Cat-1

Cat-2

Cat-2

Cat-1

Cat-1

Cat-2

Cat-2

Asteroides

Cometas

Label: Física de partículas


Los neutrinos son partículas bastante raras, y no es porque haya pocas: son la segunda partícula más abundante del universo. De hecho, cada segundo atraviesan nuestro cuerpo billones de neutrinos producidos en el Sol, incluso de noche. Decimos que son raras justamente porque pueden atravesarnos, cruzar la Tierra y seguir su camino intactas.

 Ilustración de los módulos ópticos (de unos 30 cm cada uno) del detector KM3NeT de neutrionos, con una unidad de detección en la boya amarilla. (Foto: © Edward Berbee/Nikhef)

Esta propiedad es lo que ha hecho que cientos de científicos e ingenieros de todo el mundo hayan trabajado durante años para construir y operar telescopios gigantescos que permitan estudiar el cosmos con este tipo de partículas. Estos telescopios también son ‘raros’. Su funcionamiento se basa en detectar una luz azulada (denominada luz Cherkenkov) que se emite cuando un neutrino interacciona cerca del detector y produce otras partículas.

Los telescopios de neutrinos consisten en una red de cientos o miles de detectores de luz encapsulados en esferas de cristal de tamaño de un balón de playa e instalados en el fondo del mar o en el hielo antártico. Este último es el caso de IceCube, localizado en la Antártida, que acaba de publicar la detección de neutrinos provenientes del blazar TXS 0506+056.

Un blazar es un caso particular de galaxia de núcleo activo (AGN, por sus siglas en inglés), es decir, galaxias en las que existe un agujero negro con una masa millones de veces mayor que la del Sol sobre la que cae materia a gran velocidad.

Las AGN son uno de los candidatos favoritos de los astrofísicos para explicar uno de los misterios más longevos en Física: ¿Cuál es el origen de los rayos cósmicos de gran energía que observamos? Por tanto, el descubrimiento tiene gran importancia y trascendencia, como fue subrayado en la rueda de prensa donde se presentó.

Además de arrojar luz sobre la cuestión del origen de los rayos cósmicos, confirma que estamos en una nueva era en la observación del cielo. En los últimos dos años hemos asistido al nacimiento de la astronomía de multimensajeros. La reciente observación de ondas gravitacionales y la identificación de la primera fuente de neutrinos cósmicos de alta energía nos van a permitir tener una comprensión mucho más completa del universo.

El nuevo descubrimiento tiene detrás un esfuerzo enorme para construir un detector que abarca un kilómetro cúbico enterrado a 2.000 metros bajo la superficie del Polo Sur. Tuve la suerte de participar como miembro de esta colaboración durante una estancia postdoctoral de dos años en la Universidad de Madison-Wisconsin (la institución estadounidense que lidera la colaboración internacional IceCube), bajo la dirección de Francis Halzen, investigador principal del proyecto.
 
Mi labor estuvo centrada en el análisis de las prestaciones esperadas para este detector y allí pude comprobar de cerca la rigurosidad de las pruebas de calidad de todos los elementos y el altísimo de nivel de organización logística, que han hecho posible instalar y operar exitosamente este detector en un ambiente tan extremo como la Antártida.

Pero hay que recordar que actualmente existen dos proyectos en el mar Mediterráneo dedicados también a buscar neutrinos cósmicos: ANTARES y KM3NeT, en los que participan grupos españoles (el Instituto de Física Corpuscular o IFIC, la Universidad Politécnica de Valencia y la Universidad de Granada).

ANTARES lleva tomando datos desde 2007. Es bastante más pequeño que IceCube (en una proporción 1:50), pero ha demostrado la viabilidad de su técnica en el fondo del mar, con importantes ventajas respecto al hielo. En particular, se observa como la luz se dispersa menos en el agua y una mejor resolución angular, algo crucial en un telescopio para identificar bien de dónde vienen los neutrinos.

Esto ha impulsado el siguiente paso: construir un detector del tamaño de IceCube en el Mediterráneo. Se llama KM3NeT (Cubic Kilometre Neutrino Telescope) y ya se han comenzado a instalar sus primeras líneas. En 2020 contará con un centenar de líneas cerca de la costa francesa y otro centenar al sur de Italia.

Es interesante señalar que hay una cooperación bastante cercana entre estos dos experimentos del Mediterráneo y IceCube, incluyendo reuniones anuales conjuntas. De hecho, ANTARES fue una de las colaboraciones científicas que recibió la alerta e información previa sobre el blazar TXS 0506+056, lo que nos ha permitido estudiar si había una señal de esa fuente en nuestros datos.

Los telescopios de neutrinos como ANTARES y KM3NeT también están centrados en uno de los grandes retos de la física de partículas actual: la búsqueda de materia oscura. Sabemos que la materia oscura constituye el 80% de la materia del universo, pero no está hecha de ningún tipo de partícula que conozcamos. Precisamente porque no sabemos de qué está constituida, necesitamos abordar la búsqueda mediante diversas técnicas experimentales, y los telescopios de neutrinos ofrecen ventajas específicas.

En nuestro caso, las fuentes más prometedoras son el Sol y el centro galáctico. La idea es que las partículas de materia oscura se acumulan en estos objetos astrofísicos, y cuando chocan entre ellas producen diversas partículas, entre ellas neutrinos. Ya se han realizado análisis con datos de ANTARES, pero hasta ahora no se han encontrado las señales que buscamos. La construcción de KM3NeT mejorará notablemente nuestra capacidad para estas búsquedas, de manera que quizá en los próximos años podamos desentrañar este misterio. 



