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Asteroides

Cometas

Label: Articulos Astronomia



Sucedió el 21 de marzo de 2013. La prensa científica de todo el mundo se había congregado en la sede parisina de la ESA o se había conectado online, junto a una multitud de científicos, para presenciar el momento en que la misión Planck de la ESA revelaría su ‘imagen’ del cosmos. Una imagen capturada no en luz visible, sino en microondas.

Mientras que la luz que nuestros ojos puede ver está compuesta por pequeñas longitudes de onda, de menos de una milésima de milímetro, la radiación que estaba detectando Planck abarcaba longitudes algo mayores, de unas décimas de milímetro a varios milímetros. Y sobre todo, se había generado en los albores del Universo.

Esta radiación se conoce colectivamente como fondo cósmico de microondas. Al medir sus minúsculas diferencias a lo largo del firmamento, la imagen de Planck era capaz de hablarnos sobre la edad, la expansión, la historia y el contenido del Universo. Nada más y nada menos que un primer plano cósmico.

Los astrónomos sabían lo que buscaban. Dos misiones de la NASA, COBE a principios de los noventa y WMAP durante la década siguiente, ya habían llevado a cabo una serie de estudios análogos del firmamento que proporcionaron imágenes similares. Pero carecían de la precisión y la nitidez de Planck.

La nueva vista mostraría la impronta del Universo temprano con un detalle sin precedentes. Y había mucho en juego.

Si nuestro modelo del Universo era correcto, Planck lo confirmaría con unos niveles de precisión inauditos. Si el modelo estaba equivocado, Planck mandaría a los científicos de vuelta a la mesa de dibujo.     
            
Una vez revelada la imagen, los datos confirmaron el modelo. Respondía con tal precisión a las expectativas que no cabía extraer otra conclusión: Planck nos mostraba un ‘universo casi perfecto’. Pero ¿por qué ‘casi’? Porque quedaban algunas anomalías, que se convertirían en el objetivo de la investigación futura.

Ahora, cinco años después, el Consorcio Planck acaba de publicar los datos definitivos del legado de Planck. El mensaje de la misión es el mismo, e incluso se ve reforzado.

“Se trata del legado más importante de Planck —señala Jan Tauber, científico del proyecto Planck de la ESA—. Hasta el momento, el modelo cosmológico estándar ha superado todas las pruebas y Planck ha efectuado las mediciones que lo demuestran”.

Todos los modelos de cosmología se basan en la teoría general de la relatividad de Albert Einstein. Para reconciliar las ecuaciones de la relatividad general con un amplio abanico de observaciones, incluidas las de la radiación cósmica de fondo, el modelo estándar incorpora la acción de dos componentes desconocidos.

En primer lugar, un componente de materia atractivo, denominado materia oscura fría y que, a diferencia la materia común, no interactúa con la luz. En segundo lugar, una forma repulsiva de energía, conocida como energía oscura, que promueve la actual expansión acelerada del Universo. Se ha descubierto que son componentes esenciales para explicar nuestro cosmos junto a la materia común conocida. Pero por el momento no sabemos qué son exactamente estos componentes exóticos.

Planck se lanzó en 2009 y recopiló datos hasta 2013. El primer lanzamiento de datos, que mostraba el Universo casi perfecto, tuvo lugar en la primavera de ese año. Se basaban únicamente en la temperatura de la radiación cósmica de fondo y solo empleaba los dos primeros estudios del firmamento de la misión.

Los datos también presentaban pruebas adicionales de una fase muy temprana de expansión acelerada, denominada inflación, en la primera minúscula fracción de un segundo en la historia del Universo, durante la cual surgió el germen de todas las estructuras cósmicas. Al proporcionar una medida cuantitativa de la distribución relativa de estas fluctuaciones primigenias, Planck ofreció la confirmación más clara jamás obtenida del escenario inflacionario.

Además de cartografiar la temperatura del fondo cósmico de microondas a lo largo de firmamento con una precisión sin precedentes, Planck también midió su polarización, que indica si la luz vibra en una dirección preferente. La polarización de la radiación cósmica de fondo ofrece una huella de la última interacción entre la radiación y las partículas de materia del Universo temprano, y como tal contiene información adicional y fundamental sobre la historia del cosmos. Además, también contiene información sobre los primeros instantes del Universo y nos proporciona claves para comprender su nacimiento.

En 2015, un segundo lanzamiento de datos recogía todos los datos recopilados durante la misión, que abarcaba ocho estudios del firmamento. Incluía la temperatura y la polarización, pero venía con una advertencia.

“Sabíamos que la calidad de algunos de los datos de polarización no era suficiente para utilizarse en cosmología”, reconoce Jan. Y añade que, por supuesto, eso no les impidió seguir adelante, aunque ciertas conclusiones extraídas en ese momento precisarían de confirmación y, por lo tanto, deberían tratarse con cautela.

Y ese es el gran cambio que aporta este lanzamiento de datos de 2018. El Consorcio Planck los ha procesado de nuevo. La mayoría de señales tempranas que exigían precaución han desaparecido. Los científicos ahora están seguros de que tanto la temperatura como la polarización se han determinado de forma precisa.

“Estamos convencidos de que podemos obtener un modelo cosmológico basado únicamente en la temperatura, únicamente en la polarización o basado en ambas magnitudes. Y todos coinciden”, explica Reno Mandolesi, principal investigador del instrumento LFI de Planck en la Universidad de Ferrara (Italia).

“Desde 2015, otros experimentos han ido recopilando más datos astrofísicos y se han llevado a cabo nuevos análisis cosmológicos, combinando observaciones de la radiación cósmica de fondo a pequeñas escalas con observaciones de galaxias, cúmulos galácticos y supernovas, que en la mayoría de casos han mejorado la coherencia con los datos de Planck y el modelo cosmológico que respalda”, añade Jean-Loup Puget, principal investigador del instrumento HFI de Planck en el Instituto de Astrofísica Espacial de Orsay (Francia).

Se trata de toda una proeza e implica que los cosmólogos pueden estar seguros de que su descripción del Universo, con materia común, materia oscura fría y energía oscura, y poblado por estructuras surgidas durante una fase temprana de expansión inflacionaria, es correcto en su mayor parte.

