «absolutamente impacto alguno en el desarrollo de la Medicina, pues su obra era totalmente desconocida», a excepción, eso sí, de un
escrito sobre jarabes que alcanzó seis ediciones. De hecho, Servet
combinó, junto a detalles fisiológicos exactos que superaban las viejas
enseñanzas de Galeno (un médico griego del siglo II), «ideas cadudacas y desenfocadas» de la base bíblica y teológica con que trataba de fundamentar su existencia.
La revolución del Renacimiento
A pesar de todo, Alcalá considera que Servet fue, además de un teólogo y un escrupuloso escriturista, «un pleno hombre del Renacimiento: profesor de matemáticas y astronomía (o astrología) en París, anatomista condiscípulo de Vesalio –uno de los padres de la anatomía moderna–, editor de la Geografía de Ptlomeo y de una nueva versión latina de la Biblia, y médico activo».
«Servet fue un pleno hombre del Renacimiento: profesor de matemáticas y astronomía, anatomista y médico activo»
El
siglo XVI europeo que le tocó vivir a Miguel Servet fue el tiempo donde se sentaron las bases de lo que hoy se conoce como la Revolución Científica moderna, tal como escribe Daniel Cabrera en el capítulo «El imaginario circulatorio de la comunicación social» de «Miguel Servet: Los valores de un hereje».
Hacia 1530 Copérnico terminó de elaborar su sistema heliocéntrico y Paracelso publicó sus teorías alquímicas y médicas. Ya en 1580 Galileo inició la revolución matemática y la experimentación física. Todo ello dentro de una corriente que reconsideraba los valores establecidos hasta el momento a través de métodos basados en la observación sistemática de la realidad y en la generalización, gérmenes indispensables del método científico nacido en el próximo siglo.
Hacia 1530 Copérnico terminó de elaborar su sistema heliocéntrico y Paracelso publicó sus teorías alquímicas y médicas. Ya en 1580 Galileo inició la revolución matemática y la experimentación física. Todo ello dentro de una corriente que reconsideraba los valores establecidos hasta el momento a través de métodos basados en la observación sistemática de la realidad y en la generalización, gérmenes indispensables del método científico nacido en el próximo siglo.
Un cuerpo formado por cuatro elementos
Pero lo cierto es que cuando Miguel Servet y otros hablan sobre la circulación menor de la sangre, el saber aún confía en la Medicina milenaria de Galeno. Por entonces, se cree que el cuerpo humano y el cosmos están formados por una combinación de cuatro elementos, el aire, el agua, el fuego y la tierra, cada uno de ellos imbuido por varias cualidades, como la sequedad, el calor y el frío, tal como resume José Luis Nieto en «Medicina galénica», capítulo de «Miguel Servet: Los valores de un hereje».
«Si viene, le juro que no ha de salir vivo de mis manos»
Por entonces se cree que el cuerpo está animado por un pneuma o espíritu exterior, vinculado a su vez a tres componentes: un espíritu animal generado en el cerebro, raíz del pensamiento y la memoria; un espíritu natural, derivado del hígado, donde se genera la sangre, y un espíritu vital, donde según Galeno se extrae el alma universal del aire que penetra en el organismo.
Según
esta visión de Galeno, la respiración tiene como finalidad purificar la
sangre (de ahí que sea más clara cuando se mezcla con el aire), así que
en su «Restitución del cristianismo» Miguel Servet recuperó la tradición hebrea según la cual el alma está en la sangre: eso explica su interés en estudiar la sangre para entender el alma.
Pero, a diferencia de su predecesor griego, que no hablaba de una
circulación sanguínea sino de un curso centrífugo de la sangre, su
trabajo como médico y anatomista en París le permitió descubrir la
circulación menor.
No será hasta 100 años después de la muerte de
Servet, cuando la fisiología de la circulación y más en general la
Medicina moderna darán un paso adelante con el descubrimiento de Harvey de la circulación mayor de la sangre, y más adelante con la descripción de Malpighi de los capilares sanguíneos.
Ideas contra las inquisiciones
Pero tal como ha recalcado Alcalá, «la importancia de Servet no radica en su medicina, sino en su teología y en su defensa de la libertad». Su obra estuvo a punto de quedar reducida a cenizas, junto a su cuerpo martirizado por Calvino en la actual Suiza, pero se salvaron tres ejemplares de sus «Restitución del cristianismo». Uno llegó al filósofo Leibnitz, y de ahí se extendió al mundo intelectual de entonces, llegando después a Voltaire y Locke.
«Desde que publicó "De los errores acerca de la Trinidad", le persiguieron a muerte todas las religiones»
La real trascendencia de Servet está en la defensa de la libertad de conciencia, según Alcalá. «Servet fue el más radical pensador antiinquisitorial de todos los tiempos. Ningún cristiano, y esto en la Europa medieval significa nadie, ninguno desde Constantino–el emperador romano que impulsó el dogma cristiano de Nicea, en el 325– se atrevió a proclamar, como él, que ninguna autoridad eclesiástica o civil tiene derecho a imponer sus creencias ni a limitar la libertad de cada uno a tener y exponer las propias».
Una vida de huídas y lucha
Miguel Servet nace el 29 de septiembre de 1511, probablemente en Villanueva de Sigena (Huesca). Es hijo de Antón Serveto, un infanzón y notario real, y estudia latín, hebreo y griego. Viaja con Juan de Quintana, un importante clérigo que llegó a ser confesor del emperador Carlos I, por Granada, Toledo y Valladolid. Después de estudiar leyes en Tolouse, presencia la coronación imperial de Carlos I, realizada por el Papa Clemente VII en Bolonia, en el año 1530. Tal como cuenta Fernando Martínez Laínez, en «Doble vida –y muerte– de Servet», el lujo y la pompa que vio entonces resquebraja su fe católica y alimenta su disidencia religiosa.
En Basilea (la actual Suiza), conoce al humanista Juan Ecolampadio, cabeza de la Reforma en la ciudad, y entra en contacto con anabaptistas, herejes perseguidos y condenados a muerte por rechazar el bautismo de los niños y defender el bautismo de los adultos y que, además, predicaban el igualitarismo y el pacifismo radicales.
«El martirio de Servet dio estímulo al aumento de tolerancia religiosa como política general y como principio moral»Marian Hillar
Pero la amistad con Ecolampadio da paso a una profunda enemistad, de modo que este le denuncia ante un consejo municipal, con lo que Servet se ve obligado a huir a Estrasburgo. Otro reformista que conoce allí, Martín Bucero, también acaba odiando a Servet, y este llega a decir de él: «Merecía que se le arrancasen las entrañas a este español y se le descuartizase».
Identidad falsa
En 1531, y cuando apenas tiene 20 años, Servet escribe «su primer libro revolucionario», en palabras de Ángel Alcalá: «De los errores acerca de la Trinidad». Desde entonces, «le persiguieron a muerte todas las religiones». Allí rechazaba el dogma de la Trinidad y que Jesús fuera un eterno hijo de Dios. Católicos y protestantes prohíben su libro, y la Inquisición española comienza a perseguirle.
Servet huye de Estrasburgo, y se emite una orden de busca y captura contra él en Tolouse, así que decide huir a París y comenzar a usar una identidad falsa: Miguel Servet pasa a llamarse Michel de Villeneuve (o Michael Vilanovanus), un navarro de Tudela.
En París da clases de matemáticas (que entonces incluían geografía, astronomía y astrología), y en 1534 conoce al reformador Juan Calvino, figura clave del protestantismo francés, y futuro ejecutor suyo en 1553.
Diseccionando cadáveres
Viaja a Lyon, falto de dinero, y publica una edición de la Geografía de Ptolomeo. Decide hacerse médico, después de conocer al médico Sinforiano Champier, y regresa a París, donde conoce a Andrés Vesalio, padre de la anatomía moderna. Entonces, ambos diseccionaban cadáveres, como ayudantes del médico Johan Ghünter.
«Por amor de Dios, señores, tened compasión de mí, ya que no me hagáis justicia»
Comienza a dar clases de astrología, y las autoridades de París le llevan ante un tribunal, que le amonesta. Servet decide huir al pueblo de Charlieu y a Lyon, donde sigue ejerciendo como médico y donde publica una nueva edición de la Biblia, eso sí, llena de anotaciones heterodoxas.
Uno de sus alumnos de las clases de astrología, el Arzobispo de Viena del Delfinado, en Francia, un tal Pedro Palmier, le ofrece un puesto de médico personal. Y así Servet pasa 12 años inmerso en una vida tranquila y sosegada. Ya en 1549, adopta la nacionalidad francesa, y se convierte en un ciudadano ejemplar en la vida pública de Viena.
Pero en secreto escribe «Restitución del Cristianismo», una obra extremadamente herética que publicará en el año de su muerte, en 1553, firmada con la siglas MSV (Michel Servetus Vilanovanus). 800 ejemplares se distribuyen de forma clandestina, pero casi todos son destruidos por Calvino.
Cartas con su ejecutor
Entonces, Servet escribe varias cartas a Calvino, guardando el anonimato, cuando este ha instaurado en Ginebra un gobierno teocrático y fanático que castiga cualquier infracción religiosa, y cuya doctrina ha tenido éxito también en Francia y Países Bajos.
Servet critica las tesis de Calvino, y este le envía como respuesta una edición de su obra «Institución de la Religión cristiana». Servet le devuelve el libro leído y anotado con sus comentarios, junto a su «Restitución del Cristianismo». Calvino, enfurecido, interrumpe la comunicación, pero Servet le anuncia que quiere verle. Entonces, este escribe a un correligionario en los siguientes términos: «Dice que va a venir si le recibo, pero no me atrevo a comprometer mi palabra; porque si viene, le juro que no ha de salir vivo de mis manos».
