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Asteroides
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Label: Asteroides
El VLT observa un asteroide doble que sobrevuela la Tierra a 70.000 km/h
Las capacidades únicas del instrumento SPHERE, instalado en el VLT (Very Large Telescope) de ESO, le han permitido obtener las imágenes más nítidas de un asteroide doble que sobrevoló la Tierra el 25 de mayo. Aunque este asteroide doble no era una amenaza, los científicos aprovecharon la oportunidad para ensayar la respuesta a un posible NEO (Near Earth Object, objeto cercano a la Tierra) peligroso, demostrando que la tecnología de primera línea de ESO podría ser crítica en la defensa planetaria.
El Centro Internacional de Alerta de Asteroides (IAWN, de International Asteroid Warning Network) coordinó desde varias organizaciones una campaña de observación del asteroide 1999 KW4 a su paso por la Tierra, que alcanzó una distancia mínima de 5,2 millones de km [1] el 25 de mayo de 2019. 1999 KW4 tiene aproximadamente 1,3 km de ancho y no representa ningún riesgo para la Tierra. Dado que su órbita es conocida, los científicos pudieron predecir este sobrevuelo y preparar la campaña de observación.
ESO se unió a la campaña con su buque insignia, el VLT (Very Large Telescope). El VLT está equipado con SPHERE, uno de los pocos instrumentos del mundo capaz de obtener imágenes lo suficiente precisas como para distinguir los dos componentes del asteroide, que están separados por unos 2,6 km.
SPHERE fue diseñado para observar exoplanetas; su sistema de óptica adaptativa de vanguardia (AO) corrige la turbulencia de la atmósfera, devolviendo imágenes tan nítidas como si el telescopio estuviera en el espacio. También está equipado con coronógrafos para atenuar el brillo de estrellas brillantes, desvelando la presencia de los débiles exoplanetas que las orbitan.
Tomándose un descanso de su trabajo habitual, que implica pasarse la noche cazando exoplanetas, los datos de SPHERE ayudaron a los astrónomos a caracterizan el asteroide doble. En particular, ahora es posible medir si el satélite más pequeño tiene la misma composición que el objeto más grande.
“Estos datos, junto con todos aquellos que se obtienen en otros telescopios a través de la campaña de la IAWN, serán esenciales para la evaluación de estrategias de desviación efectiva en caso de que se descubriera que un asteroide tiene curso de colisión con la Tierra”, explica Olivier Hainaut, astrónomo de ESO. “En el peor de los casos, este conocimiento también es esencial para predecir cómo un asteroide podría interactuar con la atmósfera y la superficie de la Tierra, permitiéndonos mitigar los daños en caso de colisión”.
“El asteroide doble pasó cerca de la Tierra a más de 70.000 km/h, lo que hizo que observarlo con el VLT fuera todo un desafío”, afirmó Diego Parraguez, que manejaba el telescopio. Tuvo que usar toda su experiencia para fijar el rápido asteroide y captarlo con SPHERE.
Bin Yang, astrónomo del VLT, declaró: “Cuando vimos el satélite en las imágenes corregidas por AO, estábamos muy emocionados. En ese momento, sentimos que todo el sufrimiento, todos los esfuerzos, habían merecido la pena”. Mathias Jones, otro astrónomo del VLT implicado en estas observaciones, profundizó en las dificultades: “Durante las observaciones, las condiciones atmosféricas fueron un poco inestables. Además, el asteroide era relativamente débil y se movía muy rápido en el cielo, por lo que estas observaciones eran un reto particular que hizo que nuestro sistema de AO dejara de funcionar en varias ocasiones. ¡Fue un placer ver que nuestro duro trabajo salió adelante a pesar de las dificultades!”.
Aunque 1999 KW4 no es una amenaza de impacto, se parece bastante a otro sistema de asteroides binario llamado Didymos que podría constituir una amenaza a la Tierra en algún momento de un futuro lejano.
Didymos y su compañero, llamado “Didymoon”, son el objetivo de un futuro experimento pionero de defensa planetaria. La nave espacial DART de la NASA impactará sobre Didymoon en un intento de cambiar su órbita alrededor de su gemelo de mayor tamaño, con el fin de poner a prueba la viabilidad de desviar asteroides. Después del impacto, la misión Hera de la ESA monitorizará los asteroides Didymos en 2026 para reunir información clave, incluidos la masa de Didymoon, las propiedades de su superficie y la forma del cráter dejado por DART.