Aún quedan por explicar algunas anomalías, o tensiones, como las llaman los cosmólogos. Una en concreto tiene que ver con la expansión del Universo. Su velocidad viene dada por la denominada constante de Hubble.

Para obtener esta constante, los astrónomos normalmente tenían que observar distancias a lo largo del cosmos y se veían limitados a hacerlo en el Universo más cercano, midiendo el brillo aparente de determinados tipos de estrellas variables y estrellas en explosión, cuyo brillo real se puede estimar de forma independiente. Se trata de una técnica ampliamente probada y desarrollada a lo largo del último siglo, descubierta por Henrietta Leavitt y aplicada posteriormente, a finales de los años veinte, por Edwin Hubble y sus colaboradores, que utilizaron estrellas variables en galaxias distantes y otras observaciones para revelar que el Universo se estaba expandiendo.

El valor que los astrónomos derivan de la constante de Hubble empleando una gran variedad de observaciones punteras, incluidas algunas del telescopio espacial Hubble de la NASA/ESA  (que debe su nombre a este científico pionero), y más recientemente a la misión Gaia de la ESA, es de 73,5 km/s/Mpc, con una incertidumbre de tan solo un dos por ciento. Estas unidades indican la velocidad de la expansión en km/s por cada millón de pársecs (Mpc) de separación en el espacio, donde un pársec equivale a 3,26 años luz.

Una segunda forma de calcular la constante de Hubble es usar el modelo cosmológico coherente con la imagen del fondo cósmico de microondas, que representa un Universo muy joven, y calcular una predicción de cuál sería la constante hoy. Al aplicarse a los datos de Planck, este método nos da un valor menor, de 67,4 km/s/Mpc, con una mínima incertidumbre, inferior al uno por ciento.

Por un lado, resulta extraordinario que dos formas tan distintas de derivar la constante de Hubble (una empleando el Universo local y maduro, y la otra basada en el Universo distante y temprano) ofrezcan resultados tan cercanos. Por otro, en principio estas dos cifras deberían coincidir dentro de sus respectivas incertidumbres. Esta es la tensión, y la pregunta es ¿cómo reconciliarlas?

De ambos lados existe el convencimiento de que los errores que podrían quedar en sus métodos de medida son demasiado pequeños como para provocar esta discrepancia. Así que, ¿quizá nuestro entorno cósmico local tiene alguna peculiaridad que haga que la medición cercana presente una leve anomalía? Por ejemplo, sabemos que nuestra Galaxia se halla en una región más bien poco densa del Universo, lo que podría afectar al valor local de la constante de Hubble.

“No hay una única solución astrofísica satisfactoria que pueda explicar esta discrepancia. Así que puede que exista una nueva física aún por descubrir”, apunta Marco Bersanelli, investigador principal adjunto del instrumento LFI en la Universidad de Milán (Italia).

Como ‘nueva física’ se entiende que una serie de partículas o fuerzas exóticas podrían influir en los resultados. Sin embargo, por muy emocionante que suene, los resultados de Planck limitan enormemente esta posibilidad, ya que encaja a la perfección en la mayoría de observaciones.

“Es muy difícil añadir una nueva física que resuelva la tensión, pero que a la vez conserve la descripción precisa del modelo estándar, en la que ya encaja todo lo demás”, señala François Bouchet, investigador principal adjunto del instrumento HFI en el Instituto de Astrofísica de París.

Así pues, nadie ha sido capaz de aportar una explicación satisfactoria para las diferencias entre las dos mediciones, y la cuestión sigue sin resolverse.

“Por el momento, no deberíamos hacernos demasiadas ilusiones con encontrar una nueva física: la discrepancia relativamente menor quizá podría explicarse por una combinación de pequeños errores y efectos locales. Pero tenemos que seguir mejorando nuestras mediciones y pensando en formas mejores de explicarla”, advierte Jan.

Este es el legado de Planck: con su Universo casi perfecto, la misión ha confirmado a los investigadores sus modelos, salvo por un par de detalles que habrá que resolver. En otras palabras: lo mejor de dos mundos.



esa

Henrietta Leavitt, la astrónoma 'calculadora' de Harvard, nació hace 150 años. Su trabajo contando estrellas revolucionó la comprensión del universo.




El 4 de julio de 1868, un día como hoy hace 150 años, nació Henrietta Swan Leavitt en el pueblo de Lancaster (Massachusetts, Estados Unidos). Tras graduarse en la Universidad de Oberlin y en la Universidad de Radcliffe, la joven se incorporó al Harvard College Observatory. Allí formó parte de un grupo de mujeres bautizado como el harén de Pickering —un nombre de dudoso buen gusto en honor a Edward Pickering, director del observatorio—. Henrietta Swan Leavitt, la astrónoma calculadora, trabajó en el observatorio de Harvard contando estrellas

Su jefe decidió que todas ellas fueran mujeres para pagarles un salario menor —apenas veinticinco centavos la hora— por un trabajo tedioso y que en la mayoría de casos no fue reconocido en las publicaciones científicas. Henrietta Leavitt, junto a sus compañeras, se dedicaba a contar estrellas de las placas fotográficas que obtenían los investigadores de los observatorios de Harvard y de Arequipa (Perú).

La tarea que tenía encomendada pronto le brindó el apodo de astrónoma calculadora. Leavitt no solo debía anotar cifras y mirar las placas de forma escrupulosa, sino que también registraba su tamaño —infiriendo el brillo del astro— y lo comparaba con los datos obtenidos en el pasado. La norteamericana descubrió estrellas variables en las Nubes de Magallanes, dos galaxias cercanas a la Vía Láctea. Cuatro años después, Henrietta Leavitt publicó su hallazgo en la revista Anales del Observatorio de Harvard, donde también calculó los períodos de pulsación de los astros. 