Capturado por la Inquisición francesa
Poco después, Calvino descubre que el autor del libro es Michael de Villeneuve, así que alerta a las autoridades y tiempo después la Inquisición francesa entra en la casa del español en Viena y le retiene para interrogarle. Servet se niega a confesar, y además recurre a sus contactos, (incluyendo al Arzobispo de Viena), para organizar una fuga. En la noche del 6 de abril, finge ir al retrete, y la vigilancia mira hacia otro lado cuando el preso salta por una ventana de la letrina y escapa por un tejado.
«Esos monstruos –refiriéndose a los anabaptistas– deberían ser exterminados, al igual que yo exterminé a Miguel Servet»
El escándalo es mayúsculo. Servet es juzgado y condenado en ausencia por la Inquisición francesa, que el 17 de junio de 1553 condena al español a una multa de 1.000 libras de oro y a morir, en efigie, en la hoguera a fuego lento. Junto a la imagen de Servet, arden sus libros y su descripción de la circulación menor de la sangre.
En la guarida del lobo
Servet huye durante cuatro meses. Pero por motivos desconocidos, el 13 de agosto acude a la guarida del lobo y entra en la ciudad de Ginebra, gobernada por la mano de hierro de Juan Calvino. Allí acude a un acto religioso presidido por su enemigo, escondido entre la multitud, pero alguien le reconoce y Calvino se apresura a denunciarle poco después.
Desde entonces comienza un proceso de dudosa legalidad que dura dos meses. Se le niega un abogado, alegando que «sin abogado también sabe mentir muy bien», y se le dice que ha llevado una vida indecente por no haberse casado. El juicio religioso pasa a ser un juicio político. Servet logra que triunfen sus argumentos de que ninguna autoridad eclesiástica o civil tiene derecho a imponer sus creencias ni a limitar la libertad de cada a uno a tener y exponer las propias, tal como explica Ángel Alcalá. Así que este alegato se retira de la acusación de Calvino. Pero su rechazo al bautismo y a la Trinidad deciden finalmente la sentencia.
Encerrado en la cárcel, sufriendo la miseria y el frío, Servet escribe en vano a a sus verdugos: «Por amor de Dios, señores, tened compasión de mí, ya que no me hagáis justicia».
Quemado en la hoguera
El 27 de octubre de 1553 el Tribunal dicta sentencia: «Te condenamos a ser atado y llevado a la colina de Champel. Allí serás sujeto a una estaca y quemado vivo junto con tus manuscritos y tus libros impresos hasta que tu cuerpo se convierta en ceniza...».
«La idea germinal de Servet fructificó en formulaciones políticas en Holanda y en la filosofía de Locke»
Servet se desploma, y grita en español: «¡Misericordia, misericordia», «¡Jesús, salva mi alma! ¡Ten piedad de mí!», tal como recoge Fernando Martínez Laínez.
La ejecución ocurre ese mismo día. Le amarran a la picota con cuerdas y una cadena de hierro, y a sus pies ponen un montón de leña verde y húmeda, para que arda más despacio. Le cuelgan libros de sus caderas, y le colocan una corona al cuello impregnada de azufre: un gesto de compasión de alguno de sus verdugos que pretende que el humo de la sustancia acelere su muerte por asfixia.
Servet grita con rabia y miedo cuando la antorcha prende la leña. La brisa se lleva el humo del azufre, y la quema dura más de una hora, con Servet sufriendo hasta el último aliento.
La repercusión de la muerte
«Matar a un hombre no es defender una doctrina, sino matar a un hombre. Cuando los ginebrinos mataron a Servet, no defendieron una doctrina; mataron a un hombre. La defensa de una doctrina no es asunto de jueces sino de maestros. ¿Qué tiene que ver la espada con la enseñanza?», escribió en 1554 el humanista Sebastián Castellio, en un escrito en defensa de Servet y contra Calvino.
Tal como escribe Marian Hillar en «El legado de Servet», «El martirio de Servet dio estímulo al aumento de tolerancia religiosa como política general y como principio moral. Pero el proceso fue muy lento y duró varios siglos antes de que tuviera lugar el cambio de paradigma. La figura de Servet sobresale al comienzo del movimiento».
«Su muerte en la hoguera suscitó los aplausos de los fanáticos a la vez que el escándalo de muchos humanistas», explica ángel Alcalá. «Estos recogieron su idea germinal, que ampliada por estudiosos y disidentes ya desde mediados del siglo XVI, fructificó en formulaciones políticas en Holanda y en la filosofía de Locke, hasta llegar a plasmarse en las constituciones democráticas modernas. Tal es la razón de que no el Servet médico, sino el ideólogo, merezca ser reconocido como uno de los grandes mártires de sus ideas, como uno de los más relevantes personajes de la Historia».
Marian Hillar, vuelve la vista a Calvino en su artículo «Servet y Calvino». Este murió el 27 de mayo de 1564. Fue enterrado en una tumba sin marcar, y nunca se arrepintió de la muerte de Servet. Tres años antes de morir, escribió: «Esos monstruos –refiriéndose a los anabaptistas– deberían ser exterminados, al igual que yo exterminé a Miguel Servet, el español».
ABC
En 1936, el físico alemán envió un artículo sobre ondas gravitacionales para su publicación en una revista estadounidense. Allí, otro físico le señaló varios errores que él no quiso admitir
Las ondas gravitacionales eran una de las consecuencias lógicas de la Teoría de la Relatividad General. En 1916, Albert Einstein le habló a Karl Schwarzschild, el físico que había utilizado su teoría para predecir la existencia de los agujeros negros, de la posible existencia de estas ondulaciones del tejido espaciotemporal provocadas por objetos supermasivos. Sin embargo, años después, cuando ya había abandonado Alemania para refugiarse en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton (EE UU), escribió un artículo en el que junto a su asistente Nathan Rosen desmontaba la idea de que esas ondas pudiesen existir en la realidad.
Einstein tituló su trabajo con un sugerente ¿Existen las ondas gravitacionales? y lo envió a la revista Physical Review, una publicación en la que ya habían aparecido varios artículos suyos. Aquellos trabajos se habían publicado con celeridad y sin mayores quebraderos de cabeza para el físico alemán, pero no sucedió lo mismo en esta ocasión. John Tate, editor de la revista, envió el artículo sobre las ondas gravitacionales a un revisor que encontró errores en los cálculos de Einstein y Rosen, y escribió un documento de diez páginas en el que señalaba los errores del genio y su socio.
El físico alemán, que en 1936 ya era una institución científica de dimensiones cósmicas, no se tomó bien la enmienda. En parte, quizá, por una cuestión de orgullo, pero también porque la práctica de que científicos anónimos ajenos al estudio examinasen los artículos antes de su publicación, ahora imprescindible, no se había implantado aún en Europa.
En lugar de analizar las correcciones del revisor, que resultaron ser correctas, Einstein respondió al editor con una carta airada en la que mostraba su disconformidad con su forma de actuar:
El físico alemán, que en 1936 ya era una institución científica de dimensiones cósmicas, no se tomó bien la enmienda
Einstein tituló su trabajo con un sugerente ¿Existen las ondas gravitacionales? y lo envió a la revista Physical Review, una publicación en la que ya habían aparecido varios artículos suyos. Aquellos trabajos se habían publicado con celeridad y sin mayores quebraderos de cabeza para el físico alemán, pero no sucedió lo mismo en esta ocasión. John Tate, editor de la revista, envió el artículo sobre las ondas gravitacionales a un revisor que encontró errores en los cálculos de Einstein y Rosen, y escribió un documento de diez páginas en el que señalaba los errores del genio y su socio.
El físico alemán, que en 1936 ya era una institución científica de dimensiones cósmicas, no se tomó bien la enmienda. En parte, quizá, por una cuestión de orgullo, pero también porque la práctica de que científicos anónimos ajenos al estudio examinasen los artículos antes de su publicación, ahora imprescindible, no se había implantado aún en Europa.
En lugar de analizar las correcciones del revisor, que resultaron ser correctas, Einstein respondió al editor con una carta airada en la que mostraba su disconformidad con su forma de actuar:
El físico alemán, que en 1936 ya era una institución científica de dimensiones cósmicas, no se tomó bien la enmienda
Estimado Señor,
Nosotros (el Sr. Rosen y yo) le habíamos enviado nuestro manuscrito para su publicación y no le habíamos autorizado a que se lo mostrase a especialistas antes de su impresión. No veo razón para responder a los en cualquier caso erróneos comentarios de su experto anónimo. Debido a este incidente, prefiero publicar el artículo en otro lugar.
Respetuosamente,
P.D. El Sr. Rosen, que ha partido hacia la Unión Soviética, me ha autorizado a que lo represente en este asunto.
Después de este altercado, Einstein no volvió a publicar nada en Physical Review, pero sí que replanteó su postura. Leopold Infield, asistente de Einstein, trabó amistad con el autor de la revisión, el cosmólogo Howard Percy Robertson, que le mostró su visión sobre el trabajo de su jefe respecto a las ondas gravitacionales. Después, Infield le transmitió la información a Einstein que, después de afirmar que ya había encontrado un error en el borrador que había mandado, escribió a la Revista del Instituto Franklin, donde su artículo ya había sido aceptado para su publicación, y explicó que se debían realizar una serie de correcciones. El sistema autocorrector de la ciencia pudo incluso con el orgullo del mayor científico del siglo XX.
