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Asteroides
Cometas
Label: Asteroides
El VLT observa un asteroide doble que sobrevuela la Tierra a 70.000 km/h
Las capacidades únicas del instrumento SPHERE, instalado en el VLT (Very Large Telescope) de ESO, le han permitido obtener las imágenes más nítidas de un asteroide doble que sobrevoló la Tierra el 25 de mayo. Aunque este asteroide doble no era una amenaza, los científicos aprovecharon la oportunidad para ensayar la respuesta a un posible NEO (Near Earth Object, objeto cercano a la Tierra) peligroso, demostrando que la tecnología de primera línea de ESO podría ser crítica en la defensa planetaria.
El Centro Internacional de Alerta de Asteroides (IAWN, de International Asteroid Warning Network) coordinó desde varias organizaciones una campaña de observación del asteroide 1999 KW4 a su paso por la Tierra, que alcanzó una distancia mínima de 5,2 millones de km [1] el 25 de mayo de 2019. 1999 KW4 tiene aproximadamente 1,3 km de ancho y no representa ningún riesgo para la Tierra. Dado que su órbita es conocida, los científicos pudieron predecir este sobrevuelo y preparar la campaña de observación.
ESO se unió a la campaña con su buque insignia, el VLT (Very Large Telescope). El VLT está equipado con SPHERE, uno de los pocos instrumentos del mundo capaz de obtener imágenes lo suficiente precisas como para distinguir los dos componentes del asteroide, que están separados por unos 2,6 km.
SPHERE fue diseñado para observar exoplanetas; su sistema de óptica adaptativa de vanguardia (AO) corrige la turbulencia de la atmósfera, devolviendo imágenes tan nítidas como si el telescopio estuviera en el espacio. También está equipado con coronógrafos para atenuar el brillo de estrellas brillantes, desvelando la presencia de los débiles exoplanetas que las orbitan.
Tomándose un descanso de su trabajo habitual, que implica pasarse la noche cazando exoplanetas, los datos de SPHERE ayudaron a los astrónomos a caracterizan el asteroide doble. En particular, ahora es posible medir si el satélite más pequeño tiene la misma composición que el objeto más grande.
“Estos datos, junto con todos aquellos que se obtienen en otros telescopios a través de la campaña de la IAWN, serán esenciales para la evaluación de estrategias de desviación efectiva en caso de que se descubriera que un asteroide tiene curso de colisión con la Tierra”, explica Olivier Hainaut, astrónomo de ESO. “En el peor de los casos, este conocimiento también es esencial para predecir cómo un asteroide podría interactuar con la atmósfera y la superficie de la Tierra, permitiéndonos mitigar los daños en caso de colisión”.
“El asteroide doble pasó cerca de la Tierra a más de 70.000 km/h, lo que hizo que observarlo con el VLT fuera todo un desafío”, afirmó Diego Parraguez, que manejaba el telescopio. Tuvo que usar toda su experiencia para fijar el rápido asteroide y captarlo con SPHERE.
Bin Yang, astrónomo del VLT, declaró: “Cuando vimos el satélite en las imágenes corregidas por AO, estábamos muy emocionados. En ese momento, sentimos que todo el sufrimiento, todos los esfuerzos, habían merecido la pena”. Mathias Jones, otro astrónomo del VLT implicado en estas observaciones, profundizó en las dificultades: “Durante las observaciones, las condiciones atmosféricas fueron un poco inestables. Además, el asteroide era relativamente débil y se movía muy rápido en el cielo, por lo que estas observaciones eran un reto particular que hizo que nuestro sistema de AO dejara de funcionar en varias ocasiones. ¡Fue un placer ver que nuestro duro trabajo salió adelante a pesar de las dificultades!”.
Aunque 1999 KW4 no es una amenaza de impacto, se parece bastante a otro sistema de asteroides binario llamado Didymos que podría constituir una amenaza a la Tierra en algún momento de un futuro lejano.
Didymos y su compañero, llamado “Didymoon”, son el objetivo de un futuro experimento pionero de defensa planetaria. La nave espacial DART de la NASA impactará sobre Didymoon en un intento de cambiar su órbita alrededor de su gemelo de mayor tamaño, con el fin de poner a prueba la viabilidad de desviar asteroides. Después del impacto, la misión Hera de la ESA monitorizará los asteroides Didymos en 2026 para reunir información clave, incluidos la masa de Didymoon, las propiedades de su superficie y la forma del cráter dejado por DART.
El éxito de estas misiones depende de la colaboración entre organizaciones, y el seguimiento de objetos cercanos a la tierra es un importante punto en la colaboración entre ESO y ESA. Este esfuerzo cooperativo ha sido constante desde el éxito del primer seguimiento de un NEO potencialmente peligroso a principios de 2014.
“Estamos encantados de desempeñar un papel en la protección de la Tierra frente a los asteroides”, afirmó Xavier Barcons, Director General de ESO. “Además de utilizar las sofisticadas capacidades del VLT, estamos trabajando con la ESA para crear prototipos destinados a una gran red que lleve la detección, seguimiento y caracterización de asteroides al siguiente nivel”.
Este encuentro reciente con 1999 KW4 ha tenido lugar justo un mes antes del día del asteroide, un día oficial declarado por las Naciones Unidas con el fin de educar y sensibilizar sobre los asteroides y que se celebra el 30 de junio. Se llevarán a cabo eventos en los cinco continentes, y ESO estará entre las principales organizaciones astronómicas participantes. Ese día, el Planetario y Centro de Visitantes ESO Supernova acogerá una serie de actividades sobre el tema de los asteroides a las que el público está invitado a participar.
Notas
[1] Esta distancia es unas 14 veces la distancia a la Luna, lo suficientemente cerca como para poder estudiarlo, ¡pero no lo suficiente como para ser mortal! Muchos asteroides pequeños pasan cerca de la Tierra a mucha menos distancia que 1999 KW4, incluso a veces más cerca que la Luna. El encuentro más reciente de la Tierra con un asteroide tuvo lugar el 15 de febrero de 2013, cuando un asteroide previamente desconocido, de 18 metros de diámetro, explotó al entrar en la atmósfera de la Tierra sobre la ciudad rusa de Chelyabinsk. Los daños producidos por la onda de choque posterior causaron heridas a unas 1.500 personas.
ESO
Lo que parecía un gran asteroide son en realidad dos del mismo tamaño, oscuros como el carbón, que giran entre sí cada 24 horas
Nuevas observaciones de tres de los radiotelescopios más grandes del mundo han revelado que un asteroide descubierto el año pasado son en realidad dos objetos, cada uno de aproximadamente 900 metros de longitud, que orbitan entre sí.
El asteroide cercano a la tierra 2017 YE5 fue descubierto con las observaciones proporcionadas por el Estudio del cielo de Marruecos Oukaimeden el 21 de diciembre de 2017, pero no se han conocido detalles sobre sus propiedades físicas hasta finales del pasado junio. Este es solo el cuarto asteroide binario de «igual masa» cercano a la Tierra jamás detectado, que consta de dos objetos de tamaño casi idéntico que orbitan entre sí. Las nuevas observaciones proporcionan las imágenes más detalladas jamás obtenidas de este tipo de asteroides binarios, según explica en un comunicado el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA.
El 21 de junio, el asteroide 2017 YE5 hizo la que será su visita más cercana a la Tierra durante al menos los siguientes 170 años, llegando a 6 millones de kilómetros de nuestro planeta, alrededor de 16 veces la distancia que nos separa de la Luna. El 21 y 22 de junio, las observaciones del radar Goldstone de la NASA en California mostraron las primeras señales de que 2017 YE5 podría ser un sistema binario. Las observaciones revelaron dos lóbulos distintos, pero la orientación del asteroide fue tal que los científicos no pudieron ver si los dos cuerpos estaban separados o unidos. Finalmente, los dos objetos giraron para exponer el espacio entre ellos.
Los científicos del Observatorio de Arecibo en Puerto Rico y los del Green Bank en Virginia Occidental se unieron al estudio del asteroide y pudieron confirmar que en realidad se trataba de dos objetos separados. Para el 26 de junio, tanto Goldstone como Arecibo habían confirmado independientemente su naturaleza binaria.
Como el carbón
Las nuevas observaciones indican que los dos objetos giran uno alrededor del otro una vez cada 20 a 24 horas. Además, son más grandes de lo que en un principio sugería su brillo óptico, lo que indica que las dos rocas no reflejan tanta luz solar como un asteroide rocoso típico. 2017 YE5 es probablemente tan oscuro como el carbón. Las imágenes de Goldstone tomadas el 21 de junio también muestran una notable diferencia en la reflectividad entre los dos objetos, un fenómeno no visto anteriormente entre los otros más de 50 sistemas de asteroides binarios estudiados por radar desde el año 2000. (Sin embargo, la mayoría de esos asteroides binarios consisten en un objeto grande y un satélite mucho más pequeño.) Las diferencias de reflectividad también aparecen en las imágenes de Arecibo y sugieren que los dos objetos pueden tener diferentes densidades, composiciones cerca de sus superficies o diferentes rugosidades superficiales.