“Es destacable que, en esta tabla, las estrellas más brillantes tienen los períodos más largos”, afirmó la investigadora en aquel trabajo. Una observación sagaz que permitió corroborar la existencia de las cefeidas, un tipo de estrellas pulsantes con una luminosidad que varía periódicamente a lo largo del tiempo. Tiempo después, fue Edward Pickering —y no Leavitt— quien firmó una circular en Harvard en la que se recogían las observaciones de la astrónoma y sus compañeras. Una muestra más de la discriminación que han sufrido las mujeres en la historia de la ciencia. La astrónoma realizó un descubrimiento clave para poder estimar las distancias de las galaxias

Henrietta Leavitt demostró que las cefeidas que cuentan con el mismo período de pulsación tenían la misma luminosidad. Así se estableció la relación entre período y luminosidad, una observación clave para identificar la escala de la distancia que se emplea a la hora de calcular las distancias de las galaxias. Poco después, el también astrónomo Ejnar Hertzsprug estimó que la Pequeña Nube de Magallanes se situaba a 30.000 años luz, escribiendo un nuevo capítulo en la forma en la que comprendemos el universo. La repercusión de su labor llevó al matemático Gösta Mittag-Leffler a proponer la candidatura de Leavitt para el premio Nobel. Por desgracia, la astrónoma había fallecido en 1921, cuatro años antes de su iniciativa.



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El cosmonauta ruso sobrevivió a uno de los accidentes más graves ocurridos en el espacio durante su primer vuelo en 1997 




El cosmonauta ruso Alexander Lazutkin (Moscú, 1957) se enfrentaba a su primer vuelo espacial en febrero de 1997 cuando se le ocurrió preguntar a sus colegas más veteranos a cuántas situaciones de emergencia podría enfrentarse en la ya desaparecida estación espacial Mir, donde estaría en órbita durante seis meses. Por estadística, le dijeron cuatro o cinco, seis como máximo. Pero durante los tres primeros días, Lazutkin y sus dos compañeros, el ruso Vasili Tsibliev y el estadounidense Michael Foale, ya sufrieron tres. En la primera semana se produjo un incendio. «Ese era muy grave, valía por dos, así que pensé que el resto del vuelo sería muy tranquilo», explica el que entonces era ingeniero a bordo. Nada de eso. Se les rompió un sistema de producción de oxígeno y el de extracción de gas, falló la electricidad varias veces e incluso el cuarto de baño les dio problemas. Y después llegó el choque. En junio, una nave de carga Progress M-34 se empotró contra un módulo de la plataforma orbital y provocó su despresurización. La tripulación logró salir viva del peor accidente ocurrido a casi 400 km sobre la Tierra, una historia increíble que Lazutkin ha contado en una conferencia en el Planetario de Madrid organizada por la Obra Social «la Caixa» y el Centro Ruso de Ciencia y Cultura.


-Su vida corrió grave peligro en la Mir. ¿Cómo se vive algo así cuando se sabe rodeado de la nada más absoluta?

-Cuando ocurrió el incendio, lo primero que pensé fue: aquí no viene ningún bombero. Por supuesto, me asusté. Pero cuando superamos el primer fuego, surgió en mí la convicción de que podríamos superar cualquier cosa. Y llegué a la conclusión de que todo depende de la tripulación. Al principio esperábamos las instrucciones desde el puesto de mando de la Tierra, pero después estábamos mucho más convencidos de nuestras propias fuerzas y recursos.

-Menos mal, porque luego ocurrió lo peor.

-El choque con la nave Progress. En la pantalla salió la señal de que empezaba la despresurización. ¡El aire empezaba a irse! Incluso lo notamos en los oídos, como cuando despega un avión. Fue un cambio brusco de presión. En ese momento, lo primero que hicimos fue determinar en qué sitio se produjo el choque. Ya oíamos por donde se escapaba el aire y detectamos la fisura en uno de los módulos de la estación. (El módulo científico Spektor, amarrado de manera permanente).

-Intentó cortar unos cables con un cuchillo para llegar al agujero.

-Es cierto. Al borde del abismo, no tenía tiempo de ver dónde estaban las conexiones, así que cogí una navaja suiza y empecé a cortar. Pero el lugar estaba repleto de tendidos eléctricos y maquinaria, no se podía llegar a la pared. Entonces tomamos la decisión de aislar el módulo. En ese momento, el aire empezó a circular por la estación. En el módulo, se fue por completo.

-¿Por qué se produjo el choque?

-Era un experimento. Las naves de carga vuelan sin tripulación y son dirigidas por un ordenador que las lleva a la estación espacial y las acopla. Pensamos que si ese ordenador se rompía, los suministros, tan valiosos, podían perderse, así que intentamos dirigir la nave desde la estación. Esto ya se había hecho antes en dos ocasiones: una vez desde 20 metros y otra desde 120 metros. Pero nosotros empezamos desde 5 km. Pronto nos dimos cuenta de que no teníamos información fiable de la velocidad ni de la distancia de la nave. Esta fue una de las causas por las que chocó.

-Debió de sentir un miedo atroz.

-Éramos conscientes de la emergencia, pero estábamos tranquilos porque podíamos actuar, seguir un protocolo. Eso sí, tras tomar todas las medidas, cuando nos sentamos y asimilamos lo que había ocurrido, nos dimos cuenta de que si la nave hubiera chocado no en ese sitio sino un poco más abajo, el módulo se habría desprendido y habríamos muerto de forma irremediable. Entonces sí que sentimos pánico. Pero pensamos: estamos vivos, la estación funciona, hemos perdido solo un módulo, para qué sufrir.

-¿No le temblaba todo el cuerpo de arriba a abajo?

-Sí (risas). Es un escape emocional. Después del choque, sujeté con las dos manos la escotilla, y estuve así durante un tiempo, sujetando muy fuerte, mientras el comandante iba diciendo la presión una y otra vez. Solo la solté cuando la presión se había restablecido. Entonces me di cuenta de que me temblaba una uña, el dedo, la mano... y ese temblor me fue recorriendo todo el cuerpo.

-Es algo terrorífico, pero por su reacción fue condecorado como un héroe.

-Sí, y no estamos preparados para algo así. Cuando ocurren cosas tan graves, lo que se pone en marcha es un mecanismo de supervivencia. Toda la energía se dirige a intentar salvar la vida, no te da tiempo a pensar en nada más.