ELPAIS
Ha vuelto a ser noticia la demostración ontológica del matemático Kurt Gödel (1906–1978) de la existencia de Dios. Se trata de un simple ejercicio de lógica modal que Gödel realizó en 1941 sin mayor interés desde el punto de vista teológico. Su idea era corregir el gran problema de la demostración de San Anselmo. Aunque Gödel era creyente, no era practicante, por lo que nunca habló de la demostración hasta febrero de 1970, cuando pensaba que se acercaba la hora de su muerte. Le enseñó la demostración a su alumno Dana Scott, filósofo y matemático, quien hizo una copia para poderla publicar, pero Gödel no se lo permitió. Tras su muerte, Scott publicó dos versiones de la demostración en 1987 (de hecho, Gödel atesoraba varias). Desde entonces se han publicado muchas otras versiones que refinan los detalles de la demostración. En esta entrada me centraré en la versión de C. Anthony Anderson, “Some emendations of Gödel’s ontological proof,” Faith and Philosophy 7: 291-303, 1990, y su discusión detallada por Christopher Small, “Kurt Gödel’s Ontological Argument,” Part I, Part II & Part III.
Recomiendo leer la entrada en la wikipedia “Gödel’s ontological proof,” a Trébede, “La prueba matemática de Gödel de la existencia de Dios,” Rescoldos en la trébede, 30 Jun 2011, y la divertida e ingeniosa entrada de Enrique, “Pikachu existe y puedo demostrarlo,” Cuentos Cuánticos, 02 Nov 2013. Prometí mencionar a Pikachu en esta entrada y más abajo lo encontrarás.
Ante todo, te aclaro lo que no vas a encontrar en esta entrada: una explicación en detalle la demostración (la figura de abajo es la versión que aparece en la wikipedia). Lo que pretendo es justificar el tipo de demostración siguiendo la línea de la discusión de Christopher Small. Por supuesto, debes tener presente que en todas las demostraciones matemáticas de la existencia de Dios el argumento es similar. Se define un objeto matemático llamado “Dios” que cumple con una propiedad muy sencilla y se introducen una serie de reglas de razonamiento lógico (axiomas) asociados a dicha propiedad. La demostración matemática procede paso a paso hasta asegurar la existencia de este objeto en un universo en el que sean válidas dichas reglas. Nada más y nada menos. No hay ninguna relación entre el objeto matemático “Dios” y lo que tú puedas pensar que es Dios, seas creyente o ateo.
Esta demostración utiliza argumentos de lógica modal, aunque la lógica modal no se formalizó de forma rigurosa hasta principios del siglo XX. La razón por la que no se usa la lógica de predicados ya se conocía en la época de Anselmo, se puede demostrar la existencia de Dios de una forma mucho más corta (aunque menos satisfactoria): “Si no es cierto que “Dios existe implica que castigará a los buenos”, entonces Dios existe.” Esta demostración es resultado de la siguiente paradoja de la implicación lógica: Si no es cierto que P implica Q, entonces P. Recuerda que la implicación lógica “P implica Q” significa que si P es falso, “P implica Q” es verdadero, y si P es verdadero, “P implica Q” es verdadero o falso según lo sea Q. La implicación lógica presenta múltiples paradojas, como que si Q es verdadero, entonces “P implica Q” es verdadero para todo P (incluso sin que haya ninguna relación entre P y Q). Estas paradojas resultan extrañas para la intuición, rayando lo absurdo. Para evitar estas paradojas la demostración de Gödel utiliza el sistema S5 de la lógica modal de Lewis y Langford (1932).
El lógico estadounidense Clarence I. Lewis (1883-1964) formalizó en 1918 la lógica modal introduciendo la llamada implicación estricta para evitar las paradojas de la implicación lógica. La lógica modal extiende la lógica de predicados con las nociones modales de “necesidad” (o “es necesario que”), “posibilidad” (o “es posible que”), “imposibilidad” y “contingencia”. Una proposición verdadera es llamada proposición necesaria (por necesariamente verdadera). Una falsa es llamada imposible. Las demás se llaman contingentes. Una proposición posible es la que no es imposible. Son posibles todas las verdaderas y necesarias. Se define P implica estrictamente a Q si y sólo si necesariamente P implica a Q. En esta entrada no puedo discutir en detalle las diferencias entre la lógica de predicados y la lógica modal, ni puedo definir todos los operadores y reglas de inferencia que utiliza. Los interesados encontrarán mucha más información en la wikipedia.
El mayor problema de la lógica modal es la semántica pues no existe una única interpretación (un único universo modelo para dicha lógica). Por ello se suele decir que la semántica de la lógica modal refleja la idea del multiverso (describe todos los universos posibles). Hay varias lógicas modales, pero la más completa y que mejor expresa las intuiciones semánticas de todos los mundos posibles es llamada S5. que incluye el axioma “si es posible que P sea necesario, entonces P es necesario”, que permite razonar que “si P es necesario, es necesario que lo sea”, que “si P es posible, es necesario que lo sea” y que “si P es contingente, es necesario que lo sea”. La gran ventaja de la lógica modal S5 es que se pueden reemplazar todos los operadores modales por cuantificadores cuyo domino son todos los universos posibles.
Demostrar la existencia de Dios en una lógica modal S5 es fácil. Charles Hartshorne ideó en 1962 la siguiente argumentación. Para demostrar que “Dios existe” hay que demostrar que “existe un objeto en un universo que tiene la propiedad de ser máximamente perfecto”. Para ello se argumenta como sigue: Como resulta que “si Dios existe es necesario que exista” y “es posible que Dios exista”, deducimos la conclusión “es necesario que Dios exista.” Omito la formulación en símbolos y la demostración, que son fáciles de encontrar en la web.
Todas las demostraciones que hemos visto hasta ahora se basan en asignar al concepto de “Dios” una propiedad de máximo. La demostración de Gödel, por el contrario, trata de usar un argumento de mínimo, por eso se centra en la “esencia” de las propiedades positivas que caracterizan a Dios. Pero antes de discutirla en más detalle, permíteme una curiosidad para relajar la tensión.
Hay quienes hacen sudokus para pasar el rato y quienes los usan para entrenar su mente. A estos últimos les recomiendo estudiar teoría axiomática de conjuntos. Sólo ellos podrán disfrutar de la demostración de Gödel de la existencia de Dios. Un buen punto de partida es el maravilloso librito de Jesús Monterín, “Teoría axiomática de conjuntos,” Ariel, Barcelona, 1971. He de confesar que, siendo adolescente, estudié este libro gracias al ejemplar que había en la Biblioteca Pública de Fuengirola (supongo que seguirá allí). No lo he vuelto a leer, pero tengo muy buen recuerdo. Rellené libretas enteras repitiendo las demostraciones de mi puño y letra. Hoy en día ya se me ha olvidado todo lo que estudié. Los años no pasan en balde.
Ante todo, te aclaro lo que no vas a encontrar en esta entrada: una explicación en detalle la demostración (la figura de abajo es la versión que aparece en la wikipedia). Lo que pretendo es justificar el tipo de demostración siguiendo la línea de la discusión de Christopher Small. Por supuesto, debes tener presente que en todas las demostraciones matemáticas de la existencia de Dios el argumento es similar. Se define un objeto matemático llamado “Dios” que cumple con una propiedad muy sencilla y se introducen una serie de reglas de razonamiento lógico (axiomas) asociados a dicha propiedad. La demostración matemática procede paso a paso hasta asegurar la existencia de este objeto en un universo en el que sean válidas dichas reglas. Nada más y nada menos. No hay ninguna relación entre el objeto matemático “Dios” y lo que tú puedas pensar que es Dios, seas creyente o ateo.
La demostración ontológica de Gödel es una versión moderna del argumento ontológico para la existencia de Dios de San Anselmo de Canterbury (1033–1109), un monje benedictino que fue arzobispo de Canterbury desde 1093 hasta su muerte. Su argumento, de forma resumida, es el siguiente: “Por definición, Dios es aquello de lo cual nada mayor puede concebirse. Por tanto, es imposible concebir que Dios no existe, pues de lo contrario podríamos concebir algo mayor que él, a saber, un Dios que sí exista. Así pues, es inconcebible que Dios no exista; luego existe.”
Esta demostración utiliza argumentos de lógica modal, aunque la lógica modal no se formalizó de forma rigurosa hasta principios del siglo XX. La razón por la que no se usa la lógica de predicados ya se conocía en la época de Anselmo, se puede demostrar la existencia de Dios de una forma mucho más corta (aunque menos satisfactoria): “Si no es cierto que “Dios existe implica que castigará a los buenos”, entonces Dios existe.” Esta demostración es resultado de la siguiente paradoja de la implicación lógica: Si no es cierto que P implica Q, entonces P. Recuerda que la implicación lógica “P implica Q” significa que si P es falso, “P implica Q” es verdadero, y si P es verdadero, “P implica Q” es verdadero o falso según lo sea Q. La implicación lógica presenta múltiples paradojas, como que si Q es verdadero, entonces “P implica Q” es verdadero para todo P (incluso sin que haya ninguna relación entre P y Q). Estas paradojas resultan extrañas para la intuición, rayando lo absurdo. Para evitar estas paradojas la demostración de Gödel utiliza el sistema S5 de la lógica modal de Lewis y Langford (1932).
El lógico estadounidense Clarence I. Lewis (1883-1964) formalizó en 1918 la lógica modal introduciendo la llamada implicación estricta para evitar las paradojas de la implicación lógica. La lógica modal extiende la lógica de predicados con las nociones modales de “necesidad” (o “es necesario que”), “posibilidad” (o “es posible que”), “imposibilidad” y “contingencia”. Una proposición verdadera es llamada proposición necesaria (por necesariamente verdadera). Una falsa es llamada imposible. Las demás se llaman contingentes. Una proposición posible es la que no es imposible. Son posibles todas las verdaderas y necesarias. Se define P implica estrictamente a Q si y sólo si necesariamente P implica a Q. En esta entrada no puedo discutir en detalle las diferencias entre la lógica de predicados y la lógica modal, ni puedo definir todos los operadores y reglas de inferencia que utiliza. Los interesados encontrarán mucha más información en la wikipedia.