SINC

La detección de la primera fuente de estas partículas puede considerarse como un nuevo éxito de la «astronomía multimensajero»





Hasta hace poco, la única forma que teníamos para conocer detalles y características del Universo y los objetos que contiene era la luz. O mejor dicho, las ondas electromagnéticas, de las que la luz forma parte, junto a otras longitudes de onda no visibles por el ojo humano como los infrarrojos, el ultravioleta o los rayos X o Gamma.

Gracias a instrumentos como los modernos espectrómetros, los científicos han sido capaces de «descomponer» los rayos de luz en los colores que contienen. Y resulta que cada color concreto constituye la «firma» única, o la huella digital, de un elemento de la tabla periódica. De esta forma, los astrónomos han conseguido hasta ahora saber de qué elementos está hecha una estrella o galaxia lejana. Y por el «corrimiento» de la luz hacia los extremos rojo o violeta del espectro han podido, además, averiguar si el objeto observado se acercaba o se alejaba de nosotros, y a qué velocidad.

Sin embargo, la luz en sus múltiples formas no es el único vínculo físico que nos une a las estrellas, y una «fuente» de radiación luminosa es capaz, al mismo tiempo, de emitir otros tipos de «mensajeros» además de los consabidos fotones de luz. Lo malo es que hasta ahora no habíamos sido capaces de interpretar a esos otros «mensajeros».

En febrero de 2016, la historia de la astronomía cambió para siempre con el anuncio de la primera detección confirmada de ondas gravitacionales, pequeñas ondulaciones en el tejido espaciotemporal que conforma el Universo y que son capaces de transportar todo un tesoro de información (ajena a la luz) sobre el objeto que las emite. Por primera vez, la ciencia conseguía datos concretos de un evento cósmico (la fusión de dos agujeros negros en otro mayor), sin necesidad de recurrir a las ondas electromagnéticas.


Poco tiempo después, en octubre de 2017, se produjo otro hito de la máxima importancia: la detección de un «choque» entre dos estrellas de neutrones. El evento, por primera vez en la historia de la Astronomía, se estudió observando tanto las ondas gravitacionales como las ondas electromagnéticas (luz visible y rayos gamma) producidas por el titánico encuentro. Setenta telescopios de siete países diferentes ayudaron a tener una imagen completa del extraordinario suceso. Había nacido oficialmente lo que ha dado en llamarse «astronomía multimensajero».

En cierto modo, la situación podría compararse a la de un invidente, acostumbrado a percibir el mundo a través de sus oídos, que se despertara una mañana con la capacidad de ver. 

Un blazar cazado

Hoy, la detección de la primera fuente de rayos cósmicos puede considerarse como un nuevo éxito de esta nueva clase de astronomía. El blazar responsable de la emisión de rayos cósmicos, en efecto, fue "cazado" gracias a la captura de uno de los neutrinos que emite junto a los rayos cósmicos, cuya procedencia resulta indetectable. Y la fuente fue confirmada minutos más tarde gracias a la detección de un estallido de rayos gamma (ondas electromagnéticas) procedente del mismo punto del cielo que el neutrino. Es decir, para este estudio se utilizó otro tipo de "mensajero", el neutrino, en combinación con las ondas electromagnéticas. Los astrónomos llevaban desde 1912 tratando de averiguar de dónde proceden los rayos cósmicos que bombardean continuamente la Tierra.

Los distintos "mensajeros" conocidos capaces de traernos información de objetos lejanos son, pues, las ondas electromagnéticas, las ondas gravitacionales, los neutrinos y los rayos cósmicos. Se trata de tipos de emisiones muy diferentes entre sí, pero que pueden proceder de una misma fuente astrofísica. Por eso, el estudio combinado de todos ellos, o de los que sea posible para cada objeto o evento concreto que quiera estudiarse, nos brindarán la visión más rica y detallada conseguida hasta ahora.

Pensémoslo bien. Si solo estudiando la luz de las estrellas hemos conseguido llegar hasta aquí, ¿qué no seremos capaces de hacer a partir ahora con todas estas nuevas fuentes de información?




En esta representación artística, se muestra un poderoso blazar como origen del neutrino IceCube IC170922 - IceCube Collaboration/Google Earth: PGC/NASA U.S. Geological Survy Data SIO,NOAA, U.S. Navy, NGA, GEBCO Landsat/Copernicus



ABC



Un equipo internacional de científicos ha hallado los primeros indicios de una fuente de neutrinos de alta energía: una violenta galaxia activa, o blazar, a cuatro mil millones de años luz de la Tierra. Tras la detección por parte del observatorio de neutrinos IceCube el 22 de septiembre de 2017, el satélite INTEGRAL de la ESA se ha sumado a una colaboración de observatorios espaciales y terrestres que han seguido la fuente, lo que augura un futuro prometedor para la astronomía de multi-mensajeros.

Los neutrinos son partículas ‘fantasma’, casi carentes de masa [1], que viajan sin apenas obstáculos por el espacio prácticamente a la velocidad de la luz. A pesar de ser unas de las partículas más abundantes del Universo (cien billones pasan a través de nuestros cuerpos cada segundo), estas partículas subatómicas y eléctricamente neutras son dificilísimas de detectar, ya que muy raramente interactúan con la materia.