El éxito de estas misiones depende de la colaboración entre organizaciones, y el seguimiento de objetos cercanos a la tierra es un importante punto en la colaboración entre ESO y ESA. Este esfuerzo cooperativo ha sido constante desde el éxito del primer seguimiento de un NEO potencialmente peligroso a principios de 2014.
“Estamos encantados de desempeñar un papel en la protección de la Tierra frente a los asteroides”, afirmó Xavier Barcons, Director General de ESO. “Además de utilizar las sofisticadas capacidades del VLT, estamos trabajando con la ESA para crear prototipos destinados a una gran red que lleve la detección, seguimiento y caracterización de asteroides al siguiente nivel”.
Este encuentro reciente con 1999 KW4 ha tenido lugar justo un mes antes del día del asteroide, un día oficial declarado por las Naciones Unidas con el fin de educar y sensibilizar sobre los asteroides y que se celebra el 30 de junio. Se llevarán a cabo eventos en los cinco continentes, y ESO estará entre las principales organizaciones astronómicas participantes. Ese día, el Planetario y Centro de Visitantes ESO Supernova acogerá una serie de actividades sobre el tema de los asteroides a las que el público está invitado a participar.
Notas
[1] Esta distancia es unas 14 veces la distancia a la Luna, lo suficientemente cerca como para poder estudiarlo, ¡pero no lo suficiente como para ser mortal! Muchos asteroides pequeños pasan cerca de la Tierra a mucha menos distancia que 1999 KW4, incluso a veces más cerca que la Luna. El encuentro más reciente de la Tierra con un asteroide tuvo lugar el 15 de febrero de 2013, cuando un asteroide previamente desconocido, de 18 metros de diámetro, explotó al entrar en la atmósfera de la Tierra sobre la ciudad rusa de Chelyabinsk. Los daños producidos por la onda de choque posterior causaron heridas a unas 1.500 personas.
ESO
Lo que parecía un gran asteroide son en realidad dos del mismo tamaño, oscuros como el carbón, que giran entre sí cada 24 horas
Nuevas observaciones de tres de los radiotelescopios más grandes del mundo han revelado que un asteroide descubierto el año pasado son en realidad dos objetos, cada uno de aproximadamente 900 metros de longitud, que orbitan entre sí.
El asteroide cercano a la tierra 2017 YE5 fue descubierto con las observaciones proporcionadas por el Estudio del cielo de Marruecos Oukaimeden el 21 de diciembre de 2017, pero no se han conocido detalles sobre sus propiedades físicas hasta finales del pasado junio. Este es solo el cuarto asteroide binario de «igual masa» cercano a la Tierra jamás detectado, que consta de dos objetos de tamaño casi idéntico que orbitan entre sí. Las nuevas observaciones proporcionan las imágenes más detalladas jamás obtenidas de este tipo de asteroides binarios, según explica en un comunicado el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA.
El 21 de junio, el asteroide 2017 YE5 hizo la que será su visita más cercana a la Tierra durante al menos los siguientes 170 años, llegando a 6 millones de kilómetros de nuestro planeta, alrededor de 16 veces la distancia que nos separa de la Luna. El 21 y 22 de junio, las observaciones del radar Goldstone de la NASA en California mostraron las primeras señales de que 2017 YE5 podría ser un sistema binario. Las observaciones revelaron dos lóbulos distintos, pero la orientación del asteroide fue tal que los científicos no pudieron ver si los dos cuerpos estaban separados o unidos. Finalmente, los dos objetos giraron para exponer el espacio entre ellos.
Los científicos del Observatorio de Arecibo en Puerto Rico y los del Green Bank en Virginia Occidental se unieron al estudio del asteroide y pudieron confirmar que en realidad se trataba de dos objetos separados. Para el 26 de junio, tanto Goldstone como Arecibo habían confirmado independientemente su naturaleza binaria.
Como el carbón
Las nuevas observaciones indican que los dos objetos giran uno alrededor del otro una vez cada 20 a 24 horas. Además, son más grandes de lo que en un principio sugería su brillo óptico, lo que indica que las dos rocas no reflejan tanta luz solar como un asteroide rocoso típico. 2017 YE5 es probablemente tan oscuro como el carbón. Las imágenes de Goldstone tomadas el 21 de junio también muestran una notable diferencia en la reflectividad entre los dos objetos, un fenómeno no visto anteriormente entre los otros más de 50 sistemas de asteroides binarios estudiados por radar desde el año 2000. (Sin embargo, la mayoría de esos asteroides binarios consisten en un objeto grande y un satélite mucho más pequeño.) Las diferencias de reflectividad también aparecen en las imágenes de Arecibo y sugieren que los dos objetos pueden tener diferentes densidades, composiciones cerca de sus superficies o diferentes rugosidades superficiales.