El mayor problema de la lógica modal es la semántica pues no existe una única interpretación (un único universo modelo para dicha lógica). Por ello se suele decir que la semántica de la lógica modal refleja la idea del multiverso (describe todos los universos posibles). Hay varias lógicas modales, pero la más completa y que mejor expresa las intuiciones semánticas de todos los mundos posibles es llamada S5. que incluye el axioma “si es posible que P sea necesario, entonces P es necesario”, que permite razonar que “si P es necesario, es necesario que lo sea”, que “si P es posible, es necesario que lo sea” y que “si P es contingente, es necesario que lo sea”. La gran ventaja de la lógica modal S5 es que se pueden reemplazar todos los operadores modales por cuantificadores cuyo domino son todos los universos posibles.
Demostrar la existencia de Dios en una lógica modal S5 es fácil. Charles Hartshorne ideó en 1962 la siguiente argumentación. Para demostrar que “Dios existe” hay que demostrar que “existe un objeto en un universo que tiene la propiedad de ser máximamente perfecto”. Para ello se argumenta como sigue: Como resulta que “si Dios existe es necesario que exista” y “es posible que Dios exista”, deducimos la conclusión “es necesario que Dios exista.” Omito la formulación en símbolos y la demostración, que son fáciles de encontrar en la web.
Todas las demostraciones que hemos visto hasta ahora se basan en asignar al concepto de “Dios” una propiedad de máximo. La demostración de Gödel, por el contrario, trata de usar un argumento de mínimo, por eso se centra en la “esencia” de las propiedades positivas que caracterizan a Dios. Pero antes de discutirla en más detalle, permíteme una curiosidad para relajar la tensión.
Hay quienes hacen sudokus para pasar el rato y quienes los usan para entrenar su mente. A estos últimos les recomiendo estudiar teoría axiomática de conjuntos. Sólo ellos podrán disfrutar de la demostración de Gödel de la existencia de Dios. Un buen punto de partida es el maravilloso librito de Jesús Monterín, “Teoría axiomática de conjuntos,” Ariel, Barcelona, 1971. He de confesar que, siendo adolescente, estudié este libro gracias al ejemplar que había en la Biblioteca Pública de Fuengirola (supongo que seguirá allí). No lo he vuelto a leer, pero tengo muy buen recuerdo. Rellené libretas enteras repitiendo las demostraciones de mi puño y letra. Hoy en día ya se me ha olvidado todo lo que estudié. Los años no pasan en balde.
Como ya he comentado el argumento ontológico de Gödel para la existencia de “Dios” es una versión revisada del argumento ontológico de Anselmo. La mejor manera de formalizar un argumento ontológico sobre la existencia de “Dios” es usar la lógica modal. Definir a Dios como creador del universo, como omnipotente o como omnisciente no permite construir una demostración de su existencia utilizando la lógica modal. Por ejemplo, un argumento de tipo “Dios es omnisciente; Dios sabe que existe; luego Dios existe” no se puede formalizar; lo máximo que podríamos demostrar es que “posiblemente Dios existe”, es decir, la existencia de Dios sería una verdad contingente, pero nunca una verdad necesaria.
La clave para construir una demostración de la existencia necesaria de Dios es definirlo utilizando su esencia. Si definimos que “el Papa es una persona que viste de blanco”, cualquier persona que vista de blanco sería el Papa, lo que es falso. Para definir al Papa tenemos que utilizar una propiedad esencial que le caracterice de forma unívoca; por ejemplo, “el Papa es el obispo de Roma”. Otra propiedad esencial es “llevar puesto el anillo papal.” En general, para definir un objeto sólo debemos usar propiedades esenciales de dicho objeto. En lógica modal una propiedad de un objeto es esencial si es necesario que ese objeto tenga dicha propiedad. Cualquier otra propiedad es contingente y pueden existir otros objetos que tengan dicha propiedad. La esencia de un objeto es una propiedad esencial a partir de la cual se pueden derivar todas las demás propiedades esenciales de dicho individuo. La esencia de ser Papa puede ser “ser el obispo de Roma” que implica la propiedad esencial “llevar puesto el anillo papal” y cualquier otra propiedad esencial.
¿Cuál es la esencia de Dios? Para Anselmo la existencia es una propiedad esencial de Dios, como también lo son que Dios es el creador de todo, que Dios es omnipotente, omnisciente, etc. Dios es aquello por lo que es imposible que exista un ser superior en ningún aspecto. El problema del argumento ontológico de San Anselmo, como criticaron Immnauel Kant y otros filósofos, es que el concepto de “existencia no es una propiedad”. Gödel sustituye este concepto por la propiedad de que sea “necesaria su existencia”, un cambio sutil para el lego, pero muy importante desde el punto de vista formal, semántico e interpretativo en lógica modal.
Para entender mejor la demostración de Gödel conviene recordar la demostración de San Anselmo escrita en lógica modal. Seguiré aquí la versión del filósofo Charles Hartshorne (1962). El primer axioma de Anselmo es “Axioma 1: Es posible que Dios exista”. Este axioma no distingue entre lo concebible y lo posible. Yo puedo concebir un número entero par mayor que dos que no se puede escribir como la suma de dos números primos. Sin embargo, el hecho de que yo lo conciba como un entero no significa que posiblemente exista. La idea de Anselmo es que es imposible concebir un ser más grande que Dios, por ello propone el “Axioma 2: Si la existencia de Dios es posible, entonces es necesaria”. Para Anselmo Dios tiene como propiedad esencial la máxima perfección. A partir de los dos axiomas anteriores la lógica modal S5 permite demostrar que “Dios existe necesariamente”.
Una parodia del argumento sería la siguiente. Definición: Un Pikachu es un pokémon amarillo que se parece al roedor llamado pika y que existe. Por lo tanto la lógica modal permite demostrar que Pikachu existe. Obviamente, esta demostración no resiste un análisis matemático riguroso. La definición que hemos hecho de un Pikachu no refleja su esencia .
El mayor problema de la demostración de Anselmo es el primer axioma, ya que la posibilidad de la existencia de Dios no implica la necesidad de la existencia de Dios. Gödel trata de transformar el Axioma 1 en un teorema introduciendo axiomas más fundamentales. Para ello, siguiendo a Gottfried Leibniz, decide dar un rodeo argumental que pasa por describir las propiedades esenciales y la esencia de Dios. Gödel considera que las propiedades esenciales de Dios son propiedades positivas, es decir, son cualidades buenas. Se puede pensar que hay un contenido moral en este concepto. Sin embargo, Gödel no formaliza el contexto moral de estas propiedades, para él una propiedad es positiva en un sentido de pura atribución intrínseca (un concepto metafísico que me llevaría demasiado tiempo discutir aquí). La relación con lo moral o lo estético es una cuestión accidental para Gödel, sin mayor importancia y por tanto no es necesario describirla en la demostración. Quizás el lector opine todo lo contrario (como César @EDocet en este tuit), pero así es la demostración de Gödel.
Axioma 1: “Una propiedad es positiva si y sólo si su negación es negativa”. Axioma 2: “Una propiedad es positiva si contiene necesariamente una propiedad positiva”. Estos dos axiomas de carácter técnico son necesarios en la lógica modal S5 para demostrar el primer teorema: “Teorema 1: Una propiedad positiva es lógicamente consistente, es decir, existe algún objeto con dicha propiedad y por tanto todo lo positivo es posible”. La consistencia lógica también es llamada ejemplificación, es decir, que si no hay ningún objeto que tenga cierta propiedad, entonces esta propiedad no puede ser positiva. Gödel sigue la línea argumental de Leibniz en que la esencia de Dios es “independiente de la estructura accidental del mundo”. Nuestro mundo contiene el bien y el mal, pero el mal de este mundo sólo puede ser accidental y no es necesario. Decir lo contrario contradice el Axioma 2. El Teorema 1 declara que lo bueno (las propiedades positivas) siempre es posible (siempre son posibles), lo que apoya el siguiente principio de Kant (fuerte opositor del argumento ontológico): “Deber ser implica poder ser”, es decir, si uno tiene la obligación de hacer algo, entonces debe ser posible hacerlo.
Para definir a Dios como el objeto cuya esencia es la perfección absoluta, primero hay que introducir lo que es la esencia. Definición 1: “Una propiedad es la esencia de un objeto si y sólo si el objeto tiene dicha propiedad y esta propiedad es necesariamente mínima, es decir, todas las propiedades esenciales del objeto se derivan de su esencia.” Nada implica que la esencia sea única, pero la minimalidad sugiere cierta unicidad. La cuestión de si cada individuo tiene una esencia está en el corazón del existencialismo de Jean-Paul Sartre, no entraré en más detalles.
La siguiente etapa del argumento de Gödel es definir el significado de la palabra “Dios”. Definición 2: “Algo es “semejante-a-Dios” si y sólo si posee la esencia de todas las propiedades positivas, es decir, si todas sus propiedades esenciales son positivas y si su esencia es tener todas las propiedades positivas.” Esta definición como tal no implica que haya un único objeto semejante-a-Dios. Además, esta definición tampoco implica que todas las propiedades de Dios sean positivas, sólo sus propiedades esenciales tienen que serlo. Desde el punto de vista matemático lo más importante es que se usa un cuantificador (“todas sus propiedades”) lo que significa que hay que interpretar estas propiedades en todos los mundos posibles. La interpretación de la lógica modal siempre se realiza en el sentido semántico del multiverso (el conjunto de todos los universos posibles).