Los científicos estiman que entre los asteroides cercanos a la Tierra con un tamaño superior a los 200 metros, aproximadamente el 15% son binarios con un objeto más grande y un satélite mucho más pequeño. Los binarios de igual masa como 2017 YE5 son mucho más raros. Se cree que los binarios de contacto, en los que dos objetos de tamaño similar están en contacto, representan otro 15%.
El asteroide cercano a la tierra 2017 YE5 fue descubierto con las observaciones proporcionadas por el Estudio del cielo de Marruecos Oukaimeden el 21 de diciembre de 2017, pero no se han conocido detalles sobre sus propiedades físicas hasta finales del pasado junio. Este es solo el cuarto asteroide binario de «igual masa» cercano a la Tierra jamás detectado, que consta de dos objetos de tamaño casi idéntico que orbitan entre sí. Las nuevas observaciones proporcionan las imágenes más detalladas jamás obtenidas de este tipo de asteroides binarios, según explica en un comunicado el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA.
El 21 de junio, el asteroide 2017 YE5 hizo la que será su visita más cercana a la Tierra durante al menos los siguientes 170 años, llegando a 6 millones de kilómetros de nuestro planeta, alrededor de 16 veces la distancia que nos separa de la Luna. El 21 y 22 de junio, las observaciones del radar Goldstone de la NASA en California mostraron las primeras señales de que 2017 YE5 podría ser un sistema binario. Las observaciones revelaron dos lóbulos distintos, pero la orientación del asteroide fue tal que los científicos no pudieron ver si los dos cuerpos estaban separados o unidos. Finalmente, los dos objetos giraron para exponer el espacio entre ellos.
Los científicos del Observatorio de Arecibo en Puerto Rico y los del Green Bank en Virginia Occidental se unieron al estudio del asteroide y pudieron confirmar que en realidad se trataba de dos objetos separados. Para el 26 de junio, tanto Goldstone como Arecibo habían confirmado independientemente su naturaleza binaria.
Como el carbón
Las nuevas observaciones indican que los dos objetos giran uno alrededor del otro una vez cada 20 a 24 horas. Además, son más grandes de lo que en un principio sugería su brillo óptico, lo que indica que las dos rocas no reflejan tanta luz solar como un asteroide rocoso típico. 2017 YE5 es probablemente tan oscuro como el carbón. Las imágenes de Goldstone tomadas el 21 de junio también muestran una notable diferencia en la reflectividad entre los dos objetos, un fenómeno no visto anteriormente entre los otros más de 50 sistemas de asteroides binarios estudiados por radar desde el año 2000. (Sin embargo, la mayoría de esos asteroides binarios consisten en un objeto grande y un satélite mucho más pequeño.) Las diferencias de reflectividad también aparecen en las imágenes de Arecibo y sugieren que los dos objetos pueden tener diferentes densidades, composiciones cerca de sus superficies o diferentes rugosidades superficiales.
Los científicos estiman que entre los asteroides cercanos a la Tierra con un tamaño superior a los 200 metros, aproximadamente el 15% son binarios con un objeto más grande y un satélite mucho más pequeño. Los binarios de igual masa como 2017 YE5 son mucho más raros. Se cree que los binarios de contacto, en los que dos objetos de tamaño similar están en contacto, representan otro 15%.
ABC
- La sonda Hayabusa 2 se encontrará en los próximos días con el asteroide Ryugu.
- La misión japonesa, que explorará y tomará muestras de este cuerpo rocoso, toma las primeras imágenes donde se empieza a apreciar su forma.
Cada vez queda menos para que Hayabusa 2 se reúna con el asteroide Ryugu, al que explorará durante los próximos meses. La misión japonesa, lanzada al espacio en diciembre de 2014, estudiará y tomará muestras de este objeto rocoso —convirtiéndose, si todo va bien, en la segunda iniciativa nipona en conseguirlo, después de la primera nave Hayabusa. Tras casi cuatro años de viaje y 300 millones de kilómetros recorridos, la sonda Hayabusa 2 está a una distancia de entre 240-330 kilómetros, suficiente para tomar unas imágenes en las que ya se comienza a apreciar cómo es Ryugu.
El asteroide Ryugu parece tener una forma de peonza, aunque hay quien le saca parecido al cubo Borg, la poderosa nave ficticia de Star Trek
La Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA) afirma que el asteroide parece contar con una cresta ecuatorial y profundos cráteres —alguno de ellos podría llegar a tener 200 metros de diámetro, de acuerdo con las primeras estimaciones—. Según Sei-ichiro Watanbe, científico de la misión, Ryugu tiene una dirección de rotación diferente a la de la Tierra y tarda apenas 7,5 horas en dar una vuelta completa sobre sí mismo. El diámetro del asteroide es de 900 metros, una estimación que coincide con las observaciones realizadas desde la superficie y que tendrá que ser confirmada cuando la sonda japonesa llegue finalmente a su destino.
Los investigadores japoneses que coordinan la misión —una de las más destacadas de 2018— aseguran que la forma de Ryugu es similar a la de una peonza, un objeto llamado "Coma" en el país nipón. Sin embargo, hay quien le ha sacado otras semejanzas. El astrónomo amateur y escritor Daniel Fischer ha señalado, tras ver las fotografías tomadas por el instrumento ONC-T, que el asteroide se parece a un cubo Borg, las gigantescas y poderosas naves de ficción del universo de Star Trek.
"Cuando vi estas imágenes, me sorprendió que Ryugu sea tan parecido en cuanto a su forma a los destinos de la misión estadounidense de OSIRIS-Rex, el asteroide Bennu, y el objetivo de la misión candidata propuesta por Europa MarcoPolo-R, el asteroide 2008 EVS", explica en un comunicado Makoto Yoshikawa, jefe de la misión. Estos cuerpos rocosos, sin embargo, son bastante más pequeños —una octava parte que el asteroide que estudiará Hayabusa 2— y rotan de forma más rápida. "Los asteroides que hemos explorado han tenido formas muy diferentes; hasta la fecha, Bennu y Ryugu podrían ser los primeros asteroides similares que hayamos examinado", apunta.
Si las imágenes de Ryugu coinciden con la realidad —algo que sabremos en los próximos días, a medida que la misión vaya aproximándose a su destino y las fotografías tengan más nitidez—, la exploración podría ser más sencilla de lo que se creía. El motivo es que la apariencia del asteroide podría conocerse de un solo vistazo en el caso de que el eje de rotación fuera similar a la dirección vertical que aparenta tener en las instantáneas. En los próximos días, Hayabusa 2 se encontrará finalmente con Ryugu y explorará en detalle los lugares donde se situarán tanto el aterrizador (lander) como los róvers que porta consigo.
hipertextual
- Es la tercera vez que se descubre un asteroide poco antes de que choque contra la Tierra.
- El asteroide 2018 LA se desintegró sobre el sur de África tras entrar en la atmósfera a una velocidad de 17 kilómetros por segundo.
El pasado sábado 2 de junio, un equipo de investigadores de la Universidad de Arizona observó un pequeño asteroide poco antes de su impacto contra la atmósfera de la Tierra. El descubrimiento del Catalina Sky Survey, un programa financiado por la NASA, se realizó ocho horas y media antes de que el pequeño objeto alcanzara nuestro planeta, según confirmó la Agencia Espacial Europea (ESA, en inglés). Esta es la tercera vez que se halla un objeto rocoso de este tipo en las horas previas a su entrada en la atmósfera, lo que demuestra el peligro que suponen los asteroides y su hipotética colisión contra la Tierra.
El asteroide 2018 LA, de apenas tres metros de diámetro, se desintegró tras su entrada en la atmósfera sobre el sur de África
Las primeras informaciones apuntan que el pequeño asteroide se habría desintegrado por completo tras entrar en la atmósfera, por lo que no ha supuesto un peligro real para el planeta. Las reducidas dimensiones del objeto, que contaría con un diámetro de entre dos y cinco metros, habrían provocado que se incendiara en su totalidad durante la entrada atmosférica. El asteroide, bautizado inicialmente como ZLAF9B2, ha recibido el nombre de 2018 LA por parte de la agencia espacial norteamericana. La NASA ha confirmado que no hubo tiempo para calcular de forma detallada la trayectoria del cuerpo rocoso, que se habría desintegrado por completo sobre Botsuana a las 16:44 h UTC.
Según ha explicado la NASA, el asteroide 2018 LA habría entrado en la atmósfera a una velocidad de 17 kilómetros por segundo, quemándose en su totalidad a cincuenta kilómetros de altura sobre la superficie. La desintegración del objeto ZLAF9B2 fue captada por una cámara y por varios observadores de esta región del sur de África, que vieron cómo el bólido se incendiaba provocando un destello de luz en el cielo. Su impacto contra el planeta no provocó daños materiales ni personales, pero sí sirve para probar la necesidad de investigar este tipo de asteroides próximos a la Tierra. En las horas posteriores a su entrada, científicos italianos del centro de coordinación de la ESA han trabajado en el análisis de su trayectoria, características físicas y observaciones del impacto del cuerpo 2018 LA.