Los científicos estiman que entre los asteroides cercanos a la Tierra con un tamaño superior a los 200 metros, aproximadamente el 15% son binarios con un objeto más grande y un satélite mucho más pequeño. Los binarios de igual masa como 2017 YE5 son mucho más raros. Se cree que los binarios de contacto, en los que dos objetos de tamaño similar están en contacto, representan otro 15%.
El asteroide cercano a la tierra 2017 YE5 fue descubierto con las observaciones proporcionadas por el Estudio del cielo de Marruecos Oukaimeden el 21 de diciembre de 2017, pero no se han conocido detalles sobre sus propiedades físicas hasta finales del pasado junio. Este es solo el cuarto asteroide binario de «igual masa» cercano a la Tierra jamás detectado, que consta de dos objetos de tamaño casi idéntico que orbitan entre sí. Las nuevas observaciones proporcionan las imágenes más detalladas jamás obtenidas de este tipo de asteroides binarios, según explica en un comunicado el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA.
El 21 de junio, el asteroide 2017 YE5 hizo la que será su visita más cercana a la Tierra durante al menos los siguientes 170 años, llegando a 6 millones de kilómetros de nuestro planeta, alrededor de 16 veces la distancia que nos separa de la Luna. El 21 y 22 de junio, las observaciones del radar Goldstone de la NASA en California mostraron las primeras señales de que 2017 YE5 podría ser un sistema binario. Las observaciones revelaron dos lóbulos distintos, pero la orientación del asteroide fue tal que los científicos no pudieron ver si los dos cuerpos estaban separados o unidos. Finalmente, los dos objetos giraron para exponer el espacio entre ellos.
Los científicos del Observatorio de Arecibo en Puerto Rico y los del Green Bank en Virginia Occidental se unieron al estudio del asteroide y pudieron confirmar que en realidad se trataba de dos objetos separados. Para el 26 de junio, tanto Goldstone como Arecibo habían confirmado independientemente su naturaleza binaria.
Como el carbón
Las nuevas observaciones indican que los dos objetos giran uno alrededor del otro una vez cada 20 a 24 horas. Además, son más grandes de lo que en un principio sugería su brillo óptico, lo que indica que las dos rocas no reflejan tanta luz solar como un asteroide rocoso típico. 2017 YE5 es probablemente tan oscuro como el carbón. Las imágenes de Goldstone tomadas el 21 de junio también muestran una notable diferencia en la reflectividad entre los dos objetos, un fenómeno no visto anteriormente entre los otros más de 50 sistemas de asteroides binarios estudiados por radar desde el año 2000. (Sin embargo, la mayoría de esos asteroides binarios consisten en un objeto grande y un satélite mucho más pequeño.) Las diferencias de reflectividad también aparecen en las imágenes de Arecibo y sugieren que los dos objetos pueden tener diferentes densidades, composiciones cerca de sus superficies o diferentes rugosidades superficiales.
Los científicos estiman que entre los asteroides cercanos a la Tierra con un tamaño superior a los 200 metros, aproximadamente el 15% son binarios con un objeto más grande y un satélite mucho más pequeño. Los binarios de igual masa como 2017 YE5 son mucho más raros. Se cree que los binarios de contacto, en los que dos objetos de tamaño similar están en contacto, representan otro 15%.
ABC
- La sonda Hayabusa 2 se encontrará en los próximos días con el asteroide Ryugu.
- La misión japonesa, que explorará y tomará muestras de este cuerpo rocoso, toma las primeras imágenes donde se empieza a apreciar su forma.
Cada vez queda menos para que Hayabusa 2 se reúna con el asteroide Ryugu, al que explorará durante los próximos meses. La misión japonesa, lanzada al espacio en diciembre de 2014, estudiará y tomará muestras de este objeto rocoso —convirtiéndose, si todo va bien, en la segunda iniciativa nipona en conseguirlo, después de la primera nave Hayabusa. Tras casi cuatro años de viaje y 300 millones de kilómetros recorridos, la sonda Hayabusa 2 está a una distancia de entre 240-330 kilómetros, suficiente para tomar unas imágenes en las que ya se comienza a apreciar cómo es Ryugu.