El tercer concepto que introduce Gödel es la propiedad de existencia necesaria. La crítica de Kant a Anselmo se basa en que la existencia no es una propiedad, luego Gödel define “Definición 3: Decimos que algo existe necesariamente si tiene una propiedad esencial.” Puede parecer obvio que la propiedad ser semejante-a-Dios es positiva, pero es imposible demostrarlo con todo lo anterior. El problema es que no se puede demostrar que tener un conjunto de propiedades positivas sea una propiedad positiva. Luego Gödel introduce el Axioma 3: “Ser semejante-a-Dios es una propiedad positiva.” En este momento Gödel puede demostrar el primer axioma de Anselmo que afirma que posiblemente Dios existe. Corolario 1: “Ser semejante-a-Dios es una propiedad lógicamente consistente, es decir, existe algún objeto con dicha propiedad”. Esto no es una demostración de que Dios existe, pues hay que trabajar más para demostrar que Dios necesariamente existe. Pero el primer gran paso ya ha sido dado.
Si las propiedades positivas de Dios son maximales, tenemos que añadir el siguiente Axioma 4: “La existencia necesaria es una propiedad positiva.” Ahora ya se puede demostrar el siguiente Teorema 2: “Si un objeto es semejante-a-Dios, entonces ser semejante-a-Dios es la esencia de dicho objeto”. Y ya casi se ha acabado la demostración pues para demostrar el teorema final basta seguir el argumento de Anselmo. Teorema 3: “Necesariamente existe un ser semejante-a-Dios.”
¿Se trata de una demostración “correcta” de la existencia de Dios? Obviamente se trata de una demostración matemática correcta en la lógica modal S5, pero cada persona tiene una idea diferente de lo que es Dios. En esta demostración no hay contenido teológico. Quizás algunos filósofos puedan quedar satisfechos, pero en general poca gente lo estará. Incluso si el argumento es correcto en todos sus aspectos, como no se especifica qué es una “atribución pura” para una propiedad positiva, bien se podría haber demostrado que alguna ecuación matemática que rige el universo es lo semejante-a-Dios que necesariamente existe.
¿Se puede sustituir “semejante-a-Dios” por “pikachiano” y obtener una demostración de la existencia de Pikachu? Obviamente, no. Pero si queréis echar unas risas…
PS: Por cierto, en relación a la noticia esta semana sobre el logro de los científicos Christoph Benzmüller, de la Universidad Libre de Berlín, y Bruno Woltzenlogel, de la Universidad Técnica de Viena, me gustaría aclarar que sólo han verificado por ordenador la demostración del matemático Kurt Gödel de la existencia de Dios. El nuevo trabajo de Benzmüller y Woltzenlogel valida la demostración mediante un software de demostración automática de teoremas. Esto no aporta nada nuevo a la demostración, sólo confirma que el software funciona correctamente.
PS (4 Nov 2013): Recomiendo leer a Arturo Quirantes, “Gödel y la demostración de algo llamado Dios,” Naukas, 04 Nov 2013. Confieso que no me gusta el tono ligero de algunos de los razonamientos de mi amigo Arturo, pero se lee fácil y puede ser interesante para muchos lectores.
La clave para construir una demostración de la existencia necesaria de Dios es definirlo utilizando su esencia. Si definimos que “el Papa es una persona que viste de blanco”, cualquier persona que vista de blanco sería el Papa, lo que es falso. Para definir al Papa tenemos que utilizar una propiedad esencial que le caracterice de forma unívoca; por ejemplo, “el Papa es el obispo de Roma”. Otra propiedad esencial es “llevar puesto el anillo papal.” En general, para definir un objeto sólo debemos usar propiedades esenciales de dicho objeto. En lógica modal una propiedad de un objeto es esencial si es necesario que ese objeto tenga dicha propiedad. Cualquier otra propiedad es contingente y pueden existir otros objetos que tengan dicha propiedad. La esencia de un objeto es una propiedad esencial a partir de la cual se pueden derivar todas las demás propiedades esenciales de dicho individuo. La esencia de ser Papa puede ser “ser el obispo de Roma” que implica la propiedad esencial “llevar puesto el anillo papal” y cualquier otra propiedad esencial.
¿Cuál es la esencia de Dios? Para Anselmo la existencia es una propiedad esencial de Dios, como también lo son que Dios es el creador de todo, que Dios es omnipotente, omnisciente, etc. Dios es aquello por lo que es imposible que exista un ser superior en ningún aspecto. El problema del argumento ontológico de San Anselmo, como criticaron Immnauel Kant y otros filósofos, es que el concepto de “existencia no es una propiedad”. Gödel sustituye este concepto por la propiedad de que sea “necesaria su existencia”, un cambio sutil para el lego, pero muy importante desde el punto de vista formal, semántico e interpretativo en lógica modal.
Para entender mejor la demostración de Gödel conviene recordar la demostración de San Anselmo escrita en lógica modal. Seguiré aquí la versión del filósofo Charles Hartshorne (1962). El primer axioma de Anselmo es “Axioma 1: Es posible que Dios exista”. Este axioma no distingue entre lo concebible y lo posible. Yo puedo concebir un número entero par mayor que dos que no se puede escribir como la suma de dos números primos. Sin embargo, el hecho de que yo lo conciba como un entero no significa que posiblemente exista. La idea de Anselmo es que es imposible concebir un ser más grande que Dios, por ello propone el “Axioma 2: Si la existencia de Dios es posible, entonces es necesaria”. Para Anselmo Dios tiene como propiedad esencial la máxima perfección. A partir de los dos axiomas anteriores la lógica modal S5 permite demostrar que “Dios existe necesariamente”.
Una parodia del argumento sería la siguiente. Definición: Un Pikachu es un pokémon amarillo que se parece al roedor llamado pika y que existe. Por lo tanto la lógica modal permite demostrar que Pikachu existe. Obviamente, esta demostración no resiste un análisis matemático riguroso. La definición que hemos hecho de un Pikachu no refleja su esencia .
El mayor problema de la demostración de Anselmo es el primer axioma, ya que la posibilidad de la existencia de Dios no implica la necesidad de la existencia de Dios. Gödel trata de transformar el Axioma 1 en un teorema introduciendo axiomas más fundamentales. Para ello, siguiendo a Gottfried Leibniz, decide dar un rodeo argumental que pasa por describir las propiedades esenciales y la esencia de Dios. Gödel considera que las propiedades esenciales de Dios son propiedades positivas, es decir, son cualidades buenas. Se puede pensar que hay un contenido moral en este concepto. Sin embargo, Gödel no formaliza el contexto moral de estas propiedades, para él una propiedad es positiva en un sentido de pura atribución intrínseca (un concepto metafísico que me llevaría demasiado tiempo discutir aquí). La relación con lo moral o lo estético es una cuestión accidental para Gödel, sin mayor importancia y por tanto no es necesario describirla en la demostración. Quizás el lector opine todo lo contrario (como César @EDocet en este tuit), pero así es la demostración de Gödel.
Permíteme discutir ahora la demostración de la existencia de Dios de Gödel en su versión de Anderson. Presentaré los axiomas, las definiciones y los teoremas sin demostración (los interesados la pueden estudiar en detalle en la web de Christopher Small). Mi idea es explicar por qué son como son, sin preocuparme por los detalles formales de la demostración. Espero que esto ayude a los lectores interesados en tener una idea de la lógica argumental de la demostración.
Axioma 1: “Una propiedad es positiva si y sólo si su negación es negativa”. Axioma 2: “Una propiedad es positiva si contiene necesariamente una propiedad positiva”. Estos dos axiomas de carácter técnico son necesarios en la lógica modal S5 para demostrar el primer teorema: “Teorema 1: Una propiedad positiva es lógicamente consistente, es decir, existe algún objeto con dicha propiedad y por tanto todo lo positivo es posible”. La consistencia lógica también es llamada ejemplificación, es decir, que si no hay ningún objeto que tenga cierta propiedad, entonces esta propiedad no puede ser positiva. Gödel sigue la línea argumental de Leibniz en que la esencia de Dios es “independiente de la estructura accidental del mundo”. Nuestro mundo contiene el bien y el mal, pero el mal de este mundo sólo puede ser accidental y no es necesario. Decir lo contrario contradice el Axioma 2. El Teorema 1 declara que lo bueno (las propiedades positivas) siempre es posible (siempre son posibles), lo que apoya el siguiente principio de Kant (fuerte opositor del argumento ontológico): “Deber ser implica poder ser”, es decir, si uno tiene la obligación de hacer algo, entonces debe ser posible hacerlo.
Para definir a Dios como el objeto cuya esencia es la perfección absoluta, primero hay que introducir lo que es la esencia. Definición 1: “Una propiedad es la esencia de un objeto si y sólo si el objeto tiene dicha propiedad y esta propiedad es necesariamente mínima, es decir, todas las propiedades esenciales del objeto se derivan de su esencia.” Nada implica que la esencia sea única, pero la minimalidad sugiere cierta unicidad. La cuestión de si cada individuo tiene una esencia está en el corazón del existencialismo de Jean-Paul Sartre, no entraré en más detalles.
La siguiente etapa del argumento de Gödel es definir el significado de la palabra “Dios”. Definición 2: “Algo es “semejante-a-Dios” si y sólo si posee la esencia de todas las propiedades positivas, es decir, si todas sus propiedades esenciales son positivas y si su esencia es tener todas las propiedades positivas.” Esta definición como tal no implica que haya un único objeto semejante-a-Dios. Además, esta definición tampoco implica que todas las propiedades de Dios sean positivas, sólo sus propiedades esenciales tienen que serlo. Desde el punto de vista matemático lo más importante es que se usa un cuantificador (“todas sus propiedades”) lo que significa que hay que interpretar estas propiedades en todos los mundos posibles. La interpretación de la lógica modal siempre se realiza en el sentido semántico del multiverso (el conjunto de todos los universos posibles).