Mientras que los neutrinos primordiales se crearon durante el Big Bang, parte de estas esquivas partículas se producen de forma habitual mediante reacciones nucleares en el cosmos. La mayoría de los neutrinos que llegan a la Tierra proceden del Sol, pero se cree que aquellos que nos alcanzan con mayor energía vienen de las mismas fuentes que los rayos cósmicos, partículas altamente energéticas originadas en fuentes exóticas fuera del Sistema Solar.

A diferencia de los neutrinos, los rayos cósmicos son partículas cargadas, por lo que su trayectoria se curva hasta por los campos magnéticos más débiles. En cambio, la carga neutra de los neutrinos hace que no se vean afectados por los campos magnéticos y, al atravesar la materia casi en su totalidad, pueden servir para trazar una línea recta hasta su fuente.

Los neutrinos actúan así a modo de ‘mensajeros’, trayéndonos directamente información astronómica desde los rincones más remotos del Universo. En las últimas décadas se han construido instrumentos, tanto terrestres como espaciales, para descifrar sus mensajes, aunque detectar estas partículas no es tarea fácil. Concretamente, la fuente de neutrinos de alta energía ha permanecido hasta ahora sin demostrarse.

El 22 de septiembre de 2017, uno de estos neutrinos de alta energía llegó al observatorio IceCube [2], situado en el polo sur. El evento recibió el nombre de IceCube-170922A.

IceCube, que comprende un kilómetro cúbico de hielo prístino a gran profundidad, detecta neutrinos por medio de sus partículas secundarias, los muones. Estos muones se producen en las escasas ocasiones en que un neutrino interactúa con materia cerca del detector y crea rutas kilométricas a través de las capas de hielo antártico. La longitud de estos recorridos permite definir adecuadamente su posición, lo que posibilita la identificación en el firmamento de la fuente del neutrino progenitor.

Durante el evento del 22 de septiembre, un muon dejó 22 TeV de energía a su paso por el detector de IceCube. A partir de ahí, los científicos calcularon que la energía del neutrino progenitor era de unos 290 TeV, lo que suponía un 50 % de probabilidad de origen astrofísico más allá del Sistema Solar.


Neutrino detectado por IceCube

Cuando, como sucede en este caso, IceCube no puede identificar con claridad el origen de un neutrino, se necesita investigar la fuente con observaciones a distintas longitudes de onda. Por eso, tras la detección, los científicos de IceCube hicieron llegar las coordenadas de origen del neutrino en el firmamento, inferidas a partir de sus observaciones, a una red mundial de observatorios espaciales y terrestres que trabajan a lo largo de todo el espectro electromagnético.

Entre ellos estaban el telescopio espacial de rayos gamma Fermi, de la NASA, y los telescopios MAGIC (Major Atmospheric Gamma-Ray Imaging Cherenkov) de La Palma, en las Islas Canarias. Al dirigir su mirada a sección del firmamento, vieron cómo el blazar conocido como TXS 0506+056 se encontraba en plena ‘llamarada’ (un periodo con una intensa emisión de alta energía) en el momento en que se detectó el neutrino en el polo sur.

Los blazares son los núcleos centrales de galaxias gigantes que albergan un agujero negro supermasivo de acreción activa, en los que la materia que gira forma un disco caliente en rotación que genera enormes cantidades de energía, junto con un par de chorros relativistas.

Estos chorros son gigantescas columnas que canalizan radiación, fotones y partículas (incluidos neutrinos y rayos cósmicos) a decenas de años luz del agujero negro central y a velocidades muy cercanas a la de la luz. Una característica específica de los blazares es que uno de estos chorros parece apuntar hacia la Tierra, por lo que su emisión se muestra especialmente brillante.

Científicos de todo el mundo comenzaron a observar este blazar (la fuente probable del neutrino detectado por IceCube) a distintas longitudes de onda, de ondas de radio a rayos gamma de alta energía. El observatorio de rayos gamma INTEGRAL de la ESA ha sido parte de esta colaboración internacional [3].

“Se trata de un hito clave para comprender cómo se producen los neutrinos de alta energía”, apunta Carlo Ferrigno, del Centro de Datos Científicos de INTEGRAL en la Universidad de Ginebra (Suiza).

“Se había llegado a afirmar que las llamaradas de los blazares estaban asociadas a la producción de neutrinos, pero esto, esta primera confirmación, es absolutamente fundamental. Estamos en una época apasionante para la astrofísica”, añade.


INTEGRAL

INTEGRAL, que estudia el firmamento rayos X duros y rayos gamma blandos, también es sensible a fuentes de alta energía transitorias que atraviesan todo el firmamento. Cuando se detectó el neutrino, INTEGRAL no registró ningún brote de rayos gamma en la posición del blazar, por lo que los científicos pudieron descartar emisiones tempranas de determinadas fuentes, como brotes de rayos gamma.

Tras la alerta por neutrino de IceCube, INTEGRAL apuntó a esta zona del firmamento en varias ocasiones entre el 30 de septiembre y el 24 de octubre de 2017 con sus instrumentos panorámicos y no observó que el blazar se encontrara en estado de emisión ni en el espectro de rayos X duros ni en el de rayos gamma blandos.

El hecho de que INTEGRAL no pudiera detectar la fuente en las observaciones de seguimiento proporcionó información significativa sobre el blazar, lo que permitió a los científicos establecer un límite superior práctico en su emisión de energía durante este periodo.