-¿Esa experiencia le ha cambiado personalmente?

-No lo sé, pero sí cambió mi percepción de la realidad. Cuando era un niño jugaba alrededor de mi casa y ese era mi mundo. En una ocasión mis padres me autorizaron a subir a la azotea y descubrí que el mundo iba mucho más allá. En el espacio ocurre igual, es una azotea superior, y te das cuenta de que existe más de lo que crees. Nuestro planeta es solo una mota de polvo. Por eso, los problemas que yo tengo en la Tierra me parecen también muy pequeñitos. Después de ese vuelo estoy mucho más sereno.

-Fueron unos accidentes terribles para la MIR. ¿Podría suceder lo mismo en la Estación Espacial Internacional (ISS)?

-En principio todo es posible, pero ahora somos más sabios. Todo lo aprendido en la MIR ha servido para que se tomen medidas para que no vuelva a ocurrir.

-¿Ahora es menos peligroso volar al espacio?

-No, no. El peligro es el mismo. Un meteorito de 10 cm es suficiente para que atraviese toda la estación espacial sin salvación. Y hay muchísimas toneladas de meteoritos de ese tipo cayendo continuamente sobre la Tierra.

-A pesar de todo, creo que ha dicho alguna vez que lo peor fue adaptarse a la falta de gravedad.

-La ingravidez no es terrible, pero para mí fue muy pesada. Hay un período en el que tienes que acostumbrarte. Para algunas personas ese proceso es menos tormentoso; en mi caso, durante siete u ocho días sentí que tenía ganas de que todo acabase. Ahora tratan de disminuir estos síntomas con medicamentos.

-Aquellos que se enfrenten al primer viaje interplanetario tendrán que asumir retos aún mayores. ¿Cómo deberán prepararse?

-Es muy sencillo, porque la experiencia acumulada por los vuelos de los astronautas es enorme. Hay que asimilar bien lo que ya sabemos y tener en cuenta una cosa: Como la vida, el Cosmos no perdona las menudencias. Quiero decir, aunque tengamos la nave espacial más moderna y mejor equipada, si hacemos mal los cálculos y le restamos media tonelada de agua a la tripulación para ahorrar peso, podemos conducirles a la muerte.

-Donald Trump quiere volver a la Luna. ¿Es un anuncio político o un proyecto necesario?

-Toda la comunidad cosmonáutica estamos esperando con mucho interés que él diga qué objetivo se propone.

-¿Ha cambiado mucho la carrera espacial desde que usted voló al espacio?

-Entonces solo había dos países en la carrera espacial, ahora tenemos muchos. EE.UU., Rusia, Europa, China, India.. pueden hacer naves e investigación espacial. No depende de Putin ni de Trump, es el momento de tomar decisiones colectivas. Y es la comunidad científica internacional quien debe pronunciarse hacia dónde debemos ir. Los científicos saben mejor que los presidentes de qué es capaz la ciencia astronáutica actual. Los dirigentes políticos lo único que pueden y deben hacer es dirigir sus estados, apoyándonos o no.

-Además hay otro factor en juego que son las empresas privadas. ¿Qué opina de la privatización del espacio?

-Es un proceso natural y soy favorable. Estas empresas, como SpaceX, resuelven las tareas técnicas de manera muy brillante, pero son pobres de ideas, no están descubriendo nada nuevo. Cuando surjan diez nuevas entonces puede que se produzca un salto cualitativo en cuanto a la investigación. Están en ello y un día harán algo revolucionario.

-Volviendo al pasado, ¿de verdad les daban coñac a los cosmonautas rusos o es una leyenda?

-Sí, estaba dentro de la dieta en los primeros vuelos. Después dijeron: 'pero no, qué estamos haciendo, los cosmonautas tienen que estar serenos'. Y lo sustituyeron por eleuterococo, un licor de hierbas que crecen en Siberia y ayudan a proteger el sistema inmunológico. Fumar es perjudicial, pero el uso moderado del alcohol protege la salud.

-Su vuelo espacial parece una versión menos fantasiosa de la película «Gravity».

-He visto la película, pero ¡bah! (hace un gesto de rechazo con la mano). Lo nuestro fue más interesante. Para rematar, incluso nos falló un motor en el aterrizaje. Escribí un diario durante el vuelo y este año voy a editarlo. Confío en que algún director de cine se interese y haga una película, ¡pero ateniéndose a lo que yo he escrito! Será de Oscar.



ABC


Tras la fase de frenado paulatino surcando el borde de la atmósfera de Marte, la misión ExoMars de la ESA ha alcanzado su órbita alrededor del Planeta Rojo y ya está lista para comenzar la búsqueda de metano.

El Satélite para el estudio de Gases Traza de ExoMars llegó a Marte en octubre de 2016 con el objetivo de investigar el posible origen biológico o geológico de estos gases en la atmósfera.

No obstante, también funcionará como relé de comunicación entre los robots en la superficie y sus controladores en la Tierra.

Pero para que todo esto fuera posible, la nave primero tuvo que transformar su órbita elíptica inicial de cuatro días, de unos 98.000 x 200 km, en otra circular y mucho más baja, a unos 400 km del planeta.



“Llevamos desde marzo de 2017 efectuando una campaña extremadamente delicada de aerofrenado: con cada revolución, hemos ido sumergiendo la nave en las últimas briznas de la atmósfera, decelerándola y rebajando su órbita”, apunta el director de vuelos de la ESA, Michel Denis.

“Así, aprovechamos el leve arrastre de los vientos solares para transformar poco a poco la órbita. Ha sido todo un reto para los equipos de la misión, que han contado con el apoyo de la industria europea, pero han hecho un trabajo excelente y hemos conseguido alcanzar nuestro objetivo inicial”.


“Durante algunas de las órbitas hemos estado increíblemente cerca de Marte, a tan solo 103 km”.