El tercer concepto que introduce Gödel es la propiedad de existencia necesaria. La crítica de Kant a Anselmo se basa en que la existencia no es una propiedad, luego Gödel define “Definición 3: Decimos que algo existe necesariamente si tiene una propiedad esencial.” Puede parecer obvio que la propiedad ser semejante-a-Dios es positiva, pero es imposible demostrarlo con todo lo anterior. El problema es que no se puede demostrar que tener un conjunto de propiedades positivas sea una propiedad positiva. Luego Gödel introduce el Axioma 3: “Ser semejante-a-Dios es una propiedad positiva.” En este momento Gödel puede demostrar el primer axioma de Anselmo que afirma que posiblemente Dios existe. Corolario 1: “Ser semejante-a-Dios es una propiedad lógicamente consistente, es decir, existe algún objeto con dicha propiedad”. Esto no es una demostración de que Dios existe, pues hay que trabajar más para demostrar que Dios necesariamente existe. Pero el primer gran paso ya ha sido dado.
Si las propiedades positivas de Dios son maximales, tenemos que añadir el siguiente Axioma 4: “La existencia necesaria es una propiedad positiva.” Ahora ya se puede demostrar el siguiente Teorema 2: “Si un objeto es semejante-a-Dios, entonces ser semejante-a-Dios es la esencia de dicho objeto”. Y ya casi se ha acabado la demostración pues para demostrar el teorema final basta seguir el argumento de Anselmo. Teorema 3: “Necesariamente existe un ser semejante-a-Dios.”
¿Se trata de una demostración “correcta” de la existencia de Dios? Obviamente se trata de una demostración matemática correcta en la lógica modal S5, pero cada persona tiene una idea diferente de lo que es Dios. En esta demostración no hay contenido teológico. Quizás algunos filósofos puedan quedar satisfechos, pero en general poca gente lo estará. Incluso si el argumento es correcto en todos sus aspectos, como no se especifica qué es una “atribución pura” para una propiedad positiva, bien se podría haber demostrado que alguna ecuación matemática que rige el universo es lo semejante-a-Dios que necesariamente existe.
¿Se puede sustituir “semejante-a-Dios” por “pikachiano” y obtener una demostración de la existencia de Pikachu? Obviamente, no. Pero si queréis echar unas risas…
PS: Por cierto, en relación a la noticia esta semana sobre el logro de los científicos Christoph Benzmüller, de la Universidad Libre de Berlín, y Bruno Woltzenlogel, de la Universidad Técnica de Viena, me gustaría aclarar que sólo han verificado por ordenador la demostración del matemático Kurt Gödel de la existencia de Dios. El nuevo trabajo de Benzmüller y Woltzenlogel valida la demostración mediante un software de demostración automática de teoremas. Esto no aporta nada nuevo a la demostración, sólo confirma que el software funciona correctamente.
PS (4 Nov 2013): Recomiendo leer a Arturo Quirantes, “Gödel y la demostración de algo llamado Dios,” Naukas, 04 Nov 2013. Confieso que no me gusta el tono ligero de algunos de los razonamientos de mi amigo Arturo, pero se lee fácil y puede ser interesante para muchos lectores.
Francis (th)E mule Science's News
Es uno de los inventores más prolíficos y brillantes que ha existido. De él hoy se dice que era el mago de la electricidad y la luz y él decía de sí mismo que necesitaría vivir 100 años para crear todo lo que llevaba dentro. Nikola Tesla, un genio que no tuvo el reconocimiento merecido hasta hace pocos años le engañaron, le robaron inventos y le despreciaron.
Nikola, nace en Smiljan, lo que en aquella época era el Imperio austrohúngaro y actual Croacia, el 10 de julio de 1856, falleciendo en Nueva York el 7 de enero de 1943. Fue inventor, ingeniero mecánico e ingeniero eléctrico de origen serbio y el promotor más importante del nacimiento de la electricidad comercial. Se le conoce, sobre todo, por sus numerosas y revolucionarias invenciones en el campo del electromagnetismo, desarrolladas a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Las patentes de Tesla y su trabajo teórico formaron las bases de los sistemas modernos de potencia eléctrica por corriente alterna (CA), incluyendo el sistema polifásico de distribución eléctrica y el motor de corriente alterna, que tanto contribuyeron al nacimiento de la Segunda Revolución Industrial.
El nacionalizado norteamericano de origen serbio es uno de los personajes más fascinantes de la historia de la ciencia. Inventó el motor de inducción de corriente alterna, la tecnología de la radio, el control remoto sin cable y las bujías.
Fue el padre de tecnologías visionarias en su época como la robótica, la informática y las armas teledirigidas. Disfrutó del mecenazgo de personajes como Westinghouse, que creó su imperio gracias en parte a los inventos de Tesla.
Pero también fue un excéntrico, plagado de fobias y manías, con una biografía apasionante que le llevó desde lo más alto a morir solo, en la pobreza, en la habitación de un hotel neoyorquino....
Hay quienes dicen que referirse a tesla como un mero inventos es como referirse a Chopin como un simple pianista. El se consideraba un descubridor más que un inventor. Decía de Edison que era un inventor, una persona que tenía una idea y que quería traducirla en un aparato en concreto que se pudiese vender y sacar un rendimiento económico. Tesla es la antítesis de Edison en el sentido de que le falta esa vertiente práctica, y lo que pretende con sus ideas, que tienen mucho de visionarias, es cambiar el mundo. Son ideas globales que el piensa que van a cambiar la civilización, y de hecho el problema está en que le cuesta encontrar la forma para que se conviertan en elementos concretos comercializables.
La vida de Tesla parece sacada de un guion cinematográfico. Tiene todos los elementos que lo hacen atractivo para la gran pantalla y parece raro que nadie haya hecho una película sobre su vida, siendo lo más parecido un personaje secundario que aparece en la película “El truco final”. En su época fue un personaje de mucho éxito, y aunque hoy no sea muy conocido podemos ver la prensa neoyorquina de finales del siglo XIX para darnos cuenta de que ocupaba tanto espacio como Edison.
Nikola, nace en Smiljan, lo que en aquella época era el Imperio austrohúngaro y actual Croacia, el 10 de julio de 1856, falleciendo en Nueva York el 7 de enero de 1943. Fue inventor, ingeniero mecánico e ingeniero eléctrico de origen serbio y el promotor más importante del nacimiento de la electricidad comercial. Se le conoce, sobre todo, por sus numerosas y revolucionarias invenciones en el campo del electromagnetismo, desarrolladas a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Las patentes de Tesla y su trabajo teórico formaron las bases de los sistemas modernos de potencia eléctrica por corriente alterna (CA), incluyendo el sistema polifásico de distribución eléctrica y el motor de corriente alterna, que tanto contribuyeron al nacimiento de la Segunda Revolución Industrial.
El nacionalizado norteamericano de origen serbio es uno de los personajes más fascinantes de la historia de la ciencia. Inventó el motor de inducción de corriente alterna, la tecnología de la radio, el control remoto sin cable y las bujías.
Fue el padre de tecnologías visionarias en su época como la robótica, la informática y las armas teledirigidas. Disfrutó del mecenazgo de personajes como Westinghouse, que creó su imperio gracias en parte a los inventos de Tesla.
Pero también fue un excéntrico, plagado de fobias y manías, con una biografía apasionante que le llevó desde lo más alto a morir solo, en la pobreza, en la habitación de un hotel neoyorquino....
Hay quienes dicen que referirse a tesla como un mero inventos es como referirse a Chopin como un simple pianista. El se consideraba un descubridor más que un inventor. Decía de Edison que era un inventor, una persona que tenía una idea y que quería traducirla en un aparato en concreto que se pudiese vender y sacar un rendimiento económico. Tesla es la antítesis de Edison en el sentido de que le falta esa vertiente práctica, y lo que pretende con sus ideas, que tienen mucho de visionarias, es cambiar el mundo. Son ideas globales que el piensa que van a cambiar la civilización, y de hecho el problema está en que le cuesta encontrar la forma para que se conviertan en elementos concretos comercializables.
La vida de Tesla parece sacada de un guion cinematográfico. Tiene todos los elementos que lo hacen atractivo para la gran pantalla y parece raro que nadie haya hecho una película sobre su vida, siendo lo más parecido un personaje secundario que aparece en la película “El truco final”. En su época fue un personaje de mucho éxito, y aunque hoy no sea muy conocido podemos ver la prensa neoyorquina de finales del siglo XIX para darnos cuenta de que ocupaba tanto espacio como Edison.
Mark Twain en el laboratorio de Nikola Tesla, (1894). El escritor era un gran amigo del científico.
Físicamente de buen porte, llegando casi a los dos metros de altura, era capaz de hablar en 6 idiomas distintos, aunque según que fuente era capaz de hacerlo en doce. En cualquier caso son muchos idiomas.
Tenía una tendencia a la megalomanía y una misantropía enfermiza que le llevo a ser soltero toda la vida e incluso se negaba estrechar la mano a la gente. Aunque esto no le impidió tener relación con reyes y otras personalidades muy importantes. Como en otros muchos casos tenía una aversión total al contacto con otras personas y una obsesión por la higiene. En realidad tenía multitud de obsesiones. En particular tenía una obsesión por el número 3. Cualquier cosa que hiciese tenía que ser divisible por 3 cuando comía lo hacía solo con una gran cantidad de servilletas multiplico de 3 por supuesto. Esto también lo hacía con los cubiertos. Antes de llevarse una cucharada o el tenedor a la boca tenía que calcular el volumen exacto de comida que llevaba, … Quizás el hecho de que tenga tantas manías puede ser consecuencia, de forma indirecta, a su propia genialidad. Pero es que llegaba al extremo de ponerse enfermo si veía un collar de perlas o unos pendientes colgando en una mujer; incluso le pasaba esto con la piel del melocotón. También hay que decir que el agua la bebía hervida por supuesto.