“INTEGRAL ha desempeñado un papel importante a la hora de determinar las propiedades de este blazar, pero también al permitir a los científicos excluir otras fuentes de neutrinos, como los brotes de rayos gamma”, explica Volodymyr Savchenko, del Centro de Datos Científicos de INTEGRAL, quien ha dirigido el análisis de los datos de INTEGRAL.

Con instalaciones repartidas por todo el planeta y en el espacio, los científicos ahora pueden detectar el paso de innumerables ‘mensajeros cósmicos’ a gran distancia y a velocidades elevadísimas en forma de luz, neutrinos, rayos cósmicos y hasta ondas gravitacionales.

“La capacidad de comandar globalmente telescopios con el objetivo de hacer un descubrimiento empleando distintas longitudes de onda, en cooperación con un detector de neutrinos como IceCube, constituye un hito en lo que los científicos denominan astronomía de multimensajeros”, señala Francis Halzen, de la Universidad de Wisconsin-Madison (Estados Unidos), y científico jefe de IceCube.

Al combinar la información recopilada por cada uno de estos sofisticados instrumentos para investigar una amplia variedad de procesos cósmicos, la era de la astronomía de multimensajeros realmente ha entrado en la fase de explotación científica.

Los telescopios espaciales de alta energía de la ESA están totalmente integrados en esta red de grandes colaboraciones de multimensajeros, como se ha demostrado durante la reciente detección de ondas gravitacionales con un brote de rayos gamma (este último, detectado por INTEGRAL) liberado por la colisión de dos estrellas de neutrones, y en la posterior campaña de seguimiento, con contribuciones de INTEGRAL y del observatorio de rayos X XMM-Newton.

La puesta en común de recursos procedentes de estos y otros observatorios es clave para el futuro de la astrofísica, ya que aumentará nuestra capacidad de descifrar los mensajes que nos llegan de todo el Universo.

“INTEGRAL es el único observatorio disponible en el rango de los rayos X duros y rayos gamma blandos con capacidad de realizar imágenes y espectroscopia dedicadas, y con una vista instantánea de todo el firmamento en cualquier momento”, reconoce Erik Kuulkers, científico del proyecto INTEGRAL de la ESA.

“Tras más de quince años de operaciones, INTEGRAL sigue a la vanguardia de la astrofísica de alta energía”.



[1] Descrito por Frederick Reines, uno de los científicos responsables de la primera detección de neutrinos, como “... la más diminuta cantidad de realidad nunca imaginada por un ser humano”, se calcula que un neutrino contiene una millonésima parte de la masa de un electrón.

[2] La Colaboración IceCube está financiada principalmente por la Fundación Nacional para la Ciencia (NSF) de los Estados Unidos y es operada por un equipo con sede en la Universidad de Wisconsin-Madison. Los esfuerzos de investigación, incluidas contribuciones clave al funcionamiento del detector, reciben apoyo de organismos de financiación de Alemania, Australia, Bélgica, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Japón, Nueva Zelanda, Reino Unido, la República de Corea, Suecia y Suiza.

[3] Estos resultados se detallan en el artículo “Multimessenger observations of a flaring blazar coincident with high-energy neutrino IceCube-170922A”, publicado en Science:




esa

Después de décadas buscando dónde nacen los neutrinos y los rayos cósmicos más energéticos del universo, los científicos han encontrado por fin un objeto que los produce: un blazar, una gigantesca galaxia con un agujero negro y un chorro de partículas apuntando directamente hacia la Tierra. El hallazgo se ha realizado en el observatorio IceCube de la Antártida, en colaboración con telescopios de todo el mundo, como MAGIC en Canarias.




Un equipo internacional de científicos ha encontrado la primera evidencia de una fuente de neutrinos cósmicos de alta energía, partículas fantasmales sin carga y apenas masa que viajan por el universo en línea recta durante miles de millones de años luz, atravesando galaxias, estrellas y cualquier obstáculo que encuentren en su camino. Se ha encontrado la primera evidencia de una fuente de neutrinos cósmicos de alta energía: el blazar TXS 0506 + 056

Uno de estos energéticos neutrinos fue detectado el 22 de septiembre de 2017 en el entramado de sensores que tiene el observatorio IceCube bajo el hielo de la Antártida, en la estación Amundsen-Scott del Polo Sur. En seguida mandaron una alerta a astrofísicos de todo el mundo para que dirigieran sus telescopios a la fuente de donde parecía proceder la partícula, y la encontraron.

Se trata del blazar TXS 0506 + 056, situado en la constelación de Orión a unos 4.000 millones de años luz de nosotros. Este tipo de objetos son galaxias gigantescas con un agujero negro girando en su interior y que, además, emiten un chorro o jet de partículas apuntando directamente hacia la Tierra.

El gran descubrimiento, presentado hoy en rueda de prensa por la Fundación Nacional de Ciencia (NSF) de Estados Unidos y publicado en dos artículos de la revista Science, también ayuda a resolver un misterio centenario sobre el origen de los rayos cósmicos, partículas muy energéticas que bombardean continuamente la Tierra desde el espacio.