La empresa finalizó a las 17:20 GMT del 20 de febrero, con el encendido de los propulsores durante unos 16 minutos para elevar el acercamiento máximo a la superficie a unos 200 km, fuera de la atmósfera. Con esta maniobra acabó efectivamente la campaña de aerofrenado, al situar la nave en una órbita de unos 1.050 x 200 km.


Aerofrenado de Venus Express en 2014

“Ya teníamos experiencia en aerofrenado al probar esta técnica en 2014, durante el final de Venus Express, a pesar de que esa misión no estaba diseñada para ello”, señala Peter Schmitz, responsable de operaciones de la nave.

“No obstante, esta es la primera vez que la ESA emplea esta técnica para alcanzar una órbita rutinaria alrededor de otro planeta, y ExoMars se ha diseñado específicamente con ello en mente”.

El aerofrenado alrededor de un planeta distinto al nuestro y que se encuentra a una media de 225 millones de kilómetros de distancia es una empresa arriesgada. La tenue atmósfera superior ofrece una deceleración bastante limitada, de 17 mm/s por segundo como máximo. ¿Cuánto sería eso?

Imaginemos que para conseguir detener un coche en un cruce, partiendo de una velocidad inicial de 50 km/h, necesitaríamos 6 km de distancia.

“El aerofrenado funciona únicamente porque pasamos un tiempo significativo en la atmósfera durante cada órbita y luego lo repetimos 950 veces”, reconoce Michel.

“A lo largo de un año, hemos reducido la velocidad de la nave 3.600 km/h, que es muchísimo, haciendo descender su órbita en la medida necesaria”.


El mes que viene, el equipo de control someterá la nave a una serie de hasta diez maniobras de corte orbital, una cada pocos días, encendiendo sus propulsores para ajustar la órbita a su forma circular final de dos horas a unos 400 km de altitud, algo que debería lograrse a mediados de abril.


Toma de imágenes estéreo

Las fases iniciales de recopilación científica de datos, a mediados de marzo, servirán para comprobar los instrumentos y llevar a cabo observaciones preliminares de calibración y validación. Las observaciones científicas rutinarias deberían comenzar hacia el 21 de abril.

“A continuación, reorientaremos la nave para que su cámara siga apuntando hacia abajo y los espectrómetros hacia el Sol, para poder observar la atmósfera marciana. Y, entonces, por fin podremos comenzar la esperada fase científica de la misión”, explica Håkan Svedhem, científico del proyecto de la ESA.

El principal objetivo es realizar un inventario detallado de los gases traza, en busca especialmente de metano y otros gases que pudieran indicar actividad biológica o geológica.

Un conjunto de cuatro instrumentos científicos llevará a cabo mediciones complementarias de la atmósfera, la superficie y el subsuelo. Su cámara ayudará a caracterizar las formaciones en la superficie que pudieran estar relacionadas con fuentes de gases traza, como los volcanes.

También se buscará hielo de agua oculto bajo la superficie que, junto a las potenciales fuentes de gases traza, podría ayudar a definir los lugares de aterrizaje de futuras misiones.


En abril también se comprobará la capacidad de retransmisión de datos de la nave, un aspecto crucial de la misión en Marte.

Una carga útil de relé de radio, suministrada por la NASA, captará señales de datos de los róveres estadounidenses en superficie y los retransmitirá a las estaciones terrestres. Las operaciones rutinarias de retransmisión de datos comenzarán a finales de verano.

A partir de 2021, una vez que el róver ExoMars de la ESA llegue a Marte, el orbitador ofrecerá servicios de relé de datos para ambas agencias y para una plataforma científica de superficie rusa.

ExoMars es una misión conjunta de la ESA y Roscosmos. 



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Detectado el pasado octubre, los astrónomos han hecho público su retrato. Tiene forma de extintor de incendios y el doble del tamaño de la Estatua de la Libertad, pero resulta más familiar de lo que podríamos esperar



El pasado octubre, astrónomos de la Universidad de Hawái detectaban un objeto, probablemente un asteroide, mientras se alejaba del Sol. Por su órbita hiperbólica, se dieron cuenta de que se trataba de un cuerpo llegado de fuera del Sistema Solar, nuestro primer «visitante interestelar». Rápidamente, telescopios de todo el mundo apuntaron al «intruso» para poder saber más sobre su procedencia y composición. Un mes después, los astrónomos ya tienen su retrato y le han puesto nombre: Oumuamua («mensajero de lejos que llega primero», en hawaiano).


 U1, a su paso a través del Sistema Solar en imágenes tomadas con el telescopio WIYN . Las rayas débiles son estrellas de fondo. Los círculos verdes resaltan la posición de U1 , aproximadamente 10 millones de veces más débil que las estrellas más débiles visibles a simple vista - R. Kotulla (University of Wisconsin) & WIYN/NOAO/AURA/NSF


Los telescopios WIYN en el Observatorio Nacional Kitt Peak y el Óptico Nórdico en Las Palmas tomaron imágenes del objeto, denominado 1I /2017 U1 por la Unión Astronómica Internacional (IAU), durante cinco noches. A pesar de proceder de otro lugar de la galaxia, el «extranjero» resultó bastante familiar a los científicos. Su tamaño, rotación y color eran similares a los de asteroides en nuestro Sistema Solar.


 

Exterior del telescopio WIYN - NOAO/AURA/NSFLa roca parecía ligeramente roja y su brillo variaba con un período de 8 horas. A partir de su brillo cambiante, el equipo dedujo que U1 es muy alargado con dimensiones aproximadas de 30m x 30 m x 180 m, unas dos veces la altura de la Estatua de la Libertad. «Su forma es similar a la de un extintor de incendios, aunque U1 no es tan rojo», dice David Jewitt, de la Universidad de California en Los Ángeles.

«Con una forma tan alargada, U1 probablemente necesite una pequeña fuerza cohesiva para mantenerse unido. Pero eso no es realmente inusual», señala Jayadev Rajagopal, del Observatorio Nacional de Astronomía Óptica. «Lo más notable de U1 es, a excepción de su forma, que es familiar y físicamente nada especial», subraya.