"Es la tercera vez que se descubre que un asteroide está en una trayectoria de impacto", destaca en el comunicado Paul Chodas, jefe del Center for Near-Earth Object Studies (CNEOS) de la NASA. La primera vez que se observó un objeto rocoso con dirección a la Tierra fue en octubre de 2008, cuando el asteroide 2008 TC3 fue observado diecinueve horas antes de su impacto. Este margen de tiempo permitió a los científicos y a los aficionados que calculasen con precisión la trayectoria del cuerpo, que con cuatro metros de tamaño era algo mayor que el recientemente desintegrado asteroide ZLAF9B2. La segunda ocasión en la que se logró predecir un impacto fue a principios de 2014. Unas horas antes de Año Nuevo se vio que el asteroide 2014 AA iba a entrar en la atmósfera terrestre sobre el océano Atlántico. Curiosamente, los tres objetos fueron descubiertos por el mismo observador, Richard Kowalski, dentro del programa Catalina Sky Survey.
Dado el peligro que suponen los objetos próximos a la Tierra (bautizados en inglés como Near Earth Objects o NEO), diversas iniciativas en todo el mundo abogan por vigilar su trayectoria y estar preparados por si en un hipotético futuro hubiera que desviar un asteroide potencialmente peligroso. Las propias Naciones Unidas aprobaron en 2016 la conmemoración del Día Internacional de los Asteroides cada 30 de junio, con el fin de recordar el choque del bólido de Tunguska en Siberia y aumentar la conciencia de la sociedad sobre los riesgos del peligro de impacto de los asteroides.
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- Descubren un asteroide exiliado rico en carbono en el cinturón de Kuiper.
- La investigación apoya la hipótesis de que los comienzos del sistema solar fueron realmente turbulentos.
Un equipo de astrónomos ha descubierto un sorprendente asteroide, llamado 2004 EW95, situado en los confines del sistema solar. Este cuerpo se halla en el cinturón de Kuiper, más allá de Neptuno, y presenta una composición rica en carbono. Sus resultados, publicados en la revista The Astrophysical Journal Letters, sugieren que el asteroide pudo originarse en el interior del sistema solar, en el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter, para ser luego expulsado a miles de millones de kilómetros de su lugar de nacimiento.
El descubrimiento del asteroide exiliado apoya la hipótesis de que el comienzo del sistema solar fue turbulento
El descubrimiento de este asteroide exiliado apoya la idea de que los comienzos del sistema solar fueron tiempos realmente turbulentos. Según algunas hipótesis, una vez que se formaron los gigantes gaseosos, el sistema solar expulsó pequeños cuerpos rocosos desde su interior hacia órbitas remotas a grandes distancias de nuestra estrella, en particular, en dirección a la nube de Oort y el cinturón de Kuiper. De ser ciertos estos modelos, una pequeña fracción de los objetos de estas regiones presentarían carbono o alguno de sus compuestos, en otras palabras, se trataría de asteroides carbonáceos.
2004 EW95, que presenta un tamaño de 300 kilómetros, se sitúa a 4.000 millones de kilómetros de la Tierra. La investigación de este objeto, que ha sido posible gracias al uso de instrumentos del Very Large Telescope (VLT), ha permitido determinar que cuenta con una superficie oscura y rica en carbono. Es decir, el sorprendente cuerpo parece ser efectivamente un asteroide carbonáceo, a tenor de las observaciones realizadas, que apuntan a la existencia de óxidos férricos y filosilicatos en su composición química. El análisis obtenido de 2004 EW95 muestra que es muy distinto al espectro de otros pequeños objetos parecidos localizados en el cinturón de Kuiper.
Crédito: ESO/L. Calçada
"Dada la ubicación actual de 2004 EW95, en la helada periferia del sistema solar, se deduce que ha sido expulsado hacia su órbita actual por un planeta migratorio en los primeros días del sistema solar", explica Tom Seccull, autor del estudio y miembro del Centro de Investigación en Astrofísica de la Universidad de la Reina de Belfast (Reino Unido). "Si bien ha habido informes anteriores de otros espectros 'atípicos' de objetos del cinturón de Kuiper, ninguno se había confirmado hasta ahora con este nivel de calidad", añade el astrónomo Olivier Hainaut, del Observatorio Europeo Austral (ESO, por sus siglas en inglés), que no ha participado en la investigación.
El hallazgo ha sido posible gracias al uso del observatorio astronómico de luz visible más avanzado del mundo
El descubrimiento de un asteroide carbonáceo como 2004 EW95 supone una verificación importante de las predicciones realizadas hasta la fecha sobre la evolución del sistema solar en sus etapas tempranas. La utilización del Very Large Telescope, situado en el chileno Cerro Paranal, también permitió recientemente el hallazgo de un exoplaneta, es decir, un mundo fuera del sistema solar, que aparentemente está libre de nubes. Su aplicación también ha brindado nuevas pistas sobre cómo pudo ser el sistema solar hace miles de millones de años, demostrando la capacidad del observatorio astronómico de luz visible más avanzado del mundo.
hipertextual
Su impacto habría liberado energía suficiente como para destruir una gran ciudad y toda su áres metropolitana
Sin que nadie se diera cuenta de ello, un asteroide de entre 48 y 110 metros, con suficiente potencial destructivo como para arrasar una gran ciudad y sus alrededores, pasó «rozando» la Tierra el pasado domingo. Los astrónomos encargados de vigilar estos peligrosos objetos celestes no lo detectaron hasta varias horas después de su paso, cuando la roca ya se alejaba de nuestro planeta.
El asteroide, bautizado como 2018 GE3, pasó inadvertido durante toda su aproximación a la Tierra y, según una nota aparecida en Earthsky.org, logró acercarse sin ser visto hasta una distancia de apenas 192.000 km de nuestro planeta, menos de la mitad de la que nos separa de la Luna. Por cierto, después de su acercamiento máximo a nosotros, el asteroide también «visitó» nuestro satélite antes de continuar con su viaje orbital alrededor del Sol. A una velocidad de 106.497 kilómetros por hora, el asteroide tardó menos de dos horas en llegar hasta la Luna.
Una vez detecado, se pudo comprobar que 2018 GE3 tiene un diámetro seis veces superior que el célebre meteorito de Cheliabinsk, que en 2013 explotó por sorpresa sobre la localidad rusa que le dio su nombre y cuya onda expansiva provocó más de 1.500 heridos.
Capaz de causar daños regionales
Si el asteroide hubiera entrado en nuestra atmósfera, una gran parte de su masa se habría desintegrado debido a la fricción con el aire. Sin embargo, y debido a su tamaño, una parte de 2018 GE3 podría haber llegado a la superficie de la Tierra. Se calcula que un asteroide de esa magnitud es capaz de causar «daño regional» (lo que implica la completa destrucción de una gran ciudad más toda su área metropolitana), dependiendo de varios factores como la composición, la velocidad, el ángulo de entrada y la ubicación del impacto.
No es la primera vez que sucede algo así. Más a menudo de lo que a los astrónomos les gustaría, en efecto, un buen número de asteroides rozan o atraviesan directamente nuestra atmósfera sin que nadie haya podido detectarlos.
Un buen ejemplo de ello fue el anuncio, en 2014, de que los científicos habían descubierto «a toro pasado», hasta 26 impactos de asteroides más potentes que una bomba atómica desde el año 2000. Y lo más sorprendente es que lo hicieron revisando los datos de la Organización del Tratado de Prohibición de Pruebas Nucleares, organismo que opera una red de sensores que monitorizan la Tierra 24 horas al día en busca de la «firma» infrasónica de una detonación nuclear. Es decir, que esos 26 violentos impactos pasaron totalmente inadvertidos. Nadie vio cómo esas rocas se acercaban y nadie se dio cuenta tampoco de que habían caído a la Tierra y explotado cada uno con la energía de una o varias bombas atómicas.
La mayoría de esas rocas espaciales, en efecto, explotan en las capas superiores de la atmósfera, o sobre una región desértica u oceánica, sin llegar a causar ningún daño y sin que ni siquiera nos demos cuenta de ello. Un buen trabajo, sin duda, de la atmósfera terrestre, que nos proteje de forma eficiente de muchos de estos eventos potencialmente destructivos.
Un análisis preliminar de la órbita de 2018 GE muestra que esta es la ocasión en que la roca ha pasado más cerca de la Tierra desde el año 1930.
ABC
En 2008 se encontró
un meteorito en el desierto de Nubia, en Sudán, con incrustaciones de
diamante. Ahora investigadores europeos han analizado sus cristales y
han comprobado que esa roca extraterrestre procede de un protoplaneta
con un tamaño superior a Mercurio que existió en el primitivo sistema
solar.
SINC
Los científicos suponen que en el sistema solar primitivo había decenas de protoplanetas, con un tamaño comprendido entre el de la Luna y Marte, que acabaron colisionando y formando los planetas rocosos del sistema solar, como el nuestro, mediante la acrección o acumulación de material.
Un tipo de meteorito llamado ureilita es un firme candidato para apoyar esta hipótesis, ya que se considera que procede de los desaparecidos protoplanetas, pero las muestras examinadas hasta la fecha no son concluyentes sobre ese remoto origen.
Sin embargo, ahora un equipo de investigadores europeos liderados por el profesor Farhang Nabiei de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (Suiza) ha analizado un meteorito ureilita especial, conocido como Almata Sitta. La roca es uno de los fragmentos que se recuperó en el desierto de Nubia tras la explosión de un pequeño asteroide sobre los cielos de esta región de Sudán en octubre de 2008.