“Los rayos cósmicos tienen carga eléctrica y sus trayectorias son desviadas por los campos magnéticos, de manera, que al llegar a la Tierra no ‘apuntan’ en la dirección de la fuente que los emitió”, explica a Sinc uno de los coautores del descubrimiento, Marcos Santander, profesor de la Universidad de Alabama (EE UU). “Esto hace que, aunque conocemos de la existencia de los rayos cósmicos desde hace más de 100 años, todavía no sabemos a ciencia cierta de donde provienen”. El hallazgo ha sido posible gracias al IceCube, un detector situado en la Antártida

“Sin embargo –añade– una forma de resolver esta cuestión es usar neutrinos, ya que estos son producidos una vez que los rayos cósmicos interactúan con gas o fotones en su camino. Como los neutrinos son partículas neutras, su camino no es afectado por los campos magnéticos y si detectamos una fuente de neutrinos, como de la que ahora tenemos evidencia, podemos concluir que es también una fuente de rayos cósmicos”.
Astronomía multimensajero

Santander también destaca que el hallazgo abre la puerta para a usar los neutrinos en la observación del universo: "Estamos empezando a hacer astronomía utilizando otros medios además de la luz, combinando las observaciones electromagnéticas (obtenidas con telescopios ópticos, de radio, rayos X, etc.) con otras mediciones en lo que ahora llamamos astronomía multimensajero. Ya está aquí la era de la astrofísica de múltiples mensajeros, con la radiación electromagnética, las ondas gravitacionales y ahora los neutrinos

Esta es la primera evidencia que tenemos de una galaxia activa emitiendo neutrinos, lo que significa que pronto podremos comenzar a observar el cosmos usando los neutrinos para aprender más sobre estos objetos en formas que serían imposibles solo con la luz".

El científico principal del observatorio IceCube, Francis Halzen, profesor de física de la Universidad de Wisconsin-Madison, también lo destaca: "La capacidad de reunir telescopios en todo el mundo para hacer un descubrimiento, usando una variedad de longitudes de onda y junto con un detector de neutrinos como IceCube, marca un hito en la denominada astronomía de múltiples mensajes".




IceCube

"La era de la astrofísica de varios mensajeros está aquí", insiste por su parte el director de la NSF, France Córdova. "Cada mensajero, desde la radiación electromagnética, las ondas gravitacionales y ahora los neutrinos, nos proporciona una comprensión más completa del universo y nuevos conocimientos importantes sobre los objetos y eventos más poderosos del cielo. Estos avances solo son posibles a través de un largo compromiso a largo plazo con la investigación fundamental y la inversión en excelentes instalaciones de investigación". Este tipo de objeto es lo suficientemente potente como para acelerar los rayos cósmicos de alta energía y los neutrinos asociados

De hecho, las emisiones del blazar TXS 0506 + 056 se han analizado con este tipo de nueva astronomía. Cuando el neutrino de alta energía chocó contra un núcleo atómico en el detector de IceCube, un evento conocido como IC170922A, en menos de un minuto se transmitieron las coordenadas a la comunidad científica internacional.

Fueron especialmente relevantes las observaciones del telescopio espacial Fermi de la NASA y el Major Atmospheric Gamma-ray Imaging Cherenkov Telescope (MAGIC), localizado en la isla canaria de La Palma, que registraron los destellos de rayos gamma de alta energía asociados al blazar. Este tipo de objeto es lo suficientemente potente como para acelerar los rayos cósmicos de alta energía y los neutrinos asociados.




IceCube

Hasta ahora se conocían solo dos fuentes de neutrinos, aunque mucho menos energéticos: los procedente del Sol y de una supernova cercana. Sobre los de alta energía, se especulaba que podrían proceder de eventos mucho más violentos del cosmos, como galaxias en colisión y núcleos galácticos activos. Curiosamente, los blazars, no eran uno de los candidatos principales. "Había un consenso general de que los blazars probablemente no eran fuentes de rayos cósmicos, pero aquí estamos"

"Había un consenso general de que los blazars probablemente no eran fuentes de rayos cósmicos, pero aquí estamos", reconoce Halzen, “y ahora hemos identificado al menos una fuente que genera rayos cósmicos de alta energía porque produce neutrinos cósmicos. Los neutrinos son los productos de desintegración de los piones (un tipo de partículas ligeras), y para producirlos se necesita un acelerador de protones".

Los rayos cósmicos son básicamente protones o núcleos atómicos. Las partículas se envían a toda velocidad a través del universo debido a que las galaxias donde se crean actúan de la misma forma que los aceleradores de partículas en la Tierra, aunque a una escala mucho mayor. De hecho, el neutrino detectado en IceCube tenía una energía de casi 300 TeV. Por comparar, la energía de los protones que circulan en el gran colisionador de hadrones del CERN ronda los 6,5 TeV. 

Una revisión de registros anteriores

Después de la detección del 22 de septiembre, el equipo IceCube, que viene detectando neutrinos cósmicos desde 2013, echó la vista atrás y rastreó rápidamente los datos archivados del detector, descubriendo que, entre finales de 2014 y principios de 2015, la procedencia de más de una docena de neutrinos astrofísicos coincidía con el mismo blazar TXS 0506 + 056. "Este resultado es histórico. Estamos viviendo una década histórica en el estudio del universo", afirma Carlos Pobes

Esa observación independiente, publicada en el segundo artículo de Science, fortalece en gran medida la detección inicial de un solo neutrino de alta energía y se suma a un conjunto de datos que indica que este blazar es el primer acelerador conocido de neutrinos y rayos cósmicos de alta energía.