El asteroide Ryugu parece tener una forma de peonza, aunque hay quien le saca parecido al cubo Borg, la poderosa nave ficticia de Star Trek
La Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA) afirma que el asteroide parece contar con una cresta ecuatorial y profundos cráteres —alguno de ellos podría llegar a tener 200 metros de diámetro, de acuerdo con las primeras estimaciones—. Según Sei-ichiro Watanbe, científico de la misión, Ryugu tiene una dirección de rotación diferente a la de la Tierra y tarda apenas 7,5 horas en dar una vuelta completa sobre sí mismo. El diámetro del asteroide es de 900 metros, una estimación que coincide con las observaciones realizadas desde la superficie y que tendrá que ser confirmada cuando la sonda japonesa llegue finalmente a su destino.
Los investigadores japoneses que coordinan la misión —una de las más destacadas de 2018— aseguran que la forma de Ryugu es similar a la de una peonza, un objeto llamado "Coma" en el país nipón. Sin embargo, hay quien le ha sacado otras semejanzas. El astrónomo amateur y escritor Daniel Fischer ha señalado, tras ver las fotografías tomadas por el instrumento ONC-T, que el asteroide se parece a un cubo Borg, las gigantescas y poderosas naves de ficción del universo de Star Trek.
"Cuando vi estas imágenes, me sorprendió que Ryugu sea tan parecido en cuanto a su forma a los destinos de la misión estadounidense de OSIRIS-Rex, el asteroide Bennu, y el objetivo de la misión candidata propuesta por Europa MarcoPolo-R, el asteroide 2008 EVS", explica en un comunicado Makoto Yoshikawa, jefe de la misión. Estos cuerpos rocosos, sin embargo, son bastante más pequeños —una octava parte que el asteroide que estudiará Hayabusa 2— y rotan de forma más rápida. "Los asteroides que hemos explorado han tenido formas muy diferentes; hasta la fecha, Bennu y Ryugu podrían ser los primeros asteroides similares que hayamos examinado", apunta.
Si las imágenes de Ryugu coinciden con la realidad —algo que sabremos en los próximos días, a medida que la misión vaya aproximándose a su destino y las fotografías tengan más nitidez—, la exploración podría ser más sencilla de lo que se creía. El motivo es que la apariencia del asteroide podría conocerse de un solo vistazo en el caso de que el eje de rotación fuera similar a la dirección vertical que aparenta tener en las instantáneas. En los próximos días, Hayabusa 2 se encontrará finalmente con Ryugu y explorará en detalle los lugares donde se situarán tanto el aterrizador (lander) como los róvers que porta consigo.
hipertextual
- Es la tercera vez que se descubre un asteroide poco antes de que choque contra la Tierra.
- El asteroide 2018 LA se desintegró sobre el sur de África tras entrar en la atmósfera a una velocidad de 17 kilómetros por segundo.
El pasado sábado 2 de junio, un equipo de investigadores de la Universidad de Arizona observó un pequeño asteroide poco antes de su impacto contra la atmósfera de la Tierra. El descubrimiento del Catalina Sky Survey, un programa financiado por la NASA, se realizó ocho horas y media antes de que el pequeño objeto alcanzara nuestro planeta, según confirmó la Agencia Espacial Europea (ESA, en inglés). Esta es la tercera vez que se halla un objeto rocoso de este tipo en las horas previas a su entrada en la atmósfera, lo que demuestra el peligro que suponen los asteroides y su hipotética colisión contra la Tierra.
El asteroide 2018 LA, de apenas tres metros de diámetro, se desintegró tras su entrada en la atmósfera sobre el sur de África
Las primeras informaciones apuntan que el pequeño asteroide se habría desintegrado por completo tras entrar en la atmósfera, por lo que no ha supuesto un peligro real para el planeta. Las reducidas dimensiones del objeto, que contaría con un diámetro de entre dos y cinco metros, habrían provocado que se incendiara en su totalidad durante la entrada atmosférica. El asteroide, bautizado inicialmente como ZLAF9B2, ha recibido el nombre de 2018 LA por parte de la agencia espacial norteamericana. La NASA ha confirmado que no hubo tiempo para calcular de forma detallada la trayectoria del cuerpo rocoso, que se habría desintegrado por completo sobre Botsuana a las 16:44 h UTC.