Oumuamua hizo su recorrido más cercano al Sol el 9 de septiembre. Después dio un giro brusco, pasando bajo la órbita de la Tierra el 14 de octubre a una distancia de unos 24 millones de km, aproximadamente 60 veces la distancia a la Luna. Después, volvió a dispararse hacia el sistema solar exterior a 44 km por segundo.

Nuestra propia historia

Los astrónomos reconocen en U1 un posible primo cercano de los asteroides y cometas que se cree que fueron lanzados desde nuestro propio Sistema Solar en sus orígenes. Cuando los planetas gigantes se formaron, empujaron los asteroides y los cometas sobrantes en órbitas cada vez más excéntricas. Algunos asteroides y cometas impactaron en los planetas interiores dejando cráteres. Se cree que otros fueron expulsados del Sistema Solar por completo.

Las superficies marcadas con viruela del Sistema Solar interior ayudan a verificar esta historia. Sin embargo, no ha habido evidencia directa hasta la fecha de que los cometas y asteroides fueran expulsados del Sistema Solar. Si los planetas se forman alrededor de otras estrellas de la misma manera que en nuestro Sistema Solar, muchos objetos del tamaño de U1 también habrían sido expulsados en el proceso. «U1 puede proporcionar la primera evidencia directa de que los sistemas planetarios alrededor de otras estrellas expulsaron objetos a medida que se formaron», concluye Rajagopal.

¿Hay otros por ahí?

Aunque nunca volveremos a ver a Oumuamua después de que abandone el Sistema Solar, los astrónomos esperan poder estudiar otros intrusos interestelares. Ahora que se cree que la mayoría de las estrellas albergan sistemas planetarios, los cuerpos eyectados deberían ser comunes en la galaxia.

Esa perspectiva sugiere que nuestro Sistema Solar puede, de hecho, estar inundado de intrusos interestelares que pasan sin ser detectados. Los autores estiman que, según las propiedades de U1, hay aproximadamente 10.000 objetos del mismo tamaño más cercanos al Sol que Neptuno en un momento dado. «Cada uno recorre el Sistema Solar en aproximadamente 10 años», dice Jewitt, «y cada 10 años más o menos, tenemos un grupo completamente nuevo de estos objetos, algunos de los cuales podemos esperar ver».

Futuros rastreos diseñados para detectar objetos en movimiento probablemente descubrirán más de estos «visitantes», dando a los astrónomos más oportunidades para estudiar objetos de más allá del Sistema Solar.




Un nuevo objeto, un nuevo nombre 

Cuando el «intruso» fue descubierto a 30 millones de km de la Tierra, los astrónomos lo clasificaron inicialmente como un cometa (C / 2017 U1) y más tarde como un asteroide (A / 2017 U1). Sin embargo, otras observaciones indicaron que debido a su órbita hiperbólica y su alta excentricidad, el objeto nunca estuvo ligado gravitacionalmente al Sistema Solar. Era algo nunca visto, un «asteroide interestelar». Como el nuevo objeto no encajaba en ninguno de los esquemas de designación existentes de la IAU, era necesario definir uno nuevo. De esta forma se adoptó un esquema de designación similar al utilizado para cometas y asteroides (que se caracteriza por las letras «C» y «A» respectivamente), utilizando la letra «I» que significa «interestelar». El Comité Ejecutivo de la IAU aprobó la propuesta en menos de 24 horas y el nuevo objeto ahora se conoce oficialmente como 1I / 2017 U1. Además de la designación técnica, el nuevo objeto también ha sido bautizado como Oumuamua, que en hawaiano significa «mensajero de lejos que llega primero», lo que refleja bastante apropiadamente la naturaleza del objeto y su descubrimiento.



El primer visitante interestelar gira fuera de control por un choque brutal

¿Es el asteroide Oumuamua una nave extraterrestre? Se va a comprobar







Estamos en el corazón de la capital rusa para celebrar los 60 años del lanzamiento de Sputnik, el primer satélite enviado al espacio.

Hemos marcado el aniversario a lo largo del año en nuestra serie "Legends of Space" pero este mes dedicamos todo el contenido a este diminuto satélite que cambió el mundo para siempre".

Todo empezó aquí. Hemos logrado entrar en el museo privado de RSC Energia, la compañía estatal rusa que construyó el primer satélite artificial. Su nombre oficial, Sputnik 1.

Aquí hay expuestos diversos tesoros del espacio.

Nuestro guía, el cosmonauta Alexander Kalery, nos dice que los diseñadores del satélite artificial querían una máquina simple pero poderosa.

"Tras el primer lanzamiento exitoso del cohete R7, se sugirió enviar al espacio el más simple de los Sputnik. Ello significaba que no llevaría un equipamiento cientifico, sino simplemente baterías, un sistema de control térmico y un módulo de transmisión", explica el cosmonauta Alexander Kalery.

El Sputnik fue lanzado el 4 de octubre de 1957. Luego empezó a orbitar la Tierra a la velocidad de una vuelta completa cada 98 minutos.

Con su señal, el satélite permitió a la URSS enviar un mensaje a todo el planeta.

El director general de Roscosmos, Igor Komarov, recuerda la importancia del lanzamiento del Sputnik:

"Fue muy emocionante y muy importante para todos los soviéticos, ya que fue un gran avance. Fue la prueba del progreso tecnológico y del éxito de los programas que estaban encabezados por Serguéi Koroliov y otros científicos. En total, consiguieron crear una industria espacial que es líder mundial en muchos campos ".

Hace 60 años, la noticia se difundió a la velocidad de la luz.

El astrofísico francés Roger-Maurice Bonnet evoca que "fue un acontecimiento muy importante, fue el inicio de la conquista del espacio por parte de los soviéticos, algo que nadie esperaba. Se esperaba que fueran los estadounidenses, que acabarían llegando más tarde. Hubo pánico en las capitales occidentales cuando se dieron cuenta de lo que eran capaces de hacer los rusos, los soviéticos".

Sputnik fue muy importante porque inició la carrera espacial entre la Unión Soviética y Estados Unidos. La gente a menudo no entiende la importancia de ello, piensan que es porque era un satélite, pero la principal amenaza de Sputnik era, por supuesto, el misil que lo puso en el espacio. Era un misil balístico intercontinental que la había desarrollado la Unión Soviética. Solo lo había probado el mes anterior por primera vez, y por primera vez en su historia reciente Estados Unidos se sintió un país amenazado", expresa el historiador de Ciencia y Tecnología John Krige.