Las conclusiones del estudio, que se publican esta semana en la revista Nature Communications, revelan que las incrustaciones de diamante que contiene el meteorito se originaron en un planeta perdido que circulaba por el sistema solar primitivo cuando este tenía unos 10 millones de años.
Embrión planetario
Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron los diminutos cristales de los diamantes mediante microscopía electrónica de transmisión, una técnica con la que han descubierto que esas piedras preciosas se tuvieron que formar a presiones muy altas.
Según los autores, estos hallazgos proporcionan una evidencia sobre la existencia de los grandes protoplanetas que constituyeron los bloques de construcción de los planetas terrestres que hoy vemos en el sistema solar, como la Tierra.
Un tipo de meteorito llamado ureilita es un firme candidato para apoyar esta hipótesis, ya que se considera que procede de los desaparecidos protoplanetas, pero las muestras examinadas hasta la fecha no son concluyentes sobre ese remoto origen.
Sin embargo, ahora un equipo de investigadores europeos liderados por el profesor Farhang Nabiei de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (Suiza) ha analizado un meteorito ureilita especial, conocido como Almata Sitta. La roca es uno de los fragmentos que se recuperó en el desierto de Nubia tras la explosión de un pequeño asteroide sobre los cielos de esta región de Sudán en octubre de 2008.
Las conclusiones del estudio, que se publican esta semana en la revista Nature Communications, revelan que las incrustaciones de diamante que contiene el meteorito se originaron en un planeta perdido que circulaba por el sistema solar primitivo cuando este tenía unos 10 millones de años.
Las incrustaciones de diamante del meteorito Almata Sitta se originaron a presiones altas en un protoplaneta del sistema solar primitivo
Embrión planetario
Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron los diminutos cristales de los diamantes mediante microscopía electrónica de transmisión, una técnica con la que han descubierto que esas piedras preciosas se tuvieron que formar a presiones muy altas.
“Descubrimos incrustaciones de cromita, fosfato, sulfuro de hierro y niquel dentro del diamante, con una composición y morfología que solo se pueden explicar si se formaron a presiones superiores a los 20 gigapascales”, explica Nabiei y su equipo, que añade: “Estas presiones indican que el cuerpo padre de esta ureilita fue un embrión planetario con un tamaño entre el de Mercurio y Marte”.
Según los autores, estos hallazgos proporcionan una evidencia sobre la existencia de los grandes protoplanetas que constituyeron los bloques de construcción de los planetas terrestres que hoy vemos en el sistema solar, como la Tierra.
Microfotografía electrónica y mapas de composición de las incrustaciones de diamante en la ureilita, donde se muestra el hierro (Fe) en azul y el azufre (S) en rojo. / Farhang Nabiei et al./Nature Communications
SINC
Detectado
el pasado octubre, los astrónomos han hecho público su retrato. Tiene
forma de extintor de incendios y el doble del tamaño de la Estatua de la
Libertad, pero resulta más familiar de lo que podríamos esperar
El pasado octubre, astrónomos de la Universidad de Hawái detectaban un objeto, probablemente un asteroide, mientras se alejaba del Sol. Por su órbita hiperbólica, se dieron cuenta de que se trataba de un cuerpo llegado de fuera del Sistema Solar, nuestro primer «visitante interestelar». Rápidamente, telescopios de todo el mundo apuntaron al «intruso» para poder saber más sobre su procedencia y composición. Un mes después, los astrónomos ya tienen su retrato y le han puesto nombre: Oumuamua («mensajero de lejos que llega primero», en hawaiano).
U1,
a su paso a través del Sistema Solar en imágenes tomadas con el
telescopio WIYN . Las rayas débiles son estrellas de fondo. Los círculos
verdes resaltan la posición de U1 , aproximadamente 10 millones de
veces más débil que las estrellas más débiles visibles a simple vista - R. Kotulla (University of Wisconsin) & WIYN/NOAO/AURA/NSF
Los telescopios WIYN en el Observatorio Nacional Kitt Peak y el Óptico Nórdico en Las Palmas tomaron imágenes del objeto, denominado 1I /2017 U1 por la Unión Astronómica Internacional (IAU), durante cinco noches. A pesar de proceder de otro lugar de la galaxia, el «extranjero» resultó bastante familiar a los científicos. Su tamaño, rotación y color eran similares a los de asteroides en nuestro Sistema Solar.
Exterior del telescopio WIYN - NOAO/AURA/NSFLa roca parecía ligeramente roja y su brillo variaba con un período de 8 horas. A partir de su brillo cambiante, el equipo dedujo que U1 es muy alargado con dimensiones aproximadas de 30m x 30 m x 180 m, unas dos veces la altura de la Estatua de la Libertad. «Su forma es similar a la de un extintor de incendios, aunque U1 no es tan rojo», dice David Jewitt, de la Universidad de California en Los Ángeles.
«Con una forma tan alargada, U1 probablemente necesite una pequeña fuerza cohesiva para mantenerse unido. Pero eso no es realmente inusual», señala Jayadev Rajagopal, del Observatorio Nacional de Astronomía Óptica. «Lo más notable de U1 es, a excepción de su forma, que es familiar y físicamente nada especial», subraya.
Oumuamua hizo su recorrido más cercano al Sol el 9 de septiembre. Después dio un giro brusco, pasando bajo la órbita de la Tierra el 14 de octubre a una distancia de unos 24 millones de km, aproximadamente 60 veces la distancia a la Luna. Después, volvió a dispararse hacia el sistema solar exterior a 44 km por segundo.
Nuestra propia historia
Los astrónomos reconocen en U1 un posible primo cercano de los asteroides y cometas que se cree que fueron lanzados desde nuestro propio Sistema Solar en sus orígenes. Cuando los planetas gigantes se formaron, empujaron los asteroides y los cometas sobrantes en órbitas cada vez más excéntricas. Algunos asteroides y cometas impactaron en los planetas interiores dejando cráteres. Se cree que otros fueron expulsados del Sistema Solar por completo.
Las superficies marcadas con viruela del Sistema Solar interior ayudan a verificar esta historia. Sin embargo, no ha habido evidencia directa hasta la fecha de que los cometas y asteroides fueran expulsados del Sistema Solar. Si los planetas se forman alrededor de otras estrellas de la misma manera que en nuestro Sistema Solar, muchos objetos del tamaño de U1 también habrían sido expulsados en el proceso. «U1 puede proporcionar la primera evidencia directa de que los sistemas planetarios alrededor de otras estrellas expulsaron objetos a medida que se formaron», concluye Rajagopal.
¿Hay otros por ahí?
Aunque nunca volveremos a ver a Oumuamua después de que abandone el Sistema Solar, los astrónomos esperan poder estudiar otros intrusos interestelares. Ahora que se cree que la mayoría de las estrellas albergan sistemas planetarios, los cuerpos eyectados deberían ser comunes en la galaxia.
Esa perspectiva sugiere que nuestro Sistema Solar puede, de hecho, estar inundado de intrusos interestelares que pasan sin ser detectados. Los autores estiman que, según las propiedades de U1, hay aproximadamente 10.000 objetos del mismo tamaño más cercanos al Sol que Neptuno en un momento dado. «Cada uno recorre el Sistema Solar en aproximadamente 10 años», dice Jewitt, «y cada 10 años más o menos, tenemos un grupo completamente nuevo de estos objetos, algunos de los cuales podemos esperar ver».
Futuros rastreos diseñados para detectar objetos en movimiento probablemente descubrirán más de estos «visitantes», dando a los astrónomos más oportunidades para estudiar objetos de más allá del Sistema Solar.
Un nuevo objeto, un nuevo nombre
Cuando el «intruso» fue descubierto a 30 millones de km de la Tierra, los astrónomos lo clasificaron inicialmente como un cometa (C / 2017 U1) y más tarde como un asteroide (A / 2017 U1). Sin embargo, otras observaciones indicaron que debido a su órbita hiperbólica y su alta excentricidad, el objeto nunca estuvo ligado gravitacionalmente al Sistema Solar. Era algo nunca visto, un «asteroide interestelar». Como el nuevo objeto no encajaba en ninguno de los esquemas de designación existentes de la IAU, era necesario definir uno nuevo. De esta forma se adoptó un esquema de designación similar al utilizado para cometas y asteroides (que se caracteriza por las letras «C» y «A» respectivamente), utilizando la letra «I» que significa «interestelar». El Comité Ejecutivo de la IAU aprobó la propuesta en menos de 24 horas y el nuevo objeto ahora se conoce oficialmente como 1I / 2017 U1. Además de la designación técnica, el nuevo objeto también ha sido bautizado como Oumuamua, que en hawaiano significa «mensajero de lejos que llega primero», lo que refleja bastante apropiadamente la naturaleza del objeto y su descubrimiento.
El primer visitante interestelar gira fuera de control por un choque brutal
¿Es el asteroide Oumuamua una nave extraterrestre? Se va a comprobar
Antes
de entrar en el Sistema Solar, la roca con forma de pepino ha estado
dando vueltas por el espacio durante miles de millones de años a causa
de un pasado violento
El pasado octubre fue detectado paseándose por el Sistema Solar Oumuamua, nuestro primer visitante interestelar. Originalmente se pensó que era un cometa, luego incluso se sospechó que podía ser un objeto artificial creado por otra civilización (se buscaron, sin resultado, señales de radio) y finalmente se descubrió que se trataba de un asteroide con una curiosa forma de pepino. Ahora, un equipo internacional de investigadores ha sido capaz de reconstruir el violento pasado de esta misteriosa roca.