Según ha explicado la NASA, el asteroide 2018 LA habría entrado en la atmósfera a una velocidad de 17 kilómetros por segundo, quemándose en su totalidad a cincuenta kilómetros de altura sobre la superficie. La desintegración del objeto ZLAF9B2 fue captada por una cámara y por varios observadores de esta región del sur de África, que vieron cómo el bólido se incendiaba provocando un destello de luz en el cielo. Su impacto contra el planeta no provocó daños materiales ni personales, pero sí sirve para probar la necesidad de investigar este tipo de asteroides próximos a la Tierra. En las horas posteriores a su entrada, científicos italianos del centro de coordinación de la ESA han trabajado en el análisis de su trayectoria, características físicas y observaciones del impacto del cuerpo 2018 LA.
"Es la tercera vez que se descubre que un asteroide está en una trayectoria de impacto", destaca en el comunicado Paul Chodas, jefe del Center for Near-Earth Object Studies (CNEOS) de la NASA. La primera vez que se observó un objeto rocoso con dirección a la Tierra fue en octubre de 2008, cuando el asteroide 2008 TC3 fue observado diecinueve horas antes de su impacto. Este margen de tiempo permitió a los científicos y a los aficionados que calculasen con precisión la trayectoria del cuerpo, que con cuatro metros de tamaño era algo mayor que el recientemente desintegrado asteroide ZLAF9B2. La segunda ocasión en la que se logró predecir un impacto fue a principios de 2014. Unas horas antes de Año Nuevo se vio que el asteroide 2014 AA iba a entrar en la atmósfera terrestre sobre el océano Atlántico. Curiosamente, los tres objetos fueron descubiertos por el mismo observador, Richard Kowalski, dentro del programa Catalina Sky Survey.
Dado el peligro que suponen los objetos próximos a la Tierra (bautizados en inglés como Near Earth Objects o NEO), diversas iniciativas en todo el mundo abogan por vigilar su trayectoria y estar preparados por si en un hipotético futuro hubiera que desviar un asteroide potencialmente peligroso. Las propias Naciones Unidas aprobaron en 2016 la conmemoración del Día Internacional de los Asteroides cada 30 de junio, con el fin de recordar el choque del bólido de Tunguska en Siberia y aumentar la conciencia de la sociedad sobre los riesgos del peligro de impacto de los asteroides.
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- Descubren un asteroide exiliado rico en carbono en el cinturón de Kuiper.
- La investigación apoya la hipótesis de que los comienzos del sistema solar fueron realmente turbulentos.
Un equipo de astrónomos ha descubierto un sorprendente asteroide, llamado 2004 EW95, situado en los confines del sistema solar. Este cuerpo se halla en el cinturón de Kuiper, más allá de Neptuno, y presenta una composición rica en carbono. Sus resultados, publicados en la revista The Astrophysical Journal Letters, sugieren que el asteroide pudo originarse en el interior del sistema solar, en el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter, para ser luego expulsado a miles de millones de kilómetros de su lugar de nacimiento.
El descubrimiento del asteroide exiliado apoya la hipótesis de que el comienzo del sistema solar fue turbulento
El descubrimiento de este asteroide exiliado apoya la idea de que los comienzos del sistema solar fueron tiempos realmente turbulentos. Según algunas hipótesis, una vez que se formaron los gigantes gaseosos, el sistema solar expulsó pequeños cuerpos rocosos desde su interior hacia órbitas remotas a grandes distancias de nuestra estrella, en particular, en dirección a la nube de Oort y el cinturón de Kuiper. De ser ciertos estos modelos, una pequeña fracción de los objetos de estas regiones presentarían carbono o alguno de sus compuestos, en otras palabras, se trataría de asteroides carbonáceos.
2004 EW95, que presenta un tamaño de 300 kilómetros, se sitúa a 4.000 millones de kilómetros de la Tierra. La investigación de este objeto, que ha sido posible gracias al uso de instrumentos del Very Large Telescope (VLT), ha permitido determinar que cuenta con una superficie oscura y rica en carbono. Es decir, el sorprendente cuerpo parece ser efectivamente un asteroide carbonáceo, a tenor de las observaciones realizadas, que apuntan a la existencia de óxidos férricos y filosilicatos en su composición química. El análisis obtenido de 2004 EW95 muestra que es muy distinto al espectro de otros pequeños objetos parecidos localizados en el cinturón de Kuiper.