Para el físico español Carlos Pobes, que en 2012 trabajó en IceCube y ahora en la Universidad de Zaragoza, “este resultado es histórico, y aunque es verdad que últimamente estamos asistiendo a muchos acontecimientos 'históricos', como los últimos resultados con ondas gravitacionales, la verdad es que todos lo son. Estamos viviendo una década histórica en el estudio del universo, siendo testigos del nacimiento de la astronomía con multimensajeros”.

“Me complace especialmente pensar que este descubrimiento acerca a Francis Halzen un poquito más a un Nobel, que sería muy merecido –subraya el investigador–. Ya es de por sí increíble que concibiese este telescopio en un lugar tan remoto como el Polo Sur, pero construirlo con éxito y que esté dando estos resultados es algo maravilloso”.

El observatorio de neutrinos IceCube

La detección de neutrinos de alta energía requiere un detector gigante. IceCube es, en volumen, el detector de neutrinos más grande del mundo. Está enterrado a profundidades de entre 1,5 y 2,5 kilómetros bajo una estación antártica en el Polo Sur.




La portada de Science ilustra los DOM de IceCube.

La única instalación visible en la superficie es el IceCube Lab (ICL), que aloja las computadoras que recogen los datos de los más de 5.000 módulos ópticos digitales (DOM), unos sensores esféricos de unos 35 cm de diámetro distribuidos en red por el hielo, junto a tubos fotomultiplicadores.

Cuando un neutrino interactúa con el núcleo de un átomo, crea una partícula secundaria cargada que, a su vez, genera un cono característico de luz azul que IceCube detecta y mapea a través de la red del detector. Como la partícula cargada y la luz que genera permanecen fieles a la dirección del neutrino, esto indica a los científicos el camino a seguir hacia la fuente.

IceCube monitorea continuamente el cielo, incluso hacia el cielo del hemisferio norte a través de la Tierra, registrando un neutrino cada pocos minutos.

La mayoría son de baja energía, creados por fenómenos comunes, como los formados durante las lluvias de partículas subatómicas por los rayos cósmicos que se estrellan contra los núcleos atómicos de la atmósfera de la Tierra.

En la colaboración internacional IceCube que opera este observatorio participan cerca de 300 físicos e ingenieros de 48 instituciones en 12 países, bajo el liderazgo de la Universidad de Wisconsin-Madison (EE UU) y con el apoyo financiero de la Fundación Nacional de Ciencias de EE UU.




hipertextual

Solo un 5% de nuestro universo está constituido por materia ‘ordinaria’, la que supuestamente conocemos, pero incluso este pequeño porcentaje es difícil de rastrear. Hace décadas que los astrónomos buscan donde se esconden en el cosmos más de la mitad de los bariones, partículas como los neutrones y protones, y con la ayuda del observatorio espacial XMM-Newton de rayos X los han encontrado: en el ardiente gas intergaláctico.




Las misteriosas energía y materia oscuras constituyen, respectivamente, el 70% y el 25% del universo. El resto, la materia común que compone todo lo que vemos, desde las estrellas y galaxias hasta los planetas y nosotros mismos, representa tan solo un 5%.

Los astrónomos han calculado que ese es el porcentaje de materia ordinaria, formada básicamente por bariones (partículas con tres quarks como los neutrones y protones), a partir de las observaciones del fondo cósmico de microondas, la luz más antigua en la historia del cosmos originada unos 380.000 años después del Big Bang.


Los bariones perdidos estaban en el gas intergaláctico caliente que constituye cerca del 40% de la materia ordinaria

Las observaciones de galaxias muy distantes permiten seguir la evolución de esta materia durante el primer par de miles de millones de años del universo. Sin embargo, justo después más de la mitad desaparece.

"Los bariones perdidos son uno de los mayores misterios de la astrofísica moderna", explica Fabrizio Nicastro, autor principal de un estudio publicado esta semana en Nature y en el que se ofrece una solución al problema. "Sabemos que esta materia debe estar ahí fuera, la vemos en el universo temprano, pero luego la perdemos de vista. ¿Adónde se fue?".

Se estima que las estrellas y el gas interestelar frío –su materia prima– que impregna las galaxias no alcanzan el 10% de la materia común. Sumando el gas caliente difuso de los halos que rodean las galaxias y el todavía más caliente que rellena los cúmulos galácticos –las estructuras cósmicas más grandes que se mantienen unidas por la gravedad–, el porcentaje no llega al 20%.

Esta pequeña proporción no debe sorprender. Las estrellas, galaxias y los cúmulos galácticos se forman en los nudos más densos de la red cósmica, ese entramado de filamentos de materia oscura y ordinaria que se extiende por todo el universo. Aunque estas zonas son densas, también son raras, por lo que no son los mejores sitios para encontrar la mayor parte de la materia cósmica.

En busca de los bariones perdidos

Los astrónomos pensaron entonces que los bariones ‘desaparecidos’ debían estar en los ubicuos filamentos de la red cósmica, donde, sin embargo, la materia es menos densa, y por tanto, más difícil de observar. Utilizando diferentes técnicas, pudieron localizar una buena porción de este material intergaláctico, principalmente sus componentes fríos y cálido (gas a cientos de miles de grados), elevando el porcentaje total a un respetable 60%, pero dejando el misterio general sin resolver. ¿Dónde está el otro 40%?