Resulta que Oumuamua no gira periódicamente como la mayoría de los pequeños asteroides y cuerpos que vemos en nuestro Sistema Solar. Lo que hace es girar caóticamente, probablemente desde hace muchos miles de millones de años.
Aunque es difícil precisar el motivo, los científicos creen que Oumuamua impactó con otro asteroide antes de ser expulsado ferozmente de su sistema hacia el espacio interestelar. «Nuestro modelado sugiere que la caída de este cuerpo durará muchos cientos o miles de millones de años antes de que las tensiones internas provoquen que vuelva a girar normalmente», explica Wes Fraser, de la Escuela de Matemáticas y Física de la Universidad de Belfast.
Hasta ahora, los científicos estaban perplejos porque el color de Oumuamua variaba según las mediciones. Sin embargo, la investigación de Fraser ha revelado que la superficie del objeto es irregular y que cuando la cara larga con forma de pepino miraba hacia los telescopios en la Tierra era en gran parte roja, pero el resto del cuerpo era de color neutro, como nieve sucia.
«La mayor parte de la superficie se refleja de forma neutral, pero una de sus caras largas tiene una gran región roja. Esto aboga por amplias variaciones de composición, lo cual es inusual para un cuerpo tan pequeño», señala Fraser.
Los hallazgos de la investigación, que se han publicado en la revista «Nature Astronomy», han ayudado a construir un perfil más preciso de Oumuamua. «Ahora sabemos que más allá de su inusual forma alargada, este pepino espacial tiene sus orígenes alrededor de otra estrella, ha tenido un pasado violento y se tambalea caóticamente por eso. Nuestros resultados realmente están ayudando a pintar una imagen más completa de este extraño intruso interestelar. Es bastante inusual en comparación con la mayoría de los asteroides y cometas que vemos en nuestro propio Sistema Solar», comenta el científico. Seguramente, esta roca dirá más cosas sobre sí misma en el futuro.
ABC
- El asteroide 2018 CB fue descubierto el pasado 4 de febrero.
- El objeto, que cuenta con un tamaño de entre 15 y 40 metros, pasará a un quinto de la distancia que separa la Tierra de la Luna.
El asteroide 2018 CB pasará muy cerca de la Tierra el próximo viernes 9 de febrero a las 17:30 h ET, cuando el objeto rocoso se situará a 64.000 kilómetros de nuestro planeta, es decir, una quinta parte de la distancia que nos separa de la Luna. Los científicos descubrieron su existencia el pasado 4 de febrero gracias al Catalina Sky Survey, la campaña de observación de la NASA que se realiza desde Tucson (Arizona, Estados Unidos). El asteroide, descubierto el pasado 4 de febrero, no supone ningún peligro para la Tierra
Las primeras estimaciones apuntan que el asteroide podría tener un tamaño de entre 15 y 40 metros. "Aunque 2018 CB es bastante pequeño, podría ser más grande que el asteroide que entró en la atmósfera sobre Chelyabinsk, Rusia, hace casi exactamente cinco años, en 2013", explica Paul Chodas, gerente del Centro de Estudios de Objetos cercanos a la Tierra de la NASA.
"Los asteroides de este tamaño no suelen aproximarse tan cerca de nuestro planeta, tal vez solo una o dos veces al año", sostiene Chodas en un comunicado difundido por la agencia espacial norteamericana. A pesar de que el asteroide 2018 CB pasará muy cerca de la Tierra, su aproximación no supone ningún peligro para nuestro planeta, según ha confirmado la propia NASA.
No es el único objeto descubierto en los últimos días por el Catalina Sky Survey. El telescopio de Arizona también detectó el asteroide 2018 CC, que pasó cerca de la Tierra el pasado martes 6 de febrero a las 15:10 h PM. Fue entonces cuando este cuerpo rocoso, cuyas dimensiones aproximadas eran de entre 15 y 30 metros, se localizó a 184.000 kilómetros de nuestro planeta, sin representar ningún problema para la Tierra.
NASA/JPL Caltech (Wikimedia)
Desviar asteroides que puedan suponer un peligro
Aunque ni 2018 CB ni 2018 CC vayan a chocar contra la Tierra, numerosos investigadores trabajan en la actualidad para que la humanidad esté preparada ante el posible peligro del impacto de un asteroide. "Depende del diámetro pero pequeños objetos de pocas decenas de metros chocan cada siglo", explicó a Hipertextual el Dr. Josep M. Trigo, investigador principal del grupo de meteoritos, cuerpos menores y ciencias planetarias del Instituto de Ciencias del Espacio (CSIC-IEEC). Diversas iniciativas trabajan para poder desviar un asteroide en el hipotético caso de una colisión futura
Diversas instituciones, entre ellas la propia NASA, están estudiando la posibilidad de desviar un asteroide en el hipotético caso de que un cuerpo rocoso de este tipo pudiera representar una amenaza para la Tierra. Tan importante y relevante son estas actividades científicas que Naciones Unidas declaró el 30 de junio como Día del Asteroide para concienciar sobre los peligros de una hipotética colisión.
hipertextual
El meteorito impactó a
ocho kilómetros de una pequeña población de Míchigan, Estados Unidos,
creando un pequeño sismo de intensidad 2. La bola de fuego fue grabada
por varias cámaras.
En la noche de este pasado martes, los cielos de Michigan (EE.UU.) se iluminaban bajo una espectacular bola de fuego. Segundos después, el temblor se dejaba sentir por todo el suelo de la región. El meteorito, según confirmaba el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS por sus siglas en inglés), tocaba tierra sobre las 20.09 hora local (01.09 GMT) provocando un pequeño temblor.
Terremoto de intensidad 2
A las ocho de la tarde, el suelo del oeste de Estados Unidos temblaba ligeramente con un pequeño sismo de intensidad 2. No es mucho, y sentir terremotos de semejante intensidad es bastante común.
Sin embargo, lo inusual del caso es su origen: el meteorito que segundos antes iluminaba los cielos de Toledo y Detroit. Según los testigos (y tal y como se puede ver en los vídeos capturados), el meteorito estalló en una bola de fuego momentos antes de impactar.
Según el USGS, el impacto tuvo lugar a unos ocho kilómetros al oeste-suroeste de la localidad de New Haven. Esta pequeña población cuenta con unos pocos miles de habitantes. Por el momento, las autoridades no han informado de ningún tipo de daño, ni material ni personal.
Meteorito, que no meteoro
A diferencia de los meteoros, los meteoritos sí que caen a la tierra, mientras que los primeros se desintegran en su entrada atmosférica. Este, como hemos comprobado, ha llegado a golpear la superficie terrestre con cierta magnitud. Y, ¿de dónde venía?
Todavía parece pronto para estimarlo. Sí que sabemos que este enero es un momento de intensa actividad astronómica, y no solo por la Luna. Los cielos están cargados de meteoros ya que es un periodo en el que las ursidas mayores y las leónidas menores, junto con las córvidas eta, se combinan en los cielos.
Estos tres fenómenos solo hacen referencia a polvo y focos celestes de meteoros. ¿Proviene este meteorito de alguno de estos cúmulos? No lo sabemos. ¿Habrá más como el mismo? Tampoco lo podemos conocer. Pero con casi total probabilidad este ha sido, simplemente, un caso excepcional, en todos los sentidos.
hipertextual
En la noche de este pasado martes, los cielos de Michigan (EE.UU.) se iluminaban bajo una espectacular bola de fuego. Segundos después, el temblor se dejaba sentir por todo el suelo de la región. El meteorito, según confirmaba el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS por sus siglas en inglés), tocaba tierra sobre las 20.09 hora local (01.09 GMT) provocando un pequeño temblor.
Terremoto de intensidad 2
A las ocho de la tarde, el suelo del oeste de Estados Unidos temblaba ligeramente con un pequeño sismo de intensidad 2. No es mucho, y sentir terremotos de semejante intensidad es bastante común.
Sin embargo, lo inusual del caso es su origen: el meteorito que segundos antes iluminaba los cielos de Toledo y Detroit. Según los testigos (y tal y como se puede ver en los vídeos capturados), el meteorito estalló en una bola de fuego momentos antes de impactar.
Según el USGS, el impacto tuvo lugar a unos ocho kilómetros al oeste-suroeste de la localidad de New Haven. Esta pequeña población cuenta con unos pocos miles de habitantes. Por el momento, las autoridades no han informado de ningún tipo de daño, ni material ni personal.
Meteorito, que no meteoro
A diferencia de los meteoros, los meteoritos sí que caen a la tierra
A diferencia de los meteoros, los meteoritos sí que caen a la tierra, mientras que los primeros se desintegran en su entrada atmosférica. Este, como hemos comprobado, ha llegado a golpear la superficie terrestre con cierta magnitud. Y, ¿de dónde venía?
Todavía parece pronto para estimarlo. Sí que sabemos que este enero es un momento de intensa actividad astronómica, y no solo por la Luna. Los cielos están cargados de meteoros ya que es un periodo en el que las ursidas mayores y las leónidas menores, junto con las córvidas eta, se combinan en los cielos.