Crédito: ESO/L. Calçada
"Dada la ubicación actual de 2004 EW95, en la helada periferia del sistema solar, se deduce que ha sido expulsado hacia su órbita actual por un planeta migratorio en los primeros días del sistema solar", explica Tom Seccull, autor del estudio y miembro del Centro de Investigación en Astrofísica de la Universidad de la Reina de Belfast (Reino Unido). "Si bien ha habido informes anteriores de otros espectros 'atípicos' de objetos del cinturón de Kuiper, ninguno se había confirmado hasta ahora con este nivel de calidad", añade el astrónomo Olivier Hainaut, del Observatorio Europeo Austral (ESO, por sus siglas en inglés), que no ha participado en la investigación.
El hallazgo ha sido posible gracias al uso del observatorio astronómico de luz visible más avanzado del mundo
El descubrimiento de un asteroide carbonáceo como 2004 EW95 supone una verificación importante de las predicciones realizadas hasta la fecha sobre la evolución del sistema solar en sus etapas tempranas. La utilización del Very Large Telescope, situado en el chileno Cerro Paranal, también permitió recientemente el hallazgo de un exoplaneta, es decir, un mundo fuera del sistema solar, que aparentemente está libre de nubes. Su aplicación también ha brindado nuevas pistas sobre cómo pudo ser el sistema solar hace miles de millones de años, demostrando la capacidad del observatorio astronómico de luz visible más avanzado del mundo.
hipertextual
Su impacto habría liberado energía suficiente como para destruir una gran ciudad y toda su áres metropolitana
Sin que nadie se diera cuenta de ello, un asteroide de entre 48 y 110 metros, con suficiente potencial destructivo como para arrasar una gran ciudad y sus alrededores, pasó «rozando» la Tierra el pasado domingo. Los astrónomos encargados de vigilar estos peligrosos objetos celestes no lo detectaron hasta varias horas después de su paso, cuando la roca ya se alejaba de nuestro planeta.
El asteroide, bautizado como 2018 GE3, pasó inadvertido durante toda su aproximación a la Tierra y, según una nota aparecida en Earthsky.org, logró acercarse sin ser visto hasta una distancia de apenas 192.000 km de nuestro planeta, menos de la mitad de la que nos separa de la Luna. Por cierto, después de su acercamiento máximo a nosotros, el asteroide también «visitó» nuestro satélite antes de continuar con su viaje orbital alrededor del Sol. A una velocidad de 106.497 kilómetros por hora, el asteroide tardó menos de dos horas en llegar hasta la Luna.
Una vez detecado, se pudo comprobar que 2018 GE3 tiene un diámetro seis veces superior que el célebre meteorito de Cheliabinsk, que en 2013 explotó por sorpresa sobre la localidad rusa que le dio su nombre y cuya onda expansiva provocó más de 1.500 heridos.
Capaz de causar daños regionales
Si el asteroide hubiera entrado en nuestra atmósfera, una gran parte de su masa se habría desintegrado debido a la fricción con el aire. Sin embargo, y debido a su tamaño, una parte de 2018 GE3 podría haber llegado a la superficie de la Tierra. Se calcula que un asteroide de esa magnitud es capaz de causar «daño regional» (lo que implica la completa destrucción de una gran ciudad más toda su área metropolitana), dependiendo de varios factores como la composición, la velocidad, el ángulo de entrada y la ubicación del impacto.
No es la primera vez que sucede algo así. Más a menudo de lo que a los astrónomos les gustaría, en efecto, un buen número de asteroides rozan o atraviesan directamente nuestra atmósfera sin que nadie haya podido detectarlos.
Un buen ejemplo de ello fue el anuncio, en 2014, de que los científicos habían descubierto «a toro pasado», hasta 26 impactos de asteroides más potentes que una bomba atómica desde el año 2000. Y lo más sorprendente es que lo hicieron revisando los datos de la Organización del Tratado de Prohibición de Pruebas Nucleares, organismo que opera una red de sensores que monitorizan la Tierra 24 horas al día en busca de la «firma» infrasónica de una detonación nuclear. Es decir, que esos 26 violentos impactos pasaron totalmente inadvertidos. Nadie vio cómo esas rocas se acercaban y nadie se dio cuenta tampoco de que habían caído a la Tierra y explotado cada uno con la energía de una o varias bombas atómicas.