Sin embargo y curiosamente al final de subida desarrollo una gran afición por las palomas, que higiénicamente no se llevan mucho con las ratas. Llego a sentir una auténtica devoción por estos animales, llenando la habitación de su hotel con ellas y a las que alimentaba, curaba y en definitiva cuidaba.
Sistema de generación de Nikola Tesla, que utiliza los circuitos de
corriente alterna para el transporte de energía a través de largas
distancias.
En el proceso solo intervenía él y era capaz de construirla y que funcionase a la primera. El problema fue que era incapaz de dejar un plano detallado ni de transmitir instrucciones a la gente para hacer lo necesario para la ceración y funcionamiento de sus patentes. Esta es una de las razones por las que no dejo discípulos y también lo que contribuyó a su posterior olvido.
Modelo de un generador eléctrico de Nikola Tesla.
El principal invento de tesla fue el motor de inducción polifásico, que no es otra cosa que el motor eléctrico que todavía hoy se usa en los aparatos eléctricos. También son muy importantes los sistemas de generación y distribución de electricidad en grandes cantidades (lo que viene a ser la alta tensión). De hecho en 1896 se puso en funcionamiento la primera gran central hidroeléctrica del mundo en las cataratas del Niagara. Las turbinas tienen una placa con el número de serie de la patente de Tesla, el cual es el responsable de que la electricidad se reparta a una gran masa de población y a una gran distancia de donde se genera sin apenas perdida de energía, el cual era el problema del que adolecía la corriente continua de Edison. También para muchas personas era el verdadero inventor de la radio y no Marconi. Este último recibió el premio Nobel en 1909 por el invento, pero en realidad fue Tesla quien en había patentado la idea en 1896, antes que Marconi.
Se enzarzaron en una disputa legal hasta que tesla murió en 1943, año en el que el Tribunal Supremo de los EEUU reconoció que Marconi no solo “pirateo” la radio de Tesla, sino que se apropió de un total de 17 patentes de este.
Demostración de la transmisión inalámbrica de energía durante su presentación de 1891.
Fue el predecesor de todo lo que es la transmisión inalámbrica de información. En 1898 hizo la primera denostación con un pequeño barco de juguete por control remoto en el Madison Square Garden. Hay muchos proyectos suyos en los cuales se apuntaban cosas que se desarrollarían más tarde. Hablo del radar, por ejemplo, y dejo la patente de un avión de despegue vertical en los años 20 que fue la base para el que se desarrolló más adelante. También propuso una turbina sin aspas que ahora se está recuperando por lo que supone en cuanto a ahorro energético. Es también importante por las ideas que no llego a desarrollar; poseedor de una genial intuición e ideas que en la actualidad se están retomando.
Fueron suyas unas 700 patentes, muchas menos que las de Edison, pero hay que tener en cuenta que este contaba con un ejército de personas que trabajaban para el desarrollándole la idea y patentándola. Tesla trabajo solo toda su vida y de hecho en la última década muchas de sus patentes son teóricas porque no llego a encontrar financiación para desarrollarlas. aun así estamos hablando de 700 patentes, casi nada.
Una de esas ”brillantes” ideas fue una especie de misil teledirigido para ser usado contra los barcos españoles (¡¿y por qué?!, pues por la crisis de cuba con los EEUU en 1898). Ofreció en estas fechas una patente a la Marina de los EEUU de esta especie de misil que en realidad supongo que sería la patente de un torpedo para atacar a la armada española. La verdad es que no le hicieron caso pero el ya empezó a teorizar sobre conceptos de sistemas de dirección y buscar una cosa que a él le preocupaba mucho y que ahora sabemos lo importante que es: como encontrar la forma de poder guiar un torpedo o cualquier otro vehículo por control remoto pero sin que se pudiese interceptar la señal. La encriptación de la señal es algo que le preocupo.
Entre sus mecenas figuran Witing Housse y Jippie Morgan. Nos podemos preguntar hasta que punto dependían las fortunas de estos hombres de las ideas de Tesla. Lo cierto es que Morgan ya era rico, ya que con sus movimientos empresariales puso a los EEUU en el lugar en que ocupa ahora mismo. Pero la fortuna de Waiting House sí que se debe en gran medida a Tesla. Cuando John Waiting House conoció las ideas de tesla las apoyó, a pesar de que estas ideas no contaban con el apoyo de nadie. Esas patentes se desarrollaron incluso con “la guerra de las corrientes” contra Edison, el cual defendía la corriente continua, en curso. Este es un episodio no exento de polémica y que puede marcar la vida de Tesla. No es esta “guerra” sino la forma de gestionar sus patentes. El primer acuerdo al que llegan Hause y Tesla es que este le cede las patentes por una cantidad de dinero y 2,5 dólares por cada caballo de potencia que generara su nueva tecnología. El problema para House es que además del coste muy elevado de implantar una nueva tecnología, estaba que con esta tecnología se podía generar un volumen de potencia tan grande que convertiría a Tesla en uno de los hombre más ricos del mundo, cosa que House pues no podía pagar. Cuando este le presenta el problema a Tesla, no se si por ignorancia, generosidad o una mezcla de ambas cosas, rompe el contrato y cede a House el derecho sobre las patentes a cambio de un pago único de unos 100000 dólares, que para la época era muchísimo dinero, pero nada con lo que podría haber ganado. Esto permitió el triunfo de la corriente alterna, pero empresarialmente fue uno de los grandes errores de Tesla.
La guerra entre la CC y la CA fue muy sucia, sobre todo por parte de Edison, ya que contiene muchos episodios que podemos calificar de verdaderamente sórdidos. Hay que tener en cuenta que cuando House empieza a aplicar el sistema de Tesla, Edison ya lleva invertido una gran cantidad de dinero en su sistema de CC sigua adelante y que apenas había conseguido iluminar algunos hogares. Tampoco podía generar una gran cantidad de energía y mucho menos enviarla a grandes distancias. El sistema de CC obligaba a construir un generador casi cada cuatro manzanas en Nueva York, con lo que todo esto supondría. Asi que Edison empezó una campaña de desprestigio en contra de la tecnología de la CA jugando con el hecho de que para transportarlo a las ciudades tenía que ir como alta tensión y se aprovechaba del hecho de que cada vez que ocurría un accidente, como por ejemplo la electrocución de un obrero, Edison, que sabía utilizar a la prensa muy bien, hacía que se convirtiese en portada: “La electricidad que mata” o “ Como va a meter usted en su casa esa electricidad para que acabe con su familia”, o cosas similares.
No contento con esto, Edison aprovecho una campaña que se estaba haciendo para introducir la electricidad como método de ejecución, ya que se consideraba que la horca era de países barbaros, nada que ver con esta nueva nación tecnológica y debían buscar un sistema “humanitario” y tecnológico. Pensando que la electricidad cumplía con esas dos funciones, Edison lo apoyo y dijo que era la CA la que tenía que alimentar a la silla eléctrica. Incluso propuso que se utilizara el término “waintingizar”, de igual manera que se usó el termino guillotinar en honor del creador de la guillotina, y así poder asociar este tipo de corriente con algo que mata.
Incluso llego a espectáculos tan poco edificantes como la electrocución de animales, desde perros, cerdos, potros, hasta terneros. Espectáculos en los que reunía a la alta sociedad, a la prensa que pudiera ejercer algún tipo de influencia. Primero les aplicaba descargas con CC, y evidentemente no morían, para posteriormente aplicarles CA y matarlos. Con esto intentaba convencer a todo el mundo de lo peligroso de esta tecnología. Hay testimonios de que después de estas demostraciones el laboratorio de Edison parecía más un matadero que un lugar donde se realizaba ciencia.
Ya esta mala relación venia de antes, cuando Tesla fue contratado por Edison gracias a una carta de recomendación que un socio de Edison le había dado a Tesla en Europa. Cuando tesla veía algún artefacto pasaba de un estado admiración a otro de superación, e intentaba siempre aplicar posibles mejoras, las cuales casi siempre eran muy eficientes. Algo parecido paso entre ambos, ya que tesla dio su opinión sobre la CA, pero Edison no hizo ni caso, pero si que le ofreció 50.000 dólares si mejoraba la eficacia de sus dinamos.
El serbocroata lo consiguió, multiplicó por tres su rendimiento, y cuando reclamó su recompensa, Edison le dijo que el supuesto trato había sido una broma. En definitiva, Edison timó a Tesla. La relación entre ambos duro poco más y Tesla siguió su camino.
Lo que no está del todo claro es si esta mala relación entre ambos llevo a Tesla a rechazar el premio Nobel que le habían concedido a los dos. Lo cierto es que esto nunca se llegó a confirmar. Lo que es cierto esta noticia apareció en un teletipo de una agencia de noticias en la cual se afirmaba tal circunstancia. En definitiva, no se sabe muy bien lo que paso, pero la leyenda cuenta que tampoco Edison quería compartir el premio con Tesla. Incluso los más malpensados decían que a Edison tampoco le importaba mucho perder la parte que le correspondía del premio. Pero que a tesla si le fastidiaba más porque en ese momento pasaba ya por apuros económicos. Pero la verdad es que es difícil imaginarse a ambos recibiendo el premio.
Uno de los mayores reconocimientos que Tesla recibió en vida fue la Medalla Edison. Condecoración que entregaba la Asociación de Ingenieros Eléctricos de EEUU, y esta medalla solo se podía conceder por aprobación de Edison (que ironía verdad). Cuando recibió el premio Tesla Edison todavía estaba vivo, por lo que en este caso sí que hubo un reconocimiento, aunque tardío. Evidentemente Edison no fue a la entrega.