Estos tres fenómenos solo hacen referencia a polvo y focos celestes de meteoros. ¿Proviene este meteorito de alguno de estos cúmulos? No lo sabemos. ¿Habrá más como el mismo? Tampoco lo podemos conocer. Pero con casi total probabilidad este ha sido, simplemente, un caso excepcional, en todos los sentidos.
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Detectada el 25 de diciembre, la roca del tamaño de un autobús pasó rozando la Tierra este jueves
Los astrónomos no lo detectaron hasta la noche de Navidad, apenas tres días antes de que pasara "rozando" la Tierra. Si su trayectoria le hubiera llevado a chocar contra nosotros, nadie habría podido hacer nada por evitarlo.
Su escueto nombre es 2017 YZ4, y es solo uno de los 17.506 NEOs conocidos (Objetos Cercanos a la Tierra) que "zumban" continuamente alrededor de nuestro mundo. Eso sí, este vagabundo espacial en concreto no fue localizado hasta el pasado 25 de diciembre por científicos del Observatorio de Vigilancia del Monte Lemmon, en Arizona. Y cuando lo vieron por primera vez, ya lo teníamos encima.
2017 YZ4 tiene unos 15 metros de longitud, más o menos el tamaño de un autobús, y pasó junto a nosotros, a solo 224.000 km. de distancia (más cerca de lo que está la Luna) el 28 de diciembre. Toda una "inocentada cósmica".
La roca se mueve a una velocidad de 34.000 km. por hora, 16 veces más deprisa que una bala (solo tardaría unos diez minutos en cubrir la distancia entre Londres y Nueva York), y si hubiera caído en una zona poblada habría podido causar serios daños. Como mínimo, parecidos a los que provocó el meteorito de Chelyabinsk, que en febrero de 2013 estalló justo encima de esa localidad rusa causando más de mil heridos.
"Se trata -afirma Lindley Johnson, oficial de Defensa Planetaria de la NASA en Washington- del primer asteroide, que sepamos, que roza la Tierra a una distancia inferior a la de la Luna desde los dos que pasaron, con solo media hora de intervalo, el pasado 21 de noviembre".
Pero no es un caso aislado. En efecto, 2017 YZ4 es solo uno de los 52 asteroides que nos han visitado, solo durante este año, a una distancia inferior a la de la Luna.
"A 25 de diciembre -explica Johnson a la revista Newsweek-, había 17.506 NEOs en órbita alrededor del Sol capaces de acercarse a nuestro planeta: 17.400 de ellos son asteroides y 106, cometas".
Aunque pueden parecer muchos, los astrónomos creen que la cifra apenas representa un pequeño porcentaje de los NEOs que, efectivamente, están "ahí fuera". La prueba es el enorme número de ellos que pasan a engrosar, cada año, la lista. En palabras de Johnson, "solo este año, hemos descubierto 1.966 nuevos Objetos Cercanos a la Tierra. En 2016 descubrimos 1.887 y, en 2015, otros 1.566".
Una pesadilla
"Los asteroides cercanos a la Tierra nunca son 'nuevos' -afirma Johnson-. Han estado allí durante muchos milenios, aunque todavía no los hemos descubierto todos". Los que conocemos, según el científico, solo son la punta del iceberg.
Si 2017 YZ4 hubiera tenido un rumbo de colisión, solo habríamos tenido unas cuantas horas para reaccionar. Esa es la "pesadilla" con la que conviven a diario el cada vez mayor número de investigadores que escrutan el cielo en busca de posibles amenazas.
La tecnología actual permite detectar con tiempo suficiente (años, incluso décadas), a los asteroides peligrosos más grandes, los que tienen varios km. de longitud y que serían capaces de causar la extinción de la vida en la Tierra. El verdadero problema, sin embargo, está en los más pequeños, los que tienen menos de 50 metros, que son mucho más abundantes y que tienen el potencial suficiente para reducir a cenizas una ciudad entera.
ABC
A medida que analizamos
el fugaz encuentro con 'Oumuamua más aprendemos de este visitante: una
capa de color rojo oscuro y medio metro de materia orgánica recubriría
su corazón helado, rico en agua.
Hace algo más de un mes nos topamos con la primera evidencia de un cometa interestelar que cruzaba nuestro espacio para desaparecer poco después camino al vacío. Este objeto alargado y extraño fue bautizado como 'Oumuamua y, a medida que avanzamos los análisis lo tenemos más claro: este cometa es único. El último descubrimiento es su capa protectora exterior.
Bañado por los rayos cósmicos
'Oumuamua ha pasado muchísimo tiempo viajando por el espacio. De hecho, no sabemos cuánto, pero está claro que han sido millones de años. Y, al contrario de lo que ocurre con nuestro planeta, su superficie no está protegida por una atmósfera. Esto quiere decir que los rayos cósmicos de cientos de miles de estrellas, explosiones estelares y otros fenómenos astronómicos llevan una eternidad bañando su superficie.
Según un reciente estudio publicado en Nature Astronomy, la exposición a largo plazo a los rayos cósmicos ha creado una capa aislante rica en materia orgánica en su superficie. Esta capa podría haber sido la razón de que el interior rico en hielo de 'Oumuamua no fuera vaporizado durante su paso cerca de nuestro Sol.

Recordemos que el cometa entró en nuestro sistema a todas luces desde un punto exterior, un plano casi perpendicular a la órbita de nuestros vecinos planetarios. La atracción gravitatoria del Sol "capturó" este cuerpo cuando pasó muy cerca a él y lo lanzó, de nuevo, hacia el espacio, donde a estas alturas seguirá su largo viaje hacia los confines del universo.
Según los primeros análisis, 'Oumuamua podría haberse formado originalmente en cúmulos de estrellas situadas en las constelaciones de Carina o Columba. Y esto lo deducimos por su dirección y su velocidad, ya que durante muchos millones de años después de aparecer, este tipo de objetos la conservan como si fuera una marca de donde se originaron.
Roja y orgánica
Según los análisis posteriores, 'Oumuamua presentaba una forma alargada de unos 400 metros. Probablemente su color era rojo oscuro, bastante denso y con poco hielo en su interior. Y esta densidad, muestran los últimos análisis, se deberían a su capa protectora externa, formada por compuestos orgánicos que habrían protegido su interior helado.
Los investigadores obtuvieron un espectro completo de las longitudes de onda visibles e infrarrojas cercanas, entre 0.3-1.8 μm de longitud de onda, para determinar su composición. Al parecer, existen diferencias de composición entre las distintas partes de la superficie de 'Oumuamua, que serían similares a las de otros cuerpos pequeños del sistema solar cubiertos con hielo rico en carbono.
Estos sufren cambios en su estructura debido a la exposición a los rayos cósmicos. Y, según el modelo desarrollado por el equipo, un manto de material rico en materia orgánica de medio metro de espesor podría haber protegido la evaporación del interior del cometa, compuesto por hielo rico en agua, probablemente.
'Oumuamua se llamaba C/2017 U1
El pasado dieciocho de octubre, el telescopio Pan-STARRS indentificaba un cuerpo muy oscuro que se acercaba rápidamente. Durante casi seis días se observó este cuerpo con una gran fascinación ya que su dirección eran del todo extraña: perpendicular a los planos de giro de los planetas del sistema solar. Todo indicaba que estábamos ante algo inusual.
Así, el cometa llegaba, daba la vuelta y se marchaba en una cerradísimas elipsis, usando nuestro sistema para dar un violento giro. Poco después las observaciones confirmaban algo que llevábamos años esperando: acabamos de captar un exocometa. Esto es increíble porque es el primer cuerpo procedente de otros sistema que hemos visto y registrado sin lugar a dudas.
A este cometa se le llamó C/2017 U1, en un primer momento, siguiendo la costumbre vigente de nomenclatura de cuerpos celestes en el telescopio. Poco después, sin embargo, semejante encuentro tuvo que ser bautizado. ¡No podía ser menos! C/2017 U1 pasó a llamarse 1I/'Oumuamua, que significa en hawaiano, en una traducción un poco libre, "mensajero" o "explorador" (o más concretamente, “llegar desde lejos”).
Un nombre dado un poco a la ligera, pero abrazado con placer por los astrónomos, y con la venia de la Unión Astronómica Internacional. Y mientras 'Oumuamua sigue su periplo espacial, nosotros seguimos analizando toda la información que pudimos hallar de aquel fugaz encuentro. ¿La razón? Este visitante podría ayudarnos a comprender mejor qué hay ahí fuera. O, incluso, cómo se forma lo que conocemos en nuestro propio sistema.
hipertextual
Hace algo más de un mes nos topamos con la primera evidencia de un cometa interestelar que cruzaba nuestro espacio para desaparecer poco después camino al vacío. Este objeto alargado y extraño fue bautizado como 'Oumuamua y, a medida que avanzamos los análisis lo tenemos más claro: este cometa es único. El último descubrimiento es su capa protectora exterior.
Bañado por los rayos cósmicos
'Oumuamua ha pasado muchísimo tiempo viajando por el espacio. De hecho, no sabemos cuánto, pero está claro que han sido millones de años. Y, al contrario de lo que ocurre con nuestro planeta, su superficie no está protegida por una atmósfera. Esto quiere decir que los rayos cósmicos de cientos de miles de estrellas, explosiones estelares y otros fenómenos astronómicos llevan una eternidad bañando su superficie.