La mayoría de esas rocas espaciales, en efecto, explotan en las capas superiores de la atmósfera, o sobre una región desértica u oceánica, sin llegar a causar ningún daño y sin que ni siquiera nos demos cuenta de ello. Un buen trabajo, sin duda, de la atmósfera terrestre, que nos proteje de forma eficiente de muchos de estos eventos potencialmente destructivos.
Un análisis preliminar de la órbita de 2018 GE muestra que esta es la ocasión en que la roca ha pasado más cerca de la Tierra desde el año 1930.
ABC
En 2008 se encontró
un meteorito en el desierto de Nubia, en Sudán, con incrustaciones de
diamante. Ahora investigadores europeos han analizado sus cristales y
han comprobado que esa roca extraterrestre procede de un protoplaneta
con un tamaño superior a Mercurio que existió en el primitivo sistema
solar.
SINC
Los científicos suponen que en el sistema solar primitivo había decenas de protoplanetas, con un tamaño comprendido entre el de la Luna y Marte, que acabaron colisionando y formando los planetas rocosos del sistema solar, como el nuestro, mediante la acrección o acumulación de material.
Un tipo de meteorito llamado ureilita es un firme candidato para apoyar esta hipótesis, ya que se considera que procede de los desaparecidos protoplanetas, pero las muestras examinadas hasta la fecha no son concluyentes sobre ese remoto origen.
Sin embargo, ahora un equipo de investigadores europeos liderados por el profesor Farhang Nabiei de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (Suiza) ha analizado un meteorito ureilita especial, conocido como Almata Sitta. La roca es uno de los fragmentos que se recuperó en el desierto de Nubia tras la explosión de un pequeño asteroide sobre los cielos de esta región de Sudán en octubre de 2008.
Las conclusiones del estudio, que se publican esta semana en la revista Nature Communications, revelan que las incrustaciones de diamante que contiene el meteorito se originaron en un planeta perdido que circulaba por el sistema solar primitivo cuando este tenía unos 10 millones de años.
Embrión planetario
Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron los diminutos cristales de los diamantes mediante microscopía electrónica de transmisión, una técnica con la que han descubierto que esas piedras preciosas se tuvieron que formar a presiones muy altas.
Según los autores, estos hallazgos proporcionan una evidencia sobre la existencia de los grandes protoplanetas que constituyeron los bloques de construcción de los planetas terrestres que hoy vemos en el sistema solar, como la Tierra.
Un tipo de meteorito llamado ureilita es un firme candidato para apoyar esta hipótesis, ya que se considera que procede de los desaparecidos protoplanetas, pero las muestras examinadas hasta la fecha no son concluyentes sobre ese remoto origen.
Sin embargo, ahora un equipo de investigadores europeos liderados por el profesor Farhang Nabiei de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (Suiza) ha analizado un meteorito ureilita especial, conocido como Almata Sitta. La roca es uno de los fragmentos que se recuperó en el desierto de Nubia tras la explosión de un pequeño asteroide sobre los cielos de esta región de Sudán en octubre de 2008.
Las conclusiones del estudio, que se publican esta semana en la revista Nature Communications, revelan que las incrustaciones de diamante que contiene el meteorito se originaron en un planeta perdido que circulaba por el sistema solar primitivo cuando este tenía unos 10 millones de años.
Las incrustaciones de diamante del meteorito Almata Sitta se originaron a presiones altas en un protoplaneta del sistema solar primitivo
Embrión planetario
Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron los diminutos cristales de los diamantes mediante microscopía electrónica de transmisión, una técnica con la que han descubierto que esas piedras preciosas se tuvieron que formar a presiones muy altas.
“Descubrimos incrustaciones de cromita, fosfato, sulfuro de hierro y niquel dentro del diamante, con una composición y morfología que solo se pueden explicar si se formaron a presiones superiores a los 20 gigapascales”, explica Nabiei y su equipo, que añade: “Estas presiones indican que el cuerpo padre de esta ureilita fue un embrión planetario con un tamaño entre el de Mercurio y Marte”.
Según los autores, estos hallazgos proporcionan una evidencia sobre la existencia de los grandes protoplanetas que constituyeron los bloques de construcción de los planetas terrestres que hoy vemos en el sistema solar, como la Tierra.
Microfotografía electrónica y mapas de composición de las incrustaciones de diamante en la ureilita, donde se muestra el hierro (Fe) en azul y el azufre (S) en rojo. / Farhang Nabiei et al./Nature Communications
SINC
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