Pero que fue lo que paso para que Tesla muriese solo en una habitación de hotel y en medio de la pobreza. Una persona que llego a la cima de su carrera, con una gran capacidad intelectual y con esa gran cantidad de patentes. Las respuestas pueden ser múltiples. Una de estas respuestas es una posible conspiración en contra de Tesla ya que defendía la idea de un sistema inalámbrico de transmisión de la electricidad y además de bajo coste para todo el mundo (aquí está el Tesla idealista). Otra respuesta puede ser por su poca vista empresarial (recordemos lo que hizo con House). Tampoco dejo una empresa que continuara con su legado, ni tampoco dejo discípulos. Se enemisto con todo el mundo académico, por lo que su nombre desapareció de todos los manuales y libros de historia. Por lo tanto los nuevos ingenieros salían de las universidades sabiendo su trabajo pero sin conócelo a él. A todo esto hay que añadir que no dejo descendencia y su propia personalidad e ideas, a veces un poco extravagantes; dejo también comentarios como que había contactado con extraterrestres o incluso también decía que había creado inventos excepcionales no pudiendo demostrar después que los hiciera. Todo esto lo convirtió en una caricatura de lo que en realidad fue, haciendo olvidad lo que en realidad fue: un genio excepcional. Nikola tesla se merece un lugar de honor en la historia, por lo menos debería estar a la altura de Edison sino mas
Fueron suyas unas 700 patentes, muchas menos que las de Edison, pero hay que tener en cuenta que este contaba con un ejército de personas que trabajaban para el desarrollándole la idea y patentándola. Tesla trabajo solo toda su vida y de hecho en la última década muchas de sus patentes son teóricas porque no llego a encontrar financiación para desarrollarlas. aun así estamos hablando de 700 patentes, casi nada.
Una de esas ”brillantes” ideas fue una especie de misil teledirigido para ser usado contra los barcos españoles (¡¿y por qué?!, pues por la crisis de cuba con los EEUU en 1898). Ofreció en estas fechas una patente a la Marina de los EEUU de esta especie de misil que en realidad supongo que sería la patente de un torpedo para atacar a la armada española. La verdad es que no le hicieron caso pero el ya empezó a teorizar sobre conceptos de sistemas de dirección y buscar una cosa que a él le preocupaba mucho y que ahora sabemos lo importante que es: como encontrar la forma de poder guiar un torpedo o cualquier otro vehículo por control remoto pero sin que se pudiese interceptar la señal. La encriptación de la señal es algo que le preocupo.
Entre sus mecenas figuran Witing Housse y Jippie Morgan. Nos podemos preguntar hasta que punto dependían las fortunas de estos hombres de las ideas de Tesla. Lo cierto es que Morgan ya era rico, ya que con sus movimientos empresariales puso a los EEUU en el lugar en que ocupa ahora mismo. Pero la fortuna de Waiting House sí que se debe en gran medida a Tesla. Cuando John Waiting House conoció las ideas de tesla las apoyó, a pesar de que estas ideas no contaban con el apoyo de nadie. Esas patentes se desarrollaron incluso con “la guerra de las corrientes” contra Edison, el cual defendía la corriente continua, en curso. Este es un episodio no exento de polémica y que puede marcar la vida de Tesla. No es esta “guerra” sino la forma de gestionar sus patentes. El primer acuerdo al que llegan Hause y Tesla es que este le cede las patentes por una cantidad de dinero y 2,5 dólares por cada caballo de potencia que generara su nueva tecnología. El problema para House es que además del coste muy elevado de implantar una nueva tecnología, estaba que con esta tecnología se podía generar un volumen de potencia tan grande que convertiría a Tesla en uno de los hombre más ricos del mundo, cosa que House pues no podía pagar. Cuando este le presenta el problema a Tesla, no se si por ignorancia, generosidad o una mezcla de ambas cosas, rompe el contrato y cede a House el derecho sobre las patentes a cambio de un pago único de unos 100000 dólares, que para la época era muchísimo dinero, pero nada con lo que podría haber ganado. Esto permitió el triunfo de la corriente alterna, pero empresarialmente fue uno de los grandes errores de Tesla.
La guerra entre la CC y la CA fue muy sucia, sobre todo por parte de Edison, ya que contiene muchos episodios que podemos calificar de verdaderamente sórdidos. Hay que tener en cuenta que cuando House empieza a aplicar el sistema de Tesla, Edison ya lleva invertido una gran cantidad de dinero en su sistema de CC sigua adelante y que apenas había conseguido iluminar algunos hogares. Tampoco podía generar una gran cantidad de energía y mucho menos enviarla a grandes distancias. El sistema de CC obligaba a construir un generador casi cada cuatro manzanas en Nueva York, con lo que todo esto supondría. Asi que Edison empezó una campaña de desprestigio en contra de la tecnología de la CA jugando con el hecho de que para transportarlo a las ciudades tenía que ir como alta tensión y se aprovechaba del hecho de que cada vez que ocurría un accidente, como por ejemplo la electrocución de un obrero, Edison, que sabía utilizar a la prensa muy bien, hacía que se convirtiese en portada: “La electricidad que mata” o “ Como va a meter usted en su casa esa electricidad para que acabe con su familia”, o cosas similares.
No contento con esto, Edison aprovecho una campaña que se estaba haciendo para introducir la electricidad como método de ejecución, ya que se consideraba que la horca era de países barbaros, nada que ver con esta nueva nación tecnológica y debían buscar un sistema “humanitario” y tecnológico. Pensando que la electricidad cumplía con esas dos funciones, Edison lo apoyo y dijo que era la CA la que tenía que alimentar a la silla eléctrica. Incluso propuso que se utilizara el término “waintingizar”, de igual manera que se usó el termino guillotinar en honor del creador de la guillotina, y así poder asociar este tipo de corriente con algo que mata.
Incluso llego a espectáculos tan poco edificantes como la electrocución de animales, desde perros, cerdos, potros, hasta terneros. Espectáculos en los que reunía a la alta sociedad, a la prensa que pudiera ejercer algún tipo de influencia. Primero les aplicaba descargas con CC, y evidentemente no morían, para posteriormente aplicarles CA y matarlos. Con esto intentaba convencer a todo el mundo de lo peligroso de esta tecnología. Hay testimonios de que después de estas demostraciones el laboratorio de Edison parecía más un matadero que un lugar donde se realizaba ciencia.
Ya esta mala relación venia de antes, cuando Tesla fue contratado por Edison gracias a una carta de recomendación que un socio de Edison le había dado a Tesla en Europa. Cuando tesla veía algún artefacto pasaba de un estado admiración a otro de superación, e intentaba siempre aplicar posibles mejoras, las cuales casi siempre eran muy eficientes. Algo parecido paso entre ambos, ya que tesla dio su opinión sobre la CA, pero Edison no hizo ni caso, pero si que le ofreció 50.000 dólares si mejoraba la eficacia de sus dinamos.
El serbocroata lo consiguió, multiplicó por tres su rendimiento, y cuando reclamó su recompensa, Edison le dijo que el supuesto trato había sido una broma. En definitiva, Edison timó a Tesla. La relación entre ambos duro poco más y Tesla siguió su camino.
Lo que no está del todo claro es si esta mala relación entre ambos llevo a Tesla a rechazar el premio Nobel que le habían concedido a los dos. Lo cierto es que esto nunca se llegó a confirmar. Lo que es cierto esta noticia apareció en un teletipo de una agencia de noticias en la cual se afirmaba tal circunstancia. En definitiva, no se sabe muy bien lo que paso, pero la leyenda cuenta que tampoco Edison quería compartir el premio con Tesla. Incluso los más malpensados decían que a Edison tampoco le importaba mucho perder la parte que le correspondía del premio. Pero que a tesla si le fastidiaba más porque en ese momento pasaba ya por apuros económicos. Pero la verdad es que es difícil imaginarse a ambos recibiendo el premio.
Uno de los mayores reconocimientos que Tesla recibió en vida fue la Medalla Edison. Condecoración que entregaba la Asociación de Ingenieros Eléctricos de EEUU, y esta medalla solo se podía conceder por aprobación de Edison (que ironía verdad). Cuando recibió el premio Tesla Edison todavía estaba vivo, por lo que en este caso sí que hubo un reconocimiento, aunque tardío. Evidentemente Edison no fue a la entrega.
Pero que fue lo que paso para que Tesla muriese solo en una habitación de hotel y en medio de la pobreza. Una persona que llego a la cima de su carrera, con una gran capacidad intelectual y con esa gran cantidad de patentes. Las respuestas pueden ser múltiples. Una de estas respuestas es una posible conspiración en contra de Tesla ya que defendía la idea de un sistema inalámbrico de transmisión de la electricidad y además de bajo coste para todo el mundo (aquí está el Tesla idealista). Otra respuesta puede ser por su poca vista empresarial (recordemos lo que hizo con House). Tampoco dejo una empresa que continuara con su legado, ni tampoco dejo discípulos. Se enemisto con todo el mundo académico, por lo que su nombre desapareció de todos los manuales y libros de historia. Por lo tanto los nuevos ingenieros salían de las universidades sabiendo su trabajo pero sin conócelo a él. A todo esto hay que añadir que no dejo descendencia y su propia personalidad e ideas, a veces un poco extravagantes; dejo también comentarios como que había contactado con extraterrestres o incluso también decía que había creado inventos excepcionales no pudiendo demostrar después que los hiciera. Todo esto lo convirtió en una caricatura de lo que en realidad fue, haciendo olvidad lo que en realidad fue: un genio excepcional. Nikola tesla se merece un lugar de honor en la historia, por lo menos debería estar a la altura de Edison sino mas
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