Con la carrera espacial iniciada, Koroliov y sus ingenieros se movieron rápidamente.

Menos de un mes después del Sputnik-1 lanzaron el Sputnik-2, con la perrita Laika a bordo. El can se convirtió en el primer ser vivo en el espacio, aunque murió pocas horas después del despegue por sobrecalentamiento.

Fue una época de grandes metas, tal como cuentan ilustres veteranos de aquel entonces:

"Serguéi Pávlovich Koroliov estableció la tarea de crear una nave espacial tripulada con el cohete Vostok, que se utilizó para lanzar el primer Sputnik. Su equipo empezó a estudiar el reclutamiento de una tripulación entre las personas que trabajaban como pilotos de prueba para los aviones de caza.

En 1959, ya formábamos parte del primer grupo que debía llevar a cabo pruebas", cuenta el cosmonauta Alexei Leonov.

"El Gobierno publicó el programa de la futura exploración del espacio. En este artículo se mencionaban estaciones automáticas para ir a la Luna, vuelos a Marte y Venus, la huida de los seres humanos al espacio, también hablaba del hombre pisando Marte, Venus y la Luna y de la construcción de estaciones allí. ¡Tenga en cuenta que fue en diciembre de 1959!", recuerda Kalery.

En los años siguientes, los soviéticos acumularon éxitos: el primer hombre y la primera mujer en el espacio, la primera salida extravehicular y el primer ingenio humano en aterrizar en la Luna y luego en Venus.

Con la llegada de los estadounidenses a la Luna en 1969, la carrera espacial iniciada por el Sputnik terminó.

60 años después de su lanzamiento, ¿qué queda del Sputnik? ¿Qué recuerdan los rusos del satélite?

Hemos preguntado a los visitantes del Museo de la Cosmonáutica.

"El primer Sputnik fue lanzado en 1957 por la Unión Soviética. Eso es lo único que sé", afirma un joven.

Otro visitante explica que "todo el país hizo un gran trabajo para conseguir ese gran objetivo. Fue muy importante para la historia de la humanidad".

"Lo estudié en la escuela y ahora he traído a mis hijos aquí para enseñarles todo aquello que todos deberían aprender de los libros de Historia y que nuestro país fue el primero en explorar el espacio", comenta otro hombre.

El legado de Sputnik continúa: el cosmódromo de Baikonur desde el que fue lanzado todavía sirve a los astronautas que parten hacia la Estación Espacial Internacional.

Por otro lado, la agencia especial rusa Roscosmos trabaja en varios proyectos, como su cápsula Federación dedicada al espacio lejano y su nuevo cosmódromo Vostochny.

Hoy en día, la competencia ha sido reemplazada por la cooperación con la ESA y la NASA.

"Ocupar el primer lugar ya no es tan importante, lo que importa es lo que queremos hacer con nuestros socios. Hablo de las exploraciones que supondrán avances importantes, como la misión de ExoMars: vamos a comenzar su segunda etapa en 2020 y en estos momentos estamos en fase de preparación activa.

También hablo de las exploraciones en la Luna que nos van a aproximar a la exploración del ambiente lunar para el establecimiento de una estación habitable allí y que pueda ser visitada", dice Komarov.

Misiones como estas sin duda habrían hecho soñar a los pioneros que pusieron el Sputnik en órbita.

Ahora aquellos que tomaron su relevo mantienen la esperanza de llevar al hombre cada vez más lejos en el espacio.





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La astrofísica Ana García Suárez explica cómo disfrutar de las estrellas esta temporada en España 


Nuestros abuelos conocían las estrellas y eran capaces de reconocer la Vía Láctea o lo que ellos llamaban «El Camino de Santiago». Con el ritmo de vida actual, la conexión con el cielo y con la naturaleza se ha perdido para muchos de nosotros. De hecho casi no miramos hacia el cielo, nos perdemos las miles de estrellas que tenemos sobre nosotros y no somos capaces de reconocer las constelaciones más sencillas.La astrofísica Ana García Suárez, fundadora de Astronomy Tours

Pero el verano es el momento perfecto para redescubrir lo que nos ofrece la naturaleza después de la puesta de Sol. La buena meteorología, el tiempo libre y las vacaciones fuera de la ciudad nos invitarán a observar el cielo.

¿Qué constelaciones se pueden ver en verano y cómo distinguirlas? Lo primero es acceder a una zona sin contaminación lumínica. El siguiente paso es aprender a identificar a la Estrella Polar. A partir de ahí se puede encontrar la Osa mayor, Casiopea, el triángulo de verano, las constelaciones de Sagitario y Escorpio e incluso la Vía Láctea.

Lo primero, buscar una zona sin luz

Las constelaciones contienen estrellas de distinta intensidad. Hay algunas poco brillantes y otras bastante grandes en el cielo, de unos 30 grados de tamaño.

En todo caso, siempre es mejor buscar noches sin Luna y zonas alejadas de las grandes ciudades. También hay que tener en cuenta que la visión humana tarda 15 minutos en acostumbrarse a la oscuridad, así que necesitaremos un rato para poder disfrutar al máximo de las estrellas. Por eso se recomienda no encender ninguna luz blanca una vez que hayamos empezado a mirar al cielo. Los móviles, las cámaras de fotos o las luces de los coches pueden deslumbrarnos e impedirnos disfrutar de las estrellas.La isla de La Palma es un lugar inmejorable para disfrutar de las estrellas, ya que sus cielos nocturnos están protegidos- Lapalmastars.com

Ten en cuenta que las estrellas se mueven en el cielo a lo largo de la noche, de la misma manera que se mueve el Sol o la Luna, es decir, de Este a Oeste. Por eso, parecerán girar sobre un centro situado muy cerca de la Estrella Polar.