Según un reciente estudio publicado en Nature Astronomy, la exposición a largo plazo a los rayos cósmicos ha creado una capa aislante rica en materia orgánica en su superficie. Esta capa podría haber sido la razón de que el interior rico en hielo de 'Oumuamua no fuera vaporizado durante su paso cerca de nuestro Sol.

Recordemos que el cometa entró en nuestro sistema a todas luces desde un punto exterior, un plano casi perpendicular a la órbita de nuestros vecinos planetarios. La atracción gravitatoria del Sol "capturó" este cuerpo cuando pasó muy cerca a él y lo lanzó, de nuevo, hacia el espacio, donde a estas alturas seguirá su largo viaje hacia los confines del universo.
Según los primeros análisis, 'Oumuamua podría haberse formado originalmente en cúmulos de estrellas situadas en las constelaciones de Carina o Columba. Y esto lo deducimos por su dirección y su velocidad, ya que durante muchos millones de años después de aparecer, este tipo de objetos la conservan como si fuera una marca de donde se originaron.
Roja y orgánica
Un manto de material rico en materia orgánica de medio metro de espesor podría haber protegido la evaporación de su interior
Según los análisis posteriores, 'Oumuamua presentaba una forma alargada de unos 400 metros. Probablemente su color era rojo oscuro, bastante denso y con poco hielo en su interior. Y esta densidad, muestran los últimos análisis, se deberían a su capa protectora externa, formada por compuestos orgánicos que habrían protegido su interior helado.
Los investigadores obtuvieron un espectro completo de las longitudes de onda visibles e infrarrojas cercanas, entre 0.3-1.8 μm de longitud de onda, para determinar su composición. Al parecer, existen diferencias de composición entre las distintas partes de la superficie de 'Oumuamua, que serían similares a las de otros cuerpos pequeños del sistema solar cubiertos con hielo rico en carbono.
Estos sufren cambios en su estructura debido a la exposición a los rayos cósmicos. Y, según el modelo desarrollado por el equipo, un manto de material rico en materia orgánica de medio metro de espesor podría haber protegido la evaporación del interior del cometa, compuesto por hielo rico en agua, probablemente.
'Oumuamua se llamaba C/2017 U1
El pasado dieciocho de octubre, el telescopio Pan-STARRS indentificaba un cuerpo muy oscuro que se acercaba rápidamente. Durante casi seis días se observó este cuerpo con una gran fascinación ya que su dirección eran del todo extraña: perpendicular a los planos de giro de los planetas del sistema solar. Todo indicaba que estábamos ante algo inusual.
Así, el cometa llegaba, daba la vuelta y se marchaba en una cerradísimas elipsis, usando nuestro sistema para dar un violento giro. Poco después las observaciones confirmaban algo que llevábamos años esperando: acabamos de captar un exocometa. Esto es increíble porque es el primer cuerpo procedente de otros sistema que hemos visto y registrado sin lugar a dudas.
A este cometa se le llamó C/2017 U1, en un primer momento, siguiendo la costumbre vigente de nomenclatura de cuerpos celestes en el telescopio. Poco después, sin embargo, semejante encuentro tuvo que ser bautizado. ¡No podía ser menos! C/2017 U1 pasó a llamarse 1I/'Oumuamua, que significa en hawaiano, en una traducción un poco libre, "mensajero" o "explorador" (o más concretamente, “llegar desde lejos”).
Un nombre dado un poco a la ligera, pero abrazado con placer por los astrónomos, y con la venia de la Unión Astronómica Internacional. Y mientras 'Oumuamua sigue su periplo espacial, nosotros seguimos analizando toda la información que pudimos hallar de aquel fugaz encuentro. ¿La razón? Este visitante podría ayudarnos a comprender mejor qué hay ahí fuera. O, incluso, cómo se forma lo que conocemos en nuestro propio sistema.
hipertextual
Rocoso,
metálico y tan alargado como un puro, el extraño Oumuamua será
rastreado en busca de ondas de radio por si fuera un artefacto
alienígena
La primera visita conocida de un objeto interestelar supuso, hace apenas algunas semanas, un auténtico acontecimiento para los astrónomos de todo el mundo. El pasado 19 de octubre, en efecto, el telescopio Pan-STARRS1, en Hawái, localizaba un débil punto luminoso que se desplazaba a gran velocidad por el espacio, alejándose del Sol. Por su extraña órbita, pronto quedó claro que el cuerpo, probablemente un asteroide, procedía de más allá del Sistema Solar, y que había llegado hasta nosotros después de un largo viaje a través del espacio, quizá de millones de años de duración. Nunca antes los astrónomos de la Tierra habían visto algo semejante. Y ahora, un equipo de investigadores se pregunta si en realidad se trataba solo de una roca, un objeto natural, o si por el contrario existe alguna posibilidad de que hayamos asistido al paso de una nave construida por una lejana civilización extraterrestre.
En noviembre, los científicos pudieron describir con bastante detalle el objeto, bautizado con las siglas 1I/2017 U1 y conocido popularmente como Oumuamua («mensajero de lejos que llega primero», en hawaiano). Rocoso y metálico, mide 400 metros de largo, unas cuatro veces la altura de la Estatua de la Libertad, y tiene una curiosa forma alargada que recuerda a la de un puro. Las observaciones también revelaron que originalmente provenía de la dirección de Vega, la estrella más brillante en la constelación de Lyra. Su pase más cercano a nuestro Sol tuvo lugar en septiembre de 2017, y actualmente se aleja de nosotros, de regreso al espacio interestelar.
Sin embargo, desde el principio los científicos se dieron cuenta de que Oumuamua era un cuerpo peculiar. Tanto, que ya hay quien pretende llegar hasta él, interceptarlo y explorarlo más a fondo. Una hipotética misión, llamada Proyecto Lyra, fue presentada recientementew en ArXiv por la Iniciativa para Estudios Interestelares (i4iS), una organización formada por científicos e ingenieros que pretende impulsar los viajes espaciales a otros sistemas solares en el futuro cercano.
En busca de ondas de radio en Oumuamua
Pero hay quien ha ido, incluso, más allá. Como el millonario Yuri Milner, impulsor del ambicioso proyecto Starshot, parte del programa de investigación Breakthrough Listen, que con el respaldo del mismísimo Stephen Hawking pretende, entre otras cosas, construir un enjambre de micro naves capaces de llegar a Alpha Centauri, la estrella más próxima al Sol, a 4,3 años luz de distancia, en un viaje de apenas veinte años de duración. La cuestión es que Milner se está tomando muy en serio la posibilidad de que Oumuamua, el primer visitante llegado de fuera del Sistema Solar, sea en realidad una sofisticada nave espacial alienígena.
Milner, además, no es el único que piensa eso. En efecto, y poco después de reunirse con el director del Departamento de Astronomía de la Universidad de Harvard, Avi Loeb, Milner anunció que Breakthrough Listen utilizará su telescopio de Green Bank para comprobar si Oumuamua está emitiendo algun tipo de señal de radio, lo que revelaría que, en realidad, es mucho más que una simple roca espacial. Las observaciones con el telescopio tendrán lugar este mismo martes, a partir las 9 de la noche, hora de España.
¿Una sonda alienígena?
En un email enviado por Loeb a Milner y recogido por la revista Futurism, el astrónomo afirma que «cuanto más estudio este objeto, más extraño me parece, y me pregunto si podría tratarse de una sonda artificial enviada por una civilización alienígena».
Al principio, se creía que Oumuamua era un cometa, aunque la idea fue descartada casi de inmediato, ya que el objeto carecía por completo de una cola, o coma, hecha de material evaporado de su superficie. La forma del objeto, además, resulta muy extraña para un asteroide. De hecho, es mucho más largo que ancho, mientras que la mayoría de los asteroides conocidos tienen formas bastante más redondeadas.
Esta misma noche, pues, el telescopio de Green Bank observará, durante diez horas seguidas, a Oumuamua, que en estos momentos está ya saliendo de nuestro Sistema Solar, y tratará de interceptar algún tipo de señal de radio o emisión emitida por el objeto. Los propios investigadores admiten que la probabilidad de que se trate de algo más que una simple roca es muy pequeña, aunque consideran que no es imposible. En cualquier caso la respuesta, tras el análisis de los datos, podría estar disponible dentro de apenas unos días...
ABC
El VLT revela un objeto rojo oscuro y muy alargado
Por primera vez los astrónomos han estudiado un asteroide que ha entrado en el Sistema Solar desde el espacio interestelar. Observaciones llevadas a cabo con el VLT (Very Large Telescope) de ESO, en Chile, y con otros observatorios del mundo, muestran que este objeto único ha viajado por el espacio durante millones de años antes de su encuentro casual con nuestro sistema estelar. A diferencia de los objetos que suelen encontrarse en el Sistema Solar, este parece ser metálico o rocoso, muy alargado y de un color rojo oscuro. Los resultados aparecen en la revista Nature del 20 de noviembre de 2017.