El descubrimiento se realizó utilizando observaciones de un cuásar distante, una galaxia con un agujero negro supermasivo que devora materia y brilla

Fabrizio y muchos otros astrónomos de todo el mundo han seguido las huellas de los bariones restantes durante casi dos décadas, desde que los observatorios de rayos X como XMM-Newton de la Agencia Espacial Europea (ESA) y Chandra de la NASA se pusieron a disposición de la comunidad científica.

Observando en esa franja del espectro electromagnético, fue cuando pudieron detectar gas intergaláctico realmente caliente, con temperaturas de alrededor de un millón de grados o más, que estaba bloqueando los rayos X emitidos por fuentes aún más distantes.

Para este estudio, los autores utilizaron XMM-Newton para observar un cuásar, una galaxia masiva con un agujero negro supermasivo en su centro que devora activamente materia y brilla intensamente desde los rayos X hasta las ondas de radio. Analizaron este cuásar, cuya luz tarda más de 4.000 millones de años en llegar a nosotros, durante 18 días entre 2015 y 2017, en lo que se convirtió en la observación de rayos X más larga jamás realizada de esta fuente.




Los astrónomos han utilizado el observatorio espacial XMM-Newton (abajo a la derecha) para encontrar el componente caliente del medio intergaláctico (en verde) observando un lejano cuásar (arriba a la izquierda). / ESA et al.

"Después de examinar los datos, logramos encontrar la señal del oxígeno en el gas intergaláctico caliente entre nosotros y el cuásar, en dos puntos diferentes a lo largo de la línea de visión", dice Fabrizio."Esto está sucediendo porque hay enormes reservas de material, incluido oxígeno, depositado allí, y justo en la cantidad que esperábamos, por lo que finalmente podemos completar el hueco que faltaba en el conjunto de bariones del universo".

Comienzan nuevas búsquedas

Este extraordinario resultado supone el comienzo de una nueva búsqueda. Se necesitarán nuevas observaciones de diferentes fuentes astronómicas para confirmar si estos hallazgos son verdaderamente universales, y para investigar más a fondo el estado físico de este material tan largamente buscado.

Fabrizio y sus colegas se plantean ahora estudiar más cuásares con XMM-Newton y Chandra en los próximos años. Sin embargo, para explorar completamente la distribución y las propiedades del llamado medio intergaláctico cálido-caliente, se necesitarán instrumentos más sensibles, como el Telescopio Avanzado para la Astrofísica de Alta Energía (Athena), que la ESA tiene previsto lanzar en 2028.

Para los próximos pasos en este campo se necesitará la mayor sensibilidad del telescopio Athena

"El descubrimiento con XMM-Newton de los bariones desaparecidos es un primer paso emocionante para caracterizar completamente las circunstancias y estructuras en las que se encuentran estas partículas", dice la coautora Jelle Kaastra del Instituto Holandés de Investigación Espacial.

"Para los próximos pasos necesitaremos la sensibilidad mucho mayor de Athena –añade–, que tiene como uno de sus objetivos principales el estudio del medio intergaláctico cálido-caliente, con lo que mejoraremos nuestra comprensión de cómo crecen las estructuras en la historia del universo".

"Estamos orgullosos de que XMM-Newton haya descubierto la señal débil de este evasivo material, escondido en una niebla caliente de un millón de grados que se extiende por el espacio intergaláctico a lo largo de cientos de miles de años luz", destaca Norbert Schartel, uno de los científicos que trabaja con este telescopio en la ESA, quien concluye: "Ahora que sabemos que estos bariones ya no están perdidos, no podemos esperar para estudiarlos con gran detalle".



esa

Utilizan el Gran Telescopio Canarias (GTC) para calcular la distancia a la que se encuentra el objeto que emitió el neutrino extremadamente energético detectado el pasado mes de septiembre gracias al experimento “IceCube”, instalado en la Antártida.




Existe un tipo de galaxias que se denominan activas (AGN) de las que, además de la luz de las estrellas que las componen, recibimos radiación en todas las frecuencias del espectro (desde ondas de radio hasta rayos gamma, pasando, por supuesto, por la luz que emiten las estrellas que las componen). Los procesos físicos que tienen lugar en el núcleo de estas galaxias son tan extremos que producen muchas otras partículas altamente energéticas, como es el caso de los neutrinos. Estas son las partículas subatómicas más abundantes en el Universo, que están en todas partes, pero son muy escurridizas. Aunque estén bombardeando constantemente la Tierra, moviéndose tan veloces como la luz, no podemos verlas ni sentirlas. Son partículas “fantasmas” porque casi nunca interaccionan con la materia y, sin embargo, son fundamentales para comprender las leyes de la naturaleza. Detectar neutrinos requiere, por lo tanto, instrumentos especiales, como el experimento IceCube, instalado en el Polo Sur, que utiliza un enorme cubo de hielo, con un tamaño de 1 km de largo, 1 km de ancho y 1 km de profundidad, como sensor para localizar estas partículas.