Además, la mejor forma de disfrutar las estrellas es estar lo más cómodo posible. Necesitas ropa de abrigo aunque estemos en verano y una manta o una toalla para tumbarte en el suelo.

Una ayuda para localizar las constelaciones

La tecnología pone fácil encontrar las constelaciones. Los mapas de cielo, como Skymaps, pueden hacer todo el trabajo. También es útil usar una aplicación móvil para el cielo como Google Sky Maps o Night Sky Tools. En el ordenador se recomienda usar el programa gratuito Stellarium.

Manos a la obra: encontrar la Estrella del Norte.

La estrella que será la más útil para interpretar el cielo es Polaris, la Estrella del Norte, así llamada debido a su ubicación. Hay varias maneras de localizar Polaris: una de ellas es localizar la constelación de la Osa Menor (Ursa Minor), y buscar a la Polar al final del pequeño carro, en la cola. El problema es que esta constelación puede ser difícil de localizar si hay demasiada luz en el ambiente. 




Es más fácil encontrar la Estrella del Norte ayudándonos de la Osa Mayor. Esta constelación está formada por unas estrellas bastante brillantes que dibujan una forma de cazuela o sartén. Una vez localizada la Osa Mayor, se ubica a las dos estrellas que están al final (al lado opuesto de la cola o mango de la cazuela, es decir, en el lugar donde se vertería el líquido de la cazuela). Si se extiende una línea recta uniendo estas dos estrellas, llamadas Dubhe y Merak, y en la dirección de la estrella inferior a la estrella superior, encontraremos Polaris a unos 25 grados de distancia (cinco veces la distancia entre las 2 estrellas). Aunque es una estrella poco brillante y llamativa, es muy importante porque marca el Norte, y todas las demás giran a su alrededor.

La increíble Vía Láctea

Nuestra galaxia alcanza una posición muy alta en el cielo durante el verano. Está formada por miles de millones de estrellas y, si no hay contaminación lumínica, en el cielo tendrá el aspecto de una franja lechosa que recuerda a una nube. Lo que vemos en el cielo es el disco de la galaxia, donde apiñan las estrellas. Si usamos unos prismáticos podremos distinguir fácilmente cúmulos de estrellas y nebulosas, con ayuda de una guía. Por si cuesta percibirlo, el disco de la Vía Láctea (también llamado el camino de Santiago), pasa por Casiopea, el Triángulo de verano, Sagitario y Escorpión.

La constelación de Casiopea

Casiopea es una de las constelaciones circumpolares, es decir, que rodean a la Estrella Polar. Es fácilmente reconocible por sus cinco estrellas brillantes que forman el conocido asterismo en forma de «W» o «M». Casiopea señala al norte (y a la estrella Polar) apuntando desde los extremos de la «M» o «W». Al oeste de esta constelación está el Gran Carro de la Osa Mayor.

La constelación de Casiopea- WIKIPEDIA
El triángulo de verano

El Triángulo de Verano no es una constelación, tan solo es un patrón de tres estrellas, Vega, Deneb y Altair, que está en la parte superior del cielo mirando al Sur, a primera hora de la noche durante el mes de agosto. Si estamos a principios de verano, el triángulo estará más al oeste.

Vega es la estrella más brillante de las tres, Deneb, la segunda y Altair la estrella más al Sur. Una vez que haya identificado el Triángulo de Verano, se pueden identificar tres constelaciones asociadas con esas estrellas: Lyra, el Arpa, Cygnus, el Cisne, y Aquila, el Águila. Entre estas, el Cisne tiene a Deneb como la estrella de la cola del cisne. También se refiere a menudo como la «Cruz del Norte».

Escorpio

Escorpio es de las pocas constelaciones que recuerdan al nombre que se les da, porque en el cielo tiene una forma muy similar a la de un escorpión. En corazón de este gran animal es la estrella supergigante roja Antares, una estrella unas 15 veces mayor que el Sol y con poco brillo aparente. Si no conoce bien el cielo, se puede confundir con Marte.

 

Constelación de Escorpio. En el centro se marca la posición de su «corazón», la supergigante roja Antares- WIKIPEDIA

Sagitario

La constelación de Sagitario representa a un centauro según la mitología griega, pero es reconocida casi siempre por el asterismo de «La Tetera». Está situada entre Escorpio y Capricornio.

 

Constelación de Sagitario. El «humo» que sale de la tetera apunta hacia el centro de la Vía Láctea- NASA, ESA, Z. Levay (STScI) and A. Fujii

Entre las constelaciones de Sagitario y de Escorpio se encuentra el centro de la Vía Láctea, el agujero negro supermasivo Sagitario A (Sgr A*).

La lluvia de estrellas de las Perseidas


Las Perseidas (o lágrimas de San Lorenzo) toman su nombre de la constelación de Perseo, de la cual aparecen surgir los meteoros. Suele ser la lluvia de estrellas más espectacular y fiable del año. Los meteoros son generalmente rápidos y brillantes y algunos dejan trazos en el cielo. Para este año, se estiman unos 20-30 «estrellas fugaces» (meteoros) por hora durante el pico de actividad (la noche del 12 al 13 de Agosto). Si no puedes verlas esa noche, no te preocupes porque las Perseidas seguirán siendo visibles hasta el 24 de Agosto pero en menor intensidad.

 

Los restos del cometa Swift Tuttle dejarán un rasto de meteoros en el cielo- NASA

A tener en cuenta: al principio de la noche, si el cielo es oscuro, las condiciones se prevén buenas aunque no tan espectaculares como en 2016, fecha en la que la lluvia de estrellas fue muy activa. Una vez salga la Luna, a partir de la medianoche, la lluvia de estrellas estará un poco deslucida ya que el satélite no dejará ver los meteoros más débiles. Para ver las Perseidas aconsejamos acudir a lugares sin contaminación lumínica.

Origen de la lluvia de meteros: La mayoría de este tipo de fenómenos están producidos por cometas, que dejan detrás de si restos de polvo en su viaje alrededor del Sol. Cuando la Tierra se encuentra con esos restos, entran en la atmósfera a alta velocidad y se vaporizan a alturas próximas a los 100 kilómetros, formando meteoros visibles.



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