El 19 de octubre de 2017, el telescopio Pan-STARRS 1, en Hawái, captó un débil punto de luz moviéndose a través del cielo. Al principio parecía un pequeño asteroide típico de rápido movimiento, pero observaciones llevadas a cabo durante los dos días posteriores, permitieron calcular su órbita con bastante precisión, lo que reveló, sin ninguna duda, que este cuerpo no se originó dentro del Sistema Solar, como todos los demás asteroides o cometas observados hasta ahora, sino que venía del espacio interestelar. Aunque originalmente fue clasificado como cometa, observaciones de ESO y de otras instalaciones no revelaron signos de actividad cometaria tras su paso más cercano al Sol, en septiembre de 2017. El objeto ha sido reclasificado como un asteroide interestelar y nombrado 1I/2017 U1 ('Oumuamua) [1].
Dado que puede hacerlo con mucha más precisión que telescopios más pequeños, el telescopio VLT (Very Large Telescope) de ESO entró inmediatamente en acción para medir la órbita, el brillo y el color del objeto. La rapidez era vital, ya que 'Oumuamua está desapareciendo rápidamente, pues se aleja del Sol y ha pasado la órbita de la Tierra, en su camino fuera del Sistema Solar. Pero había más sorpresas por venir.
Combinando las imágenes del instrumento FORS del VLT (con cuatro filtros diferentes) con las de otros grandes telescopios, el equipo de astrónomos dirigido por Karen Meech (Instituto de Astronomía, Hawái, EE.UU.) descubrió que 'Oumuamua varía muchísimo su brillo, en un factor de diez, a medida que gira sobre su eje cada 7,3 horas.
Karen Meech lo explica: “Esta gran variación en brillo, poco común, significa que el objeto es muy alargado: su longitud es unas diez veces mayor que su anchura, con una forma compleja y enrevesada. También descubrimos que tiene un color rojo oscuro, similar a los objetos del Sistema Solar exterior, y confirmamos que es totalmente inerte, sin el menor atisbo de polvo alrededor de él”.
Estas propiedades sugieren que 'Oumuamua es denso, posiblemente rocosos o con gran contenido metálico, sin cantidades significativas de hielo ni agua, y que su superficie ahora es oscura y está enrojecida debido a los efectos de la irradiación de rayos cósmicos durante millones de años. Se estima que mide al menos 400 metros de largo.

Este diagrama muestra la órbita del asteroide interestelar 'Oumuamua a medida que pasa a través del Sistema Solar. A diferencia de otros asteroides y cometas observados antes, este cuerpo no está ligado gravitatoriamente al Sol. Ha llegado desde el espacio interestelar y regresará allí tras su breve encuentro con nuestro sistema estelar. Su órbita hiperbólica está muy inclinada y, en su camino, no parece haber pasado cerca de ningún otro cuerpo del Sistema Solar.
Cálculos orbitales preliminares sugieren que el objeto viene aproximadamente de la dirección en la que se encuentra la brillante estrella Vega, en la constelación septentrional de Lyra. Sin embargo, incluso viajando a la vertiginosa velocidad de 95000 kilómetros/hora, le llevó tanto tiempo a este objeto interestelar hacer el viaje a nuestro Sistema Solar que Vega no estaba cerca de esa posición cuando el asteroide estaba allí, hace unos 300 000 años. Es probable que 'Oumuamua haya estado vagando a través de la Vía Láctea, independiente a cualquier sistema estelar, durante cientos de millones de años antes de su casual encuentro con el Sistema Solar.
Los astrónomos estiman que, una vez al año, un asteroide interestelar similar a 'Oumuamua pasa por el interior del Sistema Solar, pero son débiles y difíciles de detectar, por lo que no se han visto hasta ahora. Gracias a los nuevos telescopios de rastreo como Pan-STARRS, que son lo suficientemente potentes, ahora tenemos la oportunidad de descubrirlos.
Notas
ESO
Por primera vez los astrónomos han estudiado un asteroide que ha entrado en el Sistema Solar desde el espacio interestelar. Observaciones llevadas a cabo con el VLT (Very Large Telescope) de ESO, en Chile, y con otros observatorios del mundo, muestran que este objeto único ha viajado por el espacio durante millones de años antes de su encuentro casual con nuestro sistema estelar. A diferencia de los objetos que suelen encontrarse en el Sistema Solar, este parece ser metálico o rocoso, muy alargado y de un color rojo oscuro. Los resultados aparecen en la revista Nature del 20 de noviembre de 2017.
El 19 de octubre de 2017, el telescopio Pan-STARRS 1, en Hawái, captó un débil punto de luz moviéndose a través del cielo. Al principio parecía un pequeño asteroide típico de rápido movimiento, pero observaciones llevadas a cabo durante los dos días posteriores, permitieron calcular su órbita con bastante precisión, lo que reveló, sin ninguna duda, que este cuerpo no se originó dentro del Sistema Solar, como todos los demás asteroides o cometas observados hasta ahora, sino que venía del espacio interestelar. Aunque originalmente fue clasificado como cometa, observaciones de ESO y de otras instalaciones no revelaron signos de actividad cometaria tras su paso más cercano al Sol, en septiembre de 2017. El objeto ha sido reclasificado como un asteroide interestelar y nombrado 1I/2017 U1 ('Oumuamua) [1].
“Tuvimos que actuar con rapidez”, explica Olivier Hainaut, miembro del equipo de ESO, en Garching (Alemania). “'Oumuamua había pasado ya su punto más cercano al Sol y se dirigía hacia el espacio interestelar”.
Dado que puede hacerlo con mucha más precisión que telescopios más pequeños, el telescopio VLT (Very Large Telescope) de ESO entró inmediatamente en acción para medir la órbita, el brillo y el color del objeto. La rapidez era vital, ya que 'Oumuamua está desapareciendo rápidamente, pues se aleja del Sol y ha pasado la órbita de la Tierra, en su camino fuera del Sistema Solar. Pero había más sorpresas por venir.
Combinando las imágenes del instrumento FORS del VLT (con cuatro filtros diferentes) con las de otros grandes telescopios, el equipo de astrónomos dirigido por Karen Meech (Instituto de Astronomía, Hawái, EE.UU.) descubrió que 'Oumuamua varía muchísimo su brillo, en un factor de diez, a medida que gira sobre su eje cada 7,3 horas.
Karen Meech lo explica: “Esta gran variación en brillo, poco común, significa que el objeto es muy alargado: su longitud es unas diez veces mayor que su anchura, con una forma compleja y enrevesada. También descubrimos que tiene un color rojo oscuro, similar a los objetos del Sistema Solar exterior, y confirmamos que es totalmente inerte, sin el menor atisbo de polvo alrededor de él”.
Estas propiedades sugieren que 'Oumuamua es denso, posiblemente rocosos o con gran contenido metálico, sin cantidades significativas de hielo ni agua, y que su superficie ahora es oscura y está enrojecida debido a los efectos de la irradiación de rayos cósmicos durante millones de años. Se estima que mide al menos 400 metros de largo.
Este diagrama muestra la órbita del asteroide interestelar 'Oumuamua a medida que pasa a través del Sistema Solar. A diferencia de otros asteroides y cometas observados antes, este cuerpo no está ligado gravitatoriamente al Sol. Ha llegado desde el espacio interestelar y regresará allí tras su breve encuentro con nuestro sistema estelar. Su órbita hiperbólica está muy inclinada y, en su camino, no parece haber pasado cerca de ningún otro cuerpo del Sistema Solar.
Cálculos orbitales preliminares sugieren que el objeto viene aproximadamente de la dirección en la que se encuentra la brillante estrella Vega, en la constelación septentrional de Lyra. Sin embargo, incluso viajando a la vertiginosa velocidad de 95000 kilómetros/hora, le llevó tanto tiempo a este objeto interestelar hacer el viaje a nuestro Sistema Solar que Vega no estaba cerca de esa posición cuando el asteroide estaba allí, hace unos 300 000 años. Es probable que 'Oumuamua haya estado vagando a través de la Vía Láctea, independiente a cualquier sistema estelar, durante cientos de millones de años antes de su casual encuentro con el Sistema Solar.
Los astrónomos estiman que, una vez al año, un asteroide interestelar similar a 'Oumuamua pasa por el interior del Sistema Solar, pero son débiles y difíciles de detectar, por lo que no se han visto hasta ahora. Gracias a los nuevos telescopios de rastreo como Pan-STARRS, que son lo suficientemente potentes, ahora tenemos la oportunidad de descubrirlos.
“Seguimos observando este objeto único”, concluye Olivier Hainaut, “y esperamos precisar con más exactitud de dónde proviene y cuál será su próximo destino en su viaje por la galaxia. Y ahora que hemos encontrado la primera roca interestelar, ¡nos estamos preparando para las próximas!”.
Notas
[1] La propuesta del equipo Pan-STARRS para nombrar al objeto interestelar fue aceptada por la Unión Astronómica Internacional, que es responsable de otorgar nombres oficiales a los cuerpos del Sistema Solar y más allá. El nombre es hawaiano (más detalles en este enlace). La IAU también creó una nueva clase de objetos para los asteroides interestelares, siendo este el primero en recibir esta designación. Las formas correctas para referirse a este objeto son ahora: 1I, 1I/2017 U1, 1I /'Oumuamua y 1I/2017 U1 ('Oumuamua). Tenga en cuenta que el signo antes de la O es un okina. Por lo tanto, el nombre debe sonar como H O u mu a mu a. Antes de la introducción del nuevo esquema, el objeto fue nombrado como A/2017 U1.
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