El 22 de septiembre de 2017, los investigadores de este particular observatorio anunciaron la detección de un neutrino extremadamente energético que procedía de un lugar externo a la Vía Láctea. La noticia se extendió rápidamente provocando una carrera para identificar la fuente responsable de esta emisión, que por la gran energía del neutrino detectado tenía que ser una galaxia activa capaz de emitir rayos gamma. El satélite FERMI y el telescopio MAGIC, instalado en el Observatorio del Roque de los Muchachos (Garafía, La Palma), fueron los primeros en activarse para buscar fuentes de este tipo de radiación dentro de la región del cielo esperada. Descubrieron que la galaxia activa TXS 0506 + 056 era la responsable de esta emisión y, por primera vez, fue posible asociar la emisión de neutrinos extragalácticos a una fuente conocida. Sin embargo, se desconocía la distancia a la que se encontraba, por lo que todavía no se podía deducir la luminosidad de la fuente, ni los procesos físicos responsables de la emisión de neutrinos.

Para medirla, eran necesarias observaciones espectroscópicas con telescopios "convencionales”, pero todos los intentos fallaron porque su señal era demasiado tenue. De manera que un equipo de investigadores liderado por la astrofísica Simona Paiano, del Observatorio de Padova del INAF (Instituto Nazionale di Astrofisica) y por Riccardo Scarpa, astrónomo del GTC, decidieron observar esta fuente con el mayor telescopio óptico-infrarrojo del mundo, es decir el Gran Telescopio Canarias, en La Palma. Los resultados se han publicado recientemente en la revista The Astrophysical Journal.

"Gracias a la enorme área colectora de luz del GTC, y después de dedicar varias horas de observación, pudimos detectar los rasgos típicos de la emisión del gas de la galaxia, y con ello determinar su distancia", explica Paiano. De esta manera, consiguieron situar a esta galaxia activa a una distancia de 6.000 millones de años luz de la Tierra. "Vimos la débil emisión del gas donde otros no vieron nada, un resultado que no habría sido posible sin la potencia del GTC y la experiencia de su personal", añade Scarpa.

“La asociación fidedigna de una fuente como un emisor de neutrinos de energía extremadamente alta, ubicada a miles de millones de años luz de distancia, abre una nueva ventana en Astronomía para estudiar el Universo de las más altas energías y, lo más importante, utilizar un mensajero que no sea la luz", concluye Simona Paiano.





IAC


La materia oscura es cada vez desconcertante. Físicos de todas partes del mundo han estado intentando durante décadas determinar la naturaleza de estas raras partículas de materia, que no emiten ni reflejan radiación electromagnética y que por tanto son indetectables, al menos directamente, para telescopios y radiotelescopios.
 
Imagen en rayos X del cúmulo galáctico de Perseo, a aproximadamente 240 millones de años-luz de la Tierra. La radiación X emitida por las galaxias y los cúmulos galácticos presenta todavía numerosos cabos sueltos para los astrofísicos. Resolver algunos de ellos podría proporcionar pistas sobre la naturaleza de la misteriosa materia oscura. (Foto: NASA)

La existencia de la materia oscura fue sugerida en la década de 1930 para explicar ciertas observaciones astronómicas que parecían imposibles: los movimientos de bastantes objetos astronómicos denotaban la acción de una fuerza de gravedad muy superior a la aportada por la materia normal. Esa masa extra debía por tanto corresponder a materia que no se podía ver en la banda de la luz y en ninguna otra del espectro electromagnético.

 Entre las muchas evidencias de esta "influencia fantasma" cabe citar el movimiento orbital de las estrellas alrededor de los centros de sus respectivas galaxias. Dicho movimiento no concuerda con el calculado a partir de la presencia exclusiva de materia normal y solo se explica con la presencia de materia adicional, la oscura.

Esta misteriosa materia extra escondida, distribuida de un modo que tampoco se corresponde con la simple presencia de agujeros negros convencionales, es la responsable de que las galaxias no se fragmenten en tiras cuando giran sobre sí mismas. En otras palabras, no hay suficiente materia normal en el universo para generar la cantidad de gravedad necesaria para evitar que las galaxias se disgreguen en jirones.

A partir de análisis de esa influencia gravitatoria extra ejercida por la masa de la materia oscura, se ha calculado qué porcentaje de la masa del universo es aportado por la materia normal y cuál es por tanto atribuible a la oscura. La materia normal, como la que da forma a las estrellas y la Tierra, constituye aproximadamente el 15 por ciento de toda la materia del universo. Así pues, la materia oscura debe representar el 85 por ciento restante. Pero hasta la fecha, y a pesar de las exhaustivas investigaciones realizadas, todavía no se ha conseguido identificar a las partículas constituyentes.

El equipo de Joachim Kopp, de la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia, en Alemania, presenta ahora una teoría novedosa sobre la materia oscura, que implica que sus partículas podrían ser muy distintas de lo que se ha venido creyendo. Concretamente, las partículas de materia oscura serían muy ligeras, casi cien veces más que los electrones, en marcado contraste con los numerosos modelos convencionales según los cuales las partículas de materia oscura son muy pesadas.

Entre las candidatas favoritas a partícula de la materia oscura destacan las llamadas partículas masivas de interacción débil (WIMPs por sus siglas en inglés). La comunidad científica las está buscando en el laboratorio subterráneo italiano del Gran Sasso, por ejemplo. Pero en los últimos tiempos, aumentan año tras año los indicios de que es improbable que las WIMPs sean candidatas viables a partículas de la materia oscura. Parece pues que hay que comenzar a considerar otras alternativas, tal como subraya el profesor Kopp, y estas probablemente se ajusten más al mencionado retrato robot de una partícula casi cien veces más ligera que el electrón.



NCYT

Sol

Sol

Feature

Cat-5

Cat-5

Po qué...

Anecdotas de Newton

